lunes, 17 de julio de 2017

San León IV

San León IV

En Roma, en la basílica de San Pedro, san León IV, papa, protector de la ciudad y defensor del primado de Pedro.

León era romano de nacimiento, pero probablemente de origen lombardo. Recibió su educación en el monasterio benedictino de San Martín, cerca de San Pedro. Las cualidades del joven llamaron la atención de Gregorio IV, quien le nombró subdiácono de la basílica de Letrán y más tarde cardenal-presbítero, titular de «Quatuor Coronati». A la muerte de Sergio II, el año 847, León fue elegido para sucederle en el pontificado. El nuevo Papa fue consagrado sin consultar al emperador, ya que los romanos, aterrados ante la perspectiva de una invasión sarracena, querían ver la cátedra de San Pedro ocupada por un hombre decidido y bueno, por más que la idea no sonreía a san León. Lo primero que hizo fue prepararse para el ataque de los sarracenos, y mandó reparar y reforzar las murallas de la ciudad, pues en los años precedentes, los sarracenos habían penetrado por el Tíber y se habían entregado al saqueo. La lista de las donaciones de san León a las diversas iglesias ocupa veinte páginas del Liber Pontificalis. Además, hizo llevar a Roma las reliquias de numerosos santos, entre las que se contaban las de los Cuatro Coronados, que el Papa mandó depositar en la basílica que había reconstruido en su honor. Pero, por grandes que hayan sido estas realizaciones, quedaron eclipsadas por la magna empresa de la construcción de una muralla alrededor de la colina Vaticana. Tal fue el origen del predio que desde entonces se conoce con el nombre de «la ciudad Leonina».

Sin embargo, san León sabía que las más poderosas murallas son incapaces de defender a un pueblo contra la cólera divina y que un clero negligente o rebelde corrompe a los fieles y provoca esa cólera. Así pues, el año 853 reunió en Roma un sínodo, cuyos cuarenta y dos cánones se referían, en gran parte, a la disciplina y los estudios del clero. El sínodo hubo de tomar también ciertas medidas contra el cardenal Anastasio, quien intrigaba con el emperador Lotario I para obtener la sucesión del pontificado. San León hizo también frente al violento y rebelde arzobispo Juan de Ravena y a su hermano, el duque de Emilia, que habían asesinado a un legado pontificio. El Papa se trasladó a Ravena, donde juzgó y condenó a muerte al duque y a dos de sus cómplices; pero como la sentencia fue dictada en el tiempo pascual, en que no se podía ejecutar a nadie, los asesinos escaparon con vida. San León tuvo también ciertas dificultades con el duque de la Gran Bretaña, Nemonos, quien se arrogó el poder de establecer una sede metropolitana en su territorio; con san Ignacio, patriarca de Constantinopla, el cual depuso al obispo de Siracusa; y con un soldado llamado Daniel, quien acusó falsamente al Pontífice ante el emperador de tramar una conspiración con los griegos y los francos. Por último, san León tuvo que defenderse también de Hincmar, arzobispo de Reims, el cual le había acusado de impedir que los clérigos depuestos apelasen a la Santa Sede. El enérgico Pontífice falleció en medio de esas pruebas, el 17 de julio del 855.

San León IV fue un hombre que supo combinar la liberalidad y la justicia con la paciencia y la humildad. Cierto que sus principales realizaciones fueron de orden político y temporal; pero ello se debió a los tiempos en que vivió y al hecho de que la historia olvida muy fácilmente la grandeza espiritual, o se preocupa muy poco por ella. San León fue un buen predicador, por lo que se le ha atribuido, aunque probablemente sin razón, una homilía sobre el «Cuidado pastoral». Por su entusiasmo por el canto en las iglesias romanas, san León fue un precursor de san Pío X. Todavía se conserva una carta que escribió sobre ese tema a un abad: «Ha llegado a nuestros oídos un rumor increíble ... Se dice que tenéis tal aversión por el armonioso canto gregoriano ... , que no sólo disentís de su práctica en esta diócesis tan próxima, sino en toda la Iglesia occidental y de todos aquéllos que emplean la lengua latina en las alabanzas al Rey del cielo ...» En seguida, el Papa amenazaba con la excomunión al abad, en caso de obstinarse contra «el supremo jefe religioso» en la cuestión del culto.

