domingo, 6 de agosto de 2017

San Osvaldo de Northumbria

San Osvaldo de Northumbria

En el lugar de Maserfield, posteriormente llamado Oswestria en su honor, en la región de Shropshire, en Inglaterra, san Osvaldo, mártir, el cual, siendo rey de Northumbria, ilustre en el arte militar, pero todavía más amante de la paz, divulgó con decisión la fe cristiana en aquel territorio y fue muerto en odio a Cristo mientras combatía contra los paganos.

El rey san Edwino pereció el año 633 en una batalla contra Penda y Cadwallon. Entonces, su sobrino Oswaldo determinó proseguir la obra de Edwino y tomar posesión de las regiones de Nortumbría. Oswaldo se había convertido sinceramente al cristianismo; así, en vez de traicionar a Cristo para ganarse a sus súbditos, como lo habían hecho sus desventurados hermanos, hizo cuanto pudo por ganarlos a la causa de Cristo. En tanto que Cadwallon saqueaba las provincias de Nortumbría, Oswaldo reunió un ejército relativamente pequeño y salió valientemente al encuentro del enemigo. El encuentro de los dos ejércitos tuvo lugar el año 634, a unos cinco kilómetros de Hexham, cerca de Rowley Burn. La víspera de la batalla, Oswaldo mandó hacer una gran cruz de madera, la plantó en la tierra y la sostuvo en tanto que sus hombres llenaban de tierra el agujero en que la había colocado. Una vez hecho esto, san Oswaldo gritó a sus soldados, entre los cuales había apenas un puñado de cristianos: «Postrémonos juntos a pedir al Dios verdadero y todopoderoso que nos defienda misericordiosamente de nuestros enemigos, ya que luchamos en defensa de nuestra vida y de nuestro país». Todos los soldados se arrodillaron. Esa misma noche, Oswaldo soñó que san Columba de lona tendía su manto sobre los soldados dormidos y le prometía la victoria para el día siguiente. Y así sucedió, en efecto. Dios bendijo a Oswaldo, cuyas tropas derrotaron al numeroso ejército de Cadwallon; este último pereció en la refriega. Como lo hace notar Beda, fue una buena señal que se llamase al sitio donde se había plantado la cruz «Campo Celeste», (aunque tal nombre data de una época posterior). La cruz fue el primer signo de cristianismo en la región, pues hasta entonces no se había visto jamás un altar o una iglesia en el reino de los bernicios. Con el tiempo se hizo muy famosa la cruz de san Oswaldo. En la época de san Beda, los enfermos solían beber agua en la que había una astilla de dicha cruz y muchos recobraban la salud. Después de la muerte del rey Oswaldo, los monjes de Hexham acostumbraban acudir al «Campo Celeste» la víspera del aniversario de la muerte del monarca; cantaban ahí por la noche, el oficio divino y al día siguiente celebraban la misa. Poco después de que Beda escribió estos detalles, se erigió ahí una iglesia.



San Oswaldo se consagró inmediatamente a restablecer el orden en sus dominios y a implantar en ellos el cristianismo. Como era natural, para la obra de evangelización pensó en Escocia y no en Canterbury, ya que ahí se había convertido al cristianismo. De Escocia le enviaron, pues, un obispo y varios sacerdotes para que predicasen y bautizasen a su pueblo. San Aidano, un monje de lona originario de Irlanda, fue el elegido para aquella ardua empresa. Dicho santo consiguió reparar con su mansedumbre el mal causado por otro monje que le había precedido, el cual trataba al pueblo con tal rudeza que, en vez de atraerlo, le había alejado de la fe que predicaba. El rey fijó la sede de Aidano en la isla de Lindisfarne. Como el nuevo obispo no conocía suficientemente el inglés, el monarca le sirvió personalmente de intérprete, al principio y traducía al pueblo sus sermones e instrucciones. «A partir de entonces, muchos escoceses (irlandeses) fueron a Inglaterra a predicar con gran fervor en los dominios del rey Oswaldo... Se construyeron numerosas iglesias; el pueblo se reunía a escuchar a los predicadores; el rey regaló tierras y dinero para la construcción de monasterios y los ingleses, así los nobles como los plebeyos, aprendieron las reglas y costumbres de la disciplina regular, pues casi todos los predicadores eran monjes.» (Beda).



Al mismo tiempo que gobernaba su reino temporal, Oswaldo oraba y trabajaba por ganar la eterna corona y, como oraba y daba gracias continuamente, se dice que se sentaba siempre con las manos sobre las rodillas y las palmas vueltas hacia el cielo. El reino de Nortumbría se extendió en aquella época hasta Firth of Forth, y el poder de Oswaldo llegó a ser tan grande, que los otros reyes de Inglaterra le consideraban nominalmente como su señor. Por ello, san Adamnán, en su vida de san Columba, llama a Oswaldo «Emperador de la Gran Bretaña». Beda narra el siguiente ejemplo de la caridad del monarca en medio de tanta prosperidad: un día de Pascua, en el momento que se sentaba a comer, un oficial le dijo que había a la puerta una gran multitud de pobres que pedían limosna. El rey les envió una enorme fuente de plata llena de carne y ordenó que se diese a cada uno una porción de carne y un fragmento del plato. Entonces san Aidán, que se hallaba con el rey, le tomó por la diestra y dijo: «Guarde Dios para siempre esta mano». Después de la muerte de San Oswaldo, se le cortó el brazo derecho, el cual permaneció incorrupto, por lo menos hasta la época de Simeón de Durham (c. 1136), en el monasterio de Peterborough. San Oswaldo se casó con Cineburga, hija de Cinegildo, el primer rey cristiano de Wessex. Oswaldo había sido padrino de bautismo de su suegro. Cineburga y Oswaldo tuvieron un hijo, Etelwoldo, quien fue rey de Deira e hizo poco honor a su padre.



