domingo, 25 de junio de 2017

La movida que definió el escenario

Opinión Por Mario Wainfeld

La movida que definió el escenario

La instalación de la candidatura, ayer y hoy. La centralidad de Cristina. Algo sobre las listas. Las ventajas de Cambiemos, su discurso predilecto. Una primera mirada a las provincias. Las lógicas federales y la gravitación de Buenos Aires.

 Cristina Fernández de Kirchner participó desde 2005 en tres elecciones, dos presidenciales y “otra” bonaerense de impacto nacional. La táctica previa a la confirmación fue muy similar a la que se plasmó ayer, salvando distancias evidentes.
Se instaló paulatinamente, condicionando o desconcertando a los adversarios, eligiendo formatos y mensajes novedosos en los actos públicos. En 2005 optó por un escenario despojado (aliviado del amuchamiento usual en los palcos peronistas) en el que se presentó sola. También prescindió de la liturgia, los bombos, la marchita. Habló con tono pausado y explicador. En 2007 eligió dirigirse al entonces presidente Néstor Kirchner tratándolo de “usted”. En 2011 motivó zozobra en la fuerza propia alertando “no se hagan los rulos”.
Ganó todas esas contiendas, con la ventaja de ser oficialista aunque afrontando un sinnúmero de dificultades. Tal vez esta sea la más difícil, en parte por estar en el llano, en parte porque viene siendo objeto de un tremendo e inédito acoso judicial y mediático. Sin comparación posible desde la recuperación democrática en 1983.
Cristina (se) juega lo que mejora las chances de su fuerza y, además, le da oxígeno al sistema democrático. Se expone al veredicto popular que no debe sentenciar causas judiciales pero sí decidir cuál es el devenir de los líderes políticos. Que lo defina el pueblo de la provincia y no jueces de la calaña de Claudio Bonadío es el piso del sistema, que todos deberían preservar.
Se vota en 24 distritos, no hay una sola candidatura nacional conforme las reglas. La de Cristina lo es en los hechos, por decisión propia y ajena. Un eventual triunfo significaría, por sí solo, una severa derrota política del macrismo tanto como de las corporaciones empresarias o los deletéreos “inversores” extranjeros que piden que la encarcelen o la encierren en su casa como prerrequisito para hacer negocios. La seguridad jurídica interpretada por sus dueños y apuntalada por demasiados dirigentes políticos jaquea a la democracia aunque alardee de defenderla.

- - -

Gravitación y errores de cálculo: La gravitación de Cristina se trasuntó en la conducta de sus adversarios, en particular la del diputado Sergio Massa y el (su) ex ministro Florencio Randazzo. La vistearon, esperaron para ver qué resolvía, ocuparon un rol segundón que no sella su suerte futura pero hablan del peso específico de cada quien.
Randazzo y sus adláteres actuaron durante semanas dando por seguro que “ella” desistiría. Lo anticiparon a propios y ajenos. Dejaron la impresión de creerlo.
La historia universal rebosa de errores de cálculo, mucho más serios que éste. El premier británico Arthur Neville Chamberlain creyó en la palabra de Adolf Hitler. Los militares argentinos confiaron en que su astucia le valdría apoyo internacional y el “general invierno” impediría el desembarco enemigo en Malvinas. Comparados con esos casos y cientos más la falla del randazzismo es minúscula aunque delata escasa perspicacia para entender lo ostensible.
El cálculo previo falló y, con las coordenadas actuales, cuesta entender los motivos de su presentación si uno confía en su buena fe y no cae en suspicacias, que abundan en estos días.
Ningún porvenir está escrito en la piedra y los votos deben contarse de a uno en el día señalado. Esto dicho, sería una sorpresa gigantesca que Randazzo consiguiera competir en paridad con Cristina o, aún, salir tercero. Si ocurriera lo más predecible (desenlace que jamás se debe descartar más allá del voluntarismo) habrá dividido el voto peronista. Y su propio futuro será poco envidiable.
Puesto de otra manera, la existencia de dos listas que pudieron (y debieron) ser una es una buena noticia para el macrismo al momento de la largada. La nominación de Cristina es muy otra cosa: un desafío mayúsculo para Cambiemos, el mayor del tinglado electoral. Lo resignifica en su totalidad, le agrega una figura de primer nivel al elenco, relativamente playo, de candidatxs en danza.

