viernes, 14 de julio de 2017

Exposición Anual de Argra

Comienza la exposición anual de Argra en el Palais de Glace

“La muestra rescata el valor de un documento fotográfico”

Divididas en categorías –actualidad, deportes, retrato, vida cotidiana, política, naturaleza, medio ambiente, arte y espectáculos–, las fotografías configuran un relato coral sobre los hechos del país y del mundo: distintas miradas y una sola a la vez.

 Al repasar las primeras páginas del nuevo catálogo de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (Argra), la crudeza de los tiempos que corren estalla en la cara. Las 160 imágenes que lo componen fueron seleccionadas por un comité editor para ser exhibidas en el Palais de Glace a partir de hoy, en la Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino (Posadas 1725, entrada gratuita). En el prólogo del anuario, la investigadora Cora Gamarnik aporta una clave de lectura para acercarse al siempre rico y necesario recorrido narrativo propuesto por Argra, por los trabajos y acontecimientos destacados del año que pasó: “Hay algo nuevo en esta edición, algo que sobresale. Son las fotos que tienen cicatrices. Cuerpos con marcas de balas de goma, en las espaldas, en piernas, en brazos. Cuerpos que soportan un presente que creíamos ya pasado. Como en un cuento de nunca acabar, vemos cómo la Policía reprime, la gente se moviliza, la Policía reprime, la gente resiste... Hay una historia ahí inconclusa”. 
“Hay sin duda en esta 28° edición fotos que tocan lo real, que arden, que duelen”, continúa Gamarnik. La exposición de Argra conserva el espíritu que motivó su surgimiento, en plena dictadura militar, en el año ‘80. Tiene una fuerte impronta social y política. De hecho, la tapa del catálogo –es decir, la imagen elegida como la más representativa de 2016– retrata la movilización de miles de mujeres contra la violencia de género, el miércoles 19 de octubre, bajo una lluvia incesante. Uno de los atractivos de esta propuesta es que en las paredes del Palais podrán verse no sólo fotos publicadas en diferentes medios, sino también otras que no vieron la luz y trabajos que los fotógrafos encararon por su propia cuenta, a veces con el formato de historia. Divididas en categorías –actualidad, deportes, retrato, vida cotidiana, política, naturaleza, medio ambiente, arte y espectáculos–, configuran un relato coral sobre los hechos del país y del mundo. Distintas miradas y una sola a la vez. “Sacadas de su contexto original, las imágenes se vuelven visibles y significantes en un nuevo tiempo y espacio”, define la investigadora, especialista en fotoperiodismo, también en el prólogo.
En esta ocasión, el comité editor estuvo conformado por Leo Vaca, Gabriel Rossi, Jazmín Tesone, Diego Goldberg y Natacha Pisarenko, encargados de establecer el recorte después de recibir 3 mil trabajos. Las marchas contra la violencia machista, manifestaciones de movimientos sociales, represiones policiales –a trabajadores municipales, a los integrantes de la murga Los Auténticos Reyes del Ritmo, a jubilados en el Puente Pueyrredón, por mencionar algunos ejemplos–, el ingreso de una patota a la redacción del diario Tiempo Argentino y el cuerpo fallecido de un sicario rosarino abren en el anuario el intenso despliegue, tan diverso como para que en las siguientes páginas aparezca Victoria Xipolitakis abrazando a José Ottavis en la Costanera Sur, un Durán Barba al que le están maquillando la nariz, un caballo debajo del cielo estrellado de San Juan, Mick Jagger con un saco verde reptil o Kusturica haciendo flexiones de brazos sobre una ruta argentina. El catálogo cierra con los sucesos deportivos y la contratapa está dedicada a la Copa Davis.
 También están las historias, siempre fascinantes; los trabajos hechos con tiempo y profundidad. Hay una de Rodrigo ABD, sobre los pescadores pobres y los piratas de la costa venezolana de Sucre. Julián Athos Caggiano siguió a Angélica del Valle –madre de Juan Angel Zoplas, asesinado por la Policía en 1991–, quien pudo contar por escrito su historia 25 años después gracias a un programa de alfabetización. Rubén Digilio retrató bagres y cucarachas que habitan los conductos pluviales porteños. Y Pablo Piovano se destaca con fotos de Fabián Tomasi, quien trabajó durante años en contacto con agroquímicos y padece polineuropatía tóxica severa, enfermedad que le impide comer sólidos, caminar con facilidad y usar las manos.
