jueves, 27 de julio de 2017

La famosa voluntad política

1-6-2003

LA PRIMERA SEMANA DE UN GOBIERNO QUE ARRANCO CON PIE FIRME

La famosa voluntad política

La voluntad política del Gobierno, a pura iniciativa. La decisión sobre los jefes militares: cuestión de estilo y de fondo. Un gobierno en movimiento. El rol de Lavagna y la relevante decisión sobre los peajes. Prat Gay habló de más y otros hablan de él. El PJ, ahora en contra del modelo que instaló el PJ. Y un recuerdo a un maestro.

 Por Mario Wainfeld
 Y la política resucitó y habitó entre nosotros. Fue una semana febril, llena de novedades pero un eje la articula: Néstor Kirchner consiguió imponer su agenda y trazar las líneas maestras de un nuevo mapa político. La expresión “se terminó la campaña” quiere significar, en la reciente tradición local, que acabó la etapa del verso, de la retórica que atrapa giles, cediendo paso a la de la sumisión a los poderes fácticos, la de las bajezas, la del pragmatismo gallináceo. Kirchner obró un pequeño milagro (cuya perduración nadie puede garantizar ni negar de antemano), que es el de haber sido más promisorio como presidente que desde la tribuna.
En funciones, Kirchner sacó de escena algunos debates e instaló otros. Básicamente, dividió aguas respecto de un gobierno que se propuso como una activa gestión de centroizquierda. Nadie dijo (nadie pensó) en estos días que el Presidente es un títere de Eduardo Duhalde o un mandatario debilitado porque Menem saboteó la doble vuelta. No es menudo éxito del santacruceño haber diluido esas polémicas. Se discuten sus decisiones, su manejo del poder. Nadie, ni los que lo criticaron mucho, lo acusa de débil o de perezoso. Y tampoco nadie lo imputa por haber vulnerado ley alguna.
Kirchner dejó un buen espacio para una oposición de centroderecha para allá. Ahí se instalarán Ricardo López Murphy, quien ya salió en defensa de sus amigos los uniformados (en Argentina los financistas aman a ese improductivo sector de los empleados estatales), y Carlos Menem.
Para el centroizquierda la tarea será más espinosa, si el Gobierno porfía en el rumbo emprendido esta semana. El ARI y la miríada de pequeñas fuerzas progres hijas de la implosión del Frepaso tendrán que afinar la punta del lápiz, estilizar sus planteos, abandonar el alineamiento automático en contra. No es imposible una constructiva agenda de oposición de izquierda moderada a un gobierno como perfila ser el actual, pero proponer esa agenda requiere arremangarse y trabajar más a fondo que lo que acostumbraron los opositores parlamentarios frente al menemismo y la Alianza.
Como fuera, los opositores en estos días quedaron confinados a la tribuna o al telebím. El Gobierno, sencillamente, ocupó su lugar en la cancha. Y, contra lo que es usual cuando termina la campaña, salió a jugar a la ofensiva.
Vista al frente
La decisión sobre cambios en las cúpulas militares tuvo un despliegue de vértigo, acaso potenciado por los azares del calendario. Kirchner asumió el 25 y el 29 es el Día del Ejército, lo que obligaba a producir definiciones y decisiones en un plazo record. A partir de su decisión primaria, la de producir un cambio esencial en dichas cúpulas, el Presidente resolvió bien el entuerto. Tanto que puede sospecharse que lo ha cerrado y que en un par de semanas ese tema será cosa del pasado.
Si bien hay razones más vastas, algunas de las cuales se mencionarán en próximos párrafos, es imposible dejar de pensar que Kirchner pensó este escenario en función de consolidar su perfil, la imagen de su autoridad. De cara a los argentinos que votan, su jugada es pura ganancia. “Una encuesta de Artemio López dice que tenemos 87 por ciento de aprobación”, se jacta un ministro. Otros sondeos registran porcentuales similares (ver página 7). Un dato corrobora la vastedad de esas tendencias: el on line del diario La Nación, que interpela a un público insospechado de progresismo o antimilitarismo realizó un sondeo el jueves 29. Preguntó qué pensaban los lectores sobre el discurso de Brinzoni: más del 51 por ciento lo consideró “fuera de lugar”, un largo 11 por ciento lo estimó “desafortunado”, sólo el 28,47 por ciento juzgó que estaba bien.
Brinzoni, ofuscado, terminó de hacerle un favor político al Presidente. Su llorosa arenga del miércoles, arrogándose una serie de derechos que ninguna ley le confiere y que su desempeño no autorizaba, posibilitó que Kirchner en persona le replicara el jueves. La decisión de hablar fue asumida por el santacruceño tras consultar con varios hombres de su gabinete, aunque seguramente estaba tomada de antemano. Lo cierto es que Julio De Vido, Aníbal Fernández y José Pampuro revistaron entre los más convencidos de que debía haber una respuesta firme y de cuerpo presente al gorila general retirado.
