viernes, 19 de mayo de 2017

Disparando a los Stones

Hoy se inaugura la exposición Disparando a los Stones en la sala Caras y Caretas

Cinco pibes al comienzo de la leyenda

Jagger, Richards, Jones, Wyman y Watts aparecen retratados por otros históricos, Terry O’Neill y Gered Mankowitz, quienes “modelaron la imagen que conocemos”, dice el curador Diego Alonso.


De repente aparece un jovencísimo Jagger, con rostro al frente y un traje de esquimal que lo ubica imaginariamente –o no– en la nieve. La foto le pertenece al Terry O’Neill, otro ser mitológico del rock que, en vez de cantar y componer, se dedicó a congelar instancias cuando todo era (casi) nada. El período 1963-1965, para plasmar en números. Otra que pertenece a él deschava a los cinco Stones primigenios munidos con bolsos y valijas, caminando por una calles de Londres, al lado de un carro que parece contener cajones de huevos, o de frutas. Otros retratos, en cambio, salieron de la cámara de Gered Mankowitz, reportero gráfico que también inmortalizó a los Stones allá lejos en el tiempo, tal como muestra Breaking Stones (A Band on the Brink of Superstardom 1963-1965), exposición que acaba de arribar al país y será puesta a disposición de miradas públicas a partir de hoy en la sala Caras y Caretas (Venezuela 330) bajo el nombre castellanizado de Disparando a los Stones, y la organización del Grupo Octubre. 
“La muestra en Buenos Aires cuenta con catorce fotografías, porque decidimos que fuese una pequeña joya de exposición para que necesites más, para que te quedes con las ganas de saber más sobre esto. Es como si fuese un concierto en el que te encontrás por sorpresa en un pequeño bar, y de repente se juntan los Stones para hacer una jam session”, introduce y ejemplifica Diego Alonso, encargado de la selección de las imágenes, los textos que las acompañan y el montaje de la exposición que se originó tras la edición del libro homónimo en mayo del pasado año, en Londres y Madrid. “Los dos fotógrafos que participan en esta exposición”, sigue Alonso, “fueron quienes ‘modelaron’ la imagen que hoy conocemos de Los Rolling Stones. Y los años que toman son cruciales, ya que es el período en que se gesta toda una estética que llagará, obviamente adaptándose, hasta nuestros días. En 1965 ya la banda viaja a Estados Unidos y se convierte en la más famosa del planeta”, grafica Alonso, acerca de otra de las aristas por donde entrarle a un derrotero de sentido que sigue con una tremenda foto de Mankowitz: Jagger, Richard, Wyman, Jones y Watts, casi apelmazados entre dos paredes de hierro.
U otra que los delata en una sesión de grabación, a través de una secuencia compuesta por ocho negativos. “Mankowitz fue amigo de los Stones, viajó con ellos en todas las primeras giras, y fue quien creó unos de los mejores retratos existentes de Hendrix, dicho sea de paso. Hoy en día sigue trabajando y ensañando fotografía”, detalla Alonso, y extiende la información hacia el legendario O’Neill, el primero en fotografiar a una banda de rock (The Beatles) y publicarla en la portada de un diario. “O’Neill trabajó con todos, desde David Bowie a Jim Morrison, Kate Moss, Sharon Stone, Naomi Campbell y... no sé, la lista podría ser interminable. Además, era muy creativo: fue quien inventó la foto de los Stones caminando al lado del carrito con cajones, porque decía que el público en general tenía la idea que los músicos eran vagos, que no trabajaban, entonces para cambiar ese prejuicio, quiso darles esa actitud, la de entrar a trabajar a la sala de ensayo”, explica el curador sobre una de las fotos citadas, que O’Neill tomó cuando tenía apenas 25 años, seis más que los que tenía Mankowitz cuando realizó su primera sesión con la banda, en Mason´s Yard.
–¿Qué otra fotografía destacaría y por qué?
–El triple retrato en forma de tira de contactos de Jagger. Me encanta como esa foto fue “robada” por David Bailey que la copia exactamente, pero realizada en estudio unos días después. Mick había comprado la parka rusa en un mercadillo de segunda mano, estaba encantado con ella, y Terry lo inmortaliza durante el descanso de un ensayo.
La puesta anterior de la exposición fue durante agosto de 2016 en el Centro Cultural de Jesús, en Ibiza, donde se desbloquearon en público veinticinco fotos de unos Stones aún joviales, aún en estado embrionario, pero denotando ciertos rasgos personales que se irían profundizando con el paso de los años, como el retrato de Richards, fumando y bebiendo, con la mejilla derecha apoyada en la mesa de un bar. “Estaba impresionado por los Stones. Se vestían de forma casual, tenían picardía y eran diferentes a las otra bandas”, llegó a decir O’Neill sobre aquellos tiempos que enlazaban las etapas iniciáticas en el Marquee Club de Oxford Street, con los primeros discos zambullidos en el proceso de blanqueamiento del blues. “La exposición en Ibiza fue un verdadero éxito de público, prensa y ventas en sus tres presentaciones, y el libro se continúa vendiendo cada día a través de nuestra página web (www.mondogaleria.com/SHOP/). Nuestra intención es conseguir un patrocinio para la impresión del libro en español, enfocado al mercado argentino, latinoamericano y estadounidense, y lo vale porque es fantástico. Tiene unas trescientas fotos blanco y negro y ciento cincuenta en color. Es un trabajo místico, mágico, entrañable... te metés en el día a día de la gestación de un mito”, vende el artista, publicista y montador argentino –radicado en Madrid– sobre el libro que determinó la muestra, y que contiene, además de fotografías, una larga serie de anécdotas de los fotógrafos y textos de introducción escritos por cada Stone, más otros personajes emblemáticos como Andrew Loog Oldman, productor de los primeros siete discos de la banda londinense. “Espero que venga todo el mundo, y que se quede con las ganas de más... hay mucha foto y mucho Stone por delante”, cierra Alonso.

