domingo, 9 de abril de 2017

"La fiesta del viejo" - Fernando Ferrer

Fernando Ferrer estrenó La fiesta del viejo

Rey Lear en Villa Crespo

El director y dramaturgo concibió un conflicto familiar y de poder basado en el clásico de Shakespeare. Pero lo situó en un club barrial, con elenco numeroso y espíritu colectivo. 


Nacido en Venado Tuerto, Santa Fe, Fernando Ferrer, autor y director de la recientemente estrenada La fiesta del viejo, asegura haber decidido realizar un proyecto teatral colectivo no bien se sintió amenazado por la realidad: “Estaba por comenzar el nuevo gobierno –detalla en la entrevista con PáginaI12– y sentí miedo de encontrarme otra vez viviendo una época individualista donde lo que prevalece es el aislamiento y la soledad”. Buscó rodearse de un elenco numeroso para crear un espectáculo que tuviera las características de ser un núcleo de pertenencia. “Quería dirigir a muchos actores y que nosotros y quienes vinieran a vernos lo pasáramos bien en un lugar donde pudiésemos celebrar estar juntos”, cuenta. Desde hace unas semanas La fiesta…se ofrece los domingos a las 12 en el Espacio Callejón (Humahuaca 3759). La sala quedó convertida en un club de barrio, donde los personajes reciben a los espectadores con un vaso de vino y algo para comer, mientras juegan al tenis de mesa y se escucha la música que interpreta la bandoneonista danesa Stine Helkjær Ungen.
Ferrer comenzó estudiando actuación en la Escuela Nacional de Arte Dramático y, entre otros, reconoce como a sus maestros a Diego Cazabat y a Javier Daulte. Más tarde, cuando dejó de actuar para concentrarse en la escritura, volvió a ser alumno de Daulte porque, “es un maestro que forma para escribir y para que el propio autor dirija su obra”. Así se dedicó a “contar historias”, como él mismo define, partiendo del desarrollo de una cierta imagen, escrito que destina a la concreción de un proyecto teatral o de un guión para ser filmado.
Ferrer tiene algunos temas recurrentes: “Tal vez porque soy de un pueblo me interesa hablar sobre personajes que vuelven a su pago para resolver temas pendientes”, explica. Como sucede en su obra Ranas, donde se produce el reencuentro de dos hermanos distanciados por viejas cuestiones, en el ámbito donde se criaron y supieron comprenderse. Algo parecido sucede en La payanca, donde un hijo vuelve a su pueblo, tras el asesinato de su padre. Siguiendo la trama de Hamlet, de Shakespeare, el personaje encuentra a su madre casada con el hermano del difunto y no puede hacerse cargo de lo que tiene que heredar, según el autor.
Al ponerse a escribir sobre la vuelta al lugar donde transcurrió la infancia, Ferrer no puede dejar de adentrarse en los conflictos familiares. En este sentido, destaca la “teatralidad” que se puede encontrar en la mesa familiar y observa: “hoy pueden ser campos de batalla donde cada uno saca a relucir su verdad, tan polarizado está el tema político, social o económico”. Refiriéndose a su último estreno, precisa: “Me interesa hablar sobre lo agobiante que a veces es el amor de los padres, también lo que tiene que ver con el reparto de la herencia a los hijos”. El autor, que según cuenta suele escribir en las mesas del café San Bernardo, en el Barrio de Villa Crespo (frecuentemente rodeado de ancianos que suelen ir allí a jugar al dominó), pensó en el personaje de un viejo que decide repartir su herencia y en la ambición de quienes la recibirían. De allí es que haya decidido volver a Shakespeare y adaptar la historia del Rey Lear, quien dividió su reino entre sus hijas, desheredando a la que se negó a declararle el afecto que sentía por él (única condición que puso para el reparto), en rechazo a la hipocresía de sus hermanas. Así surgió La fiesta… con un  elenco integrado por Moyra Agrelo, Agustina Benedettelli, Julieta Cayetina, Helkjær Engen, Demián Gallitelli, Ezequiel Gelbaum, Clarisa Hernandez, Gonzalo Ruiz, Julian Smud, Ezequiel Tronconi y Abian Vainstein.
Presidente del club barrial Polonia, un viejo inmigrante de ese país decide repartir en vida sus posesiones, de las cuales el club es la más querida. Claro que la idea es que las hijas y los yernos continúen con la tradición de mantenerlo en pie. No se le había ocurrido que querrían aprovecharse de una venta asegurada dada la cercanía con el barrio de Palermo. Pero irrumpe el Alzheimer y el viejo comienza a confundirlo todo. Esas profundas alteraciones de tiempo y espacio que sufre son uno de los motivos humorísticos del espectáculo: “esa terrible enfermedad se transformó en una ayuda dramatúrgica porque me daba la posibilidad de que aparecieran saltos en el discurso”, sostiene Ferrer. Así, moviéndose entre extremos opuestos, este Lear polaco es a la vez frágil y despiadado. “Me gusta trabajar matices y contradicciones”, detalla Ferrer. Por su parte, el protagonista de su obra no se anda con pequeñeces: en un rapto demencial y autoritario, decide dividir al barrio con una pared, para aislar a Villa Crespo de lo que él considera malas influencias. “No es del todo extraño”, analiza el autor, “porque si miramos bien nos damos cuenta de que hay muros por todas partes”, concluye.

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