lunes, 3 de julio de 2017

RÍO NEGRO> Bariloche

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Bariloche blanca

Tres paseos renovados para disfrutar una temporada que se anuncia inolvidable. Desde las laderas del Cerro Catedral al “Obama Tour” en el Nahuel Huapi, para terminar con un brindis de cerveza mirando las montañas: la ciudad rionegrina está a punto de nieve.

 Después de tres días de intensa nevada, Bariloche espera cubierta de blanco en los picos del cerro, en la base y en el centro de la ciudad. En la calle, los aleros de las casas se minan de picos de hielo, los autos estacionados tienen varios centímetros de nieve sobre el techo, y de los transeúntes solo se ven dos ojos que se asoman acorralados por los gorros y las bufandas. Una ciudad ubicada dentro de un Parque Nacional, bordeada por un inmenso lago de un lado y por la cordillera de los Andes de otro, declarada Capital Nacional del Turismo Aventura en 2012 y, tres años más tarde, Capital Nacional del Chocolate. Bariloche es hoy uno de los destinos mejor preparados para recibir turistas: de los que quieren disfrutar la naturaleza, de los que quieren hacer deportes extremos y de los que gustan indagar sobre la gastronomía local. ¿Cuáles son las visitas obligadas en una escapada a Bariloche? Aquí, tres ideas para disfrutar en un viaje corto a la ciudad rionegrina.

