Fue una presentación de libro bien diferente. Porque, ya mientras la gente iba ingresando a la sala, se encontraba con León Gieco, cantando y tocando su guitarra y su armónica. Porque muchos de los protagonistas del libro, ex presos políticos de la última dictadura cívico militar, estuvieron presentes, y dos de ellos leyeron relatos que los tienen por protagonistas. Porque también estuvieron Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y Lita Boitano, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Ellas, Gieco, los periodistas Nora Veiras y Carlos Ulanovsky formaron parte de la mesa; a un costado, Miguel Rep ilustraba en vivo aquello de lo que se iba charlando. La presentación de Los días eran así. La cárcel, la política, el periodismo, el fútbol y el rock contados desde las contratapas de PáginaI12, el viernes pasado en la Feria del Libro, fue emocionante y divertida. Como el flamante libro de Hugo Soriani. 
La primera parte del libro, publicado por Editorial Octubre, cuenta historias que transcurrieron entre 1974 y 1983, y entre los penales de Magdalena, Caseros, Rawson y Devoto, en los nueve años que pasó preso el autor. Son historias trágicas, dolorosas, que sin embargo están cruzadas por el humor y el rescate de lo pequeño y cotidiano. Con varios de sus protagonistas presentes, cada cita o alusión se volvía especial, entre risas y guiños. Dos de ellos, Graciela Chein y Jorge Gessaga, leyeron sus historias. La primera, en nombre de “La Negra”, Viviana Beguán, también presente en la sala. “Estoy muy contenta de que León haya podido llegar. Si no, tal vez hubiera grabado un video desde el zoológico”, arracó Chein, para la risa general, y propuso el nombre de un próximo libro: Estos días de mierda ya pasaron.  Al leer “Walter, de Lanús”, Gessaga trajo el recuerdo de su padre, “el papá de todos”, el que “no dejó de reclamar nunca hasta que salió liberada la última presa política”, como lo pinta Soriani en su libro. 
 “Este libro es un coro de voces, por eso quería que estuvieran ellos leyendo sus historias. A veces pienso que me repito o que puedo aburrir volviendo siempre a esta parte de la historia. Sin embargo, las nuevas generaciones nos dicen, de una y mil formas, que quieren saber. Y contar es un deber de todo sobreviviente”, definió Soriani, tras llegar a la conclusión de que eran muchos los años de cárcel que sumaba la sala. “Me hice una apuesta a mí mismo: que alguna vez iba a poder escribir una nota sin que este tipo me la mejorase. Porque siempre lo logra con alguna indicación: acá poné un punto, sacá este adjetivo que es medio cursi... Y no, todavía no me gané la apuesta”, dijo luego al mencionar a Ernesto Tiffenberg, director de este diario, que escribió el epílogo del libro. El prólogo es de Estela de Carlotto, quien estaba anunciada en la presentación pero tras un viaje no pudo llegar, y envió su saludo y las palabras de su texto. 
“Hugo cuenta lo que vivió pero no lo hace en forma personal, sino colectiva. El resultado es una apuesta al futuro y al disfrute de la vida a pesar de todo. Siempre pienso que él, como todos los que sufrieron en esos años, tiene tatuada una marca de tristeza en su mirada. También como casi todos, ha hecho de ese dolor una apuesta a la vida, a tomar las cosas con humor y disfrutarlas a pesar de todo. Eso es lo que me conmovió de este libro”, expresó Nora Veiras. “Los textos de Hugo son la prueba de que las cosas de la vida, las que nos pasan cotidianamente –buenas, malas, felices, horribles–, si están bien contadas, merecen integrar las hojas de la mejor literatura. Hugo supo y pudo convertir en reflexiones amigables las enormes injurias que recibió rejas adentro, durante sus nueve años all inclusive en cuatro cárceles”, evaluó a su turno Carlos Ulanovsky, repasando algunas de las anécdotas tragicómicas que cuenta el libro. “En su condición de tipo en estado de recuerdo, observación permanente y memoria, Soriani le pudo decir a sus represores: ‘¿Vieron? 2x1, las pelotas’”, concluyó. La marcha del miércoles pasado y el fallo de la corte que la promovió, claro, aparecieron en la presentación. Taty Almeida y Lita Boitano las mencionaron especialmente: “termina una semana en parte gloriosa, pero nos esperan momentos muy duros que tenemos que enfrentar juntos”, advirtió la última. “Estoy feliz porque demostramos que no nos van a poder. Pero sigo con bronca, el presidente tardó en decir algo y no convenció a nadie. Faltó nuevamente el respeto al pañuelo blanco y a nuestros hijos. No se lo vamos a permitir”, marcó Almeida. 
Mientras todo estos transcurría, Gieco sumaba música: “Soy un pobre agujero”, “Cachito campeón de Corrientes” (con estrofas en guaraní y todo), el tema que da nombre al libro, junto a Daniel Porchetto en teclados, y por supuesto “La memoria”, fueron parte de la “Banda de sonido” (así se llama la segunda parte del libro, con crónicas y reflexiones alrededor de la música). “En su libro, Hugo dice: nunca nos pusimos de acuerdo sobre quién versionaba mejor ‘La cigarra’”, citó Gieco. “Yo la hice como si fuese James Taylor, con unos ritmos y un tono que puede cantar todo el mundo. Así que los invito a que definamos esta cuestión”, indicó, antes de una versión a coro del tema de María Elena Walsh. También trajo otro pasaje que hablaba de él: “Soriani dice que yo dije: ‘Conseguí una armónica y compuse ‘Hombres de hierro’, que es un afano total de ‘Blowin in the Wind’”. Entonces cantó el tema sumándole el estribillo de Bob Dylan. La sala Jorge Luis Borges, que es la más grande de la Feria del Libro, estaba llena con más de 600 personas y, a pesar del aviso de que estaba por cerrar, costaba poner un fin. Lo trajo “En el país de la libertad”, otro tema justo.