Algunos años después del acceso de Oswaldo al trono, estalló una guerra contra el pagano Penda de Mercia y sus aliados. La contienda se prolongó hasta la batalla de Maserfield, donde fue derrotado el reducido ejército de san Oswaldo, quien pereció en la lucha. Cuando se vio rodeado de enemigos, Oswaldo hizo la última oración por las almas de sus soldados. Tal fue el origen del proverbio inglés que dice: «Señor, ten misericordia de sus almas, como dijo san Oswaldo al morir». La batalla de Maserfield tuvo lugar el 5 de agosto de 642; Oswaldo tenía treinta y ocho años. Sus reliquias se repartieron entre varios santuarios. Beda cuenta algunos de los milagros que se les atribuían. Era muy natural que aquel monarca que tanto se había preocupado en vida por los pobres y los enfermos, les restituyese la salud después de su muerte. Antiguamente se veneraba a san Oswaldo como héroe nacional de Inglaterra, y su culto se popularizó en Escocia, Irlanda, Portugal, el norte de Italia, Bohemia, el sur de Alemania y Suiza. El santo es el patrono de Zug, en Suiza. Su culto ha decaído un tanto, pero todavía se celebra su fiesta en varias diócesis de Inglaterra.


 Oswaldo u Osvaldo (c. 604 - 5 de agosto de 642) fue un rey cristiano de Northumbria en el siglo VII, cuando el territorio de Inglaterra estaba dividida en pequeños reinos regidos por linajes de origen germánico.

Sobrino materno del también rey northumbrio Edwin, en 633 reunificó el reino de Northumbria, un año después de morir su tío, y llegó a ser el monarca más poderoso de su tiempo; el monje Beda el Venerable le incluyó en su lista de Reyes Supremos de la antigua Inglaterra, como práctico sucesor de Edwin.

Murió en la batalla de Maserfield contra el rey pagano Penda, el mismo enemigo que había eliminado a san Edwin diez años atrás. Como éste, Oswaldo es también venerado como santo​ y como mártir, aunque su culto, extraordinariamente popular, ahogó al de su predecesor.

Le sucedió en el trono su hermano Oswiu.

Nació, probablemente, en el año 605. Murió el 5 de agosto de 642. Fue el segundo de siete hermanos, hijos de Ethelfried, quien era nieto de Ida, fundador del reino de Northumberland en 547. Su madre fue Acha, hija de Ella, o Alla, el cual había capturado Deira y la había separado de Bernicia del Norte.

Osvaldo pasó su juventud en casa, mientras reinó su padre, pero cuando, en 617, Ethelfried fue muerto en batalla a manos de Redwald, Rey de Angles del Oeste, hubo de huir junto con sus hermanos para recibir protección de su tío, Edwin, hermano de Acha. Hallaron refugio en la tierra de los escoceses, en el monasterio de Columba, en Hii, o Iona. Permanecieron ahí hasta la muerte de Edwin en la batalla de Heathfield (633). Su hermano mayor, Eanfrid, retornó entonces para aceptar la corona de Deira, mientras Osric, primo de Edwin, recibía Bernicia.

De ese modo el reino quedó dividido de nuevo y ambas partes recayeron en el paganismo. Osric cayó en batalla al año siguiente y Eanfried murió a traición a manos del rey británico, Cadwalla. A consecuencia de ello Osvaldo bajó desde el norte, y en 635 ya había reunido en torno a sí a una pequeña banda de decididos guerreros, cerca del Muro Romano, siete millas al norte de Hexham, que después vino a ser conocido como Hevenfelt, o Campo Celestial. En ese sitio, alentado por una visión en la que san Columba le prometía la victoria mientras cubría su campamento con su manto, Osvaldo escogió una cruz de madera como su estandarte- el primer signo cristiano levantado en Bernicia- y combatió a los británicos, conducidos probablemente por Cadwalla. Los británicos fueron devastados y de ahí en adelante sólo les quedó defenderse.

La victoria de Osvaldo reunificó el reino de Northumbria no sólo porque él lo salvó del vergonzoso yugo de los mercianos y británicos, sino porque por el lado de su padre él era descendiente de Ida de Bernicia y, del de su madre, de la casa real de Ella de Deira. Ya reunificados, no podía evitarse que Northumbria se constituyera en la fuerza principal de una confederación en contra de Prenda de Mercia y de los británicos de Gales. Osvaldo conocía profundamente los principios de la religión cristiana y si bien sólo doce de los nobles que volvieron con él del exilio eran cristianos, lejos de abandonar su fe, su primer cuidado fue tratar de extenderla entre los bernicianos, confirmando así con una unión religiosa la unión política llevada a cabo por Edwin.

