El universo de los festivales de cine temáticos es tan vasto que a veces puede parecer inabarcable y, como todo universo, capaz de contenerlo todo. Dentro de esa pléyade de encuentros que hacen del cine una herramienta para abordar e intentar conocer un poco más acerca de un tópico acotado por fronteras temáticas muy precisas, se encuentra el Festival Internacional de Cine sobre el Trabajo Construir Cine. Organizado por los responsables del canal de televisión Construir TV, la Fundación Uocra, este festival pretende, según se hace saber desde el texto que abre su catálogo, “brindar apoyo a los realizadores de obras audiovisuales e incentivar la creatividad, siempre teniendo como eje central la revalorización de la cultura del trabajo”.
Para ello han conseguido montar una programación que incluye más de 500 películas inscriptas, entre las que se destaca el documental Dreamcatcher, de la cineasta británica Kim Longinotto, que fue premiado en la última edición del Festival de Sundance y se presenta en carácter de estreno nacional. Asimismo, el festival con el apoyo del British Council le dedica a esta directora un foco que integran otros cinco títulos de su filmografía. Construir Cine, que este año celebra su cuarta edición, contiene varias secciones competitivas, entre las que se destacan dos Competencias Internacionales de Largometrajes, una dedicada a la ficción y otra para películas documentales, y una Competencia Nacional de Largos que se incluye trabajos de ambos géneros. 
Invitada para desempeñarse como jurado, la inglesa Anna Burton es desde hace años la directora del London Labour Film Festival (LLFF), cuya temática lo hermana con Construir Cine. Puede  decirse que ella conoce a la perfección los vínculos y canales que comunican al cine con el mundo del trabajo. “Festivales como Construir Cine o el LLFF que yo dirijo, tienen el foco puesto en poder mostrar a los trabajadores de la forma más diversa y completa posible, detallar sus vidas y sus luchas, y en otorgarles dignidad”, afirma Burton. “Creo que justamente el gran potencial del cine se encuentra en su capacidad de mostrar, de hacer visible aquello que no siempre lo es y a partir de eso darle un carácter más digno a algo que quizás no recibe ese reconocimiento”, completa la jurado. 
–¿Y cuál cree que sea la importancia de esa acción?
–Enorme. Y más en el mundo actual en el que el valor del trabajo humano se ha ido degradando en la medida en que la tecnología ha ganado espacio y eficiencia. También creo que el cine es una herramienta valiosa para destacar los valores en torno del trabajo, que no es un castigo, sino una recompensa y una fuente de realización y felicidad personal.
–En la mirada que el cine puede tener del trabajo hay implícita una cuestión de clase, ya que el cine no suele ser producido por la clase obrera. ¿Esas miradas del cine sobre la vida obrera están signadas por la extrañeza de lo ajeno?
–Las películas que se programan en festivales como estos representan un intento de relevar la vida del trabajador o del mundo del trabajo, para recuperar y amplificar sus valores a través de las herramientas del relato cinematográfico. A partir de ahí las miradas para registrar esas ideas pueden ser muy variadas. Hay películas que pueden parecer muy simples, pero que teniendo detrás una gran calidad de producción consiguen hacer que esa simpleza aparente cobre una dimensión mayor. 
–¿La tarea de acercarles la herramienta del cine a los propios obreros, para que sean ellos quienes puedan hacer sus propias películas, debería ser uno de los objetivos de los festivales de este tipo?
–Por supuesto. De hecho el British Film lnstitute (BFI) encargó una serie de seis películas sobre mineros escritas y hechas por los propios mineros, en la época en que dicha industria fue destruida por el gobierno conservador de los ‘80. Y dentro de la programación de Construir Cine está la película Electro Ocean, de Philippe Orriendy, que retrata a un músico que se embarca cinco meses en un pesquero para hacer ahí su nuevo disco. Él busca inspirarse y grabar canciones a partir de los ruidos de la maquinaria y a través de ese proceso consigue revelar en los trabajadores una nueva mirada, ya que de repente comienzan a descubrir una belleza desconocida en su vida cotidiana.  
–Un cambio de perspectiva.
–Eso mismo. Hace cinco años presentamos en Londres el film Trash Dance (Andrew Garrison, 2012), sobre un grupo de recolectores de residuos en Estados Unidos a quienes una coreógrafa les propone realizar un espectáculo en el que debían bailar junto con sus camiones y máquinas. Al principio el asunto les parecía ridículo y se negaban a colaborar con ella, pero el proceso es un viaje emocional que los termina transformando. Es una película hermosa, la gente lloraba viéndola. Son películas que no pueden pensarse separadas de los trabajadores, porque realmente están involucrados en ellas.
–¿El cine puede producir algún tipo de cambio que vaya más allá de ese que usted menciona, cuyo carácter parece ser estrictamente personal?
–Hay una película muy importante de Ken Loach del año pasado, I Daniel Blake, que llama a un cambio en el Reino Unido, donde en este momento tenemos en el poder a un gobierno conservador que cambió los beneficios de seguridad social, haciendo muy difícil que la gente pueda ganarse la vida. Esa película trata acerca de lo malo que puede ser el sistema y creo que podría ayudar a impulsar cambios puntuales en las políticas del gobierno. Estoy convencida de que las películas son capaces de generar cambios sociales y ser usadas para la acción y el cambio.
–¿Cree que películas como esa realmente tienen la capacidad de influir sobre la clase gobernante o la clase ejecutiva, que son las que toman las decisiones?
–Eso esperamos. Dentro de la programación de Construir Cine hay una película llamada Arreo (Néstor Moreno, Argentina, 2015) que retrata los problemas de una familia de pastores de cabras, una actividad que está desapareciendo en la Argentina a causa de la renta sobre la tierra que el Estado los obliga a pagar. Ojalá que una película así pudiera ser mostrada a los líderes políticos, porque si pasaran más tiempo tratando de entender las vidas de estas personas quizá se sentirían más inclinados a apoyarlos. 
–¿Pero si gobernantes y empresarios rara vez escuchan a los propios trabajadores, por qué escucharían a las películas?
–El cine es capaz de generar impulsos mayores. Si una cantidad suficiente de público ve una película y sus mentes son cambiadas por lo que esta muestra, eso puede llevar a que construyan una actividad a partir de ella, incluso de protesta. Las películas pueden llevar a la acción.
* El 4º Festival Construir Cine se realiza del 11 al 17 de mayo en el Cine Gaumont, Av. Rivadavia 1635, y del 11 al 13 de mayo en el Cine Cosmos UBA, Av. Corrientes 2046. Por su parte la programación de cortometrajes tendrá su sede en la Casa del Bicentenario, Riobamba 985, del 11 al 14. Todas las proyecciones del festival se realizan con entrada gratuita.