viernes, 19 de mayo de 2017

"Escuela trashumante" - Alejandro Vagnenkos

Escuela trashumante, de Alejandro Vagnenkos, puede verse en CINE.AR Sala Gaumont

Los otros caminos de la educación

El documental muestra cómo una escuela neuquina sigue a una comunidad mapuche dedicada a la cría de chivos y ovejas, y de paso pone en tensión y debate el rol de la educación.


La educación formal, la escuela, puede ser muchas cosas, en particular en aquellas regiones del país alejadas de los centros urbanos. Incluso puede ser dos escuelas en una. Como su mismo nombre lo indica, la escuela de nivel elemental N° 6 de Huncal-Cajón Chico, en la provincia de Neuquén, se divide en dos. O, para más precisión, se traslada de una localidad a otra siguiendo la marcha de una parte de la comunidad mapuche Millain Currical, aquella que se dedica a la cría de chivos y ovejas y debe buscar tierras de pastoreo dependiendo de la estación del año. Esa institución educativa móvil, adaptada a las necesidades de su alumnado –poco atenta al calendario escolar tradicional, regida en cambio por las invernadas y veranadas naturales–, es el origen y núcleo del documental de Alejandro Vagnenkos, rodado a lo largo de varios años, condición absolutamente necesaria para lograr el grado de cercanía con los docentes, alumnos y padres que puede apreciarse en muchas de las escenas. Una escuela que, además, es centro social y lugar de reunión para las discusiones de la comunidad.
El director del lugar al inicio del rodaje, Pedro Vanrell, ocupa el primer tercio de Escuela trashumante. Nada más lógico, ya que se trata de una de las figuras fundantes de la particular óptica educativa del establecimiento. Su voz afirma que nadie había logrado egresar desde la creación de la escuela en 1911, hasta que su llegada y la de un grupo de colaboradores a comienzos de los 80 comenzó a mover los hilos necesarios para acercarse a la comunidad mapuche y ofrecer los cambios necesarios para lograr una mayor escolarización. Vanrell se jubiló en 2012 –el film registra su emotiva despedida–, se ubicó en su nuevo hogar y se dedicó a armar rompecabezas de infinitas piezas. Resulta claro que su aporte y el de sus descendientes es mucho mayor que el cumplimiento de un horario con sus correspondientes deberes cotidianos: la entrega y el sacrificio personal fue y sigue siendo indispensable para mantener en funcionamiento esa institución y su peculiar concepto de aula movediza.
Con la primera sucesora de Vanrell ubicada en la sala de dirección, la cámara de Vagnenkos registra desde un lugar privilegiado las charlas y discusiones entre docentes y padres, e ingresa a las clases y a los hogares de algunos de los habitantes de la región. Lejos de tratarse de un simple documental descriptivo –aunque, en parte, lo sea–, Escuela trashumante logra transmitir los placeres y dolores de la existencia cotidiana en aquellos parajes, demostrando de paso que el delicado equilibrio entre la necesidad del trabajo duro y esforzado y el deseo de escolarizar a los niños de la comunidad sólo fue posible luego de muchos años de prueba y error. “Al llegar, intenté usar técnicas participativas, pedagogía crítica, pero había un muro donde rebotaban todas las propuestas, lo cual me hizo entrar en crisis. Imitar a la profesora más antipática y autoritaria, pero eficiente, que tuve en la infancia fue la decisión más feliz que tomé”, comenta un antiguo profesor del lugar, el legendario cooperativista Orlando “Nano” Balbo, contradiciendo todas las teorías pedagógicas progresistas que se le pongan a tiro.
Eliminando de cuajo cualquier atisbo de relato en off o cabeza parlante hablando a cámara, entrelazando la vida de los chicos en las aulas con momentos cotidianos en el hogar (se destaca la escena del parto múltiple de las chivas) y confiando en la propia voz de los sujetos del documental, Alejandro Vagnenkos logra darle forma a una película que, de manera indirecta, pone en tensión y debate el rol de la educación en la Argentina de estos tiempos. Sin condescendencias ni voluntarismos. “Un día hago paro, al día siguiente no, y así”, afirma una docente, en lo que puede parecer una decisión salomónica pero no es otra cosa que la aplicación de una ética personal. Que puede variar dependiendo de las circunstancias y se construye día a día, como esa escuela que debe necesariamente moverse y acompañar a sus alumnos si es que desea seguir cumpliendo su función primordial.

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