En el Gobierno aseguran que la sangría no es solo una manifestación de poder, una suerte de disciplinamiento ante tempus de otros actos. “No se engañe –dice un hombre del Presidente–, Néstor no es un antimilitarista. Ni una persona que considera a las Fuerzas Armadas un tema menor. Duhalde podía pensar así y por eso lo puso a Horacio Jaunarena. Néstor es patagónico, tiene otra valorización de Malvinas y del conflicto por los Hielos. En Santa Cruz los militares cumplen funciones efectivas de cooperación con el gobierno y la sociedad civil.” A estar del interlocutor calificado de Página/12, la purga militar no es un gesto que se agota en sí mismo sino la definición de una nueva fuerza armada, más subordinada al poder civil. También más alineada en onda con el nuevo proyecto político oficial que enfila hacia el Mercosur y no hacia el Pentágono, alfa y omega de los sueños y las prácticas de los Brinzoni boys. La expresión “ejército nacional”, de difícil deglución para muchos incluyendo al autor de estas líneas, brota en labios oficialistas. Que tampoco se privan de señalar ciertas maniobras conspirativas de la anterior cúpula que habrían tenido como centro al “dragoncito verde”, general Daniel Reimundes.
A futuro, el Gobierno se place de tener un plantel militar que, con la peculiar excepción de su Jefe, el general Roberto Bendini (58 años), en sus estratos superiores ronda la edad dominante en el gabinete nacional (50 a 55 años), con una creciente presencia de coroneles que andan por los 45 años, edad que entre otras cosas los deja afuera de responsabilidades en el terrorismo de Estado.
Pasar a retiro 19 generales de un plumazo es un saque, máxime si se computa que ascienden sólo ocho al año y que la próxima promoción será para las fiestas de fin de año. En el Gobierno están seguros de que éste no es el fin de la tarea sino el comienzo de una reformulación que engarza con otros planes estratégicos, como es la defensa de la plataforma continental, no de eventuales avanzadas de los hermanos chilenos o brasileños sino de la acción corsaria de pesqueros de todas las banderas. La soberanía argentina no está en riesgo por (inexistentes) delirios belicistas de los gobiernos limítrofes sino por la avidez de diversos actores capitalistas, explican a pocos metros del despacho de Kirchner. E imaginan una fuerza armada en consonancia con tales desafíos.
Primus inter pares
“Hablá sencillito. No tires muchos números, ni uses demasiadas palabras técnicas.” Gildo Insfrán –relata un testigo creíble– le daba un acelerado curso de retórica en acto popular a Roberto Lavagna, debutante en tamañas lides. Fue en Formosa, en el segundo viaje al Interior que encabezó el Presidente en tres días. Lavagna integró esa comitiva y se sumó, dicen cerca de él, con alegría. “Roberto se dio un baño de gente –dice alguien que lo quiere bien–, fue aplaudido en San Vicente y en Luján hasta le pedían ‘no cambie’. Imagínese, ahora le piden al ministro de Economía que no cambie.” En Formosa, dicen hombres del Presidente, el ministro de Economía, un peronista “paladar negro” habituado a otros auditorios se defendió bien, honrando los consejos del gobernador.
La autopercepción del Gobierno (de cualquier gobierno) suele ser más generosa que la propia imagen, pero es cabal que en estos días el activismo presidencial pegó bien en “la gente” y en el microclima político. Un hecho por día, propone Kirchner y su equipo obró en consecuencia. Cierto es que algunos “hechos” son por ahora anuncios, esto es promesas, y en la Argentina no es norma honrarlas. Pero el clima general es de esperanza y la gestualidad del gobierno mucho hizo en pro de ese cambio de sensación térmica. El frenesí comenzó en Entre Ríos con una imagen propia de Argentina año verde, la Ctera aplaudiendo al primer mandatario. El centro de la foto es mérito del Gobierno todo y de su ministro del área Daniel Filmus, pero unas líneas merece Marta Maffei, una dirigente gremial aggiornada y responsable como pocas, una inusual líder sindical que piensa en función de políticas de estado y que tuvo la grandeza y la astucia de registrar el signo del momento. Esa foto puede tener para ella precios simbólicos por izquierda pero, como suele cuadrar a su trayectoria, privilegió ser constructiva y apostar al futuro.
Paraná fue el primer hito de una serie de apariciones oficiales revelando (hasta ostentando) movilidad y presencia. Lavagna fue seguramente el que más apareció, a menudo compartiendo cartel con sus pares, lo que no debe asombrar por la centralidad de su área, su relativo peso específico y también porque el titular de Hacienda amaneció valiéndose de “ahorros” que hizo en el último tramo de la gestión de Duhalde. En los estertores, quemando algunos libros, Lavagna subejecutó sus partidas de gastos, lo que le permitió un amanecer casi dispendioso en el primer tramo del gobierno de Kirchner. Una fuerte apuesta política, que podían haber cobrado Carlos Melconian o Manuel Solanet, pero que capitalizó el titular de Economía. Una figura que no suele hablar ante gentes de a pie, pero que viene revelando una cintura política infrecuente, que su estilo flemático suele disimular. En la espuma de estos días, Lavagna se ingenió, como un Pac Man, para tomar posiciones en disputa: fue por la cabeza del titular del Indec, Juan Carlos del Bello, y logró que Felisa Miceli quedara al frente del Banco Nación. Y no le cayó nada mal que Kirchner decidiera retirar dos pliegos de directores del Banco Central para tener más presencia allí.
