martes, 28 de marzo de 2017

SERIES: "Line of Duty"

Thandie Newton habla sobre los múltiples matices de su personaje en Line of Duty

“Trato siempre de marcar una diferencia”

Es inglesa, pero de las cuarenta películas que lleva realizadas sólo cuatro se filmaron en su país. Por eso, Newton considera su trabajo en la serie de la BBC otra manera de seguir abriendo puertas, con un personaje atrapante: “Es a prueba de balas... al menos metafóricamente”.

 Thandie Newton, una actriz con cada vez más ascendiente en Hollywood, es la primera en admitir que acostumbraba tener una opinión bastante pobre sobre la televisión. “Si de pronto los extraterrestres aterrizaran y vieran toda la basura que en hay en TV, quedarían shockeados”, dice. “Como dijo el comediante Stewart Lee, ‘la televisión es diarrea tibia con la que nos alimentan a cucharadas.” Pero la opinión de Newton cambió radicalmente en el momento en el que le ofrecieron el papel protagónico en la cuarta temporada de Line of Duty, el irresistible drama británico sobre la corrupción policial (en la Argentina puede verse a través de Netflix) creado por Jed Mercurio. “Generalmente no veo televisión”, continúa la actriz. “Pero mi marido y yo nos sentamos a ver la tercera temporada de Line of Duty de una sola pasada. Y quedé encantada. El hecho de que Jed se atreviera a liquidar a la estrella, Daniel Mays, en el segundo episodio, me pareció simplemente genial. Me pareció un regreso a la era dorada de la televisión. Me dio escalofríos, pensando en shows que crecí viendo, como The Singing Detective. Fue todo un privilegio vivir ese momento... y ahora tenemos Line of Duty. Con lo que, aun antes de incluso leer el guión, ya había aceptado. Realmente quería estar involucrado en lo mejor que se haya visto últimamente en la televisión británica. Por eso, me encontré con Jed al día siguiente de ver la serie y le dije ‘tengas lo que tengas para mí, lo que estés pensando, quiero hacerlo’”.
 Los protagonistas habituales de la serie se sintieron igualmente encantados de que Newton aceptara aparecer como invitada en la cuarta temporada, que se estrenó este fin de semana en la cadena BBC1 tras temporadas en la BBC1. La premiada Vicky McClure, que interpreta a la oficial anticorrupción Kate Fleming, confiesa que al principio ni siquiera podía creer que hubieran conseguido a una actriz con la magnitud y el estatus de estrella de Hollywood como Newton. “Mi actitud era ‘¿¿Thandie Newton??’... No me entraba en la cabeza, de verdad. Pero la pasamos muy bien juntas, hubo mucha diversión. Ella es una mujer extraordinariamente brillante y talentosa, que tiene una presencia enorme en pantalla. ¡Ahora la llamo ‘Hollywood’!”
Newton interpreta a la inspectora jefe Roz Huntley, una detective de alto vuelo que acaba de retornar al trabajo tras tomarse un tiempo de licencia para dedicarse a la crianza de sus hijos, y que ahora debe afrontar la Operation Trapdoor, uno de esos trabajos que definen toda una carrera. Bajo una enorme presión para resolver el caso y probar a sus superiores que no ha perdido nada de sus instintos, Huntley atrapa al sospechoso de ser un asesino serial. Pero el meticuloso coordinador forense Tim Ifield (Jason Watkins) empieza a señalar cuestiones sospechosas sobre la evidencia recolectada en la investigación, que llevan a pensar que quizá se esté llevando a cabo un acto de injusticia. Así, Huntley pasa a ser el objeto de otra investigación a cargo de la los incansables oficiales de policía de la unidad anticorrupción, la AC-12: Fleming, el detective Steve Arnott (Martin Compston) y el superintendente Ted Hastngs (Adrian Dunbar). A la vez que pone a consideración del espectador la cuestión de quién hace de policía entre los policías, Line of Duty una vez más prueba ser una de esas series que provoca adicción y no se puede dejar.
Como parte de la investigación AC-12, Huntley es sometida a un extenso interrogatorio, algo que se ha convertido en una de las marcas registradas de esta serie. Pero la detective bajo sospecha demuestra ser toda una contrincante para los oficiales a cargo de la investigación: la calma de Huntley aún encontrándose bajo fuego intenso es uno de los elementos que más atrajo a Newton del personaje. “¿Pierde ella algo del su control durante estas entrevistas/interrogatorios? No, en realidad no. Ella tuvo que pelear mucho para estar donde está en la actualidad, y sabe lidiar muy bien con esta clase de juicios. Amo la cuestión de que estamos viendo a una mujer en esa posición, que esconde semejante fortaleza. Ella es a prueba de balas... al menos metafóricamente”.
Por todo eso, la actriz de 44 años –que ganó un premio Bafta en 2004 por su performance en Vidas cruzadas, película de Paul Haggis que también ganó tres Oscars, incluyendo el de Mejor Película– asegura que filmar esas escenas fue algo muy demandante y exigente. “Tuve que tomar aire profundamente antes de comenzar. Soy una perfeccionista, con lo que si me equivoco en una sola palabra la paso muy mal, me cuesta perdonarme. Con lo que una escena de interrogatorio que abarca 24 páginas es algo que ciertamente me exige al máximo”, dice la actriz, que ya ha protagonizado grandes producciones de Hollywood como En busca de la felicidad, W., 2012 y Misión Imposible II. “Pero de algún modo es algo bueno para los personajes. A medida que esas escenas van desentrañanado nuevas cosas, más cerca se está de que la fachada se empiece a resquebrajar. Al final de una jornada laboral de 14 horas, estás cerca de un punto de quiebre. Como personaje, estás intentando desesperadamente mantener todo en su sitio.”
Una de las muchas fortalezas de los guiones de Mercurio es que mantiene siempre al espectador adivinando, preguntándose cosas. El público nunca tiene muy claro dónde está parado, qué está realmente sucediendo. Jason Watkins, que obtuvo un Bafta por su performance en el rol principal de The Lost Honour Of Christopher Jefferies, observa que “lo grandioso de la escritura de Jed es que no sólo mantiene a la trama torciéndose y dando vueltas, sino que nunca estás del todo seguro de dónde se sitúa cada uno de los personajes. Yo interpreto a alguien que parece ser un gruñón tipo técnico en la mediana edad. Entonces él hace algo inesperado y vos pensás ‘un momento, ¿por qué está haciendo eso?’. Cuando te ponés a ver Line of Duty estás constantemente confundido. Y por eso es una serie tan disfrutable”. En el mismo sentido, Huntley no es representada ni de lejos como una villana inequívoca. Newton, cuya madre es de Zimbabwe y su padre es inglés, sostiene que su personaje en Line of Duty debería ser admirado en ciertos sentidos, a medida que tiene que sobreponerse a toda clase de prejuicios para alcanzar su posición. “Toda mujer de cualquier línea de trabajo sabrá reconocer la frustración latente en ello”, explica. La actriz, que vive en Londres con su marido –el guionista cinematográfico Ol Parker– y sus tres hijos, dice: “Si sos mujer, tenés que ser el doble de buena; y si sos negra, tenés que ser otro doble de buena. La audiencia verá eso. Este show obligará al público a ser juez y jurado”.
Esta temporada de Line of Duty también pone el foco e ilumina un tema muy típico, el de la idea de “hechos alternativos”. Algunos de los comentarios que sobrevuelan la escena política estadounidense en este momento enfatizan que realmente parecemos estar viviendo en el mundo de la “posverdad”. Mercurio, de 50 años y también médico, reflexiona que “en estos momentos hay cierta falta de respeto por los hechos; cualquier que haya estado en una fiesta, en una cena, y haya escuchado a alguien hablar sobre la homeopatía sabrá a qué me refiero. ¿Dónde está la realidad objetiva, y cómo la testeamos? La justicia criminal es una buena manera de explorar esto. Me he vuelto más y más exasperado por la falta de respeto por los hechos, la incapacidad de la gente para encontrar la diferencia entre un hecho y una opinión. Y es algo que, desafortunadamente para todo el mundo, se ha convertido en un asunto muy grande”.

