domingo, 26 de marzo de 2017

Delphine de Vigan - "Basada en hechos reales"

Delphine de Vigan

Una escritora bloqueada

Ha escrito sobre su anorexia y su familia disfuncional. Delphine de Vigan recorrió un camino en la autoficción que finalmente llevó a que le preguntaran si lo hace “basada en hechos reales”. Así es el nombre de su nuevo libro, donde plantea los dilemas de una escritora bloqueada y auxiliada por una ominosa ayudante.


¿Es basada en hechos reales? Fue la pregunta a la que se vio confrontada Delphine de Vigan después del explosivo suceso que resultó Nada se opone a la noche, publicada en 2009 con millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Con cada respuesta De Vigan fue más allá: era una búsqueda personal de la verdad. Aquella novela en primera persona y con la foto de su madre en la tapa, dejaba a la luz una familia al extremo disfuncional. La misma que estableció una cláusula que impide a De Vigan hasta hoy hablar del libro delante de una cámara. Aunque esto venía de antes, cuando en 2001 había publicado, a pedido de su padre, Días sin hambre bajo seudónimo porque ahí ella contaba su experiencia con la anorexia donde también quedaba involucrada la intimidad familiar.
“Pocos meses después de que apareciera mi última novela, dejé de escribir”. No es una declaración de De Vigan -aunque bien podría serlo- sino la primera línea de su ahora flamante Basada en hechos reales, un thriller psicológico en el que la autora pareciera dialogar con lo que fue su vida después de todo aquello. El bloqueo creativo que sufre Delphine (sí, la protagonista es homónima y escritora) se debe a que tras el éxito de su último libro, comienza a recibir anónimos. “Supongo que crees que vas a salir bien librada así como así porque se supone que en tu novela has cambiado unos cuantos nombres. Demasiado tarde. Has sembrado el odio y recogerás lo que te mereces. Has vendido a tu madre y le has sacado provecho. ¿Ganas pasta, no? ¿Se paga bien la saga familiar?”. Los anónimos en un tono cada vez más amenazador desembocan en que Delphine   sufra un ataque de pánico en pleno Salón del Libro de París frente a sus fans que aguardan para un autógrafo.
Más allá de que De Vigan no defrauda a sus legión de lectores al volver a una primera persona y crear la fantasía de estar en su mundo real (algunos datos de pareja e hijos coinciden), la novela transita lugares pocos explorados y políticamente incorrectos a la hora de hablar de, por ejemplo, las consecuencias nefastas que puede tener el éxito en la vida de un escritor. El fantasma tan temido de no tener nada más que decir, de secarse por dentro luego de que un libro sale a la superficie haciendo olas hasta convertirse en tsunami.
Tan al hueso va De Vigan en el planteo que instala en la trama la idea del doble, (terreno de autores que van de Dostoievski a Borges pasando por Otto Rank). ¿Es uno el que escribe y el otro el que sufre las consecuencias? ¿Uno el que quiere bajar al desván, desempolvar el diario íntimo para volver a escribir acaso de lo único que puede, mientras el otro asegura que a su literatura le falta intriga y que la ficción tiene valor cuando se inventa? En este caso, el otro (el mismo) está encarnado en la figura de L., fan de Delphine y escritora de biografías de famosos por encargo y de la cual el lector desconfía desde el primer minuto quizás alertado por las citas a Misery de Sthepen King. Delphine la conoce en una fiesta mientras   está deprimida porque sus editores la persiguen por teléfono. “Soy una escritora bloqueada, es tan tópico que no me atrevo a formularlo, (…) no es una cuestión de tiempo ni de éxito ni nada de eso, es infinitamente más hondo, no sé explicarlo, tiene que ver con los fundamentos de la escritura”. Poco a poco, esa desconocida se convertirá en un apoyo imprescindible en su vida, hasta amenazar con adueñarse de ella. La protagonista se aleja de su familia y monta una especie de búnker habitado solo por ella y ahora, su compañera incondicional y salvavidas. “L. sin duda colmaba una suerte de vacío del que yo no era consciente, venía de mitigar un miedo que yo no sabía nombrar”. En ese punto la novela tiene un agregado de valor, al poner la lupa sobre las relaciones enfermizas a la que puede quedar sometido alguien que para el afuera es exitoso y se lleva puesto al mundo, pero en la intimidad es débil emocionalmente.
 “Escribe sobre ti misma. Solo la escritura te permitirá descubrir quién eres”, dice la voz de L. que funciona en la novela también como un poderoso y sádico Súper Yo. “Nada de eso. Yo no quería seguir con aquello. Yo quería volver a la ficción, quería protegerme, volver al placer de inventar”, retruca Delphine en la ficción. “Yo soy un poco esas dos voces de la novela, dice De Vigan en una entrevista y cuenta que el proceso real de escritura quedó reflejado en la ficción. “Sufría. Fue como tener todo el tiempo un pequeño diablo subido a mi hombro diciéndome que lo que escribía era malo”. Y a continuación cita a Emanuelle Carrère como el que abrió las puertas a los demás, un pionero a la hora de escribir sobre hechos reales. “Aunque hoy si pudiera desfiguraría un poco más los datos de mi vida privada que aparecen en Nada se opone a la noche”.
“La escritura es un arma y mejor que así sea. Tu familia ha engendrado a la escritora que eres. Han creado el monstruo, si me perdonas, y el monstruo ha logrado hacer oír su grito. ¿Cómo creen que se forman los escritores? Mírate, mira a tu alrededor. Son el producto de la vergüenza, del dolor, del secreto, del desmoronamiento”, la voz de L. es un martillar constante en la sien. De Vigan logra el objetivo que parece proponerse y sobre el cual pivotea su nuevo libro que será adaptado al cine por Roman Polanski: sin resignarse a gritar a los cuatro vientos las consecuencias que conlleva el silenciamiento del drama familiar, logra una historia de ritmo atrapante.
Ahora bien, el valor de Basada en hechos reales no está tanto en la trama que es simple y  económica, sino en lo vertiginoso y angustiante que acontece en la interioridad, de las personas, sus familias y sus casas. De modo tal que si el lector logra desprenderse de la necesidad de autobiografía, dar el salto y jugar el juego que propone De Vigan desde el título mismo, ese juego puede tornarse preciso y conmovedor.

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