La decisión de licitar nuevamente los corredores viales (quizá la señal más fuerte de las varias que emitió el Gobierno en estos días, si se piensa a largo plazo) sería en otra comarca apenas la aplicación estricta de la ley. Acá tiene todo el tinte de una agradable novedad. Los concesionarios venían bregando desde hace rato con una injustificable prórroga, que en público llegaban a la desmesura de ponderar en 40 meses y en privado regateaban “bajando” hasta un año. Durante la gestión Duhalde Lavagna los distrajo, tiró la pelota al corner y mantuvo el tema sin resolver. La presta decisión de Kirchner y de Julio De Vido le permitió redondear su acción pegando primero y abortando hasta las protestas de los empresarios prebendarios.
El perfil alto de Lavagna no tiene por qué ser una tragedia, pero sí tiene la pinta de ser un karma de este equipo de gobierno. La dialéctica de la relación del ministro primus inter pares con el Presidente –que hace apenas un par de meses estaba teñida de desconocimiento y desconfianza y que ahora atraviesa un momento luminoso– será un eje de la gestión. Pocos matrimonios resisten una mala luna de miel, pero ninguno sobrevive solo en el período de pasión y de mimos.
Imprudencia
“Fue una imprudencia”, reconoció Adolfo Prat Gay a Lavagna, al jefe de Gabinete Alberto Fernández y a los diputados del Grupo Talcahuano. El presidente del Banco Central, que se esmera en cultivar el perfil bajo, irrumpió con declaraciones enérgicas y descalificadoras formuladas ante decenas de oyentes en un ámbito que solo un novato puede suponer privado. Lo que dijo no difiere especialmente de lo que piensa el joven Prat Gay, pero la inoportunidad de su verbalización fue manifiesta. La pregunta del millón es si lo suyo fue una torpeza o una jugada a largo plazo.
En Economía y en el ala política del Gobierno le conceden el beneficio de la duda, aunque sin escatimarle algunos palitos. “Se fue de boca, por soberbio. Estos tipos de la City son así, intolerantes con los que no piensan como ellos. Pero no creo que haya habido mala fe” excusa, por así decirlo, un incondicional del Presidente. “Se equivocó, porque es demasiado creído. Alguna vez se comparó con Alan Greenspan...”, redondea sin especial cariño otra alta voz oficial.
El tiempo dirá si esto fue solo un mal paso o el comienzo de una mala relación. Lo cierto es que aconteció en una semana en que las posiciones de Prat Gay fueron jaqueadas por Lavagna. El titular del Central y el de Economía tienen una tensión funcional que hace a las esferas de su competencia, que muchas veces son lindantes y de límites imprecisos. Suelen llevarlas con elegancia y hasta diríase con cierta alegría competitiva. Pero el blooper de Prat Gay acaeció en una semana en que la City se puso nerviosa por los gestos de autonomía política del gobierno. Claro que ese “malestar” no impactó los indicadores económicos ni aún los más neuróticos como el dólar o las tasas de interés. Un punto en común une a Lavagna y Prat Gay y los distancia de otros economistas reconocidos como de primer nivel: están convencidos de que ésta es una etapa promisoria, mucho más sensata que la de la convertibilidad y que tiene todo el rango de una oportunidad. Y que el signo de la etapa debe ser la heterodoxia económica, lejos de las vulgatas que difundió por años el FMI, comprada sin beneficio de inventario por economistas y políticos nativos durante una década atroz. Un acuerdo profundo (bien en línea con el pensamiento presidencial) que no obsta a que tengan una interna que en estos días se ahondó. Prat Gay ahora está instalado como sospechoso en el magín del Presidente, que suele ser (y hasta pecar de) suspicaz, pero que en este entuerto tiene material consistente para alimentar sus tendencias.
Dialéctica
Kirchner le pidió al flamante jefe del bloque de diputados del PJ que saliera a pegarle a Brinzoni y el bloque salió, como un solo hombre. También reaccionó presto para recomenzar los juicios políticos a varios integrantes de la Corte Suprema. El miércoles, para redondear, senadores y diputados sacaron las telarañas que había en sus bancas y sesionaron a toda máquina. El peronismo suele ser así, veloz para alinearse detrás del vencedor, máxime si éste exhibe liderazgo. Y bien escaso de pruritos ideológicos o de trayectoria. Esos que impedirían que manos habituadas a alzarse durante el menemismo (o a portar valijas varias no siempre vacías) enrojecieran cual remolachas aplaudiendo a Fidel Castro. O que obligaría a dar alguna explicación a quienes fueron impulsores de las privatizaciones más escandalosas y ahora predican cambiar de modelo.
