Hay ronda de mate en Villa Ortúzar, ahí nomás de la estación Tronador del subte B. Rodolfo García, Lito Epumer, Daniel Ferrón y Julián Gancberg hablan entre ellos. No solo tienen en común obvias quejas sobre el impacto del estado neoliberal sobre la sociedad en general, y la cultura en particular; un enorme referente común como fue, es y será Luis Alberto Spinetta; y ciertos gustos musicales, sino también un grupo. Es un flamante cuartero al que le pusieron Jaguar, y que debutará en vivo hoy y mañana en el Teatro Monteviejo. “La idea de armar una banda viene de varias puntas”, inicia Rodolfo, algo así como el patriarca del clan, con la idea de poner la cosa en contexto. “Con Lito y con Dani siempre estuvimos muy vinculados, sobre todo en los homenajes que se le han hecho al Flaco, y eso proporcionó cercanías musicales y amistosas. Así surgió la idea de juntarnos para hacer algo de música. La verdad es que yo quiero volver a tocar, después de atravesar varios años en la gestión cultural”, refiere el ex baterista de Almendra, Aquelarre, Tantor, antes del debut en el espacio de Lavalle 3177. 
Los cruces a priori fueron varios. Uno fue PosPorteño, aquella banda que García y Ferrón compartieron con Alejandro del Prado en el alba del siglo. Otro, ya dicho por García, la cantidad de veces que les tocó compartir escenario con la imagen de Luis Alberto Spinetta sobrevolando los escenarios del Centro Cultural Kirchner o el Konex. Y, más hacia acá, la primera vez que decidieron ensamblar talentos en el piso de arriba de la casa de García, donde ahora están reunidos con PáginaI12. “Estamos ensayando a full, y ya tenemos encaminado cierto repertorio. De mi parte, me parece que la banda está sonando muy bien, pese al poco tiempo que llevamos trabajando, y vamos a más”, promete el baterista, director nacional de Artes durante la última etapa de Cristina presidenta. La base del repertorio del cuarteto se reparte entre composiciones nuevas de Ferrón (gran bajista y mejor cantante), y de Epumer, guitarrista que acompañó a Spinetta en el Jade de Madre de años luz, por un lado. Y en canciones en que alguno de ellos ha grabado, o tocado alguna vez en vivo. 
–¿Jaguar, el nombre de la banda, es por “Jaguar Herido”, aquel tema de Luis, que se estrenó y se grabó en vivo durante el retorno de Almendra, en 1979?
Rodolfo García: –No apareció desde ahí, más bien nos pareció una palabra muy sonora, una imagen fuerte. 
Lito Epumer: –Igual lo dejamos así, a la libre interpretación
R. G.: –Como ese que dijo alguna vez “No dejes que la verdad arruine una buena anécdota”... (risas)
La columna vertebral del sonido de la banda, que aún nadie escuchó, es cancionera. Lo admite Epumer, que generalmente no curte ese perfil. “Aunque no canto ni nada, he acompañado a muchos cantantes y me gustan las canciones, pese a que me dedico más al jazz, o la música instrumental”. “Sí, incluso mucha gente me ha preguntado si el repertorio era instrumental, pero no... son canciones”, refrenda García, sobre un repertorio que fue saliendo en un devenir que apenas lleva un mes. “Para tener un repertorio totalmente nuevo necesitás como mínimo un año, por eso el puntapié inicial es lo que quedó trunco de Los Amigo”, retoma Epumer, apuntalado en el disco que grabaron Spinetta, Ferrón y García bajo ese nombre, y que se publicó a fines de 2015, casi cuatro años después de la partida del Flaco. “Lo que nunca hubiéramos hecho con Dani era reemplazar al Flaco y seguir con el grupo... hubiese sido una herejía, obviamente”, se planta García. “Pero en este caso hay temas del disco que nadie tocó ni va a tocar en vivo. De hecho, el único tema que se tocó en público fue ‘Iris’, cuando se hizo el homenaje a Luis en el Konex. Por eso, vamos a hacer varios temas de ese disco”, promete García en referencia a “Bagualerita”, “Apenas floto” y “Canción de lugar”, el resto de los temas cantados de aquel disco.  
