“No hay Acusticazo sin ‘Guilmar`”, cuenta León Gieco que le acababa de decir Lito Vitale, en bambalinas. ¿Qué es “Guilmar”? Muchos dicen que la mejor canción de aquel concierto que terminó grabado –y publicado– gracias a la ocurrencia en acto de Robertone, legendario sonidista del rock argentino. Y si lo pedís, y anda el rey León por ahí, lo tenés. Hacia el final del set acústico que le tocó hacer, el santafesino recreó “Algo de paz” con –casi– todos los músicos que habían participado del festival realizado en 1972, y entre ellos el autor e intérprete de aquella linda canción: Miguel Krochic. También lo rodeaban Edelmiro Molinari, David Lebón, Raúl Porchetto, Carlos Daniel Fregtman, Eugenio Pérez, del dúo folk Miguel y Eugenio (que con el ingreso de Diego y Pablo, se transformaría en Aucán), y Litto Nebbia desde atrás, para que se escuche bien fuerte aquella frase concebida por Raúl, que bien puede tender un puente entre ambos climas de época. “Te pide luz mi mente, te pide luz mi día, te pido por favor, en estos malos días”, tronó en medio de un Gran Rex colmado, a cuarenta y cinco años de aquel mojón en el largo devenir del rock de acá. 
La parte del León había comenzado con una versión de “Hombres de Hierro”, esta vez matizada por el blanqueo empírico del calquito que había hecho respecto de “Blowin in the wing”, de Dylan. “No podemos sacarnos estas canciones de encima, che, con los hombres de hierro que siguen entrando en las villas y los colegios, ¿dónde está el 49 por ciento que se tiene que escuchar y no se escucha”, preguntó Gieco, en una de sus varias intervenciones habladas. “La idea que tuvimos con Nebbia fue cantar las canciones en el mismo tono, así que voy a tratar de hacerlo”, siguió, en medio de la introducción a guitarra sola de “La historia esta”. Tras ella, impecable, llegó el “Tema de los Mosquitos”. El tercer tema de León solo fue “El fantasma de Canterville”, en el mismo tempo (veloz) en que se la había pasado Charly por teléfono, una madrugada de principios de los 70. 
Tras ella, el desfile de invitados. Primero Nito Mestre, en excelente estado, para hacerle la segunda en “La colina de la vida”. Luego Porchetto, con el fin de recrear una de las más bellas canciones del acervo acústico argentino: “Bajaste del norte”. Entre ella y la que compartió con Edelmiro Molinari, David Lebón y el mismo Porchetto (“La rata Lali”), Gieco blanqueó otra secuencia de sus inicios. “Antes de grabar mi primer disco, me había llegado una oferta de la RCA para hacer un disco de canciones de los Bee Gees en castellano. Iba a tocar con Horacio Malvicino, que en ese momento tenía como apodo Alain Debray, y dije `bueno, grabo esto, gano guita, y después grabo lo que quiero`. Pero apareció Daniel Ripoll y me dijo `aguantá, que viene el acusticazo`. La verdad es que pensé que me estaba celando por lo que había conseguido, pero después fui a lo de Gustavo Santaolalla, que estaba por empezar a producir mi disco, le conté lo de los Bee Gees, y me dijo, `bueno, andá a hacer eso y acá no pises nunca más`”, evocó el santafesino, ante las carcajadas colectivas. Fue el instante previo a la juntada total que versionó “Algo de paz”.   
El encargado de abrir la noche, fría por fuera y caliente por dentro, había sido el alma madre de todo esto: don Félix “Litto” Nebbia. Guitarra en mano derramó piezas históricas para deleite de quienes siguen su obra con precisión de melómano: la maravillosa “Canción del horizonte”, “Sueña y corre”, grabada originalmente en el Beat Nro 1, de Los Gatos; un estreno tardío llamado “Canción para los inocentes”, la conmovedora “El bohemio va”, y “Vamos negro”, pieza que había elegido para incluir en el disco del acusticazo original, con Domingo Cura en la percusión. Y que esta vez recreó con Lito Vitale. Hacia el final de su puñado de regalos en copa nueva, Nebbia recibió el “B.A.Rock Loor”, una estatuilla hecha por el artista plástico Lean Frizzera, con el icono del B.A.Rock que eternizó la película Rock hasta que se ponga el sol, y que sirvió para presentar el B.A.Rock Salón de la Fama, una Fundación cuya intención es reconocer la trayectoria de los grandes músicos argentinos de todos los tiempos.  
Tras el reconocimiento, Nebbia reapareció en escena para ofrendar en público una emotiva versión de “El rey lloró”, junto a León, y al final-final, ser parte de la canción con todos de la noche (Emilio del Guercio y Ricardo Soulé incluidos) que fue –claro– “La balsa”. Una noche que también le abrió sus puertas a las nuevas generaciones. A Salta la Banca, banda poco acorde al espíritu de la juntada. A Tino Moroder. A Nekro, el ex Fun People, a quien en realidad se la entreabrió, porque los problemas de sonido lo obligaron a tocar dos temas ¡sin sonido!, tras dos versiones para la ocasión: “This land is your land”, de Woody Guthrie, y “Gurisito”, de Daniel Viglietti. Y a Fernando Ruiz Díaz que se despachó con una folkie pero potentísima versión de “Mañana en el Abasto”, y otras de “Plan B” o “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”, con Catupecu Machu, banda que seguramente será parte del B.A.Rock V a realizarse en octubre.