viernes, 30 de junio de 2017

Monte Caseros - CORRIENTES

CORRIENTES Monte Caseros para descubrir

Con los brazos abiertos

Junto con la uruguaya Bella Unión y la brasileña Barra do Quaraí, forma un triángulo fronterizo donde confluyen acentos y costumbres litoraleños. Famosa por la pesca y el Carnaval, al arte que aparece entre las casas bajas se le suma como sello distintivo la amabilidad de su gente.


José Luis dice con orgullo que Monte Caseros es la triple frontera más austral de América, allí donde los habitantes hablan con una mezcla de acentos que deriva, en ocasiones, en un idioma “bastante portuñol”. Otra vecina, Adriana, lo define como un lugar de calma, una zona balnearia de río caudaloso  y playas anchas, tanto como sus calles, “que parecen avenidas”. Emilia, en cambio, prefiere hablar de la amabilidad de su gente, acostumbrada de generación en generación a sacar las reposeras a la vereda y conversar a puertas abiertas con el visitante de turno entre mates dulces, bizcochos caseros y chipás calentitos. Esa misma gente que, también, es capaz de prepararse todo el año para los carnavales que paralizan la región, esperando el estrépito del verano.
A la vera del río Uruguay, el mismo que con sus crecidas está afectando en estos días las zonas ribereñas de la ciudad (aunque al cierre de esta nota se esperaban menos lluvias y un descenso de las aguas), Monte Caseros es la puerta de entrada al sur de la provincia de Corrientes, un pueblo de más de 30 mil habitantes que, entre septiembre y marzo, se convierte en un paraje turístico para los amantes de la ribera, de la pesca deportiva y para los que buscan una flora y una fauna natural. Todo bajo un sol imponente que marca el ritmo de siestas y noches largas que suelen terminar, para los románticos, en la vista del amanecer en el río.
Entre las opciones para recorrer la vasta geografía del Litoral argentino, esta comarca meridional fundada en 1829 se erige, a la vez, como un espacio cultural con dos localidades hermanas a una lancha de distancia: Bella Unión, en Uruguay, y Barra do Quaraí, en Brasil. Los visitantes suelen embarcarse con un guía hasta este punto tripartito, navegar por el río Uruguay hasta su confluencia con el río Miriñay, y encontrarse con uno de los tres monolitos construidos en 1901, que afirman simbólicamente la unión de la triple frontera. Pero no es lo único que encuentran: los turistas aprovechan los free shops donde existen tiendas libres de impuestos por ser zona de aduana.
“Monte Caseros es famosa por el carnaval, con una tradición de cincuenta años. Acá se vive como si fuera una fiesta de pueblo, donde los barrios compiten con su propia comparsa, que a su vez están conectadas con clubes sociales y deportivos. Todo el año se preparan las carrozas, los vestidos, los bailes, las remeras y los instrumentos”, dice Cacho, un vecino que vive cerca del Corsódromo, un predio con capacidad para 20 mil personas, con hileras de tribunas que esperan la llegada de los visitantes mientras se usan para otros eventos como desfiles y competencias deportivas. Durante enero y febrero, el pueblo vive una suerte de celebración perpetua, con los seis hoteles en su máxima capacidad y la costanera en un esplendor que no se apacigua con las altas temperaturas.
La principal competencia se da entre las comparsas Orfeo y Carun Berá, que, según el relato de los lugareños, parece un Boca-River de la región. Hay familias, en efecto, que no se dirigen la palabra en los meses de fiesta por estar del otro lado de la contienda.  “Carnaval artesanal”, le llaman algunos por la delicada fineza de los trajes, y otros, no sin cierta jactancia, dicen que Monte Caseros es la “Capital del Carnaval del Arte”, diferenciándose de los carnavales más “comerciales”. Por la cercanía con Brasil y Uruguay, en las comparsas desfilan escuelas de samba y suena una fusión de batucadas y candombes.
“No es que aquí no se escuchen chamamés o chamarritas, pero la conexión directa con países limítrofes compone una cultura que así como tiene de guaraní, también de brasileño y uruguayo en las costumbres como la ropa, la música y la comida. Es algo rara la identidad, como que todo lo que nos rodea es parte nuestro. Es posible que tengamos más relación con alguien del otro lado del río que con un correntino que vive en el centro o en la capital de la provincia”, explica Emilse, de la Casa del Bicentenario, una de las 200 casas de ese tipo en el país. Fue inaugurada en 2012, construida con maderas que habían sido ruinas del ferrocarril y una puerta histórica que pertenecía al Banco Nación.
Allí, en el moderno auditorio, se organizan ciclos de cine, muestras de fotografía y pintura y funciones de teatro. “La labor comunitaria es clave y por eso estamos armando espectáculos para juntar donaciones a los inundados que hubo recientemente por el desborde del río”, apunta Emilse.