Es cierto que Edwin había recibido el bautismo en 627, por la influencia de su esposa Ethelburga, hermana del rey de Kent, que había traído del norte a san Paulino, pero su ejemplo sólo fue seguido por la gente de Deira. Osvaldo, educado en el monasterio de Columba en Iona, naturalmente buscó misioneros en el norte. El primer predicador que llegó tuvo un pronto regreso a casa, habiendo encontrado que el pueblo de Northumbria era demasiado bárbaro y terco. Posteriormente fue enviado Aidan, un “varón de mansedumbre singular, piedad y moderación”, quien estableció la sede episcopal en Lindisfarne en 635. La celosa colaboración de Osvaldo con el obispo monje pronto llenó el paisaje de templos y monasterios, y la iglesia de York, comenzada bajo el reinado de Edwin, fue llevada a buen fin. Más aún, su admirable humildad en medio del éxito, su caridad y su piedad pronto obraron su efecto al hacer que sus súbditos se convirtieran de Woden a Cristo. Se cuenta que el Rey en su corte actuaba como intérprete de los misioneros que no conocían el leguaje de su pueblo.

Fue obra de Osvaldo el añadir la fuerza moral del cristianismo a la gloria militar de su padre Ethelfried y a la sabia administración de Edwin, su tío, y construir un gran reino. Edwin había logrado reunir toda la raza inglesa en un cuerpo político y era el señor de todos los reinos ingleses, excepto el de Kent. Beda el Venerable (III,6) dice que Osvaldo tuvo mayor dominio que cualquiera de sus antecesores, y que “atrajo bajo su mando a todas las naciones y provincias de Bretaña, que estaban divididas en cuatro lenguajes, a saber, británicos, pictos, escoceses e ingleses”. Tuvo mucha fuerza en el noreste, hasta Chester y Lancashire, en el sur, y era reconocido como soberano por el reino galés de Strath Clyde, igual que por los pictos y escoceses de Dalriada. Fue el soberano en el este, en Lindsey, y las palabras de Beda parecen dar a entender que también lo fue de Mercia, la cual aún era regida por Penda. Pero esto no parece haber sido sino algo nominal. Los sajones del oeste en el sur, influenciados por el temor de Penda, fácilmente reconocieron el señorío de Osvaldo, y su alianza se vio fortalecida, en 635, por la conversión del Rey Cynegils, de Wessex, en cuyo bautismo Osvaldo fungió como padrino, y con cuya hija se casó. Ambos soberanos establecieron, entonces al obispo Birinus en Dorchester.

Esta vasta soberanía, que se extendía de norte a sur, y que sólo se veía interrumpida por el reino de Penda en el centro de Bretaña, y por el reino de Angles del Este, llevó a Adamnan de Hii a llamar a Osvaldo “Emperador de toda Bretaña”. El cristianismo parecía estar formando una red alrededor del pagano Penda de Mercia. El reino de Angles del este, que aún era cristiano, pero reconocía a Penda como señor, era necesario para que Osvaldo pudiera mantener la conexión entre sus dominios en el norte y sur. La guerra era inevitable.

En la batalla de Masefeld, que parece haber acontecido a siete millas de Shrewsbury, “en la frontera de Gales, cerca de la represa de Offa”, Osvaldo fue asesinado el 5 de agosto de 642, y así pereció el “rey más poderoso y cristiano”, en el año octavo de su reinado y en la flor de su vida. Sus últimas palabras fueron dirigidas a sus soldados, buscando su bien espiritual, de donde proviene el proverbio: “Dios salve sus almas, como dijo Osvaldo al morir”. Penda mutiló su cuerpo y clavó sus miembros en estacas, donde permanecieron todo un año, hasta que fueron retirados por Oswy y entregados a los monjes de Bardney, en Lindsey. En el siglo X algunos de sus huesos fueron llevados a la iglesia de San Pedro, en Gloucester, por Ethelred y Ethelfleda de Mercia. Su cabeza fue retirada del campo de batalla a la iglesia de San Pedro en la fortaleza real de Bamborough, y posteriormente trasladada a Lindisfarne donde, por miedo a los daneses, fue depositada durante un año, 875, en el ataúd de San Cutberto, el cual fue posteriormente llevado a Durham en 998. La cabeza de Osvaldo estaba en ese ataúd cuando San Cutberto fue trasladado en 1104, y se cree que permanecía aún allí al abrirse la tumba en 1828. Su brazo y manos fueron llevados a Bamborough y probablemente trasladados posteriormente a Peterborough, y seguían incorruptos en tiempos de Symeon de Durham, a principios del siglo XII. Reginaldo nos hace una breve descripción de su apariencia física: brazos largos y de gran fuerza, ojos de azul brillante, cabello amarillo, rostro largo y barba delgada, y sus labios pequeños siempre sonreían amablemente.

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