domingo, 6 de agosto de 2017

Formas, contenidos y porvenires

Por Mario Wainfeld
 

Formas, contenidos y porvenires

Formatos parecidos, contenidos diferentes de las campañas. El clima en las vísperas, precedentes. Cristina en el imaginario del macrismo y de la dirigencia peronista. Gobernadores en estado de alerta: Vidal a la ofensiva. El impacto posible de las PASO. La tentación de proscribir, una ruptura indeseable.


Somos lo que fingimos ser,
así que debemos tener cuidado con
lo que fingimos ser.”

“Madre noche”,
Kurt Vonnegut

Hace 25 o 30 años, Mariano Grondona innovaba en la tevé paleozoica sacándose los anteojos para mirar a la cámara. El ademán –fingido, superfluo– seguramente causaba el impacto buscado. El ex presidente Fernando de la Rúa lo aplicó a la publicidad política sin conseguir ser creíble o parecer natural… el problema no radicó allí.
Hoy en día, el más desprevenido y peor entrenado penúltimo candidato a concejal de un pequeño pueblo sabe que para parecer sincero hay que encarar a la cámara con mirada firme, tutear a la ciudadanía virtual sita en el otro lado. El vocativo “vos” debe combinarse con el dirigido a quien conduce: “Jorge”, “Nelson”, “Joaquín”, a quienes puede tratarse de “usted”, según sus estilos y prosapia (con “Alejandro” cunde más el voseo). En eso también “Mariano” fue pionero cuando hacía yunta con “Bernardo”.
Los protagonistas recorren el espacio público dialogando en modo casual con gente de a pie. Parecer espontáneo es complicado, mucho más que lucir enojado o sonriente, los esfuerzos son premiados de modo dispar. Una fracción importante de los spots muestra a hombres y mujeres acartonados que tal vez no lo sean cuando nadie los obliga.
Las retahílas de spots televisivos pluripartidistas parecen armadas por una usina de la antipolítica. No hay tal, surgen de la mala alquimia entre los tiempos concedidos, la lógica de la comunicación de masas, los límites a la creatividad en serie.
La publicidad saturaría a la platea, si ésta prestara atención a la oferta. Humm... el zapping (ignoto en el pleistoceno de la tele) pone en acto la bella letra del bolero: “te vas porque yo quiero que te vayas”. No hay peor sordo que el desatento.
De cualquier forma, los competidores no cejan y hasta doblan la apuesta. La publi-notas se multiplican, jamás se sabrá su gravitación. Si es la que merecen por su calidad... siamo fuori.
Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) son imperfectas, falta a menudo la competencia interna que les dio sentido originario.
De cualquier modo, con sistemas electorales cambiantes, los pronunciamientos populares desde 1983 jamás han sido inocentes de sentido o indescifrables. En elecciones parlamentarias un poco menos, póngale. La sociedad podrá ser menos solidaria que antaño. Se debilitan las influencias partidarias, religiosas anche familiares... Sin embargo el voto será explicable (así sea parcialmente) en base a tradiciones territoriales, ubicación en la pirámide social, criterios de género, distinciones etarias. Sin acceso a la bola de cristal cualquiera puede predecir que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner obtendrá sus mejores marcas en barriadas populares y que Elisa Carrió pinta llegar a cosecha record en Recoleta.
La sociedad existe, la conciencia de clase o algo por el estilo se expresa en el cuarto oscuro: los que viven por sus manos y los ricos escogen distintas boletas… mayormente.
La historia revela coyunturas en que votantes muy diversos se pronuncian como en ola, cual si se hubieran conjurado antes. Ignoramos si pasará la semana que viene y (sobre todo) en octubre. Si ocurre, sorprenderá porque parece que “la gente está en otra”. Así fue también en 1983, 1987, 1997, 2003 por mencionar algunos comicios– bisagra, en la bienvenida seguidilla de rutinas democráticas.

