Pintar con palabras, escribir con la luz o dibujar con la letra. ¿Cómo se viven las experiencias literarias y el arte contemporáneo? ¿Qué itinerarios y sensibilidades entran en juego? El nuevo ciclo de autores Verboamérica –nombre de la exposición de la colección permanente del Malba, curada por Andrea Giunta y Agustín Pérez Rubio– reunirá una vez al mes a tres escritores o poetas –uno de la ciudad de Buenos Aires, otro de las provincias y por último un latinoamericano– para conversar sobre determinadas piezas de la colección a partir de sus visitas al museo. Martín Kohan (Buenos Aires), Silvio Mattoni (Córdoba) y Edmundo Paz Soldán (Bolivia) participarán del primer encuentro, que comenzará mañana a las 19, con entrada libre y gratuita. “La idea de que un museo no es sólo un lugar donde hay cosas sino un lugar donde las cosas ‘pasan’ reconfigura la experiencia de un museo que gira hoy en torno a acontecimientos más que a obras.  Además de un proyecto curatorial, Verboamérica incluye una serie de charlas, lecturas y proyecciones que aspiran a transforman el museo en un espacio poroso, atravesado por diferentes lenguajes”, plantea Fermín Rodríguez, coordinador del ciclo, a PáginaI12. “La propuesta es que los escritores recorran la exposición a la luz de sus propias poéticas, seleccionando una obra o una serie de obras e improvisando a partir de ellas. ¿En qué serie o series se reconocen y se leen? ¿Qué cuadro o qué serie de imágenes les devolvió la mirada?”.
Rodríguez precisa algunas conexiones entre literatura y arte contemporáneo. “La crítica literaria ha señalado la aspiración de ciertas escrituras actuales a ‘montar’, en la lógica de la instalación artística y con soportes y materiales variados, no tanto obras como dispositivos de exhibición de mundos y de modos de vida que oscilan entre la realidad y la ficción, entre el archivo y lo imaginario, entre la documentación y la invención. Entre la práctica de la instalación, que está en el centro del arte contemporáneo, y la práctica curatorial hay todo tipo de correspondencias; ambas ponen a jugar constelaciones de materiales heterogéneos –obras exhibidas, textos, documentos, espacios arquitectónicos– para producir sentidos nuevos e imprevistos”, reflexiona el coordinador del ciclo, que contará para el segundo encuentro, el miércoles 17 de mayo, con la intervención de Gabriela Cabezón Cámara (Buenos Aires), Diana Bellessi (Santa Fe) y Marcial Gala (Cuba). “En el caso de Verboamérica, al interrumpirse las cronologías de las historias del arte, la muestra deja de ser ‘permanente’ para instalarse en el presente y volverse coyuntural, poblándose de cruces, urgencias y resonancias imprevistas, a la manera de la técnica del ‘anacronismo deliberado’ que Borges, alterando el orden de sucesión de dos obras, recomendaba para enriquecer el arte de la lectura”, compara el investigador del Conicet, docente y crítico literario.
Entre lo que se ve y lo que se dice “hay un desajuste que desafía la mirada ingenua del realismo, la idea de una relación unívoca y transparente entre el lenguaje y el mundo”, advierte Rodríguez. “La palabra poética ‘llama’ a las cosas por su nombre, trae las cosas a la presencia en el acto de nombrarlas. ¿Y qué es una descripción sino una captura de cierta visibilidad a través de las palabras? Recuerdo la desesperación de escritor del Borges de ‘El Aleph’ frente a la visión del universo: ‘Lo que vieron mis ojos fue simultaìneo: lo que transcribireì, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogereì’. La pregunta para los escritores es: ¿qué recogieron de la exhibición? ¿Cómo articularlo en palabras? Y a contramano, ¿cómo se disuelve la palabra en la luz, el color, la línea, el plano?”, se pregunta el autor de Un desierto para la nación. Los narradores y poetas confirmados para el ciclo –Kohan, Mattoni, Paz Soldán, Bellessi, Cabezón Cámara y Gala– “sostienen a través de sus textos políticas de la literatura que intersectan con los ejes de la muestra”, agrega el coordinador. “Lo que vemos y leemos en Verboamérica está mediado por una serie de intensidades teóricas comunes a las preocupaciones del arte y la literatura contemporáneos, que hacen resonar obras del pasado en el presente. Trabajo, multitud, poder, ciudad/campo, periferia, cuerpos, afectos, no son ‘temas’ que las obras representan sino sentidos que han guiado el hacer de los escritores y artistas latinoamericanos y que el reordenamiento de la colección hace ver por medio de un juego de deslocalizaciones y recolocaciones, de desterritorializaciones y alianzas muy preciso, muy productivo”. 
Kohan improvisará sobre la visualización de la escritura en León Ferrari y Mirtha Dermisache, los planos y los mapas en Joaquín Torres García, Guillermo Kuitca y Jorge Macchi, las ciudades geometrizadas en Xul Solar y Horacio Coppola. “Paz Soldán está interesado tanto en los diálogos como la incomunicación del arte latinoamericano con la literatura”, anticipa Rodríguez. “¿Qué ocurría en la pintura durante el auge de los regionalismos? ¿Cómo la vanguardia fue un punto de quiebre y de partida para varias generaciones de narradores? ¿Y cómo se sitúan los escritores de hoy en relación a la pintura o a las videoinstalaciones? Mattoni tratará de rodear a través de la lectura de los objetos de (Víctor) Grippo, una foto de Coppola, otra de (Anna María) Maiolino y una pintura de (Wilfredo) Lam una pregunta que juzga: ¿qué sentido darle a la expresión ‘arte latinoamericano’”? El coordinador del ciclo elige una obra de León Ferrari, “Cuadro escrito”, que despliega, con letra muy apretada, la descripción de un cuadro que no llegará a realizar, y que comienza con la frase: “Si yo supiera pintar”. “Me interesan esos momentos de desestabilización y de puesta en variación de un arte respecto de sí, cuando un arte se desvía de sí mismo y produce por sus propios medios líneas de desfiguración y de extrañamiento al pasar de un medio a otro: pintar con palabras, escribir con la luz o dibujar con la letra”.