miércoles, 26 de julio de 2017

Santos Joaquín y Ana

Santos Joaquín y Ana

Memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a la tradición de los cristianos.
San Pedro Damian decía que era una curiosidad vana y culpable tratar de averiguar lo que los Evangelistas no escribieron y ponía precisamente como ejemplo la curiosidad acerca de los padres de la Santísima Virgen. Los únicos escritos que pretenden poseer algunos datos sobre los padres de María son apócrifos, como el «Protoevangelio de Santiago», que -a pesar de su nombre- no tiene nada de la autenticidad de la Sagrada Escritura. En realidad no poseemos ningún dato cierto sobre ellos, pero no es ilícito aceptar las piadosas creencias procedentes de los apócrifos cuando no se oponen a las verdades ciertas.

Aunque la primera redacción del apócrifo de Santiago es muy antigua, no se trata de un documento fidedigno. El protoevangelio cuenta que los parientes de Joaquín se burlaban de él porque no tenía hijos. Entonces, el santo se retiró cuarenta días al desierto a orar y ayunar, en tanto que Ana «se quejaba en dos quejas y se lamentaba en dos lamentaciones» (por su esterilidad y por haberse quedado sin marido). Cuando Ana se hallaba sentada orando bajo un laurel, un ángel se le apareció y le dijo: «Ana, el Señor ha escuchado tu oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se hablará en todo el mundo». Ana respondió: «Vive Dios que consagraré el fruto de mi vientre, hombre o mujer, a Dios mi Señor y que le servirá todos los días de su vida». El ángel se apareció también a san Joaquín. A su debido tiempo, nació María, quien sería un día la Madre de Dios. Hagamos notar que esta narración se parece mucho a la de la concepción y el nacimiento de Samuel, cuya madre se llamaba también Ana (1Reyes 1). Los primeros Padres de la Iglesia oriental veían en ello un paralelismo. En realidad, se puede hablar de paralelismo entre la narración de la concepción de Samuel y la de San Juan Bautista, pero en el caso presente la semejanza es tal, que se trata claramente de una imitación.

Sin embargo, el culto a santa Ana se difundió desde la antigüedad: la mejor prueba es que en Constantinopla, ya a mediados del siglo VI, el emperador Justiniano le dedicó un santuario. En Santa María la Antigua hay dos frescos que representan a Santa Ana y datan del siglo VIII. Su nombre aparece también destacadamente en una lista de reliquias que pertenecían a san Angel de Pescheria y sabemos que el papa san León III (795-816), regaló a la iglesia de Santa María la Mayor un ornamento en el que estaban bordadas la escena de la Anunciación y las figuras de san Joaquín y santa Ana.

En Apt, en la Provenza, se guardan supuestas reliquias de santa Ana, sin embargo las pruebas históricas en favor de la autenticidad más bien muestran que carecen absolutamente de valor. La verdad es que antes de mediar el siglo XIV, el culto de santa Ana no era muy popular en Occidente, pero un siglo más tarde se popularizó enormemente, e incluso Lutero lo ridiculizó con acritud y atacó en particular la costumbre de representar juntos á Jesús, María y Ana, como una especie de trinidad. En 1382, Urbano VI publicó el primer decreto pontificio referente a Santa Ana; por él concedía la celebración de la fiesta de la santa a los obispos de Inglaterra exclusivamente, como se lo habían pedido algunos ingleses. Muy probablemente la ocasión de dicho decreto fue el matrimonio del rey Ricardo II con Ana de Bohemia, que tuvo lugar en ese año. La fiesta fue extendida a toda la Iglesia de Occidente recién en 1584, y sólo desde ese tiempo comenzó en Occidente el culto a san Joaquín.

En el Oriente se celebra desde fecha muy antigua la fiesta de san Joaquín y santa Ana el 9 de septiembre. Pero en Occidente, puesto que no había tradición al respecto, las fechas fueron variables, y sólo en 1913 se fijó el 16 de agosto como día de la fiesta de san Joaquín. Sin embargo, los benedictinos y algunos católicos de Oriente celebraban juntos a san Joaquín y santa Ana el 26 de julio, fecha que el nuevo martirologio adoptó para toda la Iglesia.