Será entonces casi como una presentación informal, de un trabajo que nunca  se tocó en vivo porque, entre medio, partió el creador de cinco de las siete canciones, más temas como “Camafeo”, que Epumer grabó con Spinetta Jade; “Las habladurías del mundo”, una de las canciones de Artaud, cuya batería le corresponde a Rodolfo; y “Alas de la mañana”, tema de Pedro Aznar que Spinetta grabó en un disco del tataranieto del cacique ranquel. “Por más que la iniciativa haya sido nuestra, es como si hubiésemos sido convocados por Luis, pese a que a él lo que menos le gustaba eran las juntadas, los premios o los homenajes, ¿no?”, vuelve García. “Pero lo bueno es que él nos sigue juntando” tercia Ferrón. 
–¿Dónde estaría la autonomía de Jaguar, entonces? Porque si la cuestión fuera Spinetta juntando gente habría que armar una banda de mil doscientos músicos.
R. G.: –(Risas) Ni hablar. Igual, somos bastante autónomos. 
L. E.: –Lo que pasa es que Luis fue quien nos unió en algún momento, sobre todo en los homenajes, más allá de lo que cada uno hizo con él. Pero esto va a ir en degradé, porque a medida que vayamos componiendo músicas de este grupo, va a ir desapareciendo aquello. No vamos a seguir continuamente con este repertorio.
D. F.: –Incluso en los próximos conciertos, los temas de Luis llegan a un tercio del repertorio. 
R. G.: –Es obvio que nos da placer tocar esas músicas, les tenemos mucho respeto y cariño, lógico. Pero queremos despegar del concepto de covers.
Otra de las canciones que el cuarteto versionará en su debut es “Para que me sigas”, uno de los primeros temas de Almendra, cuyo único registro está en un material casero de la tercera presentación en vivo de la banda, en abril de 1969. “Fue la primera vez que tocamos en Buenos Aires, en el Teatro del Globo, y el sonido es bastante malo, porque lo hizo una persona con un grabador de uso doméstico apoyado en el borde del escenario. Ese material es más testimonial que otra cosa. No había monitores, ni nada que se le parezca, pero la importancia radica en que en ese material, además de “Para que me sigas”, hay temas inéditos: “Mosca muerta”, “Chocolate” y “Vine al planeta”, entre ellos”, evoca el memorioso García, sobre aquella actuación que sucedía al debut del verano de 1969 en la boite Matokos de Mar del Plata, y aquel delirante viaje del cuarteto al Festival de Ancón en Perú. “Con Almendra tocamos antes en Perú que en Buenos Aires”, recuerda Rodolfo.
–Igual que Zitarrosa. La primera vez que cantó profesionalmente fue en Lima...
R. G.: –Mirá que loco.
L. E.: –¿Y cómo es que les salió ese viaje siendo tan nuevos? 
R. G.: –Porque fue un arreglo que hicieron entre RCA Argentina y RCA Perú, editar el simple que traía “Campos verdes” y “Hoy todo el hielo en la ciudad”, allá en Lima, y entonces nos mandaron a ese festival representando a la Argentina. Pero no era un festival de rock... era de cualquier cosa, desde boleristas hasta tipos que tocaban folklore peruano. Eramos unos marcianos totales (risas).
–¿Hay registros de esa secuencia?
R. G.: –Hay, pero no lo pudimos conseguir. Tal vez lo tiraron, no sé, pero recuerdo que después del festival nos ofrecieron hacer un programa en Canal 4 de Lima, y nos dieron pista para que hiciéramos lo que quisiéramos. Recuerdo que el guión lo escribimos nosotros, en un rato. Habíamos ido con Angel Del Guercio, el hermano de Emilio, que era locutor, y él nos presentó. Nos dijeron “muchachos, hagan lo que quieran”, y lo que elegimos fue sacar una cámara a la calle para hacer la parodia de que llegábamos al canal caminando (risas). Fue una cosa medio Beatle y lo más probable es que ese material lo hayan borrado o tirado. No sé. Yo intenté conseguirlo, pero no pude... nunca se sabe con estas cosas. 