Como fuera, con estos bueyes tendrá que arar el Presidente y algunas contradicciones deberá afrontar. Ya en estos días de gloria hizo campaña por Insfrán, que sólo puede asociarse con la nueva política merced a un esfuerzo de la imaginación. Y tendrá que jugar acompañando a José Manuel de la Sota o a Jorge Obeid contra Hermes Binner, una figura más cercana a su pensamiento estratégico. Otro karma del Gobierno será la relación con su partido, proteico como ningún otro, avispado para rumbear adonde sopla el viento pero también habituado a modos y dispensas que no conjugan bien con el clima que propone la actual gestión. El adversario es claro y el gobierno empezó bien, imponiéndole límites y autoridad. Pero la propia tropa, que en estos días pareció un dechado de lealtad, ha de ser un problema estructural no sencillo de manejar.
Fidel vino, Alfredo se fue
Pocos países del mundo le podrían haber propiciado a Fidel una recepción y un acto masivo tan cálido. Buenos Aires, una ciudad que es cosmopolita y de tono progresista pero no un búnker revolucionario, lo trató como a un hijo pródigo. Distintos motivos habrán detonado esa reacción, quizás el mínimo común denominador sea el respeto por un líder que defendió a su pueblo, que garantizó alimentación, educación y salud para dos generaciones de su pequeño país, manteniendo alta la dignidad nacional. Su discurso, universalista, arraigado en la historia, pleno de memoria y obstinado en dar contexto a sus afirmaciones, alude al estilo de estadistas que ya no quedan.
La pasión acompañó a Fidel. Para el futuro de la Argentina será más relevante el tono latinoamericano y pro Mercosur que tuvo la asunción de Kirchner. Los vientos de fronda que evoca Fidel pueden generar pasiones, pero los gratos vientos de cambio que recorren este Sur son nuestra realidad y nuestro destino histórico. Con toda lógica, el primer viaje del Presidente será a Brasil en pos del único camino viable.
u Alfredo Bravo se fue y dejó un recuerdo imborrable. Es imposible dejar de evocar su personalidad entrañable: cascarrabias, cabrón para discutir, tanguero, amante de la buena mesa y la buena bebida, fana de River, bromista casi compulsivo. La trayectoria del maestro socialista tiene tantas aristas que cualquiera puede elegir un costado. Para quien termina estas líneas, lo más evocable de un hombre de convicciones férreas fue su vocación de abrir el juego. Fue uno de los socialistas menos gorilas, más abierto a dialogar (sin resignar posiciones ni malos modos) con el peronismo. Fue gestor de un sindicato vastísimo, fue creador de un organismo de derechos humanos de los más amplios en su convocatoria, Y apostó a agrandar sus fronteras, con el alfonsinismo, con el Frepaso, con la Alianza, con el ARI. Esas decisiones políticas, esa permanente batalla con la tentación del sectarismo, no tuvieron la mejor suerte pero eso habla de lo desdichado que es este país y no del error de su concepción. La muerte de ese luchador querible fue una gran tristeza en una semana en que la política generó más esperanzas que pesares.
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  ESTABLECIDA LA AUTORIDAD, AHORA FALTA LA POLITICA

Voz de mando

El acto de autoridad ante el Ejército debe acompañarse con una política de Defensa definida con precisión en torno de objetivos nacionales. Llamar al orden a Brinzoni era una necesidad de supervivencia en la relación con un estamento que había excedido los límites admisibles. Tanto o más importante es enmendar las conductas que permitieron esa injerencia, por falta de conducción política. Es bueno actuar sobre los efectos intolerables, pero para que no se repitan es mejor operar sobre las causas.

 Por Horacio Verbitsky
 El acto de autoridad del presidente Néstor Kirchner ante las Fuerzas Armadas debe acompañarse con una política de Defensa definida con precisión en torno de objetivos nacionales. Llamar al orden al desbocado ex Jefe de Estado Mayor del Ejército Ricardo Brinzoni y la cúpula politiquera que lo acompañó era una necesidad de supervivencia en la relación con un estamento que había excedido los límites admisibles. Tanto o más importante es impedir la reproducción de las conductas que bajo los gobiernos de Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde permitieron esa intromisión por falta de conducción política. Es saludable actuar sobre los efectos cuando se vuelven intolerables, pero más sabio es operar sobre las causas para que el fenómeno no se reproduzca.