TRADICIÓN FERROVIARIA La historia de Monte Caseros parece marcada por la sombra del ferrocarril. Creado en 1875 por el entonces presidente Nicolás Avellaneda, se constituyó como la primera estación de trenes de la provincia. Luego fue un punto ineludible en la ruta comercial hacia el norte del país hasta que el menemismo lo cerró en los ’90. La vieja estación se convirtió en un Museo Histórico Nacional y dentro de las instalaciones se exponen objetos y documentos de los primeros habitantes de la zona. Pero más importante aún, y en una lucha cultural contra el olvido, los casereños se apropiaron del espacio, el mismo que otrora fue testigo de visitas ilustres como la de Atahualpa Yupanqui.
Entre bibliotecas y centro de archivo, recitales y obras de teatro, la vieja estación respira un aire renovado, donde los jóvenes coparon una oficina para armar la redacción del periódico Tu Voz, una experiencia propia que acaba de cumplir dos años con historias locales contadas con las palabras de los chicos. No están solos: los vecinos también se han organizado creando la Fundación Centro Cultural del Este, entre otras asociaciones.

ARTE EN LA CALLE En una recorrida por el pueblo de casas bajas y calles anchas, a lo largo de un nutrido centro comercial con ofertas de ropa, y entre casinos, árboles centenarios y motos que superan en cantidad a los autos, se observa una marca cultural que deja su huella en esculturas, murales y pintadas. Artistas locales como Matías Astarloa y Claudia Gil trabajan con chatarras y material reciclado para pelear contra el paso del tiempo y dar testimonio de la historia de la población, que profesa un culto por lo pagano –altares del Gauchito Gil –tanto como por lo religioso –santuarios de las vírgenes católicas–.
Frente a la vieja estación del ferrocarril, en efecto, hay un mural que cuenta la tradición de la ciudad y sus lugareños, en imágenes realizadas con la participación del escultor mexicano Ariosto Otero. “El cierre de la estación no sólo significó que dejara de pasar el tren, sino el cierre de los talleres donde trabajaba todo el pueblo. Fue un golpe durísimo, pero la gente se ha levantado. Sin embargo hay todavía predios que están abandonados”, dice José Luis, para quien Monte Caseros aún es “territorio virgen para el turismo”.
Así lo explica: “Tenemos la ventaja de estar en la costa del río Uruguay, con bancos de arena aún poco explorados. Estamos a 30 kilómetros de la ruta, lo cual nos preserva del movimiento. Es zona de puerto y de aguas termales y el Parque Acuático Termal está en proyecto de ampliar sus instalaciones. También está la oferta gastronómica, con chefs que volvieron de Europa con conceptos nuevos de shows y comida. El desafío es tratar de que la gente venga y se quede un tiempo, que no vea a Monte Caseros como un lugar de paso”.
Además de los carnavales de febrero, en esta región austral se realizan circuitos de mountain bike, una variada oferta de turismo rural, la preclasificación al Festival de Doma y Folklore de Jesús María, un serpentario y fincas con crías de faisanes y pacús, concursos de pesca deportiva de dorados, surubíes y bogas, y alquileres de lanchas en el Club de Pesca. Emplazada en la costanera, la vieja toma de agua -una especie de torre cilíndrica compuesta de piedras- se constituye como la centinela del pueblo.
Cerca de localidades litoraleñas como Federación, Chajarí y Curuzú Cuatiá, Monte Caseros concentra relatos de habitantes nativos como los yaros, los minuanes y los charrúas.  Tras la conquista española, dejó su estampa la cultura jesuita no sin desterrar la épica de los bandeirantes, como llamaban a los “piratas de tierra” provenientes de Brasil. “Con la llegada de inmigrantes europeos se conformó una rica diversidad cultural hasta hoy que se representa en las casas de la Sociedad Italiana y la Alianza Francesa. Y lo novedoso es que sin estar lejos del punto internacional de Paso de los Libres, ahora se aprobó la realización de un puente de dos columnas con Monte Caseros como cabecera de la triple frontera, con un acceso nuevo y una oportunidad económica por ser centro de aduana y administración”, se entusiasma José Luis.
Para Adriana, la posibilidad de un lugar de silencio y tranquilidad, “donde realmente se puede descansar sin sufrir robos y a la tarde nadar o andar en lancha por los paisajes del río tomando los jugos naturales de naranja, pomelo o mandarina de la zona” sigue siendo la atracción principal para cientos de visitantes. Por algo, dice la vecina, a Monte Caseros se la llama “la ciudad de los brazos abiertos”.

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