viernes, 30 de junio de 2017

San Marcial Limoges

San Marcial Limoges

Todo lo que en realidad se sabe acerca de san Marcial es que fue obispo de Limoges y que es objeto de veneración desde tiempos muy remotos, como apóstol de la región de Limousin y fundador de la sede que ocupó. Es muy probable que haya vivido hacia el año 250. De acuerdo con la tradición que data del siglo VI y fue registrada por san Gregorio de Tours, era uno de los siete misioneros enviados desde Roma a las Galias, poco antes del 250. San Gaitán fue a Tours, san Trófimo a Arles, san Pablo a Narbona, san Marcial a Limoges, san Dionisio a París, san Saturnino a Toulouse y san Austremonio a la Auvernia. Cada uno evangelizó el distrito que había elegido y fue el primer obispo de la sede. En las más antiguas letanías de Limoges aparece el nombre de san Marcial como el de un confesor, pero al cabo de cierto tiempo, los monjes de la abadía local de san Marcial (que conserva las reliquias del santo), iniciaron una campaña para que se le honrase como apóstol. Ya para entonces, su leyenda se había desarrollado bastante y se le tomaba, no sólo como el apóstol de la Aquitania, sino como a uno de los que conocieron a Jesucristo, tal vez el chiquillo que llevaba el cesto de panes cuando la multiplicación de los mismos, o bien alguno de los setenta y dos discípulos. La cuestión de su título se consideró de tanta importancia, que fue tema de discusión en varios sínodos. En el siglo XI, el culto a san Marcial recibió impulso como consecuencia de la reconstrucción de la abadía dedicada a su nombre, la traslación de sus restos a un santuario edificado en la propia abadía y la propagación de narraciones fantásticas que recopilaban las diversas leyendas y las ampliaban y, sin embargo, pretendían ser las «actas» auténticas del santo obispo, tal como las había escrito su sucesor en la sede de Limoges, Aureliano.

Que esta fábula extravagante, llena de anacronismos e improbabilidades, se haya tenido por cosa cierta en épocas de credulidad absoluta, no es cosa de extrañar; pero sí sorprende que, hasta hoy, se la tenga por cierta en algunos lugares: se nos dice que Marcial fue convertido al cristianismo a la edad de quince años por las predicaciones de Nuestro Señor; fue bautizado por su pariente san Pedro; estuvo presente en la resurrección de Lázaro; atendió a Jesús en la Última Cena y recibió al Espíritu Santo con los otros discípulos, en Pentecostés. San Pedro, a quien acompañó primero a Antioquía y luego a Roma, lo mandó a predicar el Evangelio en las Galias. En nombre de san Pedro, resucitó a su compañero, Austricliniano, quien había muerto en el viaje. Al llegar a Tulle, curó a la hija de la familia que le había dado hospedaje, al lanzar fuera un mal espíritu que la poseía, y resucitó al hijo del gobernador romano, que había sido estrangulado por un demonio. Estos milagros produjeron la conversión de 3.600 personas. Los sacerdotes paganos que se atrevían a atacarle, quedaban inmediatamente castigados con la ceguera, hasta que las plegarias del santo les devolvían la vista. Otros, que llegaron a golpearle y a encerrarle en la prisión de Limoges, quedaron fulminados por un rayo, pero Marcial les devolvió la vida a ruegos de los ciudadanos. Uno de los sacerdotes que resucitó, era Aureliano, el supuesto autor de estas «actas». Los bautismos en masa siguieron a estos prodigios. Entre los penitentes de san Marcial estaba una noble dama llamada Valeria. Esta anunció su decisión de consagrar su virginidad a Nuestro Señor y fue degollada por los esbirros enviados por el duque Esteban, que era su prometido. Después del asesinato, la doncella recogió su cabeza y la transportó hasta la iglesia donde se hallaba san Marcial. El propio duque Esteban se convirtió e hizo una peregrinación a Roma, donde encontró a san Pedro ocupado en instruir a las gentes en un sitio llamado el Vaticano. El duque informó a san Pedro sobre las actividades de san Marcial y los progresos de las misiones en las Galias. El año cuarenta después de la Resurrección -el 74 de nuestra era-, san Marcial tuvo una visión en que se le anunció su muerte y, quince días más tarde, lanzó el último aliento, rodeado por sus fieles.

