Jorge Fandermole y su hermosa “Canto versos”. Teresa Parodi y su postal de época “Tarumba”. Atahualpa Yupanqui y su “Destino del canto”. Raúl Carnota, Armando Tejada Gómez y Manuel J. Castilla, Hilda Herrera y Raúl Barboza, Alejandro Szwarcman y Juan Falú. Por este repertorio de peso específico propio transita la voz y el decir de la santafecina Victoria Birchner en Memoria del viento, el disco que presentará hoy a las 21 en Café Vinilo (Gorriti 3780). Lo hará junto a los músicos que llegan de Rosario para la ocasión, José Ramos, Leo Pretto y Franco Ochat, y con algunos de los invitados del disco: Falú, Angela Irene, Franco Luciani –también productor del trabajo–, Eduardo Spinassi y Manu Navarro.
“Muy ansiosa en este primer paso por Buenos Aires”, dice que está esta cantante de 26 años nacida en Rafaela y radicada en Rosario, aunque aclara que sus visitas son cada vez más frecuentes, tanto para estudiar como para dictar clases. Además de estas ciudades, Córdoba es su otra referencia: allí, cuenta, vivió hasta los ocho años, y en esa primera infancia el Festival de Cosquín y todo lo que se vive alrededor dejó una marca que sería definitiva. “Pero recién a los 14 años tomé mi primera clase de canto, y desde ese día hasta hoy sigo estudiando. En la Universidad Nacional de Rosario estoy haciendo la carrera de canto lírico, y si bien sé que no me voy a dedicar a eso, el estudio de la técnica me sigue dando muchas herramientas a la hora de interpretar nuestra música”, repasa en diálogo con PáginaI12. 
–¿Y por qué eligió ese camino, el de la música nuestra?
–Fue algo que se dio de manera natural, no fue algo que elegí puntualmente. Mejor dicho: cuando quise elegirlo, ya lo estaba haciendo. El folklore apareció en mi vida en esa etapa de la infancia que marca muchas cosas, y si bien tuve un breve paso por otras músicas, siempre nacionales, siempre estuvo el folklore. No es que lo fui a buscar, yo siento que es parte de mí.
–Dentro del folklore, elige a grandes autores y canciones. ¿Cómo busca el repertorio?
–Siempre me interesó especialmente la parte poética de las canciones, las metáforas que le dan profundidad al sentido. A esas metáforas yo las descubrí en mi adolescencia con la música de Jorge Fandermole. A partir de ese gran “descubrimiento” hubo un antes y un después para mí. Yo la seguía a Soledad Pastorutti y por ella conocí a los grandes autores del folklore. A partir de Fandermole descubrí que se podía hablar de ciertos temas, como el amor, de otro modo, que había otro modo de decir, otras sutilezas, y empezó toda una nueva búsqueda. Fander es un referente y con el tiempo tuve la fortuna tan grande de que participara como invitado en mi disco. Entonces, yo elijo a los temas pensando en lo que yo necesito decir cuando canto, y también lo que como sociedad pienso que necesitamos que se diga. 
–¿Por ejemplo?
–En este disco hay dos temas de Teresa Parodi. “Por el río volveré” es un paisaje de infancia, mostrado con metáforas muy bellas. Y “Tarumba” habla de un niño pobre, habla de la pobreza, y es una invitación a ponernos en el lugar de esa criatura. Y también en el lugar de la madre, de la familia a la que tantas veces se estigmatiza y se señala como la única responsable. Y habla de una sociedad que levanta muros, de manera literal y metafórica, es un llamado de atención desde el arte. Yo ahí encuentro algo que se dice de una manera única, porque sólo la canción tiene el poder de decirlo así. Bueno, eso es lo que a mí me interesa cantar; para eso yo quiero cantar, para decir eso. 
–¿Qué le gustaría consolidar como rasgo distintivo, como intérprete dentro del folklore?
–Supongo que el compromiso social es algo que quedará como rasgo, porque es a lo que apunto. También a defender nuestro folklore, nuestros paisajes, los oficios ya olvidados, que fueron reemplazados por la tecnología o por las grandes empresas. Y, siempre, la invitación a ponernos en el lugar del otro. En definitiva, yo defiendo la posibilidad de emocionarnos con la poesía profunda, la que invita a la reflexión. Todos vivimos apurados, a las corridas, ese es nuestro ritmo cotidiano, y a veces no nos permitimos parar un momento y darnos esa posibilidad de emocionarnos. Creo que hoy es muy necesaria.