viernes, 18 de mayo de 2018

Glaciar Perito Moreno - Santa Cruz

A 80 km de la ciudad de Calafate