sábado, 29 de julio de 2017

San Lupo de Troyeso

San Lupo de Troyeso

En Troyes, ciudad de la Galia Lugdunense, san Lupo, obispo, que con san Germán de Auxerre fue a Bretaña para combatir la herejía de los pelagianos, defendió con la oración a su ciudad del furor de Atila y, habiendo ejercido de modo admirable el sacerdocio durante cincuenta años, descansó en paz.

San Lupo nació en Toul hacia el año 383. Después de seis años de matrimonio con la hermana de san Hilario de Arles, ambos esposos se separaron de común acuerdo para consagrarse al servicio de Dios. Lupo vendió sus posesiones y repartió el producto entre los pobres. Después se retiró a la famosa abadía de Lérins, gobernada entonces porsan Honorato. Pero algo más tarde, hacia el año 426, Lupo fue elegido obispo de Troyes. En su cargo se mostró tan humilde y mortificado como antes y siguió practicando la pobreza como si se hallase en el monasterio. Sus vestidos eran sencillísimos, dormía en un lecho de tablas, pasaba largas horas en oración y ayunaba con mucha frecuencia. Así vivió cincuenta años, cumpliendo celosamente sus deberes pastorales.



En 429, cuando san Germán de Auxerre pasó por Troyes de camino a Inglaterra, a donde iba a combatir la herejía pelagiana, san Lupo fue elegido para acompañarle. Los dos obispos aceptaron esa misión con tanto mayor entusiasmo cuanto que prometía ser difícil y laboriosa. Con sus oraciones, predicación y milagros lograron extirpar la herejía, cuando menos por algún tiempo. A su vuelta a Francia, san Lupo se entregó con renovado vigor a la reforma de su grey. La prudencia y piedad que desplegó fueron tan grandes que san Sidonio Apolinar le llama «padre de padres, obispo de obispos, cabeza de los prelados de las Galias, norma de conducta, columna de verdad, amigo de Dios e intercesor de los hombres ante Él». San Lupo no vacilaba en arrostrar lo peor por salvar la oveja perdida, y su apostolado tenía un éxito que rayaba frecuentemente en lo milagroso. Entre otros ejemplos, se cuenta que un hombre de su diócesis había abandonado a su esposa y se había ido a vivir a Clermont. San Lupo escribió a san Sidonio, el obispo de esa ciudad, una carta muy firme, pero al mismo tiempo de un tono tan suave y comedido que, cuando el desertor la leyó, se arrepintió y regresó a su casa. A ese propósito comenta san Sídonio: «¿Qué milagro mayor puede darse que una reprimenda que mueve al pecador al arrepentimiento y le hace amar a quien le reprende?»



Por aquella época, Atila, a la cabeza de un innumerable ejército de hunos, invadió la Galia. La invasión fue tan bárbara, que las gentes consideraban a Atila como «el azote de Dios» que venía a castigar los pecados del pueblo. Reims, Cambraí, Besançon, Auxerre y Langres habían sufrido ya la cólera del invasor. La amenaza se cernía, pues, sobre Troyes. El obispo, después de haber encomendado fervorosamente su grey a Dios, salió al encuentro de Atila y consiguió que no entrase a la provincia, pero en cambio, el rey de los hunos se llevó consigo a san Lupo como rehén. Después de la derrota de los bárbaros en la llanura de Chálons, se acusó a san Lupo de haber ayudado a Atila a escapar y el santo tuvo que salir de su diócesis y abandonarla durante dos años, víctima de lo que podríamos llamar «histeria anticolaboracionista». En el exilio vivió como ermitaño en un bosque, con gran austeridad, entregado a la contemplación. Cuando la malicia de sus enemigos cedió finalmente ante la caridad y paciencia del obispo, volvió éste a su diócesis y la gobernó con el mismo entusiasmo de siempre, hasta su muerte, ocurrida el año 478.



Dado que acompañó a san Germán a Inglaterra, antiguamente se veneraba a san Lupo en ese país. Se ha puesto en duda la historicidad de la resistencia que el santo opuso a Atila y las consecuencias que se derivaron de ello. En todo caso, lo cierto es que los hombres de Dios se santifican por la oración y son capaces de obrar maravillas. Por la oración obtuvo Elías que bajase fuego del cielo, alcanzó misericordia Manasés en la prisión, vio Ezequías restablecida su salud; la oración salvó a los ninivitas de la catástrofe, con la oración preservaron Judit y Ester al pueblo de Dios y, finalmente, la oración libró a Daniel de los leones y a san Pedro de sus cadenas.

