viernes, 7 de julio de 2017

San Panteno

San Panteno

Conmemoración de san Panteno de Alejandría, varón lleno de celo apostólico, enriquecido con toda clase de sabiduría, conocedor en alto grado de la Palabra de Dios y amante apasionado de la misma, acerca del cual la tradición cuenta que su fe y ardiente caridad le impulsaron a ir a predicar el Evangelio a pueblos desconocidos de lejanas regiones de Oriente, y que al volver finalmente a Alejandría, en Egipto, allí descansó en paz, en tiempo del emperador Antonino Caracalla.
«Cuando di con el último de mis maestros, el primero en realidad por su valor, a quien descubrí en Egipto, encontré reposo. Verdadera abeja de Sicilia, recogía el néctar de las flores que esmaltan el campo de los profetas y los apóstoles, engendrando en el alma de sus oyentes una ciencia inmortal» (Stromata 1,1,11).

Así se refiere Clemente de Alejandría a su maestro Panteno. Esto y lo poco que nos cuenta Eusebio de Cesarea en el libro V de su Historia Eclesiástica (V,10) es todo lo que tenemos sobre él, ya que no hay escritos suyos, y no se sabe a ciencia cierta si puso por escrito su doctrina (Eusebio lo afirma, pero Clemente lo niega), exceptuando la hipótesis de H. Marrou (1951), que opina que Panteno es el autor de la famosa «Carta a Diogneto». De las palabras de Clemente sale la deducción de que era siciliano (aunque no es el único sentido posible de la frase).

Panteno dirigía la escuela catequética de Alejandría, que en sus tiempos era aun una escuela de iniciación cristiana, antes de que Orígenes, el sucesor de Clemente al frente de la Escuela, la elevara a los altísimos niveles a los que llegó, siendo la escuela de Sagradas Escrituras y Teología más famosa e influyente de la antigüedad. Panteno llegó a Alejandría hacia el año 180; había sido filósofo estoico; se desconocen las circunstancias de su conversión, pero no es un hecho raro, ya que muchos pasaban del estoicismo al cristianismo, viendo en éste una perfección del ideal de sabiduría que la filosofía buscaba.

Puesto que dejó la dirección de la escuela a Clemente, y éste, después de haberla dirigido un tiempo, huyó de Alejandría en la persecusión de Septimio Severo (inicios del 200), no se termina de comprender por qué el elogio del Martirologio Romano dice que Panteno murió en época de Caracalla (211-217), que fue posterior a Septimio Severo. El testimonio de Eusebio más bien deja abierto el final de Panteno: «Lo cierto es, al menos, que Panteno, por sus muchos merecimientos, terminaba rigiendo la escuela de Alejandría, comentando de viva voz y por escrito los tesoros de los dogmas divinos.» (HE V,10,4).

Eusebio nos cuenta una curiosa historia sobre Panteno; pero debe tenerse presente que él mismo la recibió de tradición oral, y la refiere más de un siglo después, con todo lo que puede tener de confuso un testimonio así: «Se cuenta, pues, que demostró un celo tan grande por la doctrina divina con su ardentísima disposición de ánimo, que incluso fue proclamado heraldo del Evangelio de Cristo para los paganos del Oriente y enviado hasta las tierras indias. [...] y se dice que fue a la India, donde es tradición que se encontró con que el Evangelio de Mateo se le había adelantado en su llegada entre algunos habitantes del país que conocían a Cristo: Bartolomé, uno de los apóstoles, les había predicado y les había dejado el escrito de Mateo en los propios caracteres hebreos5, escrito que conservaban hasta el tiempo mencionado.» (HE V,10,2-3) En la actualidad se tiende a identificar esta «India» que menciona aquí con el sur de la península arábiga, el actual Yemen, o quizás Etiopía. Eusebio, y luego san Jerónimo, y luego toda la tradición oral hasta hace unos pocos años, encontraba en este pasaje y algunos otros (todos vinculados a la escuela de Alejandría) la confirmación de que había existido un evangelio de san Mateo redactado en hebreo o arameo. Se tiende más bien a pensar que se trata del llamado «Evangelio de los hebreos», o del «Evangelio de los ebionitas», escritos apócrifos perdidos, de los que se conservan unos pocos fragmentos, pero que jugaron ese importante papel de ser precisamente la realidad que confirmaba el imaginario evangelio original en arameo o hebreo de san Mateo del que parece hablar Papías.
 San Panteno (Sicilia, ?-Alejandría, h. 216). Filósofo, y Padre de la Iglesia. Considerado santo por las Iglesias católica y copta.
 Son pocos e inseguros los datos relacionados con su vida y actividad. Algunos autores suponen que nació en la isla de Sicilia; se basan generalmente en la alusión del historiador Eusebio de Cesarea a la «abeja siciliana», pensando que Clemente de Alejandría, discípulo de Panteno, se refiere a él, aunque sin nombrarlo expresamente, en Stromata (I,II,2). Mas no es segura, ni verosímil, según otros autores, la identificación de Panteno con la referida «abeja sícula».