La magnética performance de Newton como Huntley debe recordar a los responsables de la televisión británica que tienen un talento muy considerable delante de sus puertas. La actriz, que se llevó sin discusión alguna el Critics’ Choice Award por su trabajo como la sensible androide Maeve Millay en la perturbadora serie de ciencia ficción Westworld (HBO), asegura que le encantaría trabajar más seguido en su propio país. De cualquier manera, no es algo que le quite el aliento: su carrera sigue creciendo sin pausa en los Estados Unidos, donde ya tiene asegurado un papel en un tanque como el spin off de Star Wars sobre Han Solo, aún sin título. Y dice que la escasez de partes para actores negros en la televisión británica “es una verdadera vergüenza, pero personas como yo podemos apuntar a cambiar eso”. Y continúa: “En vez de andar llorando por allí o estresándome por la situación, estoy tratando de hacer cosas que marquen una diferencia. Quiero estar en la televisión británica, por lo que escribí una miniserie de seis episodios que espero poder hacer el año próximo. ¡Denme un techo de vidrio donde vaya, y me aseguraré de atravesarlo!”, dice entre risas.
El otro detalle que la mantiene alejada de la TV británica es que “en este país todo parece un asunto de dramas de época con grandes vestuarios. No van a poner a una persona de piel oscura en ninguno de esos programas, esa es la cuestión. Me encantaría irme a mi propia cama cada noche y ver a mis hijos, que van a la escuela en este país. Me encantaría, de verdad, pero hasta ahora no ha sido posible. Trabajé en cuarenta películas, y solo cuatro fueron filmadas en Gran Bretaña. Es una estadística horrible. Si me ofrecieran un trabajo en Downton Abbey o Victoria, ¿qué sería? ¿Una sirvienta? ¡No, gracias!”