- - -

La tentación monotemática: Graciela Ocaña, una clásica dirigente itinerante, será primera candidata a diputada por Cambiemos. Tiene su banca asegurada. Con otra bandera de conveniencia, la diputada Margarita Stolbizer va por una improbable segunda senaduría en 1País, la fuerza que lidera Massa. Si no existieran el multimedios Clarín o el serpentario de Comodoro Py, las dos mujeres garantizarían una campaña monotemática de denuncias y denuestos contra Cristina.
El ensañamiento, que está en la idiosincrasia del anti kirchnerismo, puede hasta resultar una falla. Una las dificultades iniciáticas de “los otros” espacios será proponer algo más que batir a Unidad Ciudadana. Desafío no menor en una competencia parlamentaria, segmentada por distrito, en la que la polarización jamás atraerá al total de los votos.

- - -

Primera mirada a las listas: Las listas de diputados anunciadas ayer en las distintas coaliciones merecen una mirada inabordable en esta columna escrita contrarreloj.
A primera vista, adelantemos que Cristina trató de combinar figuras del territorio (el ex intendente Fernando Espinoza), caras nuevas (las dos primeras de la boleta), adhesiones francas que hubieran merecido mejor trato tiempo atrás (Hugo Yasky, Secretario General de la CTA de los Argentinos). El quinto puesto del ex gobernador Daniel Scioli llama la atención, suena a poco y también será motivo de debates y enfoques más detallados.
Sumar al ex Canciller Jorge Taiana le agrega un toque de calidad a la fórmula senatorial. Su digna trayectoria política incluye una conducta ejemplar después de ser relevado, con malos modos, del Gabinete nacional. Jamás se dejó arrastrar por el rencor, supo colocar lo colectivo por encima de lo individual. Superó emociones y despechos que en el terreno público a menudo inducen a conductas reprobables, disfuncionales o hasta alocadas.
Hablar de autocrítica quizá sea excesivo o impropio pero la incorporación de Taiana y el discurso en la cancha de Arsenal, expresan una reflexión que se traduce en cambios de rumbo y de estilos. Emite señales promisorias. Claro que continúa un enigma, indescifrable hoy en día: si la nueva toma de posición alcanzará para que el kirchnerismo sume nuevas adhesiones, revirtiendo la tendencia electoral descendente que se prolonga desde 2013.

- - -

Ventajas: Cambiemos, a fuer de oficialismo nacional, construyó una ventaja que supo ejercer el Frente para la Victoria (PJ) desde 2005: ser la única fuerza con implantación propia en todas las provincias.
Las listas de unidad fortifican la oferta del macrismo. Cuenta con cuatro meses para hacer campaña “contra los otros”, sin desperdigarse en las Primarias Abiertas (PASO). Se ahorra chispazos entre intendentes, gobernadores y el staff nacional. Su autorretrato predilecto será pintarse como “oposición de la oposición”: más inclinado al cuestionamiento anti K que a ensalzar sus realizaciones. Le cabe algo de razón: las secuelas de la gestión son poco seductoras para mayorías de ciudadanos… quedan mejor en los cónclaves estilo “Davosito”.
El esfuerzo de oponer una convocatoria raquítica en número (y compuesta en esencia por referentes) a los tribunales federales de Comodoro Py para confrontarla con el acto masivo de Arsenal escenifica la opción. Se pedirá el voto contra “la corrupción”, “el pasado”, el “populismo”. Se podrá condimentar con promesas para el futuro pero el presente “te lo debo”.