Exposición Disparando a los Stones

Las imágenes que modelaron la leyenda

La muestra instalada en la sala Caras y Caretas, curada por Diego Alonso, trae a Buenos Aires las fotos de Terry O’ Neill y Gered Mankowitz que inmortalizaron los primeros años Stones.


“El chiste de esa época era ‘se pueden imaginar a Mick cantando ‘Satisfaction’ a los 50 años’”, recordó Terry O’ Neill, uno de los miembros de la trouppe logística que acompañaba a Los Rolling Stones durante sus primeros años de vida. Es decir, hacia el primer lustro de la década del sesenta del siglo pasado. 1965, puntualmente: el vertiginoso año de los tres discos al hilo (The Rolling Stones Now, Out of our heads y el compilado December´s children), la revolución stone en casi todo occidente y el clasicazo que daba lugar al chiste del fotógrafo. Pero hay una instancia anterior: 1963, año uno del grupo. Apenas meses después de que dos compañeritos de la infancia (Jagger y Richards) se encontraran con Brian Jones y Charlie Watts, que estaba recorriendo sus primeras millas con la Blues Incorporated, de Alexis Korner -nada menos–, y con un casi púber Bill Wyman, para dar origen a la bestia. La época de los shows en el Marquee Club de Londres y en el Crawdaddy Club de Richmond, el arribo de Andrew Oldman y el primer sencillo (“Come on”, de Chuck Berry + “I want to be loved”, de Muddy Waters, el patrón del nombre del grupo), cuyas imágenes pertenecen al otro fotógrafo de los primeros tiempos: Gered Mankowitz.
Son los dos mojones temporales (1963-1965) entre los que orbita a imagen congelada la exposición  Breaking Stones (A Band on the Brink of Superstardom 1963-1965), que acaba de llegar a Buenos Aires bajo el nombre de Disparando a los Stones, y se podrá ver en la sala Caras y Caretas (Venezuela 360) hasta el viernes 9 de junio. “Lo que esta exposición sugiere, en general, es que una banda de rock and roll no es un grupo de locos que se ponen a tocar, sino una especie de producto modelado por otras personas. No es solo pasarla bien, o irse de fiesta, sino también trabajar”, señala Diego Alonso, su curador, mientras comienza a recorrer la muestra junto a PáginaI12. La reflexión surge de la foto que inicia el sendero: los cinco stones caminando hacia la puerta de entrada del Donmar Rehearsal Theater londinense, donde hacían sus primeros ensayos. “Yo estuve ahí hace poco, y hoy es como el shopping Abasto, sufrió una transformación parecida”, compara el curador, mientras vuelve a mirar por enésima vez esa foto que mezcla a los cinco con un carrito que transportaba verduras y frutas.
“Es que, como dijo Daniel Ripoll, siempre se asoció a los Stones con una clase más trabajadora, y a Los Beatles con una clase más acomodada, cuando en realidad era diametralmente al revés: son los Beatles los que vienen de la clase baja, de pueblos de las afueras, mientras que los Stones habían nacido en familias más acomodadas… eran como rebeldes sin causa”, sostiene Alonso, para darle una coherencia estética a esa foto barriobajera. La intención de O`Neill habría sido tornar a los stones más marginales, más antisistema. A esa foto, que es casi como una “invención del pasado”, le sigue un retrato de Brian Jones en primer plano. Le corresponde a Mankowitz, que tenía apenas 19 años cuando la tomó. “Jones es lo más importante de la exposición y de todo el período, porque él es el que crea el nombre de la banda, el que compone las canciones, el que organiza los conciertos, además de esas historias míticas que lo marcan como un cabrón que le pagaba menos al resto y se quedaba con más guita, no sé… lo interesante de la foto es que trasmite más sensaciones”, explica el curador, tras haber expuesto la misma muestra en Mondo Galería, su espacio artístico de Madrid donde el legendario O`Neill, tiró el chiste mencionado al principio.