El cuarto Jaguar es Julián Gancberg, joven tecladista del Quinteto de Epumer, al que le resulta imposible negar que estar rodeado de estos tres titanes se trate de un sueño. “Tocar con ellos es un sueño, estoy agradecidísimo”, es lo primero que esboza Gancberg, que tiene un disco a punto de publicar, llamado Eleven. “Julián se toca todo...  tiene una versatilidad asombrosa para resolver y agilizar lo que sea”, diagnostica Ferrón, mientras Epumer vuelve sobre el repertorio, en este caso propio, de Jaguar. “Es un material que lógicamente se va a ir agrandando con el paso del tiempo. Pasó lo mismo con el trío que armamos con Machi Rufino y Cristian Judurcha. Al principio teníamos versiones hechas, y después se grabaron temas especialmente compuestos para el trío”, compara Epumer, que se mueve como pez en el agua en cualquier formato. “Lo nuevo se va dando con la dinámica del grupo. Cuando empezás a tocar, la cabeza comienza a fabricar ideas para incorporar al grupo”, completa García. 
–¿Cuáles son las influencias colectivas que tienen, como grupo, claro, además de la saga Spinetta?  
Julián Gancberg: –Los discos de Lito (risas). Posta, lo primero que escuché fueron sus discos, que son un delirio para mí. Y ni hablar de Almendra.
L. E.: –Yo empecé a tocar por Pappo, y después terminé tocando no solo con él, sino también con Pomo y Machi. Esa fueron las cosas que me golpearon fuerte, como Manal y Almendra.
D. F.: –Yo soy muy del rock argentino, también. Incluso arranqué en esto después de ver a Almendra en vivo, en diciembre del ’79 en Obras. Cuando salí de ahí dije “yo quiero ser como ellos”. Para mí, The Beatles era Almendra. Y, cosas del destino, de los cuatro terminé tocando con tres: Emilio, Luis y Rodolfo. 
–Es raro que no hayan nombrado ninguna banda inglesa, más allá de la comparación que hace Ferrón de Beatles con Almendra.
L. E.: –Bueno, sí. Yo escuchaba mucho Hendrix, Beatles y Stones. Después me agarró la furia de Yes, Genesis, Gentle Giant, en fin. 
–¿Y el jazz rock de fines de los setenta? Spinetta era un enfermo de McLaughlin y su Mahavishnu...
L. E.: –Bueno, cuando escuché por primera vez Entre la nada y la eternidad se me quemó la cabeza.
D. F.: –La primera vez que nos juntamos con Los Amigo, lo primero que tocamos fue una base de la Mahavishnu. El Flaco la tiró, y todos nos prendimos en la zapada. 
L. E.: –Le encantaba, sí. 
D. F.: Y también Miles Davis, y Sakamoto. Ambos le volaban la cabeza...
–¿Rodolfo?
–Bueno, a nosotros la generación de los sesenta nos marcó de una manera impresionante. Incluso del rock and roll anterior. Yo tendría nueve años cuando aparecieron Little Richard, Fats Domino y Elvis. Eso fue como una patada en el estómago... una cosa generacional que te movilizaba. Es más, mi primer instrumento fue el acordeón a piano, pero cuando apareció el rock aquel instrumento me entró a parecer un espanto. Me negué totalmente a él, y me fui inclinando hacia la batería. El acordeón lo retomé recién cuando el Flaco me llevó a tocar el unplugged, y me costó horrores (risas). Volviendo a los orígenes, cuando pasaban las películas de rock en el cine, la gente abandonaba las butacas y bailaba en los pasillos, y delante de la pantalla. Era un delirio todo eso, hasta que aparecieron The Beatles y depuraron esa música. La hicieron mejor, y eso fue lo que marcó nuestra generación, y las siguientes. Mis hijas iban derecho a The Beatles y se quedaban escuchándolos, embelesadas. Es extraño que un fenómeno de esos haya sido tan extraordinario artísticamente y a la vez masivo, porque hay cosas que son muy buenas, pero la escuchan solamente los iniciados. The Beatles provocaron una verdadera explosión planetaria: todos tenemos algo de ellos.