- - -

El TEG que se viene: Las herramientas preferidas del macrismo serán la polarización anti kirchnerista y la fidelización de los votos conseguidos en la primera vuelta dos años atrás. Conservar esa cifra de apoyos y el número de bancas actuales son objetivos deseados, aunque no confesos.
Un dilema discursivo a resolver es cómo empaquetar en una misma bolsa a los surtidos partidos de oposición no kirchnerista.
En espejo, estos atisban la oportunidad de despotricar contra la contradicción binaria, ofertando la avenida del medio (que inventó Massa en 2015) o la de la izquierda. O izar la bandera de amurallar a su provincia para poner coto a la clásica vocación hegemónica del Gobierno central. Cada cual atenderá su juego: “federalizar” será una consigna recurrente para los jefes distritales.
Volvamos a Buenos Aires: Randazzo supone que conseguirá adhesiones de numerosos peronistas desencantados, en especial en el Interior.
El Conurbano, imaginan los kirchneristas, será su bastión y explica el 75 por ciento del padrón territorial.
Hay quien especula, cerca de Cristina, que una diferencia muy amplia contra Randazzo en las Primarias podrá funcionar como primera vuelta y arrastrar los votos de la fuerza minoritaria hacia Unidad Ciudadana en las elecciones generales.
“La Provincia” centra la atención pero el futuro del Congreso y de la escena política se sustanciará, en paralelo, en otros 23 distritos, cada uno con tradición propia y diferente al resto.
Se activa un mapa variado, plural, multicolor que expresa la vastedad del federalismo.
Solo al final del camino se sabrá si hay un pronunciamiento ciudadano claro y masivo, a favor o en contra del gobierno. Los oficialismos son, casi como regla, los que ganan o pierden las elecciones.

Apostillas del cierre

Los estrategas de Cambiemos se relamen pensando que su sello se consagrará como el más votado en el consabido “diario del lunes” 23 de octubre. Es la consecuencia clavada de ser la única fuerza que se presenta en todas las provincias.
El peronismo es su contracara. Se divide en diferentes agrupamientos distritales, con nombres y coaliciones surtidos. Dan cuenta de su condición actual: una confederación de partidos provinciales, cuyos taitas otean como le irá a Cristina. Si triunfa, se sumarán a la celebración. Si pierde, habrá que ver…
La competencia por los votos derivará a una ulterior por la interpretación del resultado. El macrismo ya definió “su” tapa de los diarios. Los medios que integran su coalición también.
Ese saldo es parcial, efímero y hasta capcioso si se lo lleva a un límite extremo. Hay otros parámetros a tomar en cuenta. Los más relevantes son:
Los ganadores y perdedores, provincia por provincia.
La nueva composición del Congreso nacional.
Cuántos sufragios gana o pierde Cambiemos versus la primera vuelta de las presidenciales.
La sumatoria de los votos peronistas y su proyección futura.
Del peso de Cristina se habla en la nota central…