Una antigua tradición, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El culto aparece para Santa Ana ya en el siglo VI y para San Joaquín un poco más tarde. La devoción a los abuelos de Jesús es una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios.
La antífona de la misa de hoy dice: "Alabemos a Joaquin y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos".

La madre de nuestra Señora, la Virgen Maria, nació en Belén. El culto de sus padres le está muy unido. El nombre Ana significa "gracia, amor, plegaria". La Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es legendario y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Su nombre significa "el hombre a quien Dios levanta", y, según san Epifanio, "preparación del Señor". Descendía de la familia real de David.

Moraban en Nazaret y, según la tradición, dividían sus rentas anuales, una de cuyas partes dedicaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados.

Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. En el templo, Joaquin oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios.

Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo. Recordó a la otra Ana de las Escrituras, cuya historia se refiere en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y asi llegó su hijo Samuel, quien más tarde seria un gran profeta.

Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, Maria. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad, donde se levantaron templos bajo su advocación.

Aunque el culto de la madre de la santísima Virgen Maria se había difundido en Occidente, especialmente desde el siglo XlI, su fiesta comenzó a celebrarse en el siglo siguiente


Joaquín

Joaquín (significa "aquel a quien Yahveh levantó"; en hebreo: יְהוֹיָקִים Yəhôyāqîm; en griego Ἰωακείμ Iōākeím) fue el marido de Ana y el padre de María, madre de Jesús, de acuerdo con la tradición católica, ortodoxa y anglicana. La historia de Joaquín y Ana apareció por primera vez en el evangelio apócrifo de Santiago. Joaquín y Ana no son mencionados en la Biblia.​ Su festividad es el 26 de julio.
Las genealogías de Jesús en los envangelios de Mateo y Lucas​ no especifican el nombre de los padres de María, pero parece que nombran a dos padres diferentes para José, esposo de María. Muchos académicos, empezando por Juan Damasceno en el siglo VIII, y sobre todo los académicos protestantes, han argumentado que la genealogía del Evangelio de Lucas es el árbol familiar de María y que su padre se llamaba Helí.​ Para resolver el problema de que el padre de José sea distinto en ambos evangelios canónicos (uno descendiente de Salomón, hijo de David; y otro descendiente de Natán, hijo de David) una tradición del siglo VII especificó que Helí era primo-hermano de Joaquín.​

De acuerdo con la tradición, Ana nació en Belén, región de Judea, y se casó con Joaquín, que era de Nazaret, región de Galilea. Ambos eran descendientes del rey David.

En el Evangelio de Santiago, Joaquín es descrito como un hombre rico y piadoso, que solía dar donativos a los pobres y a la sinagoga de Séforis. Según la tradición, vivieron primero en la región de Galilea y, posteriormente, se asentaron en Jerusalén, en la región de Judea.

No obstante, el sumo sacerdote rechazó a Joaquín y a su sacrificio animal en el templo porque su falta de hijos fue interpretada como un signo de desaprobación divina. Joaquín se fue al desierto y ayunó durante cuarenta días como penitencia. Unos ángeles se aparecieron tanto a Joaquín como a Ana para decirles que tendrían un hijo.​ Tras esto, Joaquín regresó a Jerusalén y abrazó a Ana en una puerta de la ciudad. Había una creencia antigua de un hijo nacería de una mujer mayor y que estaría destinado a hacer grandes cosas. En el Antiguo Testamento se cuenta una historia similar de otra mujer llamada Ana, que fue la madre del profeta Samuel.

Joaquín y Ana encontrándose en la Puerta Dorada es un tema popular en las representaciones artísticas religiosas.

La historia de Joaquín y Ana se encuentra también en la Leyenda dorada, hagiografía muy popular en la Edad Media, y ha sido muy representada en el arte cristiano, incluso cuando el Concilio de Trento limitó la representación de los evangelios apócrifos.

No se añadió ninguna celebración litúrgica de san Joaquín en el Calendario Tridentino. Fue añadida al Calendario romano general 1584 para su celebración el 20 de marzo, el día después de la festividad de san José. En 1738 se trasladó la festividad al domingo posterior al la Octava de la Asunción de María Para fomentar la liturgia de los domingos, el papa Pío X trasladó la festividad al 16 de agosto, el día después de la Asunción, por lo que Joaquín sería recordado junto con la celebración del triunfo de María.​ En el Calendario romano general de 1954 se consideraba festividad doble de segunda clase. En el Calendario romano general de 1960 la consideró una festividad de segunda clase. En la revisión de 1969 del Calendario romano general se unió esta festividad con la de santa Ana, que tiene lugar el 26 de julio.12​

La Iglesia ortodoxa y la Iglesia ortodoxa griega conmemoran el 9 de septiembre la Sinaxis de Joaquín y Ana, el día después de la Natividad de Theotokos.