Las dos fotos que inauguran el raid de imágenes contrastan el carácter y la visión conceptual de ambos fotógrafos. Mientras O`Neill es un cráneo del retrato y la foto posada, Mankowitz va al detalle cotidiano, cálido, sorpresivo. “Yo creo que la diferencia entre un fotógrafo y otro está en que uno (O`Neill) es más documental, más profesional, Mankowitz, en cambio, es el que acompaña al grupo a todas partes. El que va a los conciertos, a los ensayos y crea una amistad que sigue hasta que viaja con ellos a Estados Unidos. Te das cuenta de que está metido dentro, y que sus fotos tienen más que ver con una pieza artística, que con documentar un momento”. Bajo el patrocinio del Grupo Octubre, la muestra en Buenos Aires sintetiza en catorce retratos esos años en que entre ambos fotógrafos modelaron la imagen de los cinco stones. Esos rostros angulosos, fieros, ojerosos, amenazantes, con un glamour casi freak que, al tiempo, quería imitar medio occidente.
La primera de Keith Richards fumando es paradigmática, en este sentido. “Hay muchas fotos de Keith que tienen este estilo. Si las ves hoy, las fotos son las mismas… el cigarro en la mano, la misma mirada, pero con la piel arrugada”, se ríe Alonso, encargado de la selección de las imágenes, los textos que las acompañan y el montaje de la exposición, mientras recorre la muestra paso a paso con PáginaI12. “Esta, aunque parezca en medio de la nieve, es en el estudio”, precisa el porteño radicado en España, sobre un retrato en serie de tres, que muestra a Jagger “posando” con una parka rusa. “El tipo estaba enamorado de su chaqueta nueva, y estaba todo el día jugando con eso, y al final termina creando una imagen típica, porque es como toda la actitud Jagger condensada en una imagen. De todas formas, entre esas primeras fotos, Wyman y Jones parecen tener más actitud que Jagger y Richards, ¿no?... ¿habrá sido por eso que echaron a Brian?”, se pregunta Alonso. “No sé, decían que se le había ido la cabeza por las drogas, pero era el más carismático, y el que más experiencia tenía en el mundo de la música. Además, era mayor que todos, y creo que lo más importante de la muestra es él, porque no ha estado en muchas fotos más”.
La exposición sigue por una imagen de los cinco la primera vez que tocaron en un programa de televisión; otra de Wyman tomando una coquita de vidrio; otra de Richards afeitándose y, al lado, apoyando la mejilla en un mantel, fumando, rodeado de copas. “Al momento de seleccionar las fotos nos pareció que era mejor poner una de cada sesión, y no varias de una misma, porque esto queda muy repetitivo a nivel exposición. Eso es algo que sí podés hacer en el libro, porque la comparación literaria sería que una muestra es una poesía, y un libro una narrativa en prosa”, grafica el curador, acerca del vínculo entre la muestra y el libro de nombre homónimo, que extiende el relato fotográfico a trescientas fotos en blanco y negro, y ciento cincuenta en color. “Lo más fuerte del libro es, como decía antes, que se ve todo lo que está pasando, todo el momento. Además, está poblado de anécdotas contadas por ellos (aún en inglés), de poses, de cambios, y las primeras fotos en color”, finaliza el artista, publicista y representante argentino, que viró su destino hacia Europa, y en el viaje se topó con los primeros Stones.

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