Se ha declarado que el papa Juan XIX autorizó que se diera el título de «apóstol» a san Marcial, pero en 1854, la Congregación de Ritos se negó a ratificar esa denominación y decidió que, en la misa, en las letanías y los oficios se venerase a san Marcial como obispo y confesor. Sin embargo, en el mismo año, el obispo de Limoges reiteró la solicitud del título al Papa Pío IX y obtuvo una respuesta favorable, para que, en la diócesis, san Marcial fuese honrado con los usos y precedencias de un apóstol.

Hay tres relatos antiguos sobre la vida de san Marcial. El primero, con una brevísima biografía y una larga lista de sus milagros, se encuentra en el «De Gloria Confessorum» (cap. XXVII y cf. Hist. Francorum, i, 28) de san Gregorio de Tours. Ahí se establece el arribo de san Marcial, por el año 250. La segunda es más extensa y, posiblemente pertenece al siglo IX. En ella se dice que el santo fue enviado a Limoges por san Pedro, pero sus trabajos de misionero, coronados por un éxito instantáneo y acompañados de grandes maravillas, se limitan a la diócesis de Limoges. El mejor de los textos de esta biografía, fue el que editó C. F. Bellet, en su libro L'ancienne vie de St. Martial et la prose rythmée (1897). La tercera biografía, la más fantástica, pretende haber sido escrita por san Aureliano, el sucesor de Marcial, pero que tiene mucho de la Historia Apostólica, un documento apócrifo que fue impreso, bajo el nombre de Abdias. Ahí se presenta a san Marcial predicando en todo el sur de Francia, con el apoyo del duque Esteban. Hay razones para pensar que semejante historia fue fabricada por Adhemar de Chabannes, con el objeto de aumentar la gloria de la Abadía de San Marcial, donde había sido educado. Parece que fue Adhemar quien falsificó la bula del Papa Juan XIX, para autorizar el culto a san Marcial como a uno de los auténticos apóstoles; también se sospecha de él en la falsificación de otros documentos semejantes. El asunto fue debidamente investigado por Louis Saltet, en el Bulletin de Littératare ecclésiastique (Toulouse, 1925), pp. 181-186 y 279-302; 1926: pp. 117-139 y 145-160; 1931, pp. 149-165. Ver a Duchesne en Anuales da Midi, vol. iv (1892), pp. 289-339; y su Pastes Episcopaux, vol. n, pp. 104-117; y finalmente, un extenso artículo de Leclercq en «Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie», vol. IX, cl. 1063-1167, complementado con una amplísima bibliografía.
De acuerdo con una biografía de Saturnino (el primer obispo de Tolosa) —a quien el célebre Gregorio de Tours (538-594) cita en su Historia Francorum (historia de los francos)— Marcial fue el primer obispo de Limoges (sur de Francia).

Las menciones más antiguas de san Marcial datan del principio de la Edad Media. Sidonio Apolinar (siglo V), obispo de Clermont-Ferrand, afirma que Augustóritum nombró a Marcial como obispo.

Durante los consulados del emperador Decio y de Grato (250-251), fueron nombrados obispos a siete clérigos y enviados desde Roma a Galia para cristianizar a los galos:

    Gatien a Tours
    Trófimo a Arlés
    Pablo a Narbona
    Saturnino a Tolosa
    Denis a París
    Austromonio a Clermont
    Marcial a Limoges.

