martes, 1 de agosto de 2017

Cátedra Abierta de Poesía de América Latina

Mujeres poetas en la Cátedra Abierta de Poesía de América Latina en la Unsam

Vanguardistas, rebeldes y audaces

En las clases, que son abiertas para los alumnos y el público en general, se abordará la obra de mujeres poetas que encarnaron experiencias innovadoras en las primeras décadas del siglo XX, pero también aquellas que afianzaron lo contemporáneo.

 “¿Qué son las heridas/ gatos/ sino este desgarrarse el corazón por dentro/ este sangrar aromas y recuerdos/ esta necesidad de olvidar/ y tener la memoria como espejo?”. Los poemas de la cordobesa Glauce Baldovin vuelven a circular en la Cátedra Abierta de Poesía de América Latina, a cargo de Jorge Boccanera, que estará dedicada a las poetas mujeres de Hispanoamérica. Durante las clases abiertas para alumnos y público en general, que empezarán el próximo jueves y se extenderá hasta el 19 de octubre en la Unsam (Universidad Nacional de San Martín), las protagonistas serán las poetas vanguardistas, rebeldes, lúcidas y audaces; voces rupturistas que encarnaron experiencias innovadoras en las primeras décadas del siglo XX, pero también aquellas que afianzaron lo contemporáneo. Se analizarán las obras de las cubanas Gertrudis Gómez de Avellaneda, Fina García Marruz y Carilda Oliver Labra –que acaba de cumplir 95 años–, las poetas argentinas Alfonsina Storni, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik y Luisa Futoransky, las chilenas Winétt de Rokha y Stella Díaz Varín, “la Bukowski chilena”; las uruguayas Delmira Agustini, Idea Vilariño y Marosa Di Giorgio, las peruanas Magda Portal y Blanca Varela, las españolas Lucía Sánchez Saoril y Gloria Fuertes; además de Eunice Odio (Costa Rica), Rosario Castellanos (México), Alaíde Foppa (Guatemala) y Gioconda Belli (Nicaragua), entre otras.
Boccanera cuenta que la Cátedra Abierta de Poesía de América Latina surgió a inicios del 2000 de una propuesta del entonces decano y luego rector, Carlos Ruta, a Juan Gelman. “Yo me integré como profesor adjunto de Gelman. Llevo quince años como coordinador del curso. El porqué de la cátedra tiene que ver con el desarrollo de la UNSAM, que a la par de proyectos sustanciales en ciencia y técnica, impulsó, con la creación de la Escuela de Humanidades, espacios de plástica, cine, títeres y literatura entre otras disciplinas del arte”. El poeta, autor de Música de fagot y piernas de Victoria, Polvo para morder, Sordomuda y Palma Real, entre otros poemarios, no pone el oído sólo sobre los poetas más renombrados. Durante los primeros cursos se focalizó en las voces de la ruptura de los años ‘20. Pero a la par de Vicente Huidobro, César Vallejo y Oliverio Girondo, fueron emergiendo poetas poco frecuentados como Luis Cardoza y Aragón (Guatemala), Coronel Urtecho y Salomón de la Selva (Nicaragua), Magda Portal y Oquendo de Amat (Perú), Alfredo Mario Ferreiro (Uruguay) y Pablo de Rokha (Chile).
“Alguien dijo con razón que la poesía no le hace los mandados a nadie –subraya Boccanera–. Una cátedra sobre un género alejado de las ideas de utilidad, no puede tener otra forma que el diálogo para visualizar el entramado entre la intuición, la imaginación, las ideas, las percepciones, la conciencia. Por fuera del reticulado de los manuales, exploramos las correspondencias subterráneas y los usos del lenguaje más allá de proclamas y manifiestos”. ¿Qué campos de tensiones aparecen en la producción lírica hispanoamericana escrita por mujeres? “El consorte de la poeta uruguaya Delmira Agustini dijo el día de la boda: ‘Yo me encargaré de romper los devaneos y alejarla de toda preocupación intelectual. Es una mujer como otras. La poesía y el piano son entretenimientos de soltera’. A los dos meses la asesinó. Algunos términos de ese párrafo develan campos de tensiones: ‘devaneos’ como derrapar, enloquecer o delirar, y ‘preocupación intelectual’, que alude al conocimiento como campo vedado a la mujer”, plantea el poeta y docente. “Cuando dice ‘yo me encargo’, ese esposo-asesino alude a lo punitivo. Y de ahí podemos peinar la frase para abajo hasta la inquisición o para arriba hasta los femicidios de hoy. Lo correctivo, en este caso, marca el límite entre lo permitido; la mujer virgen, pura, angelical, sumisa, y lo que el esposo no podía tolerar, una mujer con ideas y deseos que veía como libertina y voluptuosa”.
Un fantasma recorre el lenguaje; es el fantasma de la corrección política que cultiva grandes desatinos como preferir usar “poetisa” cuando lo adecuado es mujer poeta. “‘Poetisa’ responde al estereotipo de una sociedad moralista que limita a la mujer a la procreación, la contemplación y la recluye en el ámbito doméstico. La poetisa no tiene cuerpo sino alma, no tiene deseos sino ensueños. Llama la atención que el estereotipo se haya impuesto incluso entre escritoras de fines del siglo XIX. La contracara es un vasto movimiento de poetas insumisas que han bregado por los derechos de la mujer y escrito al respecto. Juana Manso, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Winnét de Rokha y Clementina Suárez son apenas unos ejemplos”, enumera Boccanera. “Por fuera del modelo desabrido de la poetisa, muchas poetas a la par de una obra relevante, militaron en el feminismo, el anarquismo, el socialismo, fundaron sindicatos y partidos políticos, abrieron bibliotecas, revistas y diarios. Nuestra poeta Rosa Guerra fundó en 1852 el periódico feminista La Camelia, con una redacción integrada solo por mujeres”, recuerda el poeta.
Entre las poetas argentina incluidas en el programa está la cordobesa Glauce Baldovin (1928-1995), autora de La militancia, poema con el que obtuvo en 1972 el Premio Casa de las Américas en Cuba. “Baldovin es una leyenda en Córdoba, pero bastante desconocida fuera de esa provincia. Ese olvido creo que se debe en parte al ombliguismo porteño, a la marginación por años de poetas militantes víctimas de la dictadura –su hijo fue secuestrado en 1976– y a que permaneció muchos años fuera del circuito, sumida en el alcohol y recluida luego en un neurosiquiátrico –advierte Boccanera–. En la cátedra ilustra la cuerda testimonial junto a escritoras que han sufrido el totalitarismo como Virginia Grütter, de Costa Rica, y la guatemalteca Alaíde Foppa. Me interesa su poesía hecha con imágenes de destrucción y de esperanza, una poética del desgarro con pasajes narrativos, versos de tono exaltado y letanía de plegaria. Baldovin escribe como quien hace el balance tras la tempestad”.

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