Se equivoca Rosendo Fraga cuando afirma que en los días calientes del verano de 2001 “nadie se planteó qué pensaban los militares ni qué actitud adoptarían” porque “se dio por descontada su plena subordinación al poder civil”. Por el contrario, los temores de aquel momento y los pasos que se dieron para conjurarlos explican el flojo comienzo de Pampuro en el gobierno de Kir-
chner. El senador Eduardo Duhalde designó ministro de Defensa a Horacio Jaunarena, a pedido de su aliado Raúl Alfonsín. Como no confiaba en él, comisionó a Pampuro para sondear el estado de ánimo de los cuarteles y entretenerlos con tareas de asistencia social. Es entendible su dificultad para cambiar su rol en aquel gobierno, débil por lo precario de su legitimidad y por la magnitud de la crisis económica, social y política, por el que le compete en el de Kirchner, legítimo por su origen, beneficiario de una benevolente expectativa social e instalado cuando quedó atrás lo peor de la crisis. Pampuro fue vocero de la corporación ante el poder político, como antes lo había sido Jaunarena. Pero ahora debe ser su conductor. La diferencia entre ambos ministros es que Jaunarena nunca tuvo un presidente que le marcara la línea a seguir, por lo cual los militares lo sometieron sin dificultad.
Lágrimas y temblores
Kirchner apuró el relevo de Brinzoni y asumió como tarea personal el discurso por el Día del Ejército. Aun así, Brinzoni pronunció su último mensaje no entre cuatro paredes sino en la calle a cien metros de la Casa Rosada. Pampuro lo escuchó impasible decir que bajo su conducción el Ejército había respetado las instituciones y la ley y que con su inexplicado retiro regresaba la “intriga política sobre los cuarteles”. La mano enguantada le temblaba al hacer el saludo militar con los ojos entrecerrados y las mujeres de su familia lagrimeaban. Al concluir esa arenga encaró a Pampuro y le dijo con un tono aún más provocativo:
–Ministro, ahora mándeme 45 días arrestado a la isla Martín García. Ya verá que vuelvo como Perón.
–General, me parece que usted se ha vuelto completamente loco –se limitó a responderle Pampuro.
Juego de roles
En lugar de victimizarlo, como Brinzoni buscaba, Kirchner lo puso en su lugar en presencia de todos sus camaradas, a quienes les dijo que cada uno debía cumplir el rol que le fijan la Constitución y las leyes. Recordó que el suyo es el de Comandante en Jefe de todas las Fuerzas Armadas de la Nación, que se lo había conferido el pueblo, que lo cumpliría en forma acabada, que los militares están bajo su mando, de modo que no les corresponde pedir explicaciones ni analizar las conductas del poder político. “Sorprende que después de lo que ha vivido nuestra patria se le pida a la sociedad o se pretenda agradecimiento por respetar la Constitución. La democracia no se ratifica por discursos, sino por conductas”, dijo. También dejó en claro que “los niveles de decisión, organización y comando estratégico” de la defensa nacional están “en manos de civiles” y que a los militares sólo les competen “la estrategia operacional conjunta, el entrenamiento y las tácticas”. A diferencia del discurso clásico del Estado Mayor, que reivindica una presunta continuidad del Ejército a lo largo de toda su historia, Kirchner se refirió a los principios sanmartinianos, a los guerreros de la Independencia y a los combatientes en las islas Malvinas. Omitió en cambio a los golpistas del siglo pasado y a los secuestradores, torturadores y asesinos de la última dictadura.
También repitió que quería un Ejército “altamente profesionalizado, prestigiado por el cumplimiento de su rol y por sobre todo, comprometido con el futuro y no con el pasado”. Al dirigirse al palco, Kir-
chner abrazó en forma efusiva al encumbrado ex jefe del Estado Mayor del Ejército Martín Balza, e ignoró al pequeño Brinzoni, que se hundió en su silla. Balza influyó en forma discreta para que no pasaran a retiro los generales de la promoción 99, la misma de Bendini, y para que uno de ellos, Mario Chretien, ocupara la subjefatura del Estado Mayor. Chretien fue su asistente personal y su principal colaborador en la redacción del discurso de abril de 1995 en el que el Ejército reconoció por primera vez los crímenes de la dictadura y postuló la desobediencia debida a las órdenes ilegales o inmorales. Entre 1976 y 1983, Chretien estuvo destinado en el Colegio Militar de la Nación, el Regimiento de Infantería 16 y la Escuela Superior de Guerra. En 2001, en el juicio por la verdad en Mendoza, declaró como testigo que nunca conoció la existencia de actividades ilegales, centros clandestinos de detención o personas desaparecidas. Tampoco vio elementos de tortura, ni supo que se hubieran ordenado interrogatorios bajo tortura (sic).
