¿Alcanzan tres jornadas para sintetizar un festival de más de 15 días de duración? PáginaI12 asistió el fin de semana pasado al XIII Encuentro Metropolitano de Tango de Rosario y la experiencia sirve para dar con una buena fotografía del estado actual del género en la ciudad, con sus virtudes, sus tensiones, su potencial y sus obstáculos. Desde el viernes al domingo por el escenario del Galpón 11 pasó media docena de grupos rosarinos y santafesinos dedicados a revigorizar el tango con nuevas composiciones o reinterpretaciones de trabajos de sus contemporáneos. Hubo algún que otro clásico, claro, pero a la hora de versionar los músicos locales prefirieron a Julián Peralta o a Ramiro Gallo antes que a los bronces de la historia. Primera señal, el viernes y con Masmédula primero, La Biaba después, de las ganas de construir desde el presente que tienen los músicos de la ciudad.
Esto tenía su correlato entre el público, verdaderamente joven (no esa generosa entelequia que insiste en la “juventud” tanguera con medio siglo entre pecho y espalda). No es que el ambiente rosarino del tango se componga exclusivamente por sub35. Una pasada rápida el domingo a la tarde por la Casa del Tango local mostraba un promedio de edad bastante más alto. Son, sencillamente, quienes más se sintieron motivados por la programación que propuso el festival para enfrentar el frío que cayó junto al río. Y también quienes más sufrieron las pérdidas de espacios milongueros en el último año.
La noche del sábado puso en escena esas tensiones. Literalmente, pues varios de los grupos de la velada dedicaron su actuación a La Chamuyera, un reducto histórico del circuito rosarino que cerró el año pasado, cuando tras una larga disputa con los vecinos el conflicto escaló hasta que desde un edificio cercano les revolearon una botella que dio en la cabeza de una chica y la dejó en silla de ruedas. En otro caso reciente, hace poco más de un mes inspectores municipales clausuraron el bar El Olimpo a instancias de un cura de la cuadra. El dueño decidió cerrar definitivamente las puertas del bar, harto del hostigamiento y así se perdió otro lugar para la cultura rosarina (pues en el Olimpo no sólo se bailaba tango, también había otros géneros y actividades).
De esa segunda jornada vale destacar el set corto pero efectivo de Juan Iriarte y las cuerdas del más allá, que llevó a todos a bailar en el áspero piso de cemento que propuso la municipalidad (“por suerte este finde tiraron un poco de talco para poder resbalar”, comentó a PáginaI12 una milonguera). A Iriarte se le nota su cabida entre el público local, que se explica por su repertorio atractivo, muy bailable y por su carisma arriba del escenario. Su “hit” parece ser “Los pasillos de La Tablada”, con el que cerró su actuación de sábado y de domingo. 
La figura central de la programación, sin embargo, fue Leonel Capitano, un histórico del nuevo tango canción rosarino, dedicado desde hace 20 años a renovar el género y referente local. Fue Capitano quien asumió en su extensa presentación la responsabilidad de destacar la pérdida de espacios como La Chamuyera. “Era más que un espacio físico, era una construcción cultural que vamos a mantener viva en tanto y en cuanto sigamos juntos”, animó al recordar su habitual lugar “de recalada”. Capitano fue también quien verbalizó el derrotero de los grupos actuales en Rosario al hablar de la “encomiable misión de traer el tango desde el presente, al nuevo siglo”. Más allá de la paradoja de ofrendar su actuación a una milonga con un repertorio poco bailable, Capitano consiguió mantener el interés gracias a una generosa circulación de músicos invitados, compañeros en distintas etapas de su camino. Tras el cierre de Capitano volvió la milonga a la pista del Galpón 11, que se extendió hasta las primeras horas de la madrugada con un DJ con buen criterio para mechar en tangos clásicos y actuales.
El domingo hubo una grilla más corta, con el regreso de Juan Iriarte, pero con otra formación, “Los cuadrados del tango”, siguiendo la consigna oficial de incorporar ritmos litoraleños a la velada (chamamé principalmente, pero también otros como el rasguido doble). Nuevamente Iriarte confirmó su cabida entre el público, que bailó prácticamente todo su set tanguero y acompañó con entusiasmo el folklórico. Iriarte además destacó al pianista Joel Tortul, a quien incluso concedió el escenario para que tocara su chamamé “La Chacarita” (dedicado a su barrio en un pueblo vecino de Rosario). Tortul se presentará con su propio cuarteto mañana, en la jornada de cierre del Encuentro con el quinteto de Agustín Guerrero y la potente orquesta típica local Utópica.
El tango actual de Rosario, salta a la vista, no sufre por falta de sangre nueva, pues tiene músicos y milongueros con ganas de sobra. Lo que evidencia el Encuentro Metropolitano son las dificultades que atraviesan esos espacios, una cuota de apertura en algunos sectores milongueros y la necesidad de recuperar pistas y escenarios para que quienes están puedan desarrollarse y mostrarse con mayor frecuencia. Aun así, Rosario se confirma como una plaza vigorosa en el circuito tanguero que se extiende más allá de la General Paz.