miércoles, 12 de julio de 2017

San Benito Abad

San Benito Abad

Benito nació en Nursia, Italia, hacia el año 480 en el seno de una familia de patricios. En su juventud cursó en Roma derecho, retórica y filosofía. En esa época dio otro rumbo a su existencia radicalmente opuesto al que llevaba: se había contaminado, en cierto modo, de la vida licenciosa de otros jóvenes coetáneos. Su hermana Escolástica le precedió en su consagración. Él comenzó retirándose a Enfide (Affile en la actualidad) para iniciar una experiencia eremítica signada por la oración, estudio, ascesis y penitencia, que ya no abandonaría. Tras veinte años de soledad, eligió el monte Subiaco para seguir retirado del mundo. Durante tres años habitó en una cueva bajo la guía de Romano, un ermitaño que moraba en otra oquedad cercana; éste le impondría el hábito monástico. La siguiente etapa le llevó a convivir con los monjes de Vicovaro, quienes le eligieron sustituto del prior fallecido. Al parecer, las exigencias de la regla impuesta por Benito no fueron de su agrado, y tomaron el áspero camino de la venganza. Se quisieron desembarazar de él mediante una pócima venenosa que echaron en su vaso, pero cuando estaba a punto de beberlo, éste se quebró en pedazos. 
Benito quedó consternado. Retornó a Subiaco con la idea de fundar nuevos monasterios y dio inicio al primero de ellos con el grupo de jóvenes que se congregó en torno a él. A éste le siguieron otros difuminados por la región. Al saberse objeto de envidia de monjes vecinos, abandonó el lugar para establecerse en Montecassino. Allí erigió otra abadía el año 529, y redactó hacia el 540 su conocida Regula monasteriorum (Regla de los monasterios), fruto de su acrisolada experiencia monástica, punto de referencia ineludible para la vida monacal que la ha tenido como norma durante más de 1500 años. Su unánime aceptación ha sido la artífice del título otorgado a Benito como «patriarca del monacato occidental». El hecho de estar fundamentada en las Sagradas Escrituras y en la tradición de la Iglesia ha contribuido a que mantenga su frescura inicial. En ella no se atisba la inducción a extremadas penitencias, sino la exhortación a una vida cimentada en los pilares de la consagración: humildad, obediencia y abnegación. Al tiempo, realza la hospitalidad característica del monacato y subraya el valor incalculable del estudio. El objetivo primordial: la santidad de vida guiada por el «ora et labora». El santo abad quería conducir a todos «a Dios por el trabajo de la obediencia, de la que habían salido por la pereza de la desobediencia». La vivencia de la caridad, y la pobreza, siempre con un espíritu de fraternal y gozoso servicio por amor a Dios, ejercido en silencio, irían moldeando el discurrir de todos. 
Benito fue agraciado con dones diversos, entre otros, el de milagros y el de profecía; era un dechado de virtudes. En su regla se aprecian muchas de ellas a través del perfil que trazó sobre la figura del abad, subrayando el rigor que debe caracterizarle y la responsabilidad que encarna. En el primer capítulo de la misma hizo notar: «El abad debe acordarse siempre de lo que es, debe recordar el nombre que lleva, y saber que a quien más se le confía, más se le exige. Y sepa qué difícil y ardua es la tarea que toma: regir almas y servir los temperamentos de muchos, pues con unos debe emplear halagos, reprensiones con otros, y con otros consejos. Deberá conformarse y adaptarse a todos según su condición e inteligencia, de modo que no sólo no padezca detrimento la grey que le ha sido confiada, sino que él pueda alegrarse con el crecimiento del buen rebaño». Personalmente contribuyó sin descanso a ese incremento de vocaciones al que aludía. Desde Montecassino impulsó la creación de nuevos monasterios, auténticos bastiones de fe y cultura en los que se formaron incontables monjes dando lance en esos momentos a una época caracterizada por una profunda crisis espiritual. 
Su hermana santa Escolástica, que compartió con él similar vocación al monacato, moraba con su comunidad en las estribaciones de Montecassino. Acostumbrados a compartir sus altos ideales, ambos se veían semanalmente de forma puntual. Al final del día, Benito regresaba al monasterio con los monjes que le acompañaban. Pero en una ocasión, Escolástica le rogó que se quedase hasta el día siguiente. El cumplimiento de la petición no entraba en los planes de Benito, riguroso observante de su regla. Se propuso partir desoyendo el ruego de su hermana, cuando una súbita tempestad le obligó a permanecer junto a ella. Viéndose sorprendido por esta contingencia meteorológica, que apareció de improviso, reconvino a Escolástica haciéndole «culpable» de la misma. Ella, paciente y animosa, replicó con ternura que al ver rechazada su petición, elevó sus ruegos a Dios y Él la escuchó. Poco tiempo después, su alma volaba al cielo, y su hermano, en un éxtasis, contemplaba su ingreso en la gloria eterna. Benito no tardó mucho en seguirla. Vaticinó su muerte que se produjo el 21 de marzo de 547, pocos días después de la de su santa hermana. Fue canonizado por Honorio III en 1220. Pablo VI lo proclamó Patrón de Europa en 1964 con la carta apostólica «Pacis nuntius». 