Multilateralismo
Kirchner también dijo que la defensa nacional constituye una política de Estado, inseparable de la política exterior. Al referirse a los cambios operados en la política mundial que requieren “actualización en el orden local” mencionó la necesidad de fortalecer “el multilateralismo hoy debilitado” y “las relaciones en la región”. Esto alinea a la Argentina con las posiciones de Brasil, Chile, México y Europa, que no comparten la política imperial de Estados Unidos tal como se manifestó en la guerra de Irak. Esos conceptos son coherentes con los del denominado Consenso de Cusco, que los presidentes latinoamericanos del Grupo de Río firmaron este mes en el Perú. Su punto 7 dice que frente a la inestable situación internacional resulta indispensable que el Grupo “despliegue su capacidad de articulación a fin de influir en el fortalecimiento del sistema multilateral basado en el derecho internacional y en la carta de las Naciones Unidas, especialmente para lograr por medios pacíficos el arreglo de controversias”. El punto 8 propone la reestructuración del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para reafirmar su papel y legitimidad como “el órgano con la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales”.
Nuevas amenazas
Kirchner también habló de “la aparición de nuevas amenazas a la paz mundial como el terrorismo internacional”, que deberían dar lugar a “nuevas hipótesis de conflicto, alejándolas de las rivalidades regionales y vecinales que ocuparon buena parte del siglo pasado”. El discurso de las nuevas amenazas fue elaborado por el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos y su introducción en la Argentina fue obra de Brinzoni, quien consiguió incluirlo en el primer mensaje del ex ministro de Defensa Ricardo López Murphy. Según López Murphy esas nuevas amenazas serían “el terrorismo internacional, la pobreza extrema, la superpoblación y migraciones masivas, el narcotráfico, la degradación del medio ambiente, el tráfico ilegal de armas, el fundamentalismo religioso y las luchas étnicas y raciales”. Contra ellas, el poder militar debería “asumir nuevos roles y compromisos en el orden nacional como internacional”.
La diferencia entre este catálogo importado y las palabras de Kir-
chner es tan ostensible como la tentativa de los eternos asesores del Estado Mayor por hacerlo derivar en la dirección señalada desde Miami. En su reciente libro The Mission. Waging War and Keeping Peace with America’s Military, la periodista del Washington Post Dana Priest describe cómo en la última década el establishment militar de su país desplazó a la Secretaría de Estado en la formulación y ejecución de la política exterior estadounidense. Esto se hizo evidente en forma dramática a partir del 11 de setiembre de 2001, cuando el ministro de Defensa Donald Rumsfeld subordinó en la toma de decisiones al canciller Colin L. Powell. Según Lawrence J. Korb, del Council of Foreign Relations, esto ocurre “justo cuando los políticos en los poderes Ejecutivo y Legislativo, los medios de comunicación y el público en general entienden cada vez menos sobre las Fuerzas Armadas”. Luego de viajar por veinte países durante un año y medio, Priest concluyó que los jefes de los Comandos Sur, Europa, Central y del Pacífico reinan como procónsules. No sólo fijan la política sino que además disponen de los recursos materiales para aplicarla, mientras la cancillería languidece. Si esto puede ocurrir en un país donde nunca hubo un golpe militar y que se enorgullece de su bicentenario sistema de controles y contrapesos entre los distintos poderes, es imposible exagerar el riesgo de que el mismo esquema se reproduzca aquí. Con un agravante: el estamento castrense local carece de pensamiento propio y se limita a traducir lo que se produce en el Norte. Y a veces ni siquiera traduce. En los mapas que acompañan los informes de inteligencia del Estado Mayor Conjunto sobre los efectos aquí de la situación en Colombia, Brasil se escribe con Z y las fronteras se llaman international boundaries. No es de extrañar que Mugnolo, responsable de esa barbaridad, insistiera al despedirse en presionar por la modificación de las leyes que prohíben la actuación militar en seguridad interior. Esa actitud es otro argumento en favor de la decisión presidencial de jubilar a esa cúpula ciega, sorda y locuaz.
Ejercicios
Las fuerzas especiales estadounidenses operan “en forma abierta o discreta en 125 países”, en misiones de entrenamiento, mantenimiento de la paz, operaciones encubiertas o acciones de combate, sostiene Dana Priest. Uno de ellos es la Argentina. En sus últimas horas de gobierno, Duhalde remitió al Congreso el pedido de autorización para el ingreso de tropas estadounidenses que debían participar en un operativo aéreo en Mendoza. La Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, presidida por Jorge Villaverde devolvió el decreto al Poder Ejecutivo porque descubrió un error: mencionaba que las ejercitaciones se desarrollarían en junio, cuando la fecha prevista es octubre. Ahora queda en manos de Kirchner decidir si insistirá o no en la solicitud. El Congreso ya había rechazado a fines del año pasado una solicitud similar, pese a la presión ejercida durante su primera visita a la Argentina por el nuevo jefe del Comando Sur, el general tejano Charles Hill. En sus reuniones con las viejas cúpulas y con Jaunarena, Hill explicó que las prioridades de su proconsulado serían Colombia y el terrorismo. Los estadounidense reclaman para sus militares el trato reservado al personal diplomático, de modo de asegurarles inmunidad contra cualquier reclamo del tribunal penal internacional de Roma (CPI), al que la Argentina
adhirió y cuyo fiscal es el abogado porteño Luis Moreno Ocampo.
