De los bares para un puñadito de personas a convertir el Unico de La Plata en un árbol de Navidad con miles y miles de luces de celular (y una caja de resonancia de penetrantes alaridos adolescentes): cuando se repite el trillado concepto de “fenómeno global siglo XXI”, Ed Sheeran sirve como perfecto ejemplo. Bastó que sus canciones accedieran a la viralización en redes para hacer aquello que en otros tiempos exigía una costosa campaña de marketing; sí, hoy Sheeran graba en una multinacional, pero primero estuvo el trabajito boca a boca. O más bien pantalla a pantalla.
Y allí está él, entonces, solo en el medio del escenario de un estadio poblado por 35 mil almas encendidas a pesar de la lluvia y el frío. Hace un par de años fueron dos noches en el Luna Park; ahora, con el tiempo transcurrido, la alta rotación en plataformas de streaming y los nuevos impactos de Divide (¿habrá alguien en la Argentina que no haya escuchado al menos una vez “Shape of you”?), tiene un estadio de fútbol a su disposición. ¿Qué es lo que tiene el colorado?
Lo que tiene son canciones, una voz dúctil y algo que le falta a unos cuantos “fenómenos globales siglo XXI”: buenas ideas musicales y capacidad propia para llevarlas a término. Hay que tener cojones para enfrentar una cancha con solo una guitarra y una loopera, pero no se trata solo de valor sino de eso que los anglófonos llaman musicianship. No es un tipo apoyándose en cintas sino un tipo apoyándose en sí mismo, pintando capas y capas de sonido y jugando eficazmente con ello. Para el oído no fanático el recurso termina siendo repetitivo y algo cansador, pero eso no alcanza para desdeñar lo que hace. Va de la balada al rap, del arpegio relajado al rasgueo enfebrecido; maneja bien a la masa, se pasa de demagogo (por supuesto, al final se pondrá la camiseta argentina) pero a nadie le importa. Y deja caer un hitazo tras otro, “Castle on a hill”, “Eraser”, “Galway girl”, “Bloodstream” y por supuesto “Shape of you” y la gente -con mayoría femenina– canta, agita sus luces de celular, pega alaridos hasta la demolición del tímpano ajeno. 
Teniendo en cuenta sus apenas 26 años, Sheeran tiene mucho por delante. Habrá que ver qué más hay más allá de la acústica, los pedales y la voz algo edulcorada en exceso. Por ahora, con esto le alcanza para ser un fenómeno global con bastante más sustancia que lo que abunda en el mercado.