Antes de su conversión al cristianismo era profesional de la filosofía en Alejandría. Aunque carecemos de escritos personales de Panteno, según Filipo de Sida, su punto de partida habría sido la doctrina pitagórica. Pero esta opinión no se admite comúnmente, y la generalidad de los autores, basados en citas de contemporáneos de Panteno aunque no del todo contundentes, piensan que su filosofía de origen habría sido la estoica. El motivo de su conversión debió ser el testimonio edificante de los cristianos de su época, aunque por su preparación teórica asimiló bien el contenido doctrinal cristiano, convirtiéndose en maestro excepcional de la nueva religión por él abrazada. En tiempos del emperador Cómodo (180-192) se hallaba al frente de la Escuela catequística de Alejandría, siendo el primer director conocido de la misma, y quien le dio su impronta característica y su singular organización (Eusebio, Hist. Ecl. V, 10).

Su enseñanza fue sobre todo —por no decir exclusivamente— oral, y entre los auditores de sus lecciones sobre la Sagrada Escritura se cuentan el obispo de Capadocia Alejandro, y sobre todo Clemente de Alejandría, sucesor suyo en la dirección y primer maestro alejandrino de quien se conservan obras escritas. Fue misionero y evangelizador de la India (según algunos autores fue a la Arabia del Sur o a Etiopía), donde encontró, según parece, el Evangelio original de san Mateo (en hebreo-arameo). Se ignora la fecha exacta de su muerte, pero se le supone fallecido en 216.

La Iglesia católica lo cataloga entre el número de los santos, y celebra su festividad el 7 de julio, y la Iglesia copta el 22 de junio.
 Pronto se forjaron dos corrientes de opinión sobre su gestión al frente de la escuela alejandrina. Unos lo presentan como jefe de la escuela, como filósofo eminente y autor de numerosos libros que —de ser cierta la hipótesis— se habrían perdido en su totalidad. Otros recuerdan en él la figura de un evangelizador (misionero), exegeta e intérprete de las Sagradas Escrituras, y maestro de la enseñanza oral.

El primer grupo de opinión no parece estar en lo cierto: por los indicios, Panteno debió de ser uno de aquellos antiguos y prestigiosos presbíteros transmisores de la tradición oral que se remonta hasta los mismos Apóstoles: según los testimonios más antiguos (cfr. Eclogae propheticae, 27,7), estos presbíteros no solían dejar escritos ni sus sermones homiléticos, ni sus conversaciones testimoniales. Este criterio habría que aplicarlo al caso de Panteno. Ello, no obstante, algunos autores, Eusebio entre otros (Hisi. Ecl. V,10,4; cfr. Ecl. proph. 56,2), le han atribuido la composición de algunos escritos, lo que puede tal vez explicarse porque determinadas tradiciones, más o menos auténticamente atribuidas a Panteno, parece ser que fueron publicadas por algunos de sus discípulos o tal vez por otros seguidores posteriores de la misma escuela alejandrina. Sea lo que fuere, puede afirmarse hoy con bastante seguridad que carece de toda base la hipótesis que le atribuye la Epístola a Diogneto.

Careciendo de escritos auténticos de Panteno y dada la costumbre de los escritos antiguos de omitir citas y fuentes de sus obras, resulta muy difícil determinar el influjo de la obra de Panteno —si es que realmente existió—, y de su doctrina en los autores posteriores y particularmente en su discípulo Clemente de Alejandría. Dentro de las conjeturas se supone que Panteno habría transmitido algunas tradiciones locales palestinenses, tal vez con cierta influencia judeo-gnóstica, a Clemente, y que Clemente a su vez habría transmitido muchas tradiciones interpretativas y exegéticas propias de su maestro Panteno bajo la cita del presbítero en sus Hypothyposeis, obra perdida en su mayor parte.