CERRO CATEDRAL Catedral fue bautizado por Francisco Menéndez, quien encontró en 1771, en el marco de un viaje por el Nahuel Huapi, que los picos montañosos de este cerro tenían algo de la solemnidad de la cúpula de un templo gótico. Su historia como atractivo turístico y deportivo empieza a esbozarse mucho más tarde, ya entrado el siglo XX y tiene a una mujer como una de sus principales impulsoras. Era 1930 y apenas unos pocos barilochenses sabían esquiar. De un puñado de escuelas que enseñaban el deporte se destacaba la de Catalina Reynal, que becaba a los deportistas locales con condiciones físicas pero sin recursos para costear equipamiento y clases.
El estímulo de Reynal dio buenos frutos: campeones locales y participaciones en competencias internacionales en Saint Moritz en 1946. Hacia la década del ‘60 la actividad comenzó a tomarse más en serio, aunque con la tecnología disponible al momento. Por ese entonces, no había esquíes de microfibra livianísimos y ropa térmica, sino planchas finas de madera de ciprés y cuero de foca. Los medios de elevación tardaban una hora, por lo que los esquiadores solo podían subir unas cuatro o cinco veces al día.
Desde ese Catedral al actual, las cosas cambiaron de forma radical. En 2017, si todos los habitantes de una ciudad mediana de la provincia de Buenos Aires se dispusieran a esquiar el mismo día, el Cerro Catedral podría transportarlos para que se deslicen por sus pistas en apenas una hora porque con sus 34 medios de elevación en ese tiempo puede mover a 36 mil personas. Es decir, sacarlas de la base, elevarlas por encima de los bosques de lengas adornados de nieve, y dejarlos listos para que vuelvan a bajar sobre sus esquíes. La capacidad de este cerro es monumental: son 120 kilómetros de pista y 600 hectáreas esquiables con una longitud máxima de 9 kilómetros. En términos de dificultades, hay para todos las habilidades: la pendiente mínima, sobre la que se mueven los principiantes, tiene 3 grados, mientras que la máxima alcanza los 60.
La infraestructura que se fue sumando al cerro en los últimos años le valió el reconocimiento de la Federación Internacional de Ski (FIS), que confirmó que durante 2017 Argentina tendrá dos fechas de Copa del Mundo de Snowboard Cross para hombres y mujeres, a disputarse durante septiembre. Así, unos 200 atletas competirán en Catedral y además, como el evento otorgará puntos clasificatorios, competirán por un lugar para los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 que se celebrarán en Corea.
PASEO LACUSTRE El recorrido continúa a bordo del Modesta Victoria, que parte desde Puerto Pañuelo con una nevada tenue, para navegar por el Nahuel Huapi. Será un paseo corto al que bautizaron “Obama Tour” por el recorrido que hizo el expresidente de Estados Unidos junto a su familia en marzo del año pasado. El entonces mandatario había dicho que no quería irse de la ciudad sin navegar en la embarcación, que ya es una institución local y que está próxima a cumplir los 80 años navegando por el Huapi.
El Modesta Victoria fue fabricado en Ámsterdam como un encargo de Exequiel Bustillo, que en 1937 presidía la Dirección de Parques Nacionales. La primera vez que se puso en contacto con el agua fue el 10 de noviembre de 1938. Puede transportar a 300 personas y se mueve con dos motores de 350 caballos de fuerza. Durante estas ocho décadas el barco sostuvo hasta donde pudo su identidad: los pisos se conservaron originales, mientras que tapicería y sanitarios se restauraron íntegros. Otras cosas sí debieron aggiornarse: el Modesta Victoria hoy viaja protegida por un sistema de radares y GPS, y mantiene a los pasajeros en temperatura gracias a su sistema de calefacción central.
El barco zarpa en dirección al Puerto Blest. Después de unos 15 minutos navegando, pasa junto a la Isla Centinela, donde descansan los restos del Perito Francisco Moreno, su mujer y su hijo, y es allí donde el capitán hace pitar tres veces la bocina. Se trata de una costumbre en homenaje al creador del sistema de Parques Nacionales argentino a fines del siglo XIX y uno de los primeros exploradores que llegaron a la región.
El Modesta Victoria emprende el regreso para cerrar un paseo lacustre de 45 minutos. Ya hemos visitado la cima del cerro, surcado las aguas del Nahuel Huapi, solo resta buscar refugio para conocer alguno de los sabores patagónicos.
TOUR CERVECERO En el corazón de la zona turística de Bariloche, el Circuito Chico, Cerveza Patagonia tiene su bar, su fábrica y su propia plantación de lúpulos aromáticos. Todo se encuentra en un predio de tres hectáreas rodeado de naturaleza y muy cerca está el Mirador Punto Panorámico en el kilómetro 24,700. El bar puede albergar a 190 personas en sus largas mesas de madera. Justo al lado está la fábrica, donde se producen 1600 litros de cerveza por día en 20 variedades diferentes. Bernardo Elena, que está a cargo del tour cervecero, camina entre los enormes tanques de cobre –hay cinco de seis mil litros y tres de dos mil– y explica los procesos de fabricación de la bebida.
“Llegamos a una producción de 35.000 o 40.000 litros por mes porque se busca mantener el proceso controlado”, cuenta. Esto les permite buscar nuevos sabores y regular intensidades. Gracias a esta forma semiartesanal de producir, surgieron variedades menos tradicionales como la pumpkin ale, a base de calabaza. “Estar en un lugar así y producir de esta forma –cuenta Bernardo– te permite llegar un día y plantear por qué no hacemos una variedad que se sienta como cuando te bajás del auto en el medio del bosque. De esa forma nació una cerveza basada en hojas de pino”.
Además de las visitas guiadas por la fábrica, la Cervecería Patagonia tiene una propuesta que calza perfecto para el cierre de una escapada a Bariloche. Se trata de una “experiencia cervecera” que consta de una cata de su producción acompañada de comidas regionales. Este tour se hace en una parte de la cervecería que mira al Lago Moreno, y más allá tiene al Nahuel Huapi. La experiencia cervecera, define el guía de Patagonia, “no es solo probar un producto, es tomar una cerveza y aprender a degustarla y combinarla”. La experiencia cervecera de Patagonia resume el mejor maridaje de Bariloche: el que combina montañas, lagos y nieve con la propuesta gastronómica local.

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