Este mes debería haber sesionado en México la Conferencia Especial sobre Seguridad de la OEA, que se postergó hasta octubre. Esto dará tiempo al nuevo gobierno para organizar mejor la defensa de su posición. El punto 9 del Consenso de Cusco del Grupo de Río establece que la declaración política que se firme en México deberá reconocer en forma explícita un “enfoque multidimensional de la seguridad, derivado de la diversidad que caracteriza a los países de la región”. En él, deberían acogerse “todas las preocupaciones y amenazas a la seguridad como igualmente válidas, teniendo en cuenta la importancia diferenciada que ellas revisten para cada uno de nuestros Estados”. Este enfoque no coincide con el unilateralismo de Estados Unidos, que prefiere que todos adopten definiciones simples y uniformes e inspiradas por los intereses de Washington. En vistas a la previsible confrontación de posiciones, no pudo haber política más razonable que la liquidación de la quinta columna asentada en los Estados Mayores.

Cita en Anillaco

El desplazamiento secreto de Brinzoni y del general Daniel Reimundes hasta Anillaco para reunirse con Carlos Menem en plena campaña electoral, el pliego de condiciones que el subdirector de La Nación Claudio Escribano presentó a Kirchner reclamando una reivindicación de la guerra sucia, la negociación con la Corte Suprema de Justicia para que convalidara las leyes de impunidad y los indultos a Mohamed Seineldín y Enrique Gorriarán, decidieron al nuevo presidente a cortar por lo sano. Hizo público el ultimátum de Escribano, repudió los indultos, descabezó a la cúpula lanussista e impartió a todos sus ministros la directiva de atenerse a la histórica consigna de “Memoria y Justicia”. De este modo, la mayoría automática de la Corte Suprema ya sabe que si convalida las leyes de punto final y de obediencia debida lo hará por su cuenta y riesgo. La respuesta fue brutal. Al salir de la basílica de Luján, Brinzoni intentó arrinconar al Senador Duhalde, que se le escabulló hacia el helicóptero sin escucharlo. También intentó frustrar la designación del general Roberto Bendini por medio de la apertura de un sumario respecto de los fondos de la Brigada de Río Gallegos atrapados en el corralito, pero Kirchner ni se inmutó. El problema no fue la cantidad de retiros que produjo el ascenso de Bendini, sino la resistencia de Brinzoni a dejar el mando. Su soledad es tan grande que todos los almirantes que pasaron a retiro por el relevo de Stella firmaron una nota explicando a Kirchner y al ministro Pampuro que no compartían los exabruptos de Brinzoni. El viernes, en la jura del nuevo Jefe de Estado Mayor Conjunto, Brinzoni volvió a lucir su uniforme en público. En su patética negación de la realidad, no se lo saca ni para dormir.

La cultura de la impunidad

El secretario de Cultura de la presidencia, Torcuato Di Tella, defendió a dos criminales de guerra croatas, en una carta enviada al diputado estadounidense Maurice Hinchey. El legislador había firmado un proyecto de resolución pidiendo a la Argentina unaverdadera apertura de sus archivos respecto de los nazis refugiados aquí después de la Segunda Guerra Mundial. Di Tella se identificó en su carta como “académico y escritor no-peronista” y miembro de la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (CEANA), que su hermano Guido creó cuando fue canciller de Carlos Menem. Hinchey firmó su proyecto en respuesta a una solicitud del Centro Simon Wiesenthal, que a su vez se inspiró en el notable libro La auténtica Odessa: la fuga nazi a la Argentina de Perón, del periodista Uki Goñi.
Torcuato Di Tella ataca al Centro Wiesenthal por haber sostenido que su hermano inspiró la creación de la CEANA para “negar el acceso o crear dificultades a los interesados en revisar esos documentos oficiales que, según algunos periodistas, además habrían sido convenientemente expurgados antes del nacimiento de la CEANA”. Lo que hasta allí podía parecer una cuestión de familia, asume un tono decididamente ominoso cuando Di Tella se pregunta: “¿No será hora de que el Centro Wiesenthal ofrezca pruebas si no condenatorias al menos convincentes de su antigua e infundada acusación por crímenes de guerra en contra de Juan (Ivo) Rojnica y Esperanza (Nada) Sakic?” A su juicio estos dos casos “ponen en ridículo la justa causa de la búsqueda de nazis y colaboracionistas responsables de crímenes de guerra y crímenes en contra de la humanidad”.