La devoción a san Joaquín es moderna, mientras que la de santa Ana es más antigua, al menos data del siglo VI. También hay escritos de sor María de Jesús de Ágreda y la Beata Ana Catalina Emmerich (1774-1824) que hablan sobre Joaquín y Ana, aportando detalles que no están en los evangelios canónicos.
San Joaquín es el santo patrón de los padres, los abuelos, los casados, los ebanistas y los fabricantes de lino.

Además es patrón de numerosos barrios, localidades y regiones de países de tradición cristiana, como Albalá (provincia de Cáceres, España), Bigastro (provincia de Alicante, España), el barrio de San Joaquín (Región Metropolitana de Santiago de Chile), San Joaquín (provincia de Córdoba, Argentina), San Joaquín (departamento del Beni, Bolivia), San Joaquín (departamento de Santander, Colombia), San Joaquín (Carabobo, Venezuela), o el barrio de San Joaquín del municipio de Yanga (Veracruz de Ignacio de la Llave, México).

Además da nombre a muchos lugares. En el siglo XIX el explorador español Gabriel Moraga llamó a un río de Norteamérica San Joaquín. Este río dio nombre al valle de San Joaquín (California, Estados Unidos).
La familia de María (en árabe آل عمران) es el tercer capítulo del Corán. Imran es como los árabes llaman a la figura de Amram, el padre de Moisés y Aarón. Los musulmanes consideran que Imram, a través de Aarón, es ancestro de María y Jesús. No obstante, los musulmanes también llaman a Joaquín Imran.

A Abu Talib, el tío de Mahoma y el padre de Alí, también se le llama Imran y fue el padre de Talib.

En 19:28 del Corán, el académico musulmán ibn Kathir dice en su obra Tafsir ibn Kathir que a Musa se le llama Aarón (" '¡Oh, hermana de Harun!'. Esto significa, 'Oh, similar a Harun [Aarón]'en veneración' ") porque desciende de él. Del mismo modo que se dice "¡Oh, hermano de Mudar!" para alguien que proviene de la tribu Mudari. También se ha dicho que la comparación con Aarón es porque es semejante en abstinencia y veneración.

La figura de Joaquín/Imran es venerada por los musulmanes por ser el padre de María y el abuelo de Jesús y también por ser uno de los Profetas de Dios, como también lo fue Zacarías. Según la tradición, la mujer de Imran sería Hannah, que en la Iglesia católica es santa Ana.

Ana

La tradición cristiana dice que santa Ana, casada con Joaquín, fue la madre de María y por tanto la abuela materna de Jesús de Nazaret.

Ana es patrona de Bretaña, Roquetas de Mar, Almería (España) y de muchas ciudades en diversos países, así como patrona de las mujeres trabajadoras y de los mineros, pues se considera a Jesús el oro y María la plata. También es patrona de las mujeres embarazadas a la hora del parto. Su fiesta es el 26 de julio.
El nombre es conocido en hebreo y árabe como Hannah. Todo lo que se conoce sobre su vida, incluso su nombre, está basado en los Evangelios apócrifos, no admitidos por la Iglesia dentro de sus libros canónicos. Según estos, santa Ana era natural de Belén.

Sus padres eran Matán y Emerenciana. Descendía del rey David y de Leví (casta sacerdotal).

Matán (Mt. 1,15) era natural de Belén, se dedicaban a la crianza de ovejas.

Según Julio Africano, Matán en un primer matrimonio con una mujer llamada Estha, tuvieron un hijo llamado Santiago, quien llegó a ser padre de José de Nazaret.

Estha en un primer matrimonio fue madre de Helí o Joaquín (padre de María Santísima), que con el tiempo se casó con Ana.

Estha murió al nacer Santiago, y Matán se volvió a casar con Emerenciana y fueron padres de Ana, (madre de María Santísima).

