Aunque no siempre música y baile van de la mano, la Orquestonga propone precisamente esa unión. “Fiestonga danzante asegurada, esa es la cuestión”, puntualiza Juan Bonaudi. “Creemos en la intervención de la gente como herramienta de retroalimentación. Nos hace felices saber que estamos transformando en algo al que viene a escucharnos. Somos como un equipo que hasta el último minuto se juega en cada acorde, cada melodía y cada ritmo para ganarse los corazones de su público”, sostiene el cantor y compositor uruguayo, días antes de la presentación de Un día de estos, el disco debut, esta noche en La Trastienda (Balcarce 460). “También somos una orquesta compuesta por músicos de diferentes nacionalidades y larga experiencia, que nos juntamos para armar este proyecto con el fin proponer una mirada musical que recorra los géneros latinoamericanos y rioplatenses”, prosigue el ideólogo/compositor de esta agrupación que viene haciendo roncha con la alquimia de la música para bailar, basada en algo que todos ellos (trece en total) sintetizan bajo la idea de sonidos “llenos de vitaminas”.
Vitamina C, por la cumbia y el candombe; R, por rock y reggae; CH (sic), por el cha cha cha, “que libera endorfinas y destapa arterias estresadas”;  B (bossa y bolero), y vitamina TM (sic II) por el tango, la milonga y la murga, que también activa la orquesta. “La idea es romper el cerco del individualismo en el que muchas veces transitamos y explorar rítmicamente la prosapia de cada integrante, llevando la canción como bandera. El nombre, de hecho, es un juego del lenguaje que refiere a gran orquesta  desde un lugar humorístico y potente al momento de sonar, y hacerse notar. Pero también bastante descontracturado e impúdico”, se ríe Bonaudi, el uruguayo de este combo que completan los argentinos Lolo Micucci (piano y coros), Miguel Angel Tallarita (trompeta), Sergio Colombo (saxo), Fernando Albareda (trombón), Fede Elías (guitarra y coros), Horacio Salerno (bajo), Iván Carrera (trompeta) y Lucas Guzmán al acordeón, más el percusionista cubano Jansel Torres, y el español Roger Bas (exbaterista de Joan Manuel Serrat). 
Al ensamble estético, geográfico e instrumental se refiere, precisamente, uno de los ocho argentinos: Micucci. “Todos venimos de experiencias solistas o de acompañar a artistas ‘consagrados’, así que la orquesta se fundó un poco desde la posición de sumar cada uno su individualidad para formar un cuerpo entero”, señala el pianista y compositor todoterreno. “Con Juan (Bonaudi) comenzamos a pensar estas cosas hace dos años y, como veníamos desde hace tiempo girando a dúo y presentándonos en bares y pequeñas salas, decidimos ampliar la propuesta. En suma, todos venimos con nuestros gustos y experiencias particulares a recalar en esta orquesta en la que, si bien no hay limites claros en lo musical, tenemos algunas consignas de las que venimos charlando que nos sirven de marco para desarrollar ideas”. Por ejemplo, la de asociar géneros musicales con vitaminas, de las que existen y las que no. “Las vitaminas de diferentes regiones, épocas y geografías hacen que tengamos mucha energía arriba del escenario para transmitirla en dosis justas y así desempastar los huesos, a través de una gran fiestonga danzante –desarrolla Bonaudi–. Nuestra idea, al cabo, es hacer una orquesta popular que recupere viejas tradiciones con sonidos actuales”.
Ese concepto se engancha con el nombre del disco, dado que también nombra a una de las canciones que detona la fiestonga danzante. “Nos gustó la expresión esperanzadora de la frase y enseguida todos coincidimos que había algo por venir en esa expresión. Nos gustó, además, porque la canción tiene un estribillo que nos encuentra a todos cantando. Es como nuestra canción emblema en estos días”, explica Micucci. “Después, en el disco van a encontrar un poco de todo, siempre con una sonoridad orquestal, mucho brass, percusiones, coros, y mucho ritmo, sobre todo. Hasta nos dimos el gusto de grabar un tango (‘Los mareados’) y pasearlo por varios géneros. Es un experimento que gusta mucho cuando lo tocamos en vivo”. “Tocar con la Orquestonga es subirse a una veloz nave que tiene paradas en Buenos Aires, Montevideo, varias playas del Caribe, y en los lugares más elegantes y glamorosos de Europa”, grafica, bien florido, Tallarita, el trompetista del Indio Solari, cuya versatilidad lo llevó a tocar con (o para) Palito Ortega, La Mississippi, Pappo y Mercedes Sosa, entre muchos otros. “Es como un gran abanico de sensaciones y estados de melancolía y euforia, un gran licuado de emociones y nostalgias que nos llega a los músicos y a la audiencia, una nave donde se goza”.  
Como se dijo, se goza con el baile como columna vertebral del movimiento. Retoma Bonaudi: “La posibilidad de hacer bailar no es poco en estos tiempos en los que los cuerpos andan tan estresados, compungidos, mostrando las huellas de vivir en estas ciudades tan hostiles. Lo tomamos como desafío, pues el bailar se traduce en liberación, como en aquellos encuentros barriales donde lo festivo era la base fundamental para el público. Aunque también hay inquietudes distintas como el decir, el contar, el ser propaladores de estos tiempos y mantener viva la llama de las músicas latinoamericanas. Apropiarnos y despegarnos, porque pintar nuestros pueblos implica el mundo entero”, metaforiza el uruguayo que, además de ser quien firma casi todas las piezas de esta especie de seleccionado continental, tiene dos discos publicados a la fecha y un peregrinar que lo lleva por tablas, radio y televisores, ya que es también actor y locutor.