Hay formas enormes de rebelión que lo subvierten todo y cambian la Historia; y también hay pequeñas, íntimas insurrecciones que pasan inadvertidas para toda la humanidad salvo para el circunstancial rebelde. La rebeldía no se mide en centímetros sino en su poder para afectar y modificar las cosas en Samurai Gourmet, miniserie japonesa recién llegada al menú de Netflix, que plantea una historia sencilla, ligera y delicada que, sin embargo, en los escasos 20 minutos de cada uno de sus doce episodios, inevitablemente deja sensación de panza llena. El personaje en cuestión es Kasumi, un tokiota recién jubilado que estrena el tiempo libre de la tercera edad con diminutos, solitarios excesos que no son sino transgresiones alimentarias, como almorzar con algo de alcohol o bien meterse en un bolichito a comer fritanga entre estudiantes bulliciosos. Tan simple como surrealista, pues Kasumi vence su timidez gastronómica con la ayuda de una imponente alucinación, un recio samurái del siglo XIX que lo acompaña en sus comidas, le anima a entrar en chiringuitos frente a la vía del tren, le ahuyenta las miradas indiscretas con su propio y amenazante golpe de vista y le inspira el valor suficiente como para vencer las tradiciones de toda su vida y, qué tanto, pedir a la camarera tres salchichas y dos birras para clavárselas él solo. Contemplativa, casi unipersonal y definitivamente más oriental que Midnight Tokyo Stories –otra producción contemporánea de TV por streaming también ambientada en ambientes culinarios nipones–, Samurai Gourmet no orienta sus tentaciones a la exhibición global de platillos exóticos del Japón milenario, sino a permitirse el placer de la sorpresa y del casi inocente desafío personal. PáginaI12 entrevistó a Masayuki Kusumi, creador de Samurai Gourmet, que primero fue un conjunto de ensayos, luego se convirtió en manga (con los dibujos de Shigeru Tsuchiyama), en 2012 llegó a la TV japonesa y este año estrenó su versión internacional, producida por Netflix. Kusumi, quien participa de esta adaptación, es además el álter ego de Kasumi, personaje principal de la serie. 
–¿Cómo siguió la evolución de un trabajo personal suyo, a través de tantos formatos, y hasta llegar a la serie Samurai Gourmet? 
– Las historias son casi enteramente experiencias reales, cotidianas, como ver grupos de universitarios que comen jureles fritos en una posada o estudiantes de escuela secundaria que entran todos juntos a comprarse unas croquetas. Fue una experiencia increíble ver cómo en el programa iban cobrando vida mis recuerdos. Samurai Gourmet se basa en el manga que diseñamos, a partir de mis textos, con el dibujante Shigeru Tsuchiyama. En aquel momento, decidimos evitar que yo mismo fuese el personaje principal porque consideramos que un protagonista ficticio le daría una sensación más propia del manga. Así nació el personaje protagónico, Takeshi Kasumi. Dado que Japón continúa en su tendencia hacia una sociedad cada vez más envejecida (yo mismo cumpliré 60 años el próximo año), hicimos que Kasumi fuera un hombre recién jubilado. En Japón estos días existen muchos hombres mayores, ya retirados y con mucho tiempo libre, pero que no encuentran nada en particular que realmente deseen hacer con él.
–El samurái es un personaje tradicional japonés, y a la vez, es quien anima a Kasumi a rebelarse. ¿Cómo funciona en Samurai Gourmet el equilibrio entre tradiciones y rebeldías? 
– Bueno, resulta que, además de escribir, yo también dibujo manga y soy músico (toda la música de Samurai Gourmet fue compuesta, arreglada y ejecutada por mi banda, The Screen Tones). Y creo que la gente que se reparte entre tantas cosas siempre lleva dentro algo de tradición y algo de rebeldía. Soy una persona tímida, pero me encantaría ser un hombre duro y audaz, como el samurái errante de Samurai Gourmet. Takeshi Kasumi tampoco puede rebelarse contra la sociedad. Por eso aparece el samurai, que simboliza la rebelión: sus acciones reconfortan a Kasumi. Y también me reconfortan a mí, su creador. Pero es sólo una ilusión: es lo que lo convierte en un manga, en un drama. 
–¿Qué clase de símbolo supone para usted un samurái entrando con cara de malo en un restaurante? 
–Desafortunadamente, en estos días los japoneses no tienen heroísmo, valentía ni honor. En el Japón moderno no hay hombres que se parezcan a los samuráis: uno de los muy pocos japoneses a los que les veo algo de samurái es al beisbolista Ichiro Suzuki, que juega en las Ligas Mayores de Estados Unidos… Esta ausencia de samuráis modernos es lo que me llevó a representar al samurái como un superhéroe, aunque dentro de un entorno cotidiano. El samurái errante de Samurai Gourmet lleva mis sueños y aspiraciones.
–¿Samurai Gourmet es un programa sobre ser rebelde aún en la tercera edad? 
–Los japoneses de hoy están siempre muy presionados por lo que los demás puedan pensar de ellos. Eso ocurre incluso después de haberse jubilado y liberado de sus trabajos. Esto es especialmente notable entre los hombres. Hay un deseo de elegir las mismas cosas que todos los demás, usar la ropa que está de moda, ir a los restaurantes que aparecen en la televisión y actuar de una manera que se supone apropiada para la edad. Pero en el fondo, creo que quieren hacer otras cosas. Este programa permite que Kasumi tenga pequeñas aventuras. La idea es que no importa tu edad, siempre estás a tiempo para descubrir una nueva parte de ti. Yo también me permito pequeñas aventuras. De lo contrario, no conseguiría que mi trabajo se mantuviera interesante, u original.