jueves, 29 de junio de 2017

Anish Kapoor

Anish Kapoor

Otra tierra

Nacido en Bombay, Anish Kapoor vive y trabaja en Londres y desde ahí revolucionó la escultura con sus exploraciones sobre la materia y el vacío en piezas sugerentes, ambiciosas y poéticas que suelen usar materiales poco convencionales y son íconos urbanos. Ahora presenta Destierro en el Parque de la Memoria y en esta entrevista con Radar habla sobre su concepción del espacio público y por qué cree que el arte debe ser misterioso y evitar las explicaciones.


Elementos rituales. En ellos, entre otras cosas, pensó Anish Kapoor cuando decidió montar Destierro, su obra en el Parque de la Memoria con curaduría del brasileño Marcello Dantas. Destierro tiene que ver con lo ritual y con la imposibilidad de recuperar a ese otro que ya no está. Las obras forman un conjunto conceptual que problematiza la relación entre materia y percepción con dos elementos rituales fundamentales: la tierra y el pigmento color rojo rubí que alude a la sangre. “Este es un lugar potente: representa una tragedia inimaginable. La obra inevitablemente se entiende en este contexto. Es importante recordar que yo no perdí a nadie acá. Así que mi idea fue hacer una obra que no tuviera ninguna presunción sobre la experiencia de las víctimas”, dice Kapoor en la entrevista con Radar. Destierro es una yuxtaposición formal entre dos colores: la tierra roja y la máquina azul (color del cielo y del río). Para Kapoor no es necesario explicar su obra: cree que es imposible saber qué despertará en el espectador, qué reflexiones e inquietudes surgirán. “Si funciona formalmente, responderá todas las preguntas”, dice.  
Destierro incluye tres obras. La propia Destierro, en la sala Pays, es un site specific con 400 metros cúbicos de tierra y 27 kilos de pigmento rojo furioso Kapoor. Imagine es una obra que altera la percepción del color y la materia: sólo por momentos permite ver su color real. Anxiety, una instalación con sonido inaudible que se presentó sólo una vez antes en la galería Lisson de Londres, produce en el espectador sensación de ansiedad: sólo se puede permanecer en la sala hasta cinco minutos para evitar efectos contraproducentes. Se trata de un dispositivo de infrasonido que no se percibe auditivamente y que provoca sensación de extrañeza. “Durante la dictadura, todos vivieron algún nivel de ansiedad, unos más que otros. Yo quería que las jóvenes generaciones tuvieran una pequeña muestra de la fuerza y el dolor que experimentaron las víctimas que se recuerdan en el Parque”, dice Dantas. 

