viernes, 11 de mayo de 2018

"A esta altura" - Síndrome de Eureka / Gabi Goldberg / Ruben Segal

A esta altura, de la compañía Síndrome de Eureka

El vuelo interpretado como metáfora

La obra dirigida por Gabi Goldberg y Ruben Segal transcurre durante un viaje en avión. “Cada uno llega adonde quiere, o puede, pero llega distinto”, dice la actriz Florencia Pineda.


Hay una frase más o menos célebre –analizada y atribuida en varias direcciones– que dice que lo importante no es dónde sino con quienes. Y hay una obra en cartel –en el Centro Cultural de la Cooperación– que de alguna forma interpreta ese espíritu, aun sin proponérselo. Se trata de A esta altura, de la compañía Síndrome de Eureka, que transcurre durante un viaje en avión de alguna aerolínea de dudosa procedencia en el que los espectadores son los pasajeros y las actrices del elenco, las azafatas. “El destino del vuelo es un poco al que a cada uno lo lleve la vida. No vamos a Europa ni a Punta Cana sino a donde nos quiera llevar el hecho de compartir juntos una experiencia tan vulnerable como la de estar arriba de un avión, como metáfora de otras cosas. Cada uno llega a donde quiere o puede, lo que es seguro es que llega distinto”, dice a PáginaI12 Florencia Pineda, una de las intérpretes del elenco.
   El viaje de la obra comienza antes incluso de la representación entendida en el sentido tradicional. Mientras los espectadores hacen fila para entrar a la sala Raúl Gonzalez Tuñón, las actrices/azafatas se les adelantan y les piden pasaporte, tarjeta de embarque, o algún tipo de documentación. También consultan la cantidad de vegetarianos, si alguien tiene alergia a algo y si alguien necesita algo especial. Cuando entra a la sala/avión, la idea es que el público ya tenga otra predisposición. En esta obra no será “pasivo”, porque de entrada es un personaje más.
   Dirigido por Gabi Goldberg y Ruben Segal y protagonizada (y escrita) por Mirna Cabrera, Florencia Orce, Florencia Patiño y Julia Nardozza, además de Pineda, A esta altura no es un espectáculo pretencioso en cuanto a puesta, ya que utiliza recursos mínimos de escenografía para simular un avión. En cambio, la importancia está puesta en la destreza actoral y la amplia formación en clown de las protagonistas, que durante lo que dura la obra/el vuelo intentan invocar (la mayor parte del tiempo con mucho humor) distintas emociones que tienen que ver con “los miedos, las emociones, los deseos no cumplidos, lo dicho y no dicho, el amor”, agrega Pineda.
–Hay cierto prejuicio, en algunos sectores del mundo teatral, de que las piezas cómicas son menos profundas que las dramáticas. ¿Por qué eligen el humor para retratar esas emociones que menciona?
–Porque la risa es nuestro plan de vida para hacer todo. Nosotras somos clown y sin eso nos costaría mucho más enfrentar ciertas cosas. Queremos transmitir eso al público, la idea de la risa como modo de vivir, como decisión polìtica de vida. Es cierto que muchas veces hay prejuicio, como si fueras un actor o actriz de menor valor por no hacer un dramón. Pero también pasa lo otro, pasa que hay gente que te dice que si hacés reir entonces te va a ir a ver, porque necesita encontrarse con cosas que la alegren. La oscuridad, y más ahora, está ahí, al salir a la calle. La risa hay que buscarla. Estamos transitando un momento muy jodido y el humor nos rescata un poco.
–Habla de decisiones políticas en relación a la obra. ¿Ser un colectivo de mujeres también lo es?
–Sí, es una decisión política pero creo que también una cuestión de época. Además de la actuación, nosotras llevamos a cabo la producción de nuestras obras hace muchos años y la luchamos mucho. Somos casi todas madres y varias de nosotras hemos transitado momentos de soledad en los que tuvimos que bancarnos solas. Podemos tener parejas, familias, amigos, pero creemos en la importancia de nuestro desarrollo individual apara luego por poder salir a pelear por nosotras, nuestros hijos y nuestra profesionalización.
–¿Y qué quiso contar con la obra este grupo de mujeres? 
–Partimos de un lienzo en blanco, con la única claridad de que queríamos hablar de un viaje, literal y metafóricamente. Queríamos poder transportarnos a nuestros sueños, a nuestros miedos. Las protagonistas son cinco azafatas que intentan divertir a los pasajeros. Pero las condiciones climáticas les juegan una mala pasada y eso las lleva a reflexionar y transitar sobre esas emociones. En escena no hay mucho más que cinco carros de esos metálicos que tienen los aviones, cinturones de seguridad y algunos objetos. Pero lo que sucede en escena hace que la gente viaje. Antes de estrenar nos preguntábamos si iba a funcionar y es tal cual. La gente viaja con nosotras todos los viernes.

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