En abril de 1998, el programa de televisión “Telenoche Investiga” descubrió en Santa Teresita a Dinko Sakic, un croata de 76 años, quien confesó en cámaras haber comandado el campo de concentración Jasenovac, instalado por el régimen fascista Ustasha, aliado de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Una sobreviviente de ese campo, Liliana Ivanicevic, entrevistada en Belgrado por “Telenoche Investiga”, dijo que fue llevada allí cuando tenía seis años. “Yo era un esqueleto con una panza enorme. Sakic era un conocido degollador.” Sakic admitió haber dirigido Jasenovac pero pretendió que “no había un guardia ni un administrador que pudiera tocar a un prisionero. Era prohibido”. Allí fue asesinado más de medio millón de personas. El primer director del campo había sido Vjekoslav Maks Luburic. Según distintos testimonios su media hermana, Nada, fue guardia o comandante en la sección femenina del campo, donde fue fotografiada vistiendo el uniforme croata. Allí conoció a Sakic, con quien se casó. Luego de la guerra huyeron a la Argentina. Ante el clamor internacional por la revelación de su paradero, los gobiernos de Yugoslavia y de Croacia solicitaron la extradición de la pareja. Menem la concedió a Croacia, cuyo presidente, Franjo Tudjman, reivindicaba al régimen ustasha. Pese a ello Dinko Sakic fue condenado a 20 años de prisión. Esperanza pasó tres meses detenida pero fue liberada porque el gobierno de Tudjman dijo que no había pruebas suficientes para juzgarla.
Durante la investigación de su libro, Uki Goñi encontró en los archivos del ministerio de Guerra británico un documento (aquí reproducido) sobre la otra persona defendida por Di Tella, Ivo Rojnica, detenido en 1946 cuando una de sus víctimas lo identificó en una calle de Trieste como el colaborador de las SS y la Gestapo que arrestó a su marido y su suegro en la ciudad de Dubrovnik y saqueó el negocio familiar. Los dos hombres fueron enviados a un campo de concentración, del que no regresaron. Según el documento británico, Rojnica vestía el uniforme de las SS y su tarea era “la purga de elementos sospechosos y de judíos”.
En 1947, el gobierno yugoslavo pidió su detención a los ingleses y mencionó los nombres de medio centenar de personas que fueron detenidas o torturadas o enviadas a campos de concentración en Croacia y Alemania por orden de Rojnica. Pero Rojnica ya había escapado a Buenos Aires, bajo la falsa identidad de Ivan Rajcinovic. Otro documento citado por Goñi es una orden que Rojnica firmó en 1941 como Comandante Militar de Dubrovnik. Prohibía que los serbios y los judíos salieran a la calle o mantuvieran abiertos sus negocios después de las siete de la tarde. En 1991, al disolverse la ex Yugoslavia, el nuevo estado croata lo nombró embajador en la Argentina, pero el Congreso le negó el placet porque había adoptado la nacionalidad argentina. Desde entonces, el Centro Wiesenthal solicita en vano a Croacia y a la Argentina su captura. Jorge Camarassa lo entrevistó para el diario La Nación. Rojnica no negó la orden contra los serbios y los judíos pero dijo que “no podía hacer otra cosa. En ese momento, en Dubrovnik no había gobernador ni jefe de policía y yo tuve que hacerme cargo”. Pura obediencia debida.
La nota, publicada en La Nación el jueves 14 de mayo de 1998 cita a un camarada de Rojnica en aquellos años, a quien identifica como el coronel Daniel Crljen, quien afirma: “En Dubrovnik hubo un enorme depósito donde se acumulaban los objetos secuestrados a los perseguidos por orden de dicho funcionario, que luego disponía de ellos”. Rojnica sostuvo que “los serbios y los comunistas” lo atacan “porque soy un prócer de Croacia” así como “durante la independencia argentina España atacaba a Belgrano, a Moreno, a San Martín”. En la misma entrevista se declaró amigo personal de Alberto Kohan y dijo haber estado cinco o seis veces con el entonces presidente Carlos Menem, en Olivos, en la Casa Rosada, en el colegio croata de Hurlingham y en Zagreb. En cambio, negó que él o la empresa textil que posee hubieran contribuido a la campaña electoral menemista de 1989. Sus amistades dentro de aquel gobierno eran más extensas. El 4 de enero de 2002, Rojnica publicó un aviso fúnebre en La Nación por la muerte de Guido Di Tella y rogó una oración en su memoria.
Uki Goñi señala que el 31 de julio de 1947, llegaron de Génova a Buenos Aires Torcuato Di Tella, de 17 años, Guido, de 16, y sus padres. Compartían la primera clase del buque “Vulcania” con Ivo Heinrich, criminal de guerra croata y según un documento de la CIA, el financista a cargo del tesoro robado por el führer croata Ante Pavelic. Al final de la guerra, el hermano de Esperanza Sakic ayudó a Heinrich a fugar de Croacia. Acusado por Yugoslavia de “la muerte de numerosas personas en el campo de concentración de Jasenovac,” Heinrich fue apresado por los ingleses en Roma, pero también logró llegar a Argentina. A su vez, pagó el viaje de Dinko Sakic. “No le asigno a esto otro valor que el de una coincidencia borgeana”, concluye Goñi.

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