El pueblo atribuyó a san León varios milagros, entre otros el de haber detenido un gran incendio en el «borgo» romano con la señal de la cruz. A pesar de las objeciones de los historiadores, parece cierto que Alfredo el Grande, que no tenía entonces sino cuatro años, recibió en Roma, de manos de san León, el título honorario de «Cónsul Romano» (que no equivalía a la consagración regia). Algunos historiadores atribuyeron erróneamente a san León la institución del rito del "Asperges" antes de la misa dominical.

La principal fuente es el Liber Pontificalis con las notas de Duchesne. Pero también se encuentran ciertos datos en las crónicas de Hincmar de Reims y en las cartas del Pontífice.

Romano de nacimiento, fue creado papa en 847; monje en San Martín de Roma y elevado al sacerdocio por el papa Sergio II. Gregorio IV le nombró cardenal de los Cuatro Coronados.

Rodeó de murallas el Vaticano y construyó una parte de Roma, que de su nombre se denominó Ciudad Leonina, y fortificó a Ostia y Porto.

En su pontificado los sarracenos invadieron a Italia; pero no pudieron entrar en Roma. San León, al frente de un grueso ejército de romanos, los deshizo junto a Ostia, 849.

En 853 reunió un concilio de sesenta y seis obispos; al fin de su pontificado reconstruyó la ciudad de Civita-Vecchia, la antigua Centum Cellae, destruida por los sarracenos, que amenazaban caer sobre Roma. Murió en 855.

Los historiadores le apellidaron Mitissimus heros, el héroe suavísimo.

San León IV. (* Roma, (¿?) – † 17 de julio de 855). Papa n.º 103 de la Iglesia católica de 847 a 855.

Arcipreste con Gregorio IV y subdiácono con Sergio II, León era cardenal cuando fue elegido papa por unanimidad.

Su acceso al pontificado vino marcado por el saqueo de Roma a manos de los sarracenos en 846. La ciudad sólo contaba con la defensa que le proporcionaba la muralla que el emperador Aureliano construyó en el siglo III y que no incluía la colina Vaticana donde a comienzos del siglo IV se construyó la primera basílica de San Pedro donde se acumulaban los tesoros de la Iglesia. El saqueo del tesoro y la profanación que sufrió la propia tumba del apóstol hizo que León IV iniciara el amullaramiento de la colina Vaticana y la zona en torno a la Basílica de San Pedro dando lugar a lo que hoy se conoce como “Ciudad Leonina”.

Asimismo alentó la formación de una liga con las ciudades bizantinas de Nápoles, Gaeta y Amalfi para crear una flota unificada con la que hacer frente a los sarracenos que asolaban la costa italiana, logrando derrotarlos en la batalla naval que tuvo lugar frente a Ostia en 849. Esta victoria fue inmortalizada por Rafael en unos frescos pintados en el Palacio Vaticano.

Este mismo pintor reflejó en su obra “Incendio del burgo” el incendio que sufrió uno de los distritos de Roma y que según la tradición fue sofocado por el Papa milagrosamente.

En el orden doctrinal convocó y celebró durante su pontificado tres sínodos, uno de los cuales, celebrado en 850, contó con la presencia de Luis II el Joven, pero que fueron de poca importancia.

Confirmó a los venecianos su derecho a elegir al Dogo y fue el primer pontífice en datar los documentos oficiales.

Falleció el 17 de julio de 855 y fue enterrado en la Basílica de San Pedro.