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Formato y contenidos: El senador Federico Pinedo y el diputado Nicolás del Caño pueden seguir un mismo canon de formato pero no emite mensajes idénticos. El envase no es todo, las ideologías también pesan en campaña.
Una lectura superficial concluye que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner “imita a Jaime Durán Barba” porque concuerda en rasgos estéticos o formales. Yerra por partida doble. Primero porque Cristina ya se valió de recursos parecidos en campañas anteriores: situar en el escenario a personas del común. Ayer eran beneficiarixs de políticas públicas, que habían mejorado su nivel de vida y, en especial, adquirido nuevos derechos.
Ahora se trata de personas despojadas, que han perdido trabajos, ingresos, acceso a servicios públicos con tarifas no confiscatorias. Sus historias de vida se encastran en las mutaciones de la sociedad, su trayectoria es explicable en virtud de una situación compartida.
El sociólogo Luis Alberto Quevedo lo resume bien: CFK conversa con ciudadanos en su condición de tales, el elenco del presidente Mauricio Macri timbrea y se da con personas sueltas, individualidades: Cacho o doña María cuyas biografías ignora. O simula ignorar, no es ese el punto acá.
El macrismo reniega de la ciudadanía, exilia de su diccionario la palabra “derechos”. La compasión o la caridad le caben más que la solidaridad, la “meritocracia” desplaza al ideal de igualdad.

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Campaña permanente: Jaime Durán Barba camufla con pseudo cientificismo una visión del mundo. El flamante best seller que publicó junto a Santiago Nieto (“La Política en el siglo XXI”) es casi tan cínico como su principal autor. Pablo Touzon acierta al escribir en Panamarevista.com: “La trampa de la ciencia duranbarbista es que es en parte diagnóstico y en parte programa. En parte interpreta que así es el mundo y en parte quiere que así lo sea. Hay una agenda: una guerra a la intensidad política”. Tal vez el intento no sea muy original: la acción política siempre combina el cuadro de situación y el afán de acentuar sus rasgos o modificarlo.
La principal contienda de una elección en veinticuatro distritos, cada uno con cultura e historia propias enfrenta a dos programas y, estirando apenas, dos visiones del mundo.
La centralidad de Buenos Aires imanta a participantes calificados no confesos: el juez federal Claudio Bonadio o el fiscal Guillermo Marijuán están en esa campaña permanente desde hace años.
En tertulias de café y en ámbitos académicos se niega que los medios influyan en las elecciones. Quien siga, así sea de ojito, la producción de los eslabones del Multimedio corrobora que Clarín sí cree que puede influir. Si lo consigue o no, es otro cantar. Le dedica enorme cantidad de energía, recursos y personal a veces calificado. El periodismo es un capítulo en la producción de una de las empresas más grandes del país. Otras corporaciones podrán involucrarse y, quién sabe, incidir alertando sobre una corrida del dólar “si ella gana”. O provocarla, si se cumple la profecía indeseada. Quién trafica con contenidos, como ingrediente de su actividad, dispone de más herramientas.

