Un gringo y un frijolero divididos por la frontera pero marcados por una relación fraternal. En eso andan Morris y Gamaliel, los protagonistas de Run Coyote Run (estreno de la semana pasada por FX, va los lunes a la medianoche), quienes montan una pyme dedicada a trasladar ilegalmente personas a los Estados Unidos vía México. Propuesta urgente que trabaja el candente tópico del muro divisorio entre ambos países, apropiándose de las connotaciones y polémicas, con grandes cuotas de humor seco y sus momentos de drama. Al desprejuicio de la propuesta se le adosa una puesta en escena que aprovecha la estética de tex-mex de luces de neón, con el spanglish y polvareda del desierto siempre presente. “Diría que lo más mexicano de esta serie es que nos reímos de nuestras desgracias”, apunta Gustavo Loza, su creador, entrevistado por PáginaI12. 
Durante su infancia y a pesar de la reticencia de sus padres, Morris y Gama jugaban juntos al béisbol; ya de adultos vuelven a encontrarse para dedicarse a ser polleros profesionales. Al negocio de cruzar personas por la frontera  ellos lo llaman “turismo de aventura”. ¿Su lema? “Pasas porque pasas”. En la empresa son claves sus “asistentes”, un pobre diablo llamado Güevin y un africano de acción llamado Kewewe. El centro de operaciones será en la ciudad de Naco, donde suenan narcocorridos y todo se resuelve a los tiros entre la gente del Chapo, los Zetas, el Cartel del Golfo y el Ejército. “Pura celebridad, de tanta visita ya nos sentíamos importantes en el pueblo”, cuenta Gamaliel en primera persona mientras los disparos repiquetean en la pantalla. A la vieja usanza televisiva, y con algo de pareja dispareja, cada uno de los trece capítulos, propone una nueva historia en la que se intenta gambetear a los “pinches border patrols”: un boxeador que quiere competir en Las Vegas, una mujer que desea ver a su esposo, el hijo de un dictador africano... y hasta tendrán que traspasar un tigre. “Es una lucha permanente entre el poderío militar, tecnológico y económico contra el ingenio mexicano”, asegura Loza.
Run Coyote Run, que tiene la particularidad de aparecer en medio del reverdecer del conflicto fronterizo entre ambos países, fue concebida hace un lustro. “Mientras la dejábamos madurar fuimos viendo como el acontecer iba cambiando, con el discurso totalmente racista y anti mexicano de Donald Trump; fuimos dándole algunos ajustes y actualizamos los libretos a la realidad que estamos viviendo hoy”, cuenta Loza. Más allá de su urgencia, el caldo permite varios ingredientes y referencias, sea el pastiche patentado por el director Jared Hess (Nacho Libre, Napoleon Dynamite), las líricas de bandas como Brujería o los Tigres del Norte y hasta el recorte visual de Breaking Bad. “En definitiva, toca un tema delicado para todos los latinoamericanos como es la migración y el tráfico humano pero la singularidad es que lo trata desde la comedia”, dice su director.
–Run Coyote Run parece tener muy en claro eso de que “la realidad supera a la ficción”. ¿Sumaron casos o historias reales de polleros de un lado y otro de la frontera? 
–Podría decir que la mayor parte de los casos son tomados de la vida real. Tuve la oportunidad de ir a la frontera norte para hablar con los coyotes y polleros, como les llamamos aquí a los que se dedican a esto, también con migrantes, con toda la gente y los escuchas de viva voz. Sus historias son fascinantes, gente que pasó y volvió, los que lo lograron tras tres intentos, los que están estancados. Más que nada me interesé en los coyotes para sacarles métodos e información. Increíblemente no hay horarios, trabajan los 365 días del año. Por más absurdo que parezca, la situación de “la puerta” en el episodio piloto es real, no lo inventé. “Pues que cuando ya nos cachan, abrimos otra, y otra”, te dicen. Tienen mil y un formas de cruzar gente, son muy creativos, realmente. 
–¿Por qué concibió la historia a partir de estos dos personajes? ¿Qué se genera de esta dinámica?
–Es clave. Estos dos personajes, uno estadounidense y otro mexicano, representan que es momento de tender puentes y no de levantar muros. Contrario a lo que se puede pensar, que son nuestros enemigos, aquí se plantea lo contrario. Y no es un mero accidente. Son grandes amigos desde la infancia y el muro los ha divido.  La barda corta los caminos naturales de las familias, de los animales, de los ríos. Para mí era importante, plantear varios puntos de vista, no quería hacer una versión antiyanqui. A pesar de que el gringo sea coyote tampoco él entiende porqué vive así. Más que de mexicanos y estadounidenses es de gente que está migrando por un mejor futuro.   
–¿Por qué se decidió por darle un carácter episódico? Casi va a contramano de las series de TV actuales... 
–La verdad es que hay tantas historias que es de no acabar. Hay un arco con los personajes principales. Pero creo que era más sensato hacerlo así. Son tantos los casos que me sentía con la confianza de poder contarlas. Hay tanto que decir, y no solo de mexicanos, en nuestra frontera norte hay cubanos, haitianos, chinos, indios, africanos, algún que otro europeo del Este. Son muchísimas historias.  
–También es muy extenso el material audiovisual, desde Born in the East L.A. con Cheech Marin, en una versión más extrema Machete o la serie The Bridge. ¿Le sirvieron esas referencias o trató de mantenerse al margen de ellas?  
–Claro que sirven. Y sumo más. Los westerns o más acá en el tiempo Breaking Bad. Particularmente por el escenario espectacular por filmar. Una barda interminable que no acaba, la luz dorada del atardecer y los ocres del desierto y el cielo azul. El escenario es definitivamente un personaje más. Algunos coproductores me decían que filmemos en otros lugares más baratos, pero ningún lugar nos iba a dar lo que nos daba este. Es único en el mundo. Me inspiré en Naco, que queda en Sonora, para hacer la historia, no podía ser en cualquier otro espacio más que este.
–Siendo una comedia tratando un tema tan áspero, ¿tomó recaudos?
–Una vez que ya tomás una decisión hay que ser congruente. Así lo hicimos. Igual conforme a la escritura de los guiones nos dábamos cuenta de que había algunos temas delicados. En algunos episodios la comedia entraba de lleno y en otros hubiese sido forzado hacerlo, sentíamos que no, era desmerecer la historia. Este es un dramedy. Hay un par de episodios más serios. Pero “si vas pal baile ya te peinas”...