San Lope o Lupo de Troyes (Lupus Trecensis) (Toul, Lorena, ca. 383 - Troyes, Champaña-Árdenas, 19 de julio de 479) fue un monje y obispo de Troyes. Es venerado como santo por diversas confesiones cristianas.

Nació en Toul hacia finales del siglo IV y por familia y matrimonio quedó emparentado con las más ilustres familias eclesiàsticas de su tiempo y territorio: su madre era hermana de Germán, obispo de Auxerre o Aucera y después canonizado; su hermano Vicente fue probablemente el célebre Vincentius Lirinensis, y su mujer Pimeniola (o Piniola, según otros), con la que se casó en 419, era hermana del obispo Hilario de Arlés.

Estuvo al servicio de Germán de Auxerre cuando éste era gobernador y poco después se casó. Tras siete años de matrimonio, los dos esposos acordaron hacer vida religiosa, separarse e ingresar cada uno en un monasterio. Lupo fue al monasterio de Lerins, donde fue acogido por San Honorato y de donde marchó también con este último a Mâcon en 426 tras su año de noviciado; entonces fue llamado para ocupar la sede episcopal de Troyes, en la Champaña, el año 427, siendo todavía demasiado joven. Pero lo hizo tan bien que Sidonio Apolinar, con quien mantuvo una activa correspondencia epistolar, le tributó grandes elogios al llamarlo "Obispo de obispos y primero de los prelados". Después pasó dos veces a Gran Bretaña con su tío San Germán de Auxerre o Aucera para combatir el pelagianismo, la primera por mandato de un concilio de la iglesia de Gaula y del papa Celestino I el año 429 y la segunda el de 446 en tiempo del papa San León. Del primer viaje a Gran Bretaña se narran varios milagros realizados por ambos santos, así como que a su vuelta ambos pasaron por Nanterre y encontraron la joven Genoveva de París. Llegaron a Troyes en 430.

San Lupo salió al paso de Atila en 451​ y preservó su ciudad de la desolación causada por el general bárbaro, llamado "El Azote de Dios". Envió una embajada de clérigos a Atila, entre los cuales estuvieron Memorio y Cameliano: Memorio fue asesinado y Cameliano sobrevivió a las heridas. Lupo decidió ir él mismo y se presentó ante Atila, al que convenció para que no atacara la ciudad y se retirara, aunque en su repliegue saquearon toda la región. Los romanos acusaron al obispo de haber ayudado a los hunos a escapar y Lupo tuvo que dejar Troyes. Los historiadores actuales piensan que este episodio es legendario y difícilmente pudo pasar; Sidonio, por el contrario, refiere que los Hunos decían haber sido contenidos por dos bestias salvajes, un lobo (Lupus) y un león (el papa del mismo nombre, San León). En todo caso, Lupo dejó la ciudad y se retiró para hacer vida eremítica en el monte Lansuine, a 15 km de Troyes, y después pasó dos años en Mâcon. Volvió a la sede episcopal y murió en Troyes el 19 de julio de 479, al cabo de 52 años de episcopado.

En 570, los reyes Gontrán I y Chilperico I viajaron a su tumba para jurar paz recíproca. Venerado como santo, sus restos, en la catedral de Troyes, fueron profanados y dispersados el 9 y 10 de enero de 1794; solo queda una parte del cráneo. Es invocado contra la posesión diabólica, la parálisis y la epilepsia.

Leyenda de la Chair salée
Una antigua leyenda popular dice que en Troyes vivía un dragón alado, llamado Chair salée ("carne salada"), que aterrorizaba la región. Lupo lo habría matado, liberando el país, y saló la piel del animal muerto, de donde tomó el nombre. Se ha querido ver la leyenda una metáfora de la expulsió de Atila y la liberación de la región de los hunos.

Según la tradición, San Lupo pudo haber vivido a finales del siglo III o principios del IV, ya que era un siervo (esclavo) de
San Demetrio, el mártir de Tesalónica, al cual celebramos el día 26 de octubre. Es posible que siguiera a su amo, teniendo una muerte martirial. Su nombre sugiere un origen latino, aunque sin embargo, obligatoriamente, no tiene por qué ser así.