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Proyecciones inesperadas: Ahora dicen que CFK no discute cara a cara con sus rivales, mientras callan que Lilita Carrió se vale de la misma táctica mientras se autodefine como candidata nacional. Quizá sea, nada menos ni nada más, que figura metropolitana.
Cambiemos es una fuerza nacional, cual el Frente para la Victoria cuando gobernaba. La preeminencia del colectivo sobre las individualidades es patente en los spots: apenas si se ve a ciertos candidatos eclipsados por la “marca” nacional. La falta de conocimiento es una dificultad en todas las contiendas: los estrategas PRO eligen acortar la manta por ese lado, puestos a optar.
La leyenda urbana pregona que fue decisión de Macri entronizar a Cristina como adversaria y que ahora paga los costos. El relato peca de ahistórico e incompleto, basta remontarse a diciembre de 2015. Desde entonces el diagnóstico y el programa macrista persiguieron sacar a Cristina del mapa político. A su ver, estaba destruida, deslegitimada, en vísperas de ir presa, con un techo electoral bajo e inmutable. La ofensiva político-mediática-judicial consolidaría la tendencia irrefrenable.
El ansia se propagó a compañeros peronistas, algunos muy cercanos, aplaudidores fervorosos cuando las uvas estaban verdes y cercanas. Solo así pueden explicarse (sin pensar en motivaciones peores y factibles) deserciones tempranas en el Congreso. Hablamos de actores de reparto, algunos conservan sus bancas. Otros son candidatos de ocasión en busca de un autor que les permita sobrevivir.
Los gobernadores justicialistas son figuras más importantes, por lo pronto ganaron elecciones encabezando listas. De entrada, orbitaron en torno de la Nación, repitiendo el esquema que rigió durante el kirchnerismo. Fantaseaban con un regreso del “peronismo-peronista”, quimera que se vivifica cuando no hay liderazgos que renueven al movimiento, por así llamarlo.
En la etapa macrista ningún “goberna” pudo trascender las fronteras de su terruño, distinguirse como “primus inter pares” aunque unos cuantos lo soñaron.
Si uno tratara de ponerse en sus zapatos estaría en figurillas hasta para suponer qué resultado “deben desear” para Buenos Aires. Si vence Cristina, se abre una nueva etapa y las posibilidades de otros compañeros postulantes posibilidades aminoran. Pero, ay, tampoco podrían brindar si la gobernadora María Eugenia Vidal conserva la primacía. La ofensiva judicial para resucitar al Fondo del Conurbano Bonaerense jaquea a los mandatarios peronistas. Saben que la Corte Suprema es pro cíclica en materia política y que Heidi va por ellos, sin perder la sonrisa. La plata tira más que una yunta de bueyes y los discursos han cedido espacio a los conflictos de intereses. Para colmo, Macri enfila contra los impuestos provinciales y municipales: la pinza con Vidal podría desfinanciar los territorios por dos lados.
La Corte tiene una oportunidad para ejercitar una de sus tácticas preferidas: la cronoterapia. Convocar a una audiencia pública, darle largas al asunto, devolverle la pelota a “la política”. En el ínterin, los gobernadores no peronistas de Santa Fe, Río Negro, Neuquén y Santiago del Estero irán plegándose al naciente Frente del Rechazo anti bonaerense.
Volvamos a las elecciones.

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Algo más que una encuesta: Un hipotético triunfo de Cristina en Buenos Aires convulsionaría al mapa político nacional tanto como al peronista. Quienes proclaman que su techo para 2019 es rígido y está prefijado hoy afrontan el riesgo de tropezar con la misma piedra que tiempo atrás.
La ex mandataria se fortifica merced a los resultados económico-sociales de la gestión de Macri. Es candidata en un distrito porque así condicionan las reglas pero los caciques provinciales saben (y tabulan) que su reingreso a las lides electorales puede proyectarse en el tiempo y expandirse al espacio nacional.
Un lugar común describe a las PASO “sin internas reales” como una gran encuesta, cara y superflua en otros aspectos. La exageración y el simplismo son hermanos gemelos.
Para empezar, hay competencia por las candidaturas nacionales en diversas coaliciones y en distintos distritos. Abundan más “por abajo”, para autoridades provinciales o municipales. El domingo 13 alumbrará ganadores y perdedores definitivos: las fuerzas que no alcancen el umbral electoral, las que sean batidas en las internas y queden afuera o en lugares segundones de la listas.
Por otra parte, las preferencias volcadas en las urnas, todo lo indica, no se evaporarán el lunes 14 de agosto: serán más estables que la respuesta distraída a un sondeo telefónico.
Claro que los estrategas dispondrán después dos meses y medio para polarizar, atraer votos de indecisos o ausentes, reencauzar a quien esté dispuesto.
Una base firme se habrá sentado, lo consensuan los representantes políticos y los de poderes fácticos. La derecha vaticina el Apocalipsis y otras catástrofes bíblicas si gana Cristina. Sodoma y Gomorra no figuran en los vaticinios pero todavía queda una semana para ser creativo y agrandar el pánico.
Cambiemos ruega a Dios y da con el mazo clientelista. Está mal, es frecuente, debe denunciarse, hay que evitar mesarse los cabellos. El intendente Cambiemos de Mar del Plata, Carlos Fernando Arroyo, reconoció que lo están “ayudando” a cuatro manos. Entrega de electrodomésticos, bolsones de comida, colchones… el clásico clientelismo de corta duración, electoralista. Macri prometió que llegaba para abolirlo, lo conserva. Por ahí, si nos autoriza un sarcasmo, es para compensar la privación del Fútbol para Todos (un derecho de millones de personas, sin distinciones): se comprometió a no tocarlo, ya lo entregó por monedas a las grandes cadenas televisivas.
Peor que el clientelismo de ocasión es la tentación de proscribir que se insinúa por vía judicial (acoso, procesamientos, eventual cárcel para CFK) o parlamentaria, mediante un rechazo al diploma en el Senado, una eventual bofetada a la decisión popular.
Con el peronismo en el gobierno siempre hubo elecciones libres, cuyos resultados se acataron. Las del 2009 y 2015 son los ejemplos más cercanos. El macrismo va por un primer test iniciático en democracia: honrar las reglas cuando se maneja el sabó.
Desde 1983, a nivel nacional, prevalecen la auto contención y la voluntad-sabiduría colegiada de defender al sistema. Gestos, acciones y movidas de estos meses encienden una luz amarilla. Ojalá que sea solo eso.