Menos aventurado resulta señalar un influjo cierto de Panteno en la línea general de orientación que distingue a la famosa escuela alejandrina. En primer lugar, su tendencia idealista, no exenta de cierto misticismo, que tuvo su expresión exegética en la llamada interpretación alegórica de la Biblia, procedimiento que se prestaba a exageraciones, pero que, llevado con un sano equilibrio, hay que reconocer que dio lugar a aportaciones muy interesantes. Otros rasgos típicos de la escuela es su noble esfuerzo por encontrar, en lo posible, un modo de explicar los dogmas cristianos con teorías filosóficas griegas; esta actitud conciliadora, en sí fecunda, llevó, no obstante, a algunos representantes de esta escuela a proponer explicaciones poco acertadas. A despecho de las exageraciones y extremismos en una y otra característica de la escuela —idealismo, armonización de filosofía pagana y cristianismo— ambas actitudes son aprovechables y de signo positivo. La tradición posterior, totalmente acorde en considerar a Panteno como primer padre «reconocido» de la escuela de Alejandría, le atribuye implícitamente, siquiera sea en forma embrionaria, la delineación de estos dos rasgos típicos.
 El sapientísimo y apostólico doctor de la Iglesia san Panteno, a quien san Clemente de Alejandría llama por su elocuencia la Abeja siciliana, fue natural de Sicilia, y antes de convertirse a la verdadera fe, profesaba la filosofía en la secta de los estoicos. Mas habiendo conversado y trabado amistad con algunos cristianos, quedó tan enamorado de la doctrina de Jesucristo que le enseñaron que, dejando las supersticiones de los falsos dioses y los libros de la humana filosofía, abrió los ojos a la luz de la fe y abrazó de todo corazón la sacrosanta ley del Evangelio. Después de su conversión, estudió con gran cuidado las divinas Escrituras, conferenciando sobre ellas con algunos varones virtuosos y eruditos que habían sido discípulos de los santos apóstoles y pasando luego a la ciudad de  Alejandría se hizo discípulo de los que lo habían sido del Evangelista san Marcos, y enseñaban en aquélla famosa escuela Alejandría, la misteriosa figura del Hijo de Dios. Escuchaba en silencio todas sus lecciones, y ocultaba con tan rara modestia y humildad sus grandes talentos, que costó harto trabajo a sus maestros el descubrirlos; hasta que el año 179 por voz común de todos fue nombrado maestro de aquélla cátedra, en la cual por espacio de muchos años explicó la filosofía de las divinas Escrituras con gran aplauso y reputación de sabiduría. Porque fue en efecto san Panteno el primer maestro cristiano de su siglo, y glorioso padre doctor de la Iglesia, y como enseñaba con excelente método, atraía de muchas y lejanas tierras a numerosos discípulos los cuales, viendo la gran ventaja que hacía aquélla doctrina del cielo a las de los otros fílósofos, abrazaban la fe cristiana, y pregonaban por todas partes la admirable sabiduría de su maestro. Los cristianos de la India, que venían a Alejandría para entender en sus negocios, le enviaron un mensaje, rogándole que fuese a su país a refutar a los doctores brachmanes, y el santo vencido por sus ruegos, dejó por algún tiempo su escuela, y se encaminó a aquellas apartadas regiones. Demetrio, Obispo de Alejandría, confirmó su misión y le nombró predicador del Evangelio En las naciones del oriente. Refiere Eusebio que san Panteno vio sembrada ya en aquéllas Indias alguna semilla de la fe, y halló un libro del Evangelio de san Mateo escrito en lengua hebrea, que había dejado allí san Bartolomé, Apóstol del Señor, y que san Panteno lo trajo a Alejandría, después de haber evangelizado con gran fruto a los hindúes durante algunos años. Finalmente, mientras el glorioso doctor san Clemente gobernaba la célebre escuela pública de Alejandría, su maestro san Panteno, que era ya de edad muy avanzada, continuó todavía leyendo algunas lecciones privadamente, hasta que lleno de méritos y virtudes, en el reinado del emperador Caracalla acabó la peregrinación de su vida gloriosa.

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