lunes, 15 de mayo de 2017

Stefano Bollani

 Stefano Bollani

Escapar a las reglas para bien de la música

Camisa, vaquero y zapatillas, en el centro del escenario Stefano Bollani junta las manos a la altura del pecho, baja la cabeza y agradece escuchando el aplauso de la sala llena. Esta vez, el pianista italiano no llega en nombre del jazz, como había ocurrido en sus anteriores presentaciones en Buenos Aires, sino como parte de una de las temporadas de conciertos tradicionales de la ciudad, para abordar, junto a una orquesta sinfónica, un repertorio que es recomendable escuchar en esa zona franca que se ensancha entre lo oral y lo escrito de la tradiciones.  
El sábado, en el Teatro Coliseo, en el ciclo Nuova Harmonia, Bollani tocó con la Orquesta de la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón, dirigida por Carlos Vieu, y el pianista y compositor argentino Diego Schissi, un programa con obras de Gershwin, algunos tangos clásicos y música del mismo Schissi. Fue un concierto expansivo, de gran energía, disfrutado en el escenario y en las butacas. Un concierto en el que Bollani trazó sobre otras músicas sus recorridos personales, como lo había hecho el jueves en el CCK en solo de piano, pero esta vez en diálogo con la orquesta y con Schissi. 
Los atriles todavía vacíos esperan la entrada de la orquesta y Bollani comienza solo a probar lecturas sobre temas de Gershwin. “The man I love”, “I Got Rhythm” y “Summertime” son los puntos de partida para sus excursiones, que instalan el clima de “el Gershwin de Bollani”. Resulta siempre complicado cuanto inútil clasificar a Bollani. El músico italiano atraviesa con el piano los más variados tipos y maneras de la música. Relee, traduce y reescribe lo que escucha, entre un pensamiento abierto al asombro y un virtuosismo capaz de profundizar el firulete en desarrollos generosos y sorprendentes. 
Tras la Obertura cubana, la Rapsodia en Blue fue el momento central de la primera parte. La dirección de Vieu y la orquesta ajustada permitieron que la lectura de Bollani fuera libre en las partes solistas, a partir de un manejo del tiempo sin ataduras, fraseos personales y momentos de improvisación que sin llegar a ser digresiones devolvían a la obra el halo de su improbable origen jazzístico. La de Bollani fue una versión menos “diferente” de lo que hubiera podido esperarse, pero resultó atractiva, acaso más oxigenada de lo que hoy sin dudas podría considerarse “un clásico”.
La segunda parte encontró a Bollani con Schissi. Dos pianos, la orquesta y una música como la de Schissi, que plantea francos desafíos a la tradición sin salirse de ella. Del mismo modo que el piano de Bollani atraviesa las músicas, las composiciones de Schissi atraviesan el tango, aspirando y exhalando anexos y diversidades. “Astor de pibe”, algunos temas del disco Timba y el notable “Tongo 6”, arreglados por el mismo Schissi para dos pianos orquesta, marcaron por espesor musical e interpretación, puntos salientes de un concierto que si en algún momento supo escapar a las reglas, fue en favor de la música. 

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