Probablemente fue el presbítero Fabián —quien fungió como papa cristiano entre el 236 y el 250— quien los envió. Cuando los obispos llegaron a Francia, el papa había sufrido el martirio en Roma (20 de enero del 250)

Marcial fue enterrado en las afueras de la aldea romana, en un pequeño cementerio de la via Agrippa —que se había construido sobre la ruta europea de peregrinación hacia Santiago de Compostela (en Galicia). Su tumba se convirtió gradualmente en un sitio de paraje de los peregrinos compostelanos. En el siglo IX, varios monjes que vivían allí para dar abrigo a los peregrinos y colectar fondos, encontraron patronazgo en la orden benedictina.
El lugar donde fue enterrado el santo se convirtió en la abadía benedictina de San Marcial, que poseyó una importante biblioteca privada (sólo superada por la de la abadía de Cluný y un scriptorium (sitio de copistas de textos religiosos). En esta biblioteca se educó y trabajó el cronista Geoffroy du Breuil (siglo XII), quien sería abad de Vigeois (1170-1184).

En la abadía se formó un grupo de compositores, que en la actualidad se considera que forman la Escuela de San Marcial de Limoges. Se la conoce por la composición de tropos, secuencias, y un órganum primitivo (método de acompañamiento exclusivamente vocal). A este respecto fue una importante precursora de la Escuela de Notre Dame.

La abadía de San Marcial —una de las grandes iglesias de peregrinación del cristianismo occidental— sufrió tantas malversaciones, que en el siglo XIX sólo quedaban los deteriorados manuscritos de su biblioteca. El rey Luis XV compró la mayoría de estos textos, los llevó a París, y los usó para crear la Biblioteca Nacional.

Se desconoce en la actualidad hasta qué punto estos manuscritos reflejan las composiciones medievales de la abadía de San Marcial en particular, o si eran recopilaciones de trabajos de distintos lugares del sur de Francia. No se conoce el nombre de ningún compositor de esta escuela.

Entre 1966 y 1970 se efectuaron excavaciones cerca del emplazamiento de la antigua abadía de Saint Martial. Se descubrieron varias tumbas, junto con un mosaico del Alto Imperio (que indica la importancia de los personajes enterrados). Se cree que se trata de la tumba del obispo. Doce capiteles esculpidos romanescos se descubrieron bajo los cimientos de un establo, y el Museo del Obispado de Limoges los compró en 1994.
Desde el siglo X, el flujo de peregrinos a la abadía donde se encontraban los restos del histórico obispo Marcial, alentaron la creación de una elaborada hagiografía (biografía sagrada). Habría llegado a Francia acompañado de su discípulo, san Amador. Fue encarcelado y torturado, pero sobrevivió. Durante más de treinta años ejerció su cargo de obispo.

Más tarde Marcial fue movido en el tiempo: no habría sido enviado a Galia por el papa Fabián sino por el propio san Pedro (el primer papa del cristianismo), y había evangelizado él solo no sólo la aldea de Limoges sino toda la Aquitania. Realizó muchos milagros, entre los cuales el más importante había sido la resurrección de un muerto, tocándolo con una varita que le había dado san Pedro.

La mitología alcanzó su punto cúlmen con la Vida de san Marcial (siglo XI) de Ademar de Chabannes. Se la atribuyó a un tal «obispo Aureliano», supuesto sucesor de san Marcial, que había sido testigo de la presencia del santo en la Última Cena y en la crucifixión de Cristo, y había sido uno de los apóstoles originales. Ademar le hizo hebreo de nacimiento, y pariente cercano de san Esteban.

En La leyenda dorada (compendio de creencias folclóricas del siglo XIII), se dice que san Marcial realizaba muchos milagros, como la destrucción de ejércitos antirromanos, la resurrección de los muertos y conversiones y bautismos en masa.

En 1854, monseñor Buissas (obispo de Limoges) le solicitó al papa Pío IX que le otorgara a san Marcial los honores de discípulo directo de Jesucristo, pero el papa se negó. En los años 1920, se descubrió la falsedad de la red de documentos inventados por Ademar (que incluían una antigua carta papal y un imaginario concilio en Francia). Sin embargo, aún hoy la leyenda de san Marcial continúa viva en los círculos católicos más conservadores.
Es venerado en muchos sitios de España, sobre todo en Cataluña, donde muchos creen que es un santo español. Además es el patrono de la isla de Lanzarote y el compatrono de la diócesis de Canarias.

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