¿Cuál es el lugar de enunciación para las poetas? ¿Desde dónde hablan y con quiénes? ¿Con qué otros textos pueden entablar un diálogo, ya sea para inscribirse en una genealogía o en una rebelión? “La doble voz”, entrevistas y lecturas en torno a la poesía y lo femenino, coordinado por Flor Codagnone y Carolina Giollo, ciclo que toma su nombre del ensayo homónimo de Alicia Genovese, empezará hoy a las 19.30 en Espacio Treinta y Tres (33 Orientales 1119). La primera invitada es Marisa Negri; continuarán Genovese (el viernes 11), Natalia Romero (el viernes 18) y Gabby De Cicco (el viernes 25). El cierre será un ritual poético en el que las coordinadoras interpretarán dos poemas con dirección de Macarena Trigo. “Con Caro venimos trabajando sus libros hace un par de años en mis clínicas. En medio de ese trabajo, forjamos un vínculo muy fuerte, una suerte de amor de transferencia, que ella descubrió que tenía que ver, entre otras cosas, con la voz. En principio, porque la voz alta tiene un papel fundamental en el trabajo de mis clínicas”, cuenta Codagnone a PáginaI12. “Yo comencé la clínica con Flor luchando contra algo que llamamos después con ella el síndrome Kafka; esto de escribir mucho y guardarlo todo y si es posible quemarlo –plantea Giollo–. Me costaba asumir mi voz, seguramente porque me costaba asumir otras cuestiones en mi vida. Cuando tomé coraje y emprendí el camino de la corrección, se me hizo claro que no sólo estaba corrigiendo mis poemas, estaba corrigiendo mi manera de ver el mundo, de sentir, de recordar. Pero esa apertura luminosa fue posible por la transferencia con Flor. En ese sentido, funcionaba la clínica como funcionaban las sesiones con mi psicoanalista”.
¿Cuáles son “las tretas del débil”, ensayo de Josefina Ludmer, con el que dialoga Genovese? ¿Cómo conectarlas con la consigna “Ni una menos”? “Del ensayo de Ludmer más que el concepto de ‘débil’ ligado a lo femenino me interesa algo que dice al principio y tiene que ver con aquello que toca a la mujer. Creo que es interesante hoy preguntarnos qué toca a lo femenino, casi a la manera de (Jacques) Derrida: ‘Tocarlo, por cierto, ¿pero a quién, qué? ¿Tocar a alguien, tocar algo? ¿O incluso tratar el tocar, la cuestión del tocar?’”, propone Codagnone (Buenos Aires, 1982), autora de los libros de poemas Mudas y Celo. “Yo rescato de Ludmer, así como de Genovese, el decir crítico para pensar la relación de lo femenino con la poesía, me atrevería a decir con el arte. Pero me parece que incluso esa debilidad no es tal ni para las mujeres ni para otras ‘minorías’. Ni una menos vino a mostrar que la violencia contra la mujer no es azar sino sistemática y que debe hacerse todo por visibilizarla como parte de una estrategia de dominación. Y que esta dominación no se ejerce sólo sobre las mujeres. La disidencia es lo que molesta, entonces la disidencia debe ser nuestra manera de movernos en el arte y en la vida”, dice Giollo, autora de La resistencia de la luna.
La trama de la amistad construye lazos múltiples de afectividades y enunciaciones. “La idea de nuestro ciclo no es encarar la poética de una sola poeta sino hacerlo en relación con su vínculo con otras poetas”, aclara Codagnone. “Entonces, Marisa Negri vendrá a hablar de ese vínculo entrañable de voces y ritos que tuvo con Olga Orozco. Gabby De Cicco se viene desde Rosario para abordar el vínculo de profunda amistad que las unió con Macky Corbalán. Yo creo firmemente que las amigas que me dio la poesía son para siempre”, subraya la poeta. “En el caso de Alicia, creo que es una manera de honrar su valentía, pero también su coherencia y la actualidad necesaria de su ensayo, es imposible separar eso de su poesía, por eso creemos que su visita al ciclo será una manera de mostrar cómo esa doble voz se hace carne -explica Giollo-. En cuanto a Natalia Romero, estamos unidas a ella por un lazo profundo de amistad, una amistad de esas que, como dice Flor, nos trajo la poesía. Y es como amigas que acompañamos su poesía, su sensibilidad y ahora su visión sobre la poesía y lo femenino. Ese camino la llevó a Diana Bellessi y tomó la forma de libro este año, con la publicación de El otro lado de las cosas. Naty es de nuestra generación, y poder pensarnos como generación nos resultó fundamental. Yo creo que lo que estamos poniendo de relieve acá es el concepto de sororidad. Esta idea de establecer lazos de solidaridad y comprensión entre nosotras, lazos que el patriarcado se ha encargado de destruir con sus discursos normativos, y que de alguna manera están reapareciendo.” 
El ciclo concluirá el viernes 2 de septiembre con un “ritual poético”. Codagnone le pondrá el cuerpo, la traducción y la voz a “El maestro”, un  poema que Hilda Doolittle (1886-1961) le dedicó a Sigmund Freud. “En mi caso, voy a ponerle cuerpo a un poema que escribí hace casi diez años, que habla de la mujer, pero desde un lugar ancestral. Es un poema habitado por muchas voces, que me costó mucho enfrentar porque sentía que había una carga emocional e histórica ahí que no era sólo mía, sino que nos pertenecía a todas -anticipa Giollo-. Hay algo de conjuro, de furia, de tristeza, pero también de arenga. Como un canto antes de una batalla. Todo esto gracias a la puesta en escena de Macarena Trigo. Una verdadera maga en este quehacer. Sin ella toda esta transformación hubiese sido imposible”.