viernes, 21 de julio de 2017

Santa Margarita Pisidia

Santa Margarita Pisidia

La gloriosa virgen y mártir santa Margarita, que los griegos y algunos autores llaman Marina, fue natural de la ciudad de Antioquía de Pisidia, e hija de  un famoso sacerdote de los dioses, llamado Edisio.
Crióla una buena mujer, la cual le infundió con la leche la fe cristiana y la educó en santas costumbres. Enternecíase sobremanera cuando oía decir los suplicios con que los santos mártires eran despedazados, y la constancia y fortaleza con que los padecían; y veníale gran deseo de imitarlos y de morir como ellos por Jesucristo.
Por esta causa era aborrecida y maltratada por su padre idólatra y sacerdote de los ídolos, el cual llevó su inhumanidad hasta el extremo de acusarla y de ponerla en manos del impío presidente Olibrio. Habíase enamorado este tirano de la belleza de Margarita, y no pudiendo atraerla a su voluntad con astucia ni con fuerza, trocó todo el amor en odio, y quiso vengarse de ella con tormentos.
Mandóla tender en el suelo y azotar cruelísimamente, hasta que de su delicado cuerpo saliesen arroyos de sangre, lo cual, aunque hizo derramar lágrimas de pura lástima al pueblo que estaba presente, no ablandó el pecho de la santa virgen, que parecía no sentir aquellos despiadados azotes, como si no descargaran sobre ella.
Lleváronla después arrastrando a la cárcel, donde rogando la santa con gran devoción al Señor que le diese fortaleza y perseverancia hasta el fin, oyó un escalofriante ruido, y vio al demonio en figura de un dragón terrible que con silbidos y un olor intolerable se llegó a ella como queriéndola tragar.
Mas la cristiana virgen, armándose con la señal de la cruz, le ahuyentó, y luego aquel oscuro calabozo resplandeció con una luz clarísima y divina, y se oyó una voz que dijo: Margarita, sierva de Dios, alérate, porque has vencido. Al día siguiente la mandó el juez comparecer delante de sí y con grande asombro observó que estaba sana de sus heridas, y llamándola hechicera, la mandó desnudar y con hachas encendidas abrasar los pechos y costados.
Después ordenó que trajesen una gran tina de agua, y que echasen en ella a la santa virgen atada, de suerte que sin poderse menear se ahogase. Y cuando la sumergían en el agua, bajó una claridad grandísima, y una paloma que se asentó sobre la cabeza de la santa. Por este milagro se convirtieron muchos de los que estaban presentes, en los cuales el presiente ejercitó su crueldad, dando sentencia que así ellos como la santa fuesen degollados.
Al tiempo que el verdugo estaba con la espada en la mano para ejecutar la sentencia, tembló la tierra con súbito terremoto, y animando la misma santa al verdugo, fue degollada y recibió de mano de su amorosísimo y celestial Esposo la corona doblada de su virginidad y martirio.

 Margarita de Antioquía o Santa Margarita (venerada en la Iglesia Ortodoxa como Marina de Antioquía) es una santa cristiana, virgen y mártir, inscrita en el grupo de los Santos auxiliadores. Fue asesinada por su fe bajo la persecución del emperador Diocleciano (reinante entre el 284 y el 305).
 La hagiografía clásica cuenta que Marina-Margarita nació en Antioquía (en Asia Menor, hoy Turquía), hija de un sacerdote pagano, pero a través de su ama de leche conoció la fe cristiana. Al cumplir 12 años, Margarita se bautizó. Cuando lo supo su padre, renegó de ella.

Un día, cuando Margarita ya tenía 15 años, estaba cuidando a unas ovejas que pastoreaban. Pasó por el lugar el prefecto romano (Olybrius), que quedó fascinado por la belleza de la joven y le propuso matrimonio. Margarita no ocultó que era cristiana. Entonces, el gobernador la entregó al cuidado de una noble mujer. Tenía la esperanza que ésta iba a convencer a la joven a renegar de Cristo. Pero Margarita fue firme y se negó a ofrecer un sacrificio a los ídolos.