Las claves de un policial que atrapa al espectador

Nunca nada es lo que parece

Aun en un medio que ofrece grandes propuestas como Sherlock, Line of Duty construyó en cuatro temporadas un estilo que la distingue. En eso tienen mucho que ver los guiones de su creador, Jed Mercurio, que sabe cómo encontrarle vueltas a una historia.

 El Reino Unido puede ser dividido en dos facciones: aquellos que aman Line of Duty y aquellos que aún no se han enamorado de Line of Duty. Sin dudas, no hay un término medio, un campo neutral; una vez que el espectador es mordido por esta particular serie policial de la BBC, es prácticamente imposible evitar el ser consumido por el apasionante tejido de tensiones bien construidas, fascinantes caracterizaciones y asombrosas revelaciones que realiza Jed Mercurio, y que ya se creían perdidas en las ficciones televisivas.
 En un momento en el que la grilla televisiva aparece recargada de dramas que construyen su camino aparentemente sin mayor dirección hasta una conclusión poco satisfactoria, Line of Duty viene cargando a los proveedores de cable con una prueba de calidad tras otra, luego de un humilde comienzo en la cadena BBC Two en 2012 (para la cuarta temporada fue promovida a la BBC One). La serie sigue los pasos de la AC-12 una escuadra policial de ficción que está asignada a descubrir los casos de corrupción dentro de la fuerza de policía, integrada por los detectives Steve Arnott (Martin Compston), Kate Fleming (Vicky McClure) y el Superintendente Ted Hastings, interpretado por el siempre confiable Adrian Dunbar. Cada temporada presenta a un nuevo personaje al frente y en el centro de su investigación. En el comienzo era Tony Gates (Lennie James), seguido por ese robador de escenas llamado Keeley Hawkes como el detective Lindsay Denton. Lo siguió Daniel Mays, como el Sargento Danny Waldron. El nuevo personaje que tendrán bajo su investigación en esta nueva serie de episodios es la inspectora jefe Roz Huntloey, interpretada por Thandie Newton, una actriz que cimentó una legión de seguidores gracias a su performances en el drama de HBO Westworld, que le valió una nominación al Globo de Oro el año pasado. 
Eso es todo, así de simple. Solo que en Line of Duty nada es tan sencillo. Al echar un vistazo y reflexionar sobre la temporada pasada, parece claro que Mercurio utilizó el año del debut -el programa más visto de la BBC en los últimos diez años- como una oportunidad para montar tramas que traicionan todo lo que uno creía saber en el comienzo. A través de los subsiguientes capítulos, el creador se fue volviendo adepto a destrozar en pedacitos las expectativas del público de una manera que la televisión suele intentar sin tanto éxito: no sorprende saber que Mercurio es uno de los pocos guionistas ingleses que trabaja de manera similar a los showrunners estadounidenses.
Después de sólo 18 episodios, Mercurio creó todo un gran abanico de personajes para elegir, entretejiendo hilos sueltos de la trama de maneras sin precedentes; todo ello mientras se resiste a caer en resoluciones fáciles que se rompen al menor esfuerzo. Con cada nueva temporada, Line of Duty ha elevado las apuestas de manera tan dramática que se hace difícil decidir si se puede resistir hasta el próximo capítulo; cada espectador lo maneja a su manera, pero Mercurio le dio forma a una serie que reposa en los recursos que permite la era del iPlayer y Netflix. Es necesario dar un consejo: no es conveniente dejar un capítulo para ver en un reproductor portátil camino al trabajo. Esta serie merece ser vista con las luces bajas, el teléfono apagado y la atención concentrada exclusivamente en ese rectángulo televisivo delante de los ojos. Es eso o entrenarse en la práctica de contener los gritos y exclamaciones en un transporte público atestado, algo que llega a su mayor extremo en los momentos finales del primer episodio de la cuarta temporada.
La BBC puede ser hogar de otras producciones con inmensas y exitosas propiedades (Sherlock, Peaky Blinders), pero más allá de la indiscutible calidad de esos programas, también tienen sus refutadores y críticos, quizá debido a los apenas velados esfuerzos por seducir al público de Estados Unidos (en el primero) y la (encomiable) resistencia del segundo a conformar al público de masas. Line of a Duty es una de esas rarezas, un show que es visto por las masas sin predicar nunca para las masas. Con cuatro temporadas en su haber, la serie ofrece momentos de suspenso al viejo estilo de maneras muy novedosas, sin perder su aspecto británico. Por una vez, el espectador se siente en buenas manos, y sabe que esta vez no será conducido a una resolución insatisfactoria: solo queda esperar algunos años más de semejante producto de excelencia.

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