- - -

Congreso, su ruta: Es forzoso extremar la cautela en pronósticos y proyecciones. Aun con esa prevención, cuesta imaginar que se produzcan cambios rotundos en la Cámara Alta. Se renuevan 24 senadores de ocho provincias consagrados en 2011, un año propicio para los peronistas. Con dos para quien llegue primero y uno para el segundo es probable una reducción de la mayoría justicialista pero no una variación contundente.
Diputados renueva la mitad del cuerpo, eligiéndose en todos los territorios. Salen los ingresados en 2013, año aciago para el kirchnerismo. Las variaciones potenciales son más, impredecibles por definición. De cualquier forma, cuesta presumir una reconfiguración rotunda.
La composición actual es relativamente atípica, en términos comparativos históricos. El oficialismo lejos de la mayoría propia, mucho pluralismo, el peronismo fragmentado.
El sistema D’Hondt complicará que haya una gran mutación sobre todo en provincias que renuevan pocas bancas. Van un par de ejemplos, que pueden multiplicarse: en Neuquén hay tres partidos con posibilidades. El Movimiento Popular Neuquino, el peronismo y Cambiemos. Se ponen en juego tres bancas. El desenlace más factible es que se alcen con una cada uno. Vaya un ejemplo, pura ficción, para explicar. Supongamos que “A” saca el 41 por ciento, “B” el 30 y C el 21por ciento. A pesar de su distancia respecto del puntero, “C” se quedaría con una banca. Desde ya, medir qué votos reales cosechó cada cual es esencial: para evaluar consensos y para hacer proyecciones hacia el futuro.
En Tucumán serán dos partidos (el PJ gobernante y Cambiemos) quienes pulsean por 4 bancas. Casi todos los ejercicios matemáticos (hipotéticos siempre, subrayamos) darían un reparto de dos a dos. Aunque tendrá gran interés ver si el gobernador Juan Manzur conserva la mayoría del terruño que le disputa el radical José Cano, quien renunciará al cargo (cuasi virtual) de titular del Plan Belgrano.
En provincias más pobladas podrían darse más cambios: Santa Fe o Córdoba, Ciudad Autónoma (CABA). Y, más vale, Buenos Aires.

- - -

Presentes y ausentes: Dos presidenciables se anotaron para las legislativas: la ex presidenta Cristina Kirchner y el diputado Sergio Massa. Otros dirigentes con piné o con ínfulas están impedidos por ser gobernadores: la bonaerense María Eugenia Vidal, el peronista soft salteño Juan Manuel Urtubey.
Protagonistas de talla, que insinuaron ambiciones nacionales en 2015, dieron un paso al costado lo que diluye sus perspectivas sin anularlas del todo. Mencionemos a dos conspicuos.
El senador sanjuanino José Luis Gioja se queda afuera porque perdió la interna local (dirimida en Palacio, por medición de fuerzas) contra el gobernador Sergio Uñac. Uno de tantos casos en los que el primer mandatario provincial domina las listas, aún contra un referente con peso e historia.
El ex gobernador cordobés José Manuel de la Sota tampoco es de la partida. Tiempo atrás se suponía que “iba a jugar”. Se abstuvo en forma sorpresiva y talló poco en la lista de diputados nacionales, que quedó en manos del mandatario actual, Juan Schiaretti. Solo el cuarto postulante es delasotista. Los baqueanos locales interpretan que se trasunta un bajo compromiso del “Gallego” de la Sota, una línea de divergencia con Schiaretti.

- - -

La condición de local: Conforme los precedentes puede sugerirse que los gobernadores arrancan, en principio, en la pole position. Ventaja relativa, sujeta a cien vicisitudes… pero ventaja al fin.
Cambiemos da por sentado que prevalecerá en la CABA, reducto del PRO. Los radicales se jactan de poder cantar victoria en sus cuatro provincias: Mendoza, Jujuy, Corrientes y Santiago del Estero. Los rivales, en los cinco distritos, admiten fuera de micrófono que ese desenlace es el más lógico aunque moverán cielo y tierra para revertirlo.
Los oficialismos de Santa Fe y Córdoba lucen asediados y deberán remar para conservar primacía. Al socialismo de Santa Fe lo exigirán el peronismo (que tendrá una Primaria interesante) y Cambiemos. Al peronismo de Córdoba solo Cambiemos: el kirchnerismo porfiará en su seguidilla de derrotas en ese suelo.

- - -

Expresión de deseos: Cuatro meses de campaña y de realidad económica social pueden alterar cualquier cuadro de situación.
A primera vista se esboza una campaña despiadada que el oficialismo tratará de confinar en el pasado y en “la Justicia”.
A sus adversarios les cabe atraer la atención de los ciudadanos, interpelarlos, mejorar el repertorio del debate. Posibilitar una contienda tan acendrada como democrática y no una pobre versión de la lucha en el barro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario