“Sólo están lejos las cosas que no sabemos mirar”, decía Atahualpa Yupanqui en su canción “A qué le llaman distancia” y esa misma frase citó el politólogo y periodista Daniel Wizenberg durante el cierre de la presentación de su libro Los que Esperan: crónicas de refugiados y migrantes en un mundo de guerras y exclusión (Editorial Octubre), en el marco de la 43ª Feria del Libro de Buenos Aires. “No hablar de las tragedias que están sucediendo en este mismo momento en el mundo de alguna forma es ayudar a que sigan pasando. Hay que ir a los lugares de los hechos y contar cómo viven, cómo piensan esas personas y qué está pasando”, sostuvo Wizenberg, en el stand del Grupo Octubre. El libro compila y articula crónicas realizadas en sitios atravesados por la problemática del terrorismo, sus guerras y los desplazamientos que genera, pero pone foco en la “humanidad detrás de los conflictos”. “Estos contextos violentos se tornan situaciones normales y así como el mundo está plagado de gente que espera, también está plagado de gente que se acostumbra a cualquier cosa; y eso hace que las desigualdades se sigan configurando”, completó la idea.
Según el autor, este libro intenta saldar una deuda. “Faltan narraciones latinoamericanas de los grandes problemas globales: no nos enteramos de lo que pasa lejos. No nos enteramos, por ejemplo, lo que pasa en Kenia y si lo hacemos es por medio de una agencia francesa”, planteó Wizenberg, quien retrató en formato de crónicas periodísticas experiencias que recolectó en Siria, Turquía, Kenia, Myanmar, Cuba, México, Estados Unidos, Argentina, Francia y Bélgica. En el segundo capítulo, Wizenberg relata historias que suceden en el campo de refugiados Kakuma, en Kenia, uno de los más grandes del mundo. “Se trata de generaciones enteras que nacieron ahí. No saben adónde volver, porque nacieron allí. Se convirtió en un limbo donde la gente espera ya no sabe qué, están arrojados a un destino incierto”, graficó. “Y Kakuma significa ‘en ninguna parte’.” Pero incluso en esos contextos “hay gente que está dispuesta a crear otras condiciones y proyectar”.
Pero no hay sólo texto en el libro. Cada capítulo está acompañado por ilustraciones a cargo de la dibujante Alina Najlis, que construyen “un lenguaje paralelo que también cuenta y narra las mismas historias con otro código”. “Es, sin dudas, un valor agregado. Siento que es un libro de coautoría, compartido. En la era de las nuevas tecnologías, la letra sola no alcanza y es necesario articular con otras disciplinas. Encontrar nuevas herramientas, entonces, es muy importante”, dijo el periodista. 
Para la periodista especializada en política internacional Ayelén Oliva, la principal virtud del libro fue “encontrar la cotidianeidad en esa ajenidad”. “Daniel cuenta las historias de una chica adolescente que va a bailar un viernes a la noche en Damasco (capital de Siria) y de unos amigos que van a ver un partido de fútbol. Desde acá, nosotros pensamos: ‘¿Cómo puede ser que sigan haciendo esas cosas en una ciudad estallada?’”, resalta Oliva. Según ella, es un libro “bien escrito, de lectura fácil, atractivo; las crónicas permiten acceder de manera sencilla a temas difíciles de entender”. De algún modo, el recurso que utilizó el autor fue utilizar como vehículo las historias de vida de “personajes cotidianos” para explicar o abordar conflictos regionales y procesos políticos actuales en determinados países.
“El libro alcanza a desarrollar tres objetivos claves. Primero, logra humanizar los grandes conflictos en materia de política internacional, porque es muy difícil no quedarnos en las cifras: en los 3 millones de desplazados, los 500 mil refugiados, etcétera. ¿Pero qué hay detrás de esos números tan fríos? Entonces, este libro logra humanizar la actualidad política y conflictos que nos parecen muy lejanos”, resalta Oliva, quien lanzará junto a otros colegas el portal periodístico Territorio, abocado a temas internacionales. “Segundo, el libro logra integrar el análisis político con las historias de vida. El relato narrativo en primera persona de las historias no se escinde de la historia y la coyuntura política. Y el tercer punto tiene que ver con la dificultad de hacer periodismo en materia de política internacional. Porque tenemos que oscilar entre un periodismo de escritorio o un ‘periodismo de guerra’. Tenemos contactos, pero no tenemos acceso permanente a las fuentes todo el tiempo como sí el periodista de política nacional. Trabajamos mucho con las agencias internacionales, que instalan muchas cosas según sus intereses”.
A su turno, Michele Manca di Nissa, director para el Cono Sur de ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados), consideró que es un “libro que da voz a los que no la tienen”. “Este documento nos acompaña en un viaje, en el mundo de los que huyen y corren para salvarse de las bombas”, dijo Manca di Nissa. “Contribuye a romper prejuicios”, puntualizó e invitó a que los gobiernos pongan más energías para ayudar a los refugiados.