Papa San León IV (847-55). Romano, hijo de Radoald, elegido unánimemente para suceder a Sergio II. Como el alarmante ataque de los sarracenos a Roma en 846 hizo temer al pueblo por la seguridad de la ciudad, fue consagrado (10 de abril de 847) sin el consentimiento del emperador.
Educado en Roma ,en el monasterio de S. Martín , cerca de S. Pedro. Su piedad atrajo el interés de Gregorio IV, que le ordenó subdiácono. Fue creado cardenal - presbítero de los Quatuor Coronati por Sergio II. En cuanto León fue papa, muy contra su deseo, comenzó a tomar precauciones contra la repetición de la razzia de los sarracenos de 846, reparando las murallas de la ciudad reconstruyendo completamente 15 de las grandes torres. Fue el primero en rodear con murallas la colina vaticana, para lo que recibió dinero del emperador y ayuda de todas las ciudades y colonias agrícolas (domus cultae) del ducado de Roma. El trabajo se realizó en 4 años y la nueva parte amurallada se llamó “ciudad leonina”, en su nombre. En 852 las fortificaciones estaban completas y fueron bendecidas por el papa con gran solemnidad.
Mientras se construían las murallas, una gran flota de sarracenos salió hacia Roma, al parecer desde Cerdeña, pero fue completamente destruida cerca de Ostia por las flotas aliadas de Roma, Nápoles, Amalfi , Gaeta con el concurso de una tempestad (849). Una vez terminadas las murallas, León reconstruyó el Puerto y lo entregó a unos exiliados corsos a los que las incursiones sarracenas habían obligado a huir de sus hogares. Se fortificaron otras ciudades del ducado de Roma ya por el mismo papa o debido a sus exhortaciones.
León fomentó las reparaciones del daño hecho por los sarracenos a las diferentes iglesias en la incursión de 846. S. Pedro había sufrido severamente y aunque en conjunto no volvió a su anterior magnificencia León se las arregló para hacer algunas partes más hermosas que antes.
S Martín, donde había sido educado, los Quatuor Coronati, donde había sido sacerdote, el palacio de Letrán, el Burgo Anglo-Sajón, Subiaco y muchos otros lugares tanto en Roma como fuera de ella, fueron renovados por el enérgico León. El construyó la iglesia de Sta. María Antigua, en el decadente palacio de los Césares cuyas ruinas han sido descubiertas. En 850 León asoció en el imperio a Luis con su padre Lotario, imponiéndole la corona imperial. Tres años después saludó al niño Alfredo como rey (dice un antiguo historiador inglés) ungiéndole y recibiéndolo en adopción como hijo suyo, lo confirmó y volvió a enviar a Inglaterra con la bendición de S. Pedro Apóstol”.
El mismo año (853) reunió un importante sínodo en Roma en el que se aprobaron varios decretos para mejorar la disciplina eclesiástica y la educación y para condenar al terco Atanasio, cardenal de S. Marcelo y antes bibliotecario de la Iglesia romana e igualmente la conducta rebelde de Juan arzobispo de Rávena. León viajó a esa ciudad para imponer a Juan y sus cómplices respeto por la ley. Cuando trataba de inspirar el mismo respeto a otro arzobispo, Hincmar de Reims, murió León. Otro que había desafiado su autoridad hasta su muerte fue Nomenoe, duque de Bretaña, que quería independizarse de la autoridad imperial y desafió tanto a León como a Carlos el Calvo, depuso a algunos obispos, nombró notros nuevos y los sometió a la sede metropolitana que él mismo creó (Dol). Hasta el siglo trece no recuperó el arzobispo de Tours su jurisdicción sobre los obispos bretones.
Mientras, S. Metodio, Patriarca de Constantinopla había suspendido a Gregorio Asbestas, obispo de Siracusa, por consagrar un obispo fuera de su diócesis. S. Ignacio, que sucedió a Metodio, en consecuencia, prohibió a Gregorio que estuviera presente en su consagración. Esto llegó a Gregorio a romper todas las relaciones. S. Ignacio lo depuso y pidió al papa que confirmara esta deposición. Esto no lo quiso hacer León porque, como dijo, Ignacio había reunido a obispos y depuesto a otros sin su conocimiento, mientras que no debía haberlo hecho en la “ausencia de nuestros legados o cartas nuestras”. A Pesar de que León estaba entonces en oposición al patriarca de Constantinopla, uno de sus dependientes, Daniel, un magister militum, le acusó a Luis el emperador franco de querer derrocar el poder de los francos con una alianza con los griegos. León no tuvo dificultades en demostrar a Luis que la acusación no tenía base. Daniel fue condenado a muerte y solamente logró librarse por intercesión del emperador.
Poco después murió León y fue enterrado en S. pedro (17 de julio, 855). Tanto su biógrafo como el patriarca Focio le atribuyen milagros. Su nombre se halla en el Martirologio Romano.

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