Hace tiempo ya que Franco Luciani es reconocido como uno de los artistas más interesantes entre los que van y vienen por los repertorios de la música argentina. Su presencia como armoniquista y compositor se destaca en una discografía propia que empuja las fronteras del tango y del folklore hacia horizontes más amplios, y también en más de un centenar de colaboraciones con artistas, debutantes y consagrados, de los más variados géneros de la Argentina y el mundo. Después de quince años de aquel Premio Revelación en el Festival de Cosquín que significó su proyección, para Luciani llega lo que no duda en definir una nueva etapa, señalada por supuesto con un nuevo disco. Lo llamó Anda el aire, es un trabajo en trío, con Leonardo Andersen en guitarra y Pablo Motta en contrabajo, y lo presentará hoy a las 21 en La Trastienda (Balcarce 460).
“Llegó a su fin el proyecto que se tradujo en años de aprendizaje, de los que salieron discos que me resultan entrañables, muchos viajes y reconocimientos. Este nuevo disco definitivamente representa otra etapa, un cambio en la continuidad”, señala Luciani a PáginaI12. “Y el trío es mi manera de decir quiero hacer otra cosa. Seguir buscando en la música argentina, claro, pero desde otra perspectiva. El formato del trío es maravilloso porque me permite otra dinámica en la que circula más aire entre los músicos. Es un formato acústico, pero no por eso carente de fuerza. Al contrario, se te abren puertas para llegar a la intensidad y la fuerza de otras maneras”, asegura el músico. 
Balanceado como siempre entre el folklore y el tango, Luciani dice que hace tiempo que zanja toda diversidad conceptual pensando en términos de “música argentina”. “La capacidad de los músicos con los que toco me dan seguridad y comodidad para pensar más allá de los géneros y atravesar repertorios sin mayores complejos. La idea es que la elección del repertorio pase por ahí, por la diversidad, cuidando las propiedades de cada lenguaje, no sólo entre lo que distinguimos con tango y folklore, sino además dentro de un mismo género, porque la chacarera tiene sus yeites y la zamba tiene otros”, explica.
El disco abre con el segundo movimiento de “El invierno”, de Las cuatro estaciones, de Antonio Vivaldi, una digresión respecto al resto del repertorio, si se quiere, que el músico justifica en términos de amor por las melodías. “Siempre defendí el concepto de canción y esa melodía de Vivaldi, como tantas suyas, tiene una ‘cantabilidad’ que se me ocurre puede ser la madre de muchas canciones de nuestro tiempo. En el centro de esa complejidad formal hay una canción”, sostiene Luciani, que desde fines de junio abordará una gira de conciertos por Canadá y Estados Unidos.
En el repertorio del trío se conjugan versiones de “Selvas vírgenes”, una polca de Antonio Luzzi, en la que participa Facundo Guevara tocando el shekeré; “Violentango”, de Astor Piazzolla; “Río de los pájaros”, de Aníbal Sampayo; “Como flor del campo”, de Raúl Carnota; “Bandoneón arrabalero”, de Bachicha Deambroggio y Pascual Contursi; y un bonus con “Tu cuerpo mediodía”, de Luis Alberto Spinetta, con Claudio Cardone en teclados como invitado. También hay composiciones del mismo Luciani, como “El último cantor” y “La sensiblera”, en colaboración con el poeta Alejandro Szwarcman; “Tango para Elisa”, con texto de Raimundo Rosales; y “Vals de los dos”, compuesto a cuatro manos con Daniel Maza.
–¿Cuándo sintió que el trío estaba listo para empezar a reflejar ese proceso de cambios en la grabación de un disco?
–Es curioso, porque el disco no se pensó como disco, en el sentido de grabar todo de una vez. Fue algo así como un work in progress. Salvo “Selvas vírgenes”, que se grabó después, los primeros temas de Anda en el aire se grabaron apenas empezamos a juntarnos con Leonardo y Pablo. Después me fui a Europa varios meses y cuando volví grabamos otra parte. Fueron tres o cuatro sesiones muy escalonadas en el tiempo, con algunos retoques posteriores. Esta dinámica me permitió moverme sin ataduras en muchos sentidos. Porque este proyecto tiene que ver la comodidad con que tocamos en el trío. Es decir, tiene que ver con la improvisación.
–Mucho de eso se escucha en los discos que grabó con el pianista Federico Lechner y en general cuando toca como invitado...
–Claro. Esa gimnasia terminó revelándome lo que quiero hacer ahora. Cuando armé el trío, pensé en que tenía que haber un margen importante para la improvisación, me pareció interesante poder jugar de una manera más libre. Y no me equivoqué en juntarme con Leonardo y Pablo, músicos de gran versatilidad, que atraviesan sin complejos distintos lenguajes. Es un gran trabajo poder llegar a hacer música de esta manera, incluso te lleva a otra dimensión musical. Por ejemplo, pensando en la presentación en La Trastienda, no me preocupa hacer el disco tal cual está, me preocupa que la música fluya. Sin la obligación de ser igual, fluir de la misma manera. Este disco es eso.
–Entre los cambios de la nueva etapa aparece la faceta del cantor. ¿También tiene que ver con lo que fluye?
–En este disco canto y lo hago con mucho cuidado, con particular respeto. Tengo un lugar ganado en lo que hago como armoniquista y sumar algo diferente seguramente presenta sus riesgos. Por ejemplo, que alguien espere de mi trabajo vocal la misma fluidez que logro con la armónica. Para mí, cantar no pasa por ahí, se trata de sumar un color, un timbre con la voz, y sumar sentido cantando por ejemplo sólo el estribillo del tema. Algo de eso hacía con Proyecto SanLuCa, con los siempre recordados Rodolfo Sánchez y Raúl Carnota. Cantar, componer, improvisar, son los desafíos que me plantea esta nueva etapa. El próximo tendrá que ser distinto. Seguiré siempre escuchando hacia adelante...