sábado, 12 de agosto de 2017

PEREZ - "CARACAS"

 PEREZ - "CARACAS"

Salir de la melancolía

Hace mucho que sus shows en vivo son de los más intensos en la de por sí intensa escena de La Plata. Y aunque Pérez toca fuera de su ciudad natal –hasta se fueron de gira por Europa– de alguna manera son un secreto a voces de las diagonales. Eso está cambiando y el quiebre parece ser Caracas, su cuarto disco, con el que estrenan nueva formación, coqueteos tropicales y electrónicos y las letras ambiguas y vagamente otoñales de siempre.


Les costó un poco más de tiempo que a sus contemporáneos, pero después de casi una década, Pérez ya es una de las bandas de más peso en la escena del rock platense actual gracias a la edición de Caracas, su cuarto disco de estudio. Un viaje de once canciones directas y contundentes, con dejos electrónicos y variantes rítmicas, que hablan de situaciones y estados de ánimo en donde la tristeza se mezcla con la alegría: con Pérez, la melancolía se puede bailar. Caracas, con su particular arte de tapa pop y que juega con el los tricolores de la bandera venezolana, fue editado de manera virtual y compartido en las plataformas de streaming digital.
La escena de La Plata es de las más reconocidas del país: más allá de su historia, que va de la Cofradía de la Flor Solar hasta Virus y Los Redondos, pasando por Peligrosos gorriones, Mr. América, Mostruo! o El mató a un policía motorizado, ya incluso define un sonido. Hay bandas que suenan platenses, el sonido de una ciudad de bares, cultura joven universitaria, noches de caminatas, un hervidero de grupos de lo más variados pero de alguna manera intercomunicados. Pérez arrancó su historia en el año 2008, originalmente como un cuarteto: Ramiro Sagasti (voz), Matías Zabaljáuregui (guitarras), Diego Goldszein (bajo) y Martín Lambert (batería). Su primer disco, editado en 2010, llevaba el nombre de la banda a modo de presentación en sociedad y comenzaba a plasmar su estilo, con influencias del rock argentino como Charly García y Luca Prodan, mezcladas con un sonido de pop inglés guitarrero que remitía a la primera época de Radiohead, la de Pablo Honey.  Con este disco también presentaban a todos su sello personal: las letras. La lírica de Pérez muchas veces está rodeada por la nostalgia, por estados de ánimo molestos, con inquietudes inevitables y dolorosas pero que, al mezclarse con su música, a veces paradójicamente una celebración: “En el bar hay mesa junto al ventanal/ tiene una frase escrita con dolor/ soy un payaso, un mal actor/ mejor me voy del mundo,  pero ¿adónde voy?/ me quedo quieto hasta el atardecer/ el Sol me duele más.”, dice “Más”, el segundo tema de aquel disco, un tema que invita a saltar y a la introspección al mismo tiempo.
“Pienso que las letras son nuestra visión del mundo”, dice Ramiro Sagasti y agrega: “Son situaciones que te remiten a estados en los que por lo menos a mí me gusta estar. Me parece que el mundo está más bueno si es así. No es que sea una bajada de línea, sino que tienen descripciones de situaciones que te remiten a determinadas visiones de las cosas. El equilibrio entre la melancolía y esto de que a veces se pueda bailar tiene que ver con que todo sale así, es todo más complejo, somos seres humanos. El amor no es fácil, por ejemplo. No es todo necesidad de drama y de sumergirse en esa vibración. No es todo tan triste ni tan alegre”, afirma Sagasti para explicar las ambigüedades de su sonido y de sus letras.
Al disco debut le sigue 17 canciones para autopista, (2012) un disco muy bien equilibrado que mezcla la sutileza de los detalles que parecen obsesivos con sonidos un poco más salvajes y sin filtro: un disco de ruta, como su título lo indica. El tercero se editó en 2015 y se llama  La hora de los pájaros: “Es nuestro disco más nostálgico” afirma el cantante.
Pero más allá de los discos, tocar en vivo define a Pérez incluso aún más: sus fans mezclan en un coctel explosivo cierta tranquilidad del indie con el rock más crudo: “Creo que esa intensidad ocurre en parte por la movida de La Plata. Es una ciudad con una escena que se arma con los pibes que van a los conciertos “, dice Sagasti y afirma: “Realmente pasa algo, no sé si en otro lugar los recitales se ponen como acá. Muchas bandas quieren venir a tocar a esta ciudad porque se pone caliente: a la gente todavía le gusta ir a conciertos de rock. En La Plata es posible dedicarte a hacer música: vos podés vivir de la música, entonces hay mucha gente entregada a eso y es uno de los secretos de la escena. No solo en la música: va más allá, es una especie de forma alternativa de sustento de muchas personas. Hay centro culturales, medios alternativos, toda una especie de circuito paralelo de subsistencia”
Caracas, su nuevo trabajo de estudio editado el mes pasado presenta aires nuevos dentro de la banda.  Con algunos músicos invitados: Kubilai Medina (Mostruo!, y el hijo del legendario Alejandro Medina de Manal), Germán Tschudy (El Gobierno Invisible) y Neco Marcenaro, la banda se aventura a viajar por nuevos paisajes sonoros, con uso de sintetizadores y batería electrónica; hasta se permiten un jugueteo con los ritmos caribeños con su tema “Tropical”: “Hay un amigo que se fue/ Tengo problemas en los balcones / En algún momento voy a ver/ todo sereno, como el mar de noche”: “El tema salió así con un beat que iba para ese lado y que se terminó de mezclar con este tema que es más bien oscuro. O muy oscuro. Se dio naturalmente”, afirma Ramiro. Y agrega: “Al disco lo pensamos mucho desde la estructura, en el medio tiene un interludio que marca dos tiempos diferentes”.  Es así que Caracas presenta pasajes por momentos más reflexivos e introspectivos, en donde se mezclan el amor perdido, algún que otro sueño roto, y cierta felicidad que da la tranquilidad, la vida calma.
También presentan formación nueva: Matías Zabaljáuregui, su anterior guitarrista, se tomó un descanso y se agregaron a la banda Gastón Le (Un Planeta)  y Germán Tschudy. Y con los nuevos integrantes ya presentaron el disco en vivo y como siempre, la química de la banda estalló. La presencia de Sagasti sobre el escenario es imponente: un hombre apuesto, muy alto, muy flaco, que con su voz desganada y potente,  no duda en bailar como un chico que no puede contener su alegría. Y que tampoco duda en bajar al pogo a cantar con la gente: “Hay que dejar salir todo afuera. Es como una especie de epifanía cuando llegás a una situación sonora que te copa. Es una especie de exaltación”, dice. “Me gusta sentir eso, es como barrenar una ola. Espero que la música de Pérez logre eso: acercarte a una situación primitiva”.

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