San Lupo, el siervo de un mártir
Según el “Synaxarium Ecclesiae Constantinopolitanae” (ed. H. Delehaye, en Analecta Bollandiana 31, 1912, p. 258) san Lupo fue un siervo (esclavo) de San Demetrio, martirizado en Tesalónica durante el reinado del emperador Galerio Maximiano. Esta versión se encuentra en los menologios griegos y rumanos modernos el día 23 de agosto. Después del martirio de su amo, san Lupo había empapado el borde de una tela y un anillo en la sangre del mártir y comenzó a ir con ellos a través de la ciudad, confesando la fe cristiana y curando a los enfermos con la ayuda de estas reliquias. El Akathistos (himno) de San Demetrio dice que el gran mártir dio toda su fortuna a Lupo, que a su vez, se la dio a los pobres. Tal vez la similitud entre Lupo, el esclavo y Lupo, el siervo de San Demetrio, ayudó a que fueran identificados los dos en un mismo culto moderno al santo.
En esta última versión, Lupo también destruyó las estatuas de los dioses en un templo romano, por lo que comenzó a ser perseguido por los vigilantes en ese santuario. Pero en vez de matarlo con sus espadas, Dios hizo que éstos actuaran como idiotas, matándose unos a otros. Poco después, el emperador Maximiano se enteró de estos hechos y ordenó a sus soldados capturar a Lupo. Lo golpearon, pero en el momento en el que trataron de utilizarlo como blanco de tiro de sus arcos, las flechas se volvieron contra ellos e hirieron a los arqueros. Según esta versión, San Lupo aún no estaba bautizado, por lo que oró a Dios para no morir como un pagano. Instantáneamente, una lluvia comenzó a caer en el lugar donde el santo estaba atado, para que Lupo fuese bautizado. Después de esto, fue asesinado con la espada un 23 de agosto (según el calendario juliano, el 5 de septiembre), tal vez del año 304, o en función de las versiones rusas, después del 306.Ahora voy a presentar otras versiones alternativas de la vida de San Lupo, si es que estamos hablando de la misma u otra persona, cosa muy difícil de dilucidar.

San Lupo el esclavo, mártir
De hecho, los menologios orientales hablan de más de un mártir que lleva este nombre. Por ejemplo, el 23 de agosto los menologios griego, latino, siríaco y copto recuerdan también a un San Lupo que era un esclavo que vivía en unas condiciones muy duras. Llegó a ser cristiano, sufrió y murió por la espada por defender su fe. El culto de este mártir Lupo se conoce por un evento descrito por el historiador bizantino Simoccata Teofilacto en “Historiae VII, 2, 14”. Según este historiador, Pedro, el hermano del emperador Mauricio (582-602) visitó Novae, una ciudad en la Moesia Inferior (hoy Svishtov, Bulgaria) durante la fiesta del mártir Lupo, celebrada tanto por los nobles como por los cristianos pobres, lo que puede ser un signo de que se trata del mismo Lupo el esclavo descrito anteriormente. El 23 de mayo, los menologios eslavos y griegos hacen otra mención más breve acerca de un San Lupo que también era un esclavo.

San Lupo, el obispo mártir
Los menologios eslavos celebran el 23 de agosto, un santo llamado Lupo, que podría haber sido un obispo, probablemente de Sirmio según las “Acta Sanctorum Maii, vol. I, 1866, p. 40”. Puede ser que esta historia fuese contaminada por el hecho de que el 23 de agosto hay una breve mención sobre San Ireneo de Sirmio (normalmente se celebra el 6 de abril), que a su vez, es un doblete de San Ireneo de Lyon, que se celebra también el 23 de agosto.
Otro menologio eslavo, traducido por D. Baro de Sparwenfeld en latín, menciona a un San Lupo sólo como un escritor eclesiástico, que murió en el año 205, en tiempos del emperador Severo

Tu santo mártir Lupo, oh Señor, a través de su sufrimiento ha recibido de ti, Dios nuestro, una corona incorruptible. Con tu fuerza, él se opuso a sus adversarios y destrozó la audacia sin poder de los demonios. Por su intercesión, ¡salva nuestras almas!

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