 Productores que no importan

Pequeños productores de bananas y de tomates reparten sus productos gratuitamente en Plaza de Mayo. Es una escena recurrente en la era macrista, que se completa con colas de centenares o miles de personas que se trasladan y esperan horas para llevarse tres kilos de comida regalada. La necesidad impulsa a quienes entregan alimentos y a quienes lo llevan. Lo cuentan con pudor, a menudo con tristeza.

Los trolls macristas y muchos personajones de PRO aseguran que todo es un simulacro, que son una troupe de extras bien amaestrados por regisseurs kirchneristas. Se supone que estos también capaciten a personas que fingen estar en situación de calle.
Lo que ocurre es más cruel y previsible. La baja o supresión de las retenciones beneficia a los grandes exportadores pero no atañe al eslabón débil de la cadena de valor: el primero, los pequeños productores.
La apertura indiscriminada de importaciones demuele a industrias locales y, ecuménica, también al sector rural de las economías regionales.
La canasta familiar se encarece, el consumo baja, las prestaciones sociales se licuan (algunas no se pagan, para peor). Las necesidades básicas, la mala alimentación o hasta el hambre vuelven a ser temas de agenda, tras un interregno de 15 años.
La oposición política y las organizaciones sociales exigen una ley de Emergencia Alimentaria, el Gobierno hace oídos sordos. Mañana habrá una movilización popular desde San Cayetano, el oficialismo mirará para otro lado.

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El ministro de Agroindustria, correligionario Ricardo Buryaile, engrandeció formidablemente su patrimonio en un año y pico de gestión. No fue magia, ni (en la jerga macrista) fue mafia. Pero algo huele mal cuando un funcionario, y su sector social, son beneficiarios directos de las políticas que instrumenta. El conflicto de intereses desembozado no es corrupción según el diccionario M… en fin.
El periodista Marcelo Bonelli anuncia que Luis Miguel Etchevehere, titular de la Sociedad Rural, suena como relevo posible de Buryaile, quien tal vez se lleve una mejora en su calidad de vida y el inmerecido mote de gradualista.
Acaso sea un rumor, tal vez un globo de ensayo, una operación. Apabulla que sea verosímil que un gobierno acusado de poner el manejo del estado en manos de sus dueños entronice al titular de la SRA.

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Los humildes cultivadores están fuera del radar oficial. Donaron parte de la mercadería a comedores comunitarios y hospitales. Otro hecho que los distancia de la cruzada “del campo” por las retenciones móviles. En aquel entonces, los piqueteros VIP derramaban productos perecederos en las rutas.

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