Como un foro en la era digital 

Lejos de cualquier divismo, Kapoor es un hombre que mira directo a los ojos y sonríe con calidez. Este artista que recreó la escultura con obras monumentales y deslumbrantes por sus formas y colores, tiene un ritmo de trabajo vertiginoso, apasionado. Kapoor, que vive y trabaja en Londres, es referente de la Nueva Escultura Británica junto a Tony Cragg y Richard Deacon. Emigró a Inglaterra en 1972 y estudió en el Hornsey College of Art. Dos años después de terminar sus estudios de arte, en 1980, tuvo su primera exposición. Realizó sus estudios de posgrado en la Chelsea School of Art en Londres. En 1990 representó a Inglaterra en la Bienal de Venecia y ganó el premio Turner. En 2003 fue condecorado con la Orden del Imperio Británico y en 2013 fue nombrado caballero en las Celebraciones del Cumpleaños de la Reina. En 2017 obtuvo el Genesis Prize.
Sus obras son íconos urbanos inolvidables: irrumpen en el espacio público y son capaces de desatar reacciones pasionales. Dirty corner, su imponente escultura de acero de 60 metros de largo y miles de toneladas en el jardín del Palacio de Versalles, generó debates encendidos. Cuando en una entrevista Kapoor dijo que para él la pieza era como la reina echada en la hierba, y el periodista lo interpretó como “la vagina de la reina”, suscitó acciones de vandalismo con mensajes antisemitas (Kapoor es judío-indio). Cansado de que removieran los grafitis sobre la escultura, Kapoor decidió dejarlos como símbolos de intolerancia. Tuvo que afrontar una situación inverosímil: un ministro de Versalles lo llevó a la corte aduciendo que el artista estaba exhibiendo material antisemita en público. 
La escultura Sky Mirror, que se instaló en el exterior del teatro en Wellington Circus, en Nottingham, Inglaterra, con su superficie de acero inoxidable inclinada, reflejó al cielo en la tierra. De 98 toneladas y forma singular, su icónica Cloud Gate en Millennium Park, hecha con placas de acero pulidas que forman una superficie espejada capaz de reflejar la ciudad, es una de las obras contemporáneas más visitadas del mundo. Leviathan, una escultura descomunal compuesta por gigantescas esferas de PVC de 120 metros de altura concebida para el Grand Palais, creó la ilusión de ser mayor que el espacio que la contiene. “Un monstruo marino es grande, amorfo, incontrolable y provoca emociones”, dijo Kapoor en alusión a Leviathan, la bestia bíblica. 
Las funciones simbólicas en el espacio público han cambiado, apunta Kapoor: “Ya no tenemos los modelos antiguos del Arco del Triunfo; ahora tenemos la tierra y el cielo”. Y agrega: “El espacio público es un foro realmente democrático. Como artistas tenemos que involucrar y hacer partícipes a todos. Generar participación democrática. ¿Cómo se puede hacer esto? La pregunta sería: ¿un objeto puede realmente lograr eso? Entonces, no debería tratarse de algo sólo para mirar: tiene que haber un involucramiento más profundo”. 
A Kapoor le preocupa profundamente la política: no es casual que haya elegido hacer esta instalación en el Parque de la Memoria. Y en el marco de la política mundial, le preocupa especialmente la situación de los refugiados. En 2015 lideró con el artista chino Ai Weiwei una marcha por el centro de Londres para pedir que la Unión Europea amplíe sus esfuerzos para recibir a miles de refugiados que huyen de los conflictos en Oriente Medio. Su amistad con Ai Wei Wei tiene larga data: lo apoyó mucho antes de conocerlo en persona. 
Los propios padres de Kapoor fueron refugiados. Debido al antisemitismo islámico, la familia de su madre emigró de Bagdad a Pune cuando era chica. Kapoor donará un millón de dólares del premio Génesis del gobierno israelí a una organización (posiblemente palestina) para ayudar a los refugiados. “Estuve en un campo de refugiados en Jordania. Es algo trágico. Te rompe el corazón. En este campo había 80 mil personas. Todos piensan que se irán la semana que viene, el mes que viene... Todos tienen esa esperanza, pero la verdad es que la gente se queda allí por cinco años o más. Vivimos en una época muy extraña en la que la política pareciera demandar que no haya espacio para los demás. Este es uno de los temas morales más importantes: hoy hay 65 millones de refugiados y la política no hace nada. Pareciera que no puede hacer nada. Pero como individuos nosotros tenemos el poder de cambiar las cosas: creo que cada uno de nosotros tiene que tomar el poder de alguna manera.”  
Kapoor insiste en que su obra no necesita explicaciones y así se desmarca de gran parte del arte contemporáneo que casi exige ser explicado. “Siento que si digo demasiado interferirá en la obra. El arte debe ser misterioso. No tenemos que olvidarnos nunca de que el objetivo real del arte es dejar detrás objetos que sean incomprensibles ¿Cuántas cosas que sabemos en nuestras vidas son comprensibles? No son muchas. Una o dos. La condición humana es misteriosa, la conciencia es misteriosa, la muerte es misteriosa. El arte debe tratar de ponerse a la altura de esos misterios”, dice el artista. Con el tiempo, cuenta, aprendió que los objetos no son objetos: los objetos pueden tener inmaterialidades y este aspecto inmaterial es algo que reconocemos. “Creo que somos seres religiosos, no me refiero a la doctrina, no son creencias, sino que tiene que ver con una realidad ritual”. Kapoor no obtura sus obras con explicaciones o conceptos rotundos: su arte alienta la poesía. Se expande. 
¿Tiene algún desafío pendiente?
–Muchos: no sé si me va a alcanzar la vida. Hay tanto por hacer. Tengo ambiciones muy altas para lo que puede lograr el arte. Creo que uno puede ser un médico mediocre, por ejemplo, y hacer cosas buenas, hacer mucho bien en la vida. Pero es muy difícil ser un artista mediocre. Por eso siento que tengo que ir siempre más allá. Siento que no hice nada, y tengo tanto por hacer.
Destierro se puede ver en el Parque de la Memoria  Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado,  Av. Costanera Norte Rafael Obligado. 6745. De lunes a viernes de Lunes a viernes de 10 a 17; sábados, domingos y feriados de 11 a 18. Gratis. Hasta 27 de agosto 

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