Ediciones aniversario realmente valiosas hay pocas. Y una de ellas es la que Steve Vai lanzó el año pasado. ¿La excusa? El cuarto de siglo desde la salida de Passion and Warfare, su álbum más inspirado y vendedor, un retrato icónico del clímax del rock instrumental basado en la guitarra. No obstante, el hechizo del músico reapareció también en forma de un nuevo disco llamado Modern Primitive, al que alguna vez catalogó como el “eslabón perdido” entre aquel clásico de 1990 y Flex-Able, su primer trabajo en solitario, concebido cuando tenía tan sólo 20 años, y que hoy se permite definir como “algo extraño”. Editado en 2016, Modern Primitive es entonces una colección de viejas grabaciones e ideas de Steve Vai, mezclada y reinterpretada desde un prisma actual, cuyo resultado son trece pistas frescas que llevan grabado el sello inconfundible del hombre de las siete cuerdas.
El otrora guitarrista de David Lee Roth y Whitesnake, entre otras colaboraciones, habló con PáginaI12 desde su casa-estudio de Los Angeles, mientras se repone de una gira asiática que lo llevó por destinos como Japón, Corea y Kuala Lumpur. Ahora, a punto de tocar en el Luna Park (Corriente y Bouchard, hoy a las 21), promete un show multimedia que le permitirá interactuar virtualmente con amigos y colegas como Brian May o John Petrucci –además de interpretar su obra maestra de principio a fin–, y responde por el nuevo trabajo, reflejo de su talento natural y un profundo conocimiento del negocio de la música. “Una de las cosas que más me gustan es buscar un punto no convencional para generarle sorpresa a la gente –explica–. Modern Primitive es una de mis más grandes sorpresas; de hecho, es mi disco preferido de todos los tiempos”. 
–La primera idea fue hacer una edición aniversario de Passion and Warfare. Normalmente, se remasteriza el original, se agregan algunos tracks perdidos y más hojas en el librito. ¿Qué lo llevó a sacar un disco nuevo?
–En realidad, empecé a grabar Modern Primitive antes que Passion and Warfare. Cuando uno escucha Flex-Able y pasa a Passion and Warfare, se pregunta si el que toca es el mismo tipo. En el medio yo había estado grabando bastantes cosas pero no alcanzaban para un disco completo, entonces quise completarlo. Me pareció genial la excusa del 25º aniversario de Passion and Warfare para publicarlo, porque sería demasiado convencional relanzar el original remasterizado y con un par de regrabaciones. Eso lo hace todo el mundo, pero no te hace sentir nada. Y yo, si no lo siento, no lo hago. Me gusta que sea un disco grabado en diferentes etapas de mi carrera y evolución musical.
–¿Cómo hizo para pegar tantas etapas en un mismo proyecto? 
–Lo hice despacio. Todo empezó cuando era muy joven y reconocí en mí mismo ciertos conceptos musicales que me resultaban interesantes, y no eran siempre convencionales. Había estado escuchando Led Zeppelin, Deep Purple, Jethro Tull, Queen, Frank Zappa, Jimi Hendrix... música que podías escuchar siendo adolescente en los ‘70. Pero me di cuenta de que el tipo de música que quería crear era diferente, aunque tuviera elementos de todo eso. Cuando me sumé a la banda de Frank Zappa, cuando estuve con Alcatrazz, David Lee Roth y Whitesnake, lo disfruté mucho. Aun cuando todas requerían tocar bien, eran bandas de rock accesible. Al disco lo terminé cuando me fui de la banda de Dave y salió cuando ya estaba en Whitesnake. En ese momento no tenía ninguna esperanza de que fuera bien recibido, pensaba que nadie iba a entenderlo, que no iba a vender ni una copia, todo lo contrario de lo que se esperaba de Slip of the Tongue, el disco de Whitesnake. Lo increíble es que Passion and Warfare vendió extraordinariamente bien. Lo que grabé ahora se acopló a ese espíritu.
–Pocos años antes, a Joe Satriani también le había ido muy bien con Surfing with the Alien. ¿Cómo recuerda la escena del rock instrumental de aquella época?
–En ese momento la gente se enfocaba en tocar sus instrumentos excelentemente, con virtuosismo, intensidad y melodía. Fue maravilloso porque encajé perfecto, así como Joe y tantos otros contemporáneos. Pero después vienen los inevitables cambios. Justo en el pico del movimiento de guitarristas virtuosos, apareció el grunge, un estilo que no estaba para nada interesado en tocar música instrumental.
–Alguna vez mencionó que, justo antes de lanzar Passion and Warfare, entendió que las radios y cadenas de videos podían ser sus aliadas y no sus enemigas. ¿Cuán importante es poder comprender el negocio para poder perdurar?
–Es común escuchar: “El negocio es un asco, todos los que están adentro también”, “Tengo que ser muy cuidadoso, todos quieren sacarme algo”, o “Las nuevas tecnologías no me permiten vender música y nadie va a saber cuán grandioso soy, porque todo lo que pasan en la radio es mierda, excepto lo mío”. Con esa mentalidad, el que termina apestando sos vos; vas a resultar frustrado, impaciente, poco amigable. Es una opción, y está bien, pero hay otra forma más productiva y saludable, que además te va a hacer sentir bien. Hay que hacer foco sobre las cosas que te pueden beneficiar, no en las que odiás. Si algo se presenta como un problema, el desafío es llevarlo a otra dirección. Muchos se rinden ante ese desafío, pero los sobrevivientes, los verdaderos artistas, los que siguen por décadas disfrutando de lo que hacen, tienen otra perspectiva.