Emerenciana antes de casarse con Matán, estuvo casada con Eliud, de la tribu de Levi, y tuvo dos hijas: Sobe y Mahara. Sobe fue madre de Isabel, de quién nació el Bautista.

Según el Protoevangelio de Santiago, Joaquín y Ana eran una pareja acomodada, pero estéril. Joaquín fue rechazado al llevar su ofrenda al templo por no tener descendencia. Apenado, Joaquín no volvió a su casa, sino que se dirigió a una montaña, donde rogó a Dios que le diera un hijo ayunando durante 40 días y 40 noches; Ana, mientras tanto, lloraba su dolor. Entonces un ángel se les apareció simultáneamente, anunciando que sus ruegos habían sido escuchados y que concebirían un hijo.

Ana prometió dedicar al niño al servicio de Dios y cumplidos los nueve meses dio a luz a una niña a la que llamó Miriam (María). Al cumplir los tres años, Joaquín y Ana llevaron a María al templo para consagrarla a Dios como habían prometido. María vivió en el templo hasta que cumplió los 12 años, edad en la que fue entregada a José como esposa.

En el Islam, se reconoce su vida de devoción, fe y esperanza en Alá y es descrita en el Corán, de manera similar a los evangelios apócrifos ya mencionados. Hannah era esposa de Imran (San Joaquín) e hija de Faqud, quien no tuvo hijos hasta su vejez. Ambos, Hannah e Imran, llevaban una vida modesta en la ciudad de Nazaret y al igual que Faqud, contaban ya una edad avanzada al momento de ser padres de María. Un día, Hannah quedó fascinada al ver un pájaro alimentando sus crías bajo un árbol, hecho que suscitó en ella el deseo de ser madre. Oró a Alá por un hijo y prometió consagrarlo a su servicio en el Templo. Finalmente, ella concibió y en efecto dio a luz, pero Imran murió antes del nacimiento de la criatura, quien resultó ser, contrario a sus expectativas, una niña. Las palabras de Hannah al nacer la pequeña fueron:

"¡Señor! Lo que he dado a luz es una hembra -bien sabía Alá lo que había dado a luz- y un varón no es igual que una hembra. Le he puesto por nombre Maryam y la pongo bajo Tu protección contra el maldito Demonio, y también a su descendencia". (Sura III La Familia de Imran, 36).
En la iconografía occidental, Ana puede reconocerse por la larga túnica, generalmente roja y un manto que le cubre la cabeza, a menudo sosteniendo un libro. También pueden encontrarse a Ana acompañada por una pequeña María quien sostiene, a veces, al Niño Jesús en brazos.​ Tales representaciones trinitarias reflejan de manera especular a representaciones similares de la Trinidad y a veces se producían en parejas.

El tema iconográfico de El encuentro en la Puerta de Oro aúna ambos puntos de vista, y fue un componente regular de ciclos artísticos de la Vida de la Virgen. La pareja se encuentra en la «Puerta de Oro» de Jerusalén y se abrazan. Son conscientes del embarazo de Ana, del que ya les había informado un arcángel por separado. El nacimiento de la Virgen, la Presentación de María y el Matrimonio de la Virgen eran componentes usuales de ciclos de la Vida de la Virgen en la que se muestra normalmente a Ana.

No se suele mostrar a Ana en el Nacimiento de Cristo, pero frecuentemente se la representa con el Niño Jesús en varios temas. Se cree que se la representa a veces en escenas de la Presentación de Jesús en el Templo y la Circuncisión de Cristo pero en el primer caso esto probablemente sea una identificación errónea por confusión con Ana la Profetisa. Ana no es representada con Cristo adulto, así que se considera que murió durante la juventud de Jesús. Ana también es mostrada como la matriarca de la Sagrada Familia, la familia amplia de Jesús, un tema popular en la Alemania de la Baja Edad Media. En esta época, eran frecuentes las imágenes de santa Ana en una imagen triple, es decir, santa Ana, en sus brazos la Virgen María, y en los brazos de ésta el Niño Jesús.

Esta iconografía familiar de la Santa con su hija y nieto en una misma imagen fue muy usual durante la Edad Media y la Edad Moderna, siendo repetidas las veces que aparece en esculturas o pinturas; esta tipología se conoce también como Triple santa Ana, o Sagrada Parentela. Leonardo da Vinci o Rafael Sanzio cultivaron este tipo de representaciones, entre otros muchos artistas.

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