lunes, 10 de julio de 2017

San Canuto IV de Dinamarca

San Canuto IV de Dinamarca

San Canuto IV de Dinamarca, mártir
En Odense, ciudad de Dinamarca, san Canuto, mártir, rey de ardiente celo, que incrementó en su reino el culto divino, promovió el estado clerical y, después de haber fundado las Iglesias de Lund y Odense, fue finalmente asesinado por algunos sediciosos.
Canuto de Dinamarca era hijo natural de Svend II Estrithson, cuyo tío, llamado también Canuto, había sido rey de Inglaterra (Canuto el Grande, de Inglaterra, Noruega y Dinamarca). San Canuto trató de hacer valer sus títulos a la corona inglesa, pero fracasó totalmente en Northumbría, en 1075. Seis años después, sucedió a su hermano Harold III Han en el trono de Dinamarca. Los daneses se habían convertido al cristianismo poco tiempo antes, pero, como se ha dicho de Canuto de Inglaterra, «su entusiasmo religioso tenía algo de la ingenuidad de un bárbaro». Esto es lo menos que se puede decir. Canuto se casó con Adela, hermana de Roberto, conde de Flandes, y de este matrimonio nació el beato Carlos el Bueno.

Canuto favoreció con sus leyes la administración de la justicia y la paz del reino, otorgó privilegios e inmunidades al clero, e impuso tributos para el sostenimiento de éste. Desgraciadamente, esto hizo que algunos clérigos se convirtiesen en señores feudales que se ocupaban más de sus bienes temporales que de sus deberes espirituales. Canuto mostró una munificencia regia en la construcción y dotación de iglesias, y regaló su propia corona a la iglesia de Roskilde, que se convirtió en cementerio de los reyes daneses. En 1085 reclamó nuevamente el trono de Inglaterra, e hizo extensos preparativos para la invasión, de acuerdo con Roberto de Flandes y Olaf de Noruega; pero la oposición que encontró entre los nobles y el pueblo le obligó a desistir de la empresa.

Sus subditos se sentían cada vez más descontentos, a causa de los impuestos y tributos, del nuevo orden social, hasta que la rebelión estalló entre los subordinados de Olaf, el hermano de Canuto. Este huyó a la isla de Fünen y se refugió en la iglesia de San Albán, en Odense, la cual debía su nombre a una reliquia que Canuto había traído de Inglaterra. Pero los rebeldes le persiguieron y cercaron el templo. Creyéndose perdido, Canuto se confesó y recibió la comunión, mientras los rebeldes atacaban, destrozando a pedradas los emplomados. Al penetrar en el edificio, asesinaron al rey que se hallaba arrodillado junto al altar. Murió con su hermano Benito y otros diecisiete compañeros, el 10 de julio de 1086.

Aelnoth, el biógrafo de Canuto, un monje de Canterbury que había vivido veinticuatro años en Dinamarca, afirma que Dios dio testimonio de la santidad del monarca, obrando numerosas curaciones milagrosas junto a su tumba. Esto movió al pueblo a venerar sus reliquias. Uno de los sucesores de Canuto, Erico III, envió a Roma las pruebas de los milagros obrados por el santo monarca, y el Papa Pascual II autorizó el culto al santo, aunque es difícil comprender por qué se le venera como mártir. Aelnoth añade que los primeros evangelizadores de Dinamarca y el resto de Escandinavia eran ingleses, y que los suecos fueron los que opusieron mayor resistencia al cristianismo.
 Canuto IV el Santo (en danés, Knud den Hellige) (1040 - 1086) reinó en Dinamarca desde 1080 hasta su asesinato en 1086. Era hijo ilegítimo de Svend II. Sucedió a su hermano Harald III Hen. En la Iglesia Católica es llamado San Canuto.

Canuto quiso establecer una autoridad real fuerte basada en una iglesia fuerte. Además ansiaba el título de rey de Inglaterra porque era bisnieto de Canuto el Grande, que reinó en Inglaterra, Dinamarca y Noruega desde 1016 hasta 1035. Cuando Canuto intentó que los campesinos de Jutlandia lo acompañaran en una incursión contra Inglaterra y su monarca Guillermo el Conquistador, esto produjo una rebelión y los campesinos acabaron con él dentro de la iglesia de madera de San Albano en Odense, y también con su hermano Benedicto y otros diecisiete seguidores. Canuto IV fue atravesado por una lanza mientras clamaba al cielo en el altar de la iglesia.

En 1101 fue canonizado convirtiéndose en santo, y en 1300 él y su hermano fueron enterrados en la nueva Catedral de San Canuto, en Odense.
 En su reinado aumentó el poder real y otorgó privilegios al clero al que enriqueció profundamente y cuya fe se propuso extender. Canuto luchó contra sus enemigos bárbaros y convirtió Curlandia y Livonia al cristianismo.

Canuto se casó con Adela de Flandes, hija de Roberto I, conde de Flandes, y tuvo un hijo, Carlos el Bueno, que sería también conde de Flandes.

Su símbolo es una lanza o flecha, en memoria del arma que le mató. Su fiesta es el 10 de julio.
 Su festividad tradicional es el 19 de enero, donde se hace su conmemoración. Pero con las reformas litúrgicas los que celebran el novus ordo missae, su festividad es el 10 de julio. Se celebra el 13 de enero en Finlandia y Suecia.
 En Odense, ciudad de Dinamarca, san Canuto, mártir, rey de ardiente celo, que dio gran esplendor al culto en su reino, promovió el estado clerical y asentó sólidamente las iglesias de Lund y Odense, siendo finalmente asesinado por unos sediciosos.
 Nació en Quersonesa, Dinamarca. Era hijo natural de Swein III, rey de Dinamarca y ahijado de Canuto, rey de Inglaterra. Padre de san Carlos el Bueno y esposo de Adela, hija de Roberto, conde de Flandes. Al morir su hermanastro Harald fue proclamado para sucederle en el trono de Dinamarca. Fue un rey cristiano en tiempos bárbaros y turbulentos en los que se mezclaron desconcertadamente empresas guerreras y misionales, invasiones, conquistas y actos de justicia no poco expeditivos con muestras de encendida piedad. Su reinado transcurrió entre 1080 y 1086. El mismo caudillo que exterminó piratas e invadió Inglaterra, volvió a su patria llevándose como piadoso botín las reliquias de san Albano, que se guardaron en una iglesia de Odense. 
Ya proclamado rey, reprimió con vigor implacable sublevaciones de sus súbditos, depositó su corona al pie del crucifijo, luchó contra los estonios y fundó hospitales, iglesias y monasterios; no tuvo nada de blando como monarca, pero nadie más solícito que él para con los ancianos y los enfermos, a quiénes visitó, consoló y colmó de grandes limosnas. Favoreció a la Iglesia y su buena organización, reprimió el resurgimiento del viejo paganismo, y procuró que las leyes estuvieran inspiradas en el evangelio, por ejemplo en lo relativo a los esclavos. Se le considera el apóstol de Dinamarca.
Unos rebeldes, vasallos suyos, (a quienes había exigido el pago del diezmo), mandados por su hermano Olaf, le tendieron una trampa en Odense, en la isla de Fionia, y después de fingir que se sometían, le cercaron en la iglesia de San Albano con unos pocos caballeros leales. Allí confesó, se postró al pie del altar, perdonó a sus enemigos y se dispuso a librar la última pelea. Se le consideró mártir. Murió junto con su hermano Benedicto y otros siete leales más asaetado. Patrón de Dinamarca.

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