 “No veo tantas fotos graciosas; estamos medio oscuros”, dice, en sintonía con aquella hipótesis del prólogo, la fotógrafa Mariana Araujo. En la sede de Argra, ubicada en la calle Venezuela, un grupo de reporteros gráficos conversa  acerca de esta nueva muestra y, claro, después cambia de rol y posa para la foto de tapa. “Todo este tiempo ha sido un período de mucha marcha, mucha manifestación de gente en la calle. Uno ha tratado de acompañar esta situación siempre, ya sea por la violencia de género, como también por problemas sociales y económicos”, expresa Claudia Conteris, de quien fueron seleccionadas dos imágenes: una de la manifestación de las mujeres en octubre y otra de las inundaciones en Entre Ríos. 
Paula Ribas, de Télam, es autora de una foto que data de agosto de 2016, cuando la Policía Federal desalojó violentamente una protesta de jubilados en el Puente Pueyrredón. “Nos estamos encontrando con un nuevo problema: los blindajes policiales que no dejan ingresar al periodismo a trabajar. No nos dejan trabajar libremente, ejercer nuestro oficio de fotoperiodistas. En manifestaciones y en actos políticos, también. A los fotógrafos se los junta en una grada a 200 metros de distancia y no se los deja trabajar libremente. Lo de hoy (por ayer) es el comienzo del ejercicio del protocolo de seguridad, que nos aleja de la noticia ante conflictos sociales, cuando nuestro deber profesional es contar la historia. Es una limitación importante”, manifiesta, en alusión al desalojo de los trabajadores de PepsiCo con palos y gases. Los trabajadores de prensa fueron arrinconados y agredidos; se les impedía acercarse hasta la puerta de la planta. “Esto no puede ocurrir en democracia”, sentencia Araujo. 
“Me ha tocado últimamente ir a ‘cosas’ de Macri, como los timbreos. Digo Macri pero podría ser cualquiera. Ellos tienen una imagen craneada de antemano, la que quieren que se vea. Te arman la fotito que te quieren armar. Hacés eso y te retirás. Digo esto no para politizar, pero quizás, las fotos que ellos no quieren son las que están en la muestra”, aporta Nicolás Stulberg (Infobae). De la nota participan, además, Pablo Dondero, Pedro Lazaro Fernández, Nicolás Aboaf, Maximiliano Luna, Fernando Gens, Maximiliano Vernazza y Enrique y Agustín Marcarian.
 Otro tema que hace tiempo inquieta a los fotógrafos es el avance de la tecnología y cómo repercute en su labor. “Los medios se están aprovechando de las redes sociales para usar imágenes sin permiso, sin el consentimiento de los autores y sin verificar si son reales o no. Están jugando con la credibilidad de los medios, porque muchas son trucadas o manipuladas. Eso no le hace bien al fotoperiodismo. Como no hay una legislación clara en cuanto a la autoría del material, esto nos perjudica a todos”, reflexiona Enrique Marcarian, que retrató a Lionel Messi festejando un gol contra Bolivia durante un partido por Eliminatorias en Córdoba. 
Por este asunto la muestra también es importante, porque “consolida un lenguaje fotoperiodístico argentino”, como remarca Ribas. “Y tiene un nivel profesional. Hoy en día, la tecnología permite que cualquier persona que esté en cierto lugar pueda hacer una imagen, pero no sé si con una mirada periodística, un conocimiento, una experiencia”, agrega Maximiliano Luna. “La muestra es fundamental porque muestra esa diferencia. Los diarios utilizan fotos hechas por celular y por cualquier persona. Se está empezando a hacer costumbre.”
La precarización laboral, los despidos, el cierre de empresas periodísticas y los ajustes completan el panorama. “Los medios se van achicando de una manera impresionante. El plantel fotográfico es cada vez menor. En los diarios se pierde la marca personal, porque recurren a las agencias y a tercerizar y no buscan la impronta propia, como tenían en otras épocas. La muestra rescata la identidad, el valor, lo que uno cree que debe seguir siendo el documento fotográfico”, opina Conteris. Y sus colegas coinciden en la virtud del espíritu colectivo de la exposición. Este año, como ocurrió en la edición pasada, los autores de las fotos estarán ofreciendo visitas guiadas. Y en el marco del 20° aniversario del asesinato de José Luis Cabezas habrá una mesa–debate. La muestra permanecerá abierta hasta el 12 de agosto.

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