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 Medalla de San Benito  La Cruz – Medalla de San Benito data de una época muy antigua y debe su origen a la gran devoción que el Santo profesaba al signo adorable de nuestra Redención y al uso frecuente que de él hacía y que recomendaba a sus discípulos para vencer las tentaciones, ahuyentar al demonio y obrar maravillas.   
 En un principio y durante muchos años la devoción a esta Cruz – Medalla de San Benito fue meramente local y exclusiva de los monasterios Benedictinos.  
  Explicación: la medalla de San Benito representa, de un lado, la imagen de la Cruz y en el otro, la del Santo Patriarca  El lado de la Cruz suele estar encabezado, o por el monograma del Salvado: IHS, o por el lema de la orden benedictina: PAX.  
En los cuatros ángulos de la Cruz háyanse grabadas las siguientes iniciales:
C.S.P.B., que significa: Cruz Sancti Patris Benedicti, o sea: Cruz del Santo Padre Benito, las cuales son como un anuncio de la Medalla y no forma parte del exorcismo.   
En las líneas vertical y horizontal y alrededor de la Cruz se leen, en el siguiente orden, estas otras iniciales, cuyas palabras componen la oración ó exorcismo que tanto teme Satanás y que conviene repetir a menudo:    
C.S.S.M.L.  Cruz Sancta Sit Mihi Luz La Santa Cruz sea mi luz  
N.D.S.M.D.  Non Draco Sit Mihi Dux No sea el dragón mi guía  
V.R.S.  Vade Retro Satanás Retírate Satanás 
 N.S.M.V. Numquam Suadeas Mihi Vana No me aconsejes vanidades   
 S.M.Q.L.  Sunt Mala Quae Libas  Son cosas malas las que tú brindas  
I.V.B.  Ipse, Venena Bibas Bebe tú esos venenos

 San Benito de Nursia (Nursia, Umbría; 480-Montecasino, Lacio; 21 de marzo de 547) fue un presbítero y religioso cristiano, considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente. Fundó la orden de los benedictinos cuyo fin era establecer monasterios basados en la autarquía, es decir, autosuficientes; comúnmente estaban organizados en torno a la iglesia de planta basilical y el claustro. Es considerado patrón de Europa y patriarca del monacato occidental. Benito escribió una regla para sus monjes, conocida luego como la «Santa Regla», que fue inspiración para muchas de las otras comunidades religiosas.
 La obra más completa sobre la vida de Benito es Diálogos, escritos por Gregorio Magno.
 A Benito se le representa habitualmente con el libro de la Regla, una copa rota, y un cuervo con un trozo de pan en el pico, en memoria del pan envenenado que recibió Benito de un sacerdote de la región de Subiaco que le envidiaba. Gregorio Magno cuenta que, por orden de Benito, el cuervo se llevó el pan a donde no pudiera ser encontrado por nadie.
 Algunos creyentes invocan a Benito para protegerse contra las picaduras de las ortigas, el veneno, la erisipela, la fiebre y las tentaciones.

Es patrono de los archiveros, agricultores, ingenieros, curtidores, moribundos, granjeros, de la villa Heerdt cerca de Düsseldorf en Alemania, del pueblo San Benito cerca de Jipijapa en Ecuador, de enfermedades inflamatorias, de los arquitectos italianos, de Monreal del Llano en Cuenca (España), de los que padecen enfermedades de riñón, de los monjes, de la villa de Nursia (su ciudad natal), de Italia, de los religiosos (entiéndase pertenecientes a congregaciones religiosas), de los escolares, de los criados, de los espeleólogos.

Las reliquias de Benito están conservadas en la cripta de la abadía de Saint-Benoît-sur-Loire (Fleury), cercana a Orleans y de Germigny-des-Prés, donde se encuentra una iglesia carolingia, en el centro de Francia. También se encuentra un hueso del cráneo de San Benito en Monreal del Llano en Cuenca (España).

Se creó un galardón con su nombre, que fue recibido por el entonces cardenal Joseph Ratzinger (conocido posteriormente como Benedicto XVI) el 1 de abril de 2005.

Por su parte, su nombre figura en el Calendario de Santos Luterano.

En las Islas Canarias (España) cada año se celebra la Romería de Regional San Benito Abad, el segundo domingo de julio en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife). Declarada de Interés Turístico Nacional, es la romería más representativa de Canarias, ​ en la que participan grupos venidos desde todos los rincones del archipiélago. Además, es la única romería de Canarias en ostentar el título de "Regional" (es decir, de toda la región canaria). ​ Se la considera también entre las romerías más importantes de España.
 La Regula monasteriorum, que consta de 73 capítulos y un prólogo, fue retomada por Benito de Aniano en el siglo IX, antes de las invasiones normandas. El la estudió y codificó, dando origen a su expansión por toda la Europa carolingia, aunque fue adaptada para restar importancia a los trabajos manuales frente a la liturgia y a los monjes. Posteriormente, la Regla de San Benito adquirió gran importancia en la vida religiosa europea durante la Edad Media, gracias a la Orden de Cluny y a la centralización de todos los monasterios bajo esta Regla, encabezados por los cluniacenses. En el siglo XI apareció la reforma del Císter, que buscaba recuperar un régimen benedictino más ajustado a la Regula. Otras reformas (como la camaldulense, la olivetana o la silvestrina) han buscado también revivir diferentes aspectos de la Regla de San Benito.

A pesar de diferentes momentos históricos, en los cuales la indisciplina, las persecuciones o las agitaciones políticas han hecho decaer la práctica de la Regla de San Benito o han diezmado la población monástica, los monasterios benedictinos han mantenido en todos los tiempos un gran número de religiosos y religiosas. Actualmente siguen la Regla de San Benito alrededor de 700 monasterios masculinos y unos 900 monasterios y casas religiosas femeninas, ubicados en los cinco continentes. Se incluyen en esta cifra monasterios de confesión protestante, tanto anglicanos como luteranos.

Su influencia en el monacato es considerable tanto en occidente como en el mundo, especialmente en lo que concierne a la vida intelectual del cristianismo. Esta Regla es un modelo de vida colectiva, tomada como ejemplo en la organización de algunas empresas.

Sobre las diferentes ediciones de la Regla, el padre García M. Colombàs, monje de Montserrat (Cataluña, España), registra en su edición el siguiente dato: "Entre 1930 y 1968-69, según datos provisionales, vieron la luz 60 ediciones en latín, 32 en alemán, 31 en inglés, 30 en francés, 21 en italiano, 9 en holandés, 4 en español, 2 en checo, croata húngaro, portugués y japonés, y 1 en catalán, irlandés, árabe y coreano"

 San Benito de Nursia, fundador de la orden de los Benedictinos es considerado el propulsor fundamental de la vida monástica en Europa, quien estableció una red de monasterios en base a su Regla. Hoy es considerado uno de los Patrones de Europa y padre del monacato occidental. Pero también es conocido por los milagros que realizó en vida.

 A tal punto han sido de importancia sus milagros que se le representa iconográficamente mayormente con el libro de la Regla, una copa rota, y un cuervo con un trozo de pan en el pico, en memoria del pan envenenado que recibió Benito de un sacerdote de la región de Subiaco que le envidiaba.
Tiene creciente fama de exorcista y su medalla, de moda actualmente, es un signo de protección, especialmente contra la acción del demonio. Todo lo referente a la medalla puede leerse en este artículo:
Medalla de San Benito: Todo lo que necesitas Saber para que te Proteja contra los Demonios y te Bendiga
Al igual que San Jerónimo y Santa Thaïs, San Benito no murió como un mártir, sino de causas naturales, y fue venerado en el calendario de la iglesia medieval como un “confesor”.
También como Jerónimo, era un asceta y un monje. Pero mientras que Jerónimo, aunque nacido América, se asocia como Santa Thaïs con la tradición de los monjes del desierto oriental, Benito o Benedicto encarna y representa el más reciente monacato de Occidente.
Benito y Jerónimo también son diferentes para nuestro conocimiento. Jerónimo es muy bien conocido por una variedad de fuentes distintas de leyendas compuestas para promover su culto, mientras que la vida de Benito como “padre de los monjes” es conocido casi exclusivamente por su leyenda: La vida de Benito escrita en 594 por el Papa Gregorio el Grande, medio siglo más o menos después de la muerte de Benito.
Benito nació en Nursia (ahora Norcia, cerca de Spoleto, al noreste de Roma) de padres ricos que lo enviaron a Roma para ser educado. Molesto por la inmoralidad de sus compañeros de estudios, Benedicto encontró compañía más agradable en una comunidad religiosa en Affile (actual Effide).
Cuando su primer milagro (mediante oración para reparar un colador roto) llamó la atención no deseada, se retiró a una cueva cerca de un lago en Subiaco, justo al norte de Effide.
Salió tres años después para gobernar una comunidad cercana de monjes, pero cuando reaccionaron contra su rigor al tratar de envenenarlo, Benedicto volvió a su vida solitaria en Subiaco.
Cuando la fama de su santidad le dio más y más seguidores, organizó en doce comunidades separadas de doce monjes cada una.
Él finalmente se estableció con sus discípulos más cercanos en Monte Cassino, a medio camino entre Roma y Nápoles, y allí construyó el monasterio donde pasó el resto de su vida y escribió su famosa regla.
La muerte de Benito tiene dos fechas diversas en 543 o 547, aunque Gregorio no especifica esta o la fecha de nacimiento del santo (probablemente el 480).
Ese culto de Benito como santo comenzó a florecer inmediatamente después de su muerte (o incluso antes), al menos en el centro de Italia.
Pero en un siglo y medio después de su muerte, el culto local de Benito se había convertido en internacional.
San Benito se considera el padre del Monacato de Occidente. Su pequeña “Regla” sigue siendo guía práctica y segura en el seguimiento de Cristo, no sólo para monjes y monjas sino para muchos cristianos fuera de los monasterios.
Benito tuvo una hermana llamada Escolástica que, según la tradición, fue su gemela. Enseñó a sus discípulos a cantar las alabanzas a Dios en la Liturgia de las Horas; a tomar como guía el Evangelio, a trabajar cuidando todo lo que hay en la creación como “vasos sagrados del altar”, a vivir en amor y servicio mutuo y a responder a las necesidades del pueblo de Dios a su alrededor.
Una de las primeras biografías de su vida fue escrita por el Papa San Gregorio Magno y en ella se incluyen muchas historias de milagros increíbles realizados por el monje.
A continuación les compartimos 7 de los mejores de ellos.

1 – Rompió un vaso lleno de veneno al bendecirlo con la Señal de la Cruz
El abad de un monasterio cercano murió y los monjes de ese convento pidieron a San Benito asumir el puesto y convertirse en su nuevo abad.
En un principio el Santo se negó, pero ellos insistieron, por lo que entonces aceptó.
Benito era más estricto que el abad anterior y en poco tiempo los monjes llegaron a odiarlo. Por lo que decidieron matarlo y pusieron un poco de veneno en su copa de vino.
Pero cuando él hizo la señal de la cruz para bendecir el vino, la copa se rompió de repente como si una roca hubiera sido lanzada contra ella.
San Gregorio Magno escribe en su relato de la historia:
“accidente por el cual el hombre de Dios percibió que la copa contenía el trago de la muerte, mismo que no podía soportar el signo de la vida.”

2 – Salvó a un hombre de ahogarse al convertirse brevemente en otra persona
Un monje llamado Plácido estaba tomando agua del lago, accidentalmente cayó al agua y fue arrastrado rápidamente por la corriente.
A pesar de que Benito se encontraba a una buena distancia del lago, milagrosamente supo lo que había sucedido y de inmediato ordenó a otro monje llamado Maurus correr hacia el lago para salvar a Plácido.
Cuando Maurus llegó al lago – sin pensarlo- corrió sobre la superficie del agua, agarró a Plácido por el pelo y lo arrastró hasta la orilla.
Sólo se dio cuenta de que había caminado sobre el agua después de que él estaba ya de vuelta en tierra. San Gregorio Magno escribe que Maurus “se maravilló y tenía miedo de lo que había hecho.”
Y aquí es donde las cosas se ponen todavía más extrañas. Hablando sobre el evento más tarde ese mismo día, Maurus insistió en que difícilmente había estado consciente de caminar sobre el agua mientras lo hizo.
¿Y Plácido? Él afirmó que la persona que lo había sacado del agua en el medio del lago no llevaba puesta la ropa de Maurus, sino la de Benito.
En otras palabras, de alguna manera misteriosa, aunque Maurus había sido el que fue al lago, Benito había trabajado milagrosamente a través de él para caminar sobre las aguas y salvar a Plácido.

3 – Leía de la mente de sus monjes
Algunos de sus monjes fueron enviados a entregar un mensaje a otra ciudad. Durante el tiempo del viaje, Benito les ordenó ayunar, como era su costumbre.
Pero el viaje duró un poco más de lo que esperaban y alguien les invitó a su casa para una buena comida y ellos aceptaron ¿quién se enteraría?
Benito se enteraría.
Cuando regresaron, él inmediatamente les preguntó dónde habían estado comiendo.
Cuando le respondieron que no habían comido en ningún lugar, Benito les dijo donde habían comido, lo que habían comido y cuántas bebida habían tomado.
Descubiertos, así como temerosos por el hecho de que Benito podía conocer todos los detalles de lo que habían hecho, “cayeron temblando a sus pies” y confesaron su pecado.

4 – Resucitó a un niño
Durante un proyecto de construcción en la abadía, el mismo satanás vino a San Benito y le dijo que planeaba atacar a los monjes que trabajan en el proyecto.
Benito inmediatamente, envió un mensaje de advertencia a los trabajadores. Tan pronto como llegó el mensaje, una pared parcialmente terminada se colapsó sobre un niño pequeño que estaba ayudando con el trabajo, causándole la muerte.
Golpeados por la pena, los monjes trajeron el cuerpo muerto y mutilado a Benito, quien puso el cadáver del pequeño en una mesa, sacó a todos de la habitación y comenzó a orar. Milagrosamente, el niño volvió a la vida y su cuerpo fue sanado de todas las lesiones.

5 – Movió una enorme piedra con su oración
Algunos monjes estaban ocupados construyendo nuevas celdas en la abadía y se encontraron con una enorme piedra que bloqueaba el camino de la construcción. Incluso trabajando todos juntos, no fueron capaces de mover la piedra.
¿Entonces, qué hicieron? ¡Llamaron a San Benito, por supuesto!
Él dijo una oración por los que moverían la piedra y ¡“voilà”! Los monjes fueron capaces de mover con facilidad la piedra.

6 – Exorcizó a un demonio obstinado
Un hombre de un pueblo cercano estaba poseído por un demonio y su obispo local no pudo exorcizarlo.
Él envió al hombre a los santuarios de muchos santos mártires, pero sin efecto alguno.
Finalmente, el obispo llamó a Benito, quien invocó a Nuestro Señor Jesucristo en oración e inmediatamente liberó al hombre del demonio.
Benito le dejó al hombre dos reglas a seguir para evitar otro ataque demoníaco:
1 abstenerse de comer carne el resto de su vida y
2 no tratar de entrar en el sacerdocio.

7 – NO SE INMUTÓ POR EL ENGAÑO DEL DIABLO
Durante una construcción, Benito pidió que los monjes cavaran un agujero profundo en un determinado lugar. Los monjes encontraron un viejo ídolo de bronce.
Por alguna razón, uno de los monjes puso el ídolo en la cocina; no con la intención de adorarlo, sino sólo como un lugar para ponerlo.
De repente, un incendio masivo se desató en la cocina. Preocupados de que el fuego pudiera engullir toda la construcción, los monjes llamaron a Benito, quien dijo que no veía ningún fuego.
Cuando los monjes insistieron que la cocina estaba en llamas, Benito se dio cuenta de que las llamas eran un truco del diablo para asustarlos – un truco que era totalmente ineficaz en él.
Él oró para que los monjes fueran liberados del engaño y rápidamente lo fueron..

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