Encarcelada por no acceder a los requerimientos del prefecto, se cuenta que consiguió echar, de sí misma, un demonio de su garganta por medio del signo de la cruz; otra versión es que un demonio se le apareció en forma de dragón y la devoró, pero ella poseía un crucifijo con el cual rasgó la piel del dragón y salió de allí. Entonces la sometieron a las más terribles torturas: la azotaron con varillas, cortaron su cuerpo con tridentes, le clavaron clavos y fue lacerada con un gancho.

Sobreviviendo milagrosamente, según la leyenda, de las muñecas de Margarita se cayeron las cadenas y sobre su cabeza empezó a irradiarse una extraordinaria luz, dentro de la que volaba girando una paloma sosteniendo en su pico una corona de oro.

El gobernador, finalmente, ordenó matarla así como también, a todos aquellos quienes creyeron en Cristo. Según la leyenda ese día fueron decapitadas 15.000 personas. Feotim, un testigo, relató los martirios de Margarita.

Sus reliquias se encontraban en Constantinopla hasta la conquista de la ciudad por los cruzados en el año 1204. El brazo de Santa Margarita se encuentra en el monte Athos en el Monasterio de Vatopediou.
 Para muchos críticos la historicidad de Margarita no está demostrada. Su leyenda, descrita por los cruzados dice que murió decapitada, sin precisar si había perdido su virginidad, pero en el imaginario popular quedó como modelo de las vírgenes consagradas.

Sin embargo a pesar que la obra passio de un tal Teótimo que se autodenomina "testigo ocular" de sus obras y martirio, no posee mayor credibilidad histórica en su relato. La existencia de la mártir no se ha considerado discutible como tal, esto debido a la antigüedad de culto, y la ininterrumpida veneración de sus reliquias, identificándose su lugar de sepultura.
 Su principal atributo es el dragón que leva atado o que yace a sus pies, a veces es representada guardando su rebaño, sostiene una cruz entre las manos, y rosario de perlas.

 Virgen y mártir; también llamada Marina; perteneció a Antioquía de Pisidia en Asia Menor, donde su padre era un sacerdote pagano. Su madre murió poco después del nacimiento de ella, y Margarita fue lactada por una mujer piadosa a cinco o seis leguas de Antioquía. Luego de haber abrazado el cristianismo y consagrado su virginidad a Dios, su padre la repudió y su nodriza la adoptó.

Cuando estaba un día ocupada en velar los rebaños de su nodriza, un prefecto romano lujurioso llamado Olibrio logró verla, y atraído por su gran belleza trató de hacerla su concubina o esposa. Cuando ni halagos ni amenazas de castigo pudieron convencerla de ceder a sus deseos, la hizo traer a su presencia en juicio público en Antioquia. Al ser amenazada de muerte a menos que renunciase a la fe cristiana, y ante la negativa de la santa virgen de adorar a los dioses del imperio, intentaron quemarla, pero según nos dicen sus Actas, las llamas la dejaron ilesa. Luego fue atada de pies y manos y arrojada en una caldera de agua hirviendo, pero por su oración se rompieron sus ataduras y salió ilesa. Por último, el prefecto ordenó que fuera decapitada.

La Iglesia Griega la honra bajo el nombre de Marina el 13 de julio; la Latina, como Margarita, el 20 de julio. Sus actas sitúan su muerte en la persecución de Diocleciano (303-305 d.C.), pero de hecho ni siquiera hay certeza sobre el siglo en el que vivió. Santa Margarita es representada en el arte algunas veces como una pastora, o como guiando a un dragón encadenado, otras veces cargando una pequeña cruz o una guirnalda en su mano, o parada al lado de una gran vasija que recuerda la caldera en la que fue sumergida. Reliquias que se dice pertenecieron a la santa se veneran en muchas partes de Europa; en Roma, Montefiascone, Bruselas, Brujas, París, Froidmont, Troyes y varios otros lugares. Es bastante curioso que esta virgen ha sido ampliamente venerada por muchos siglos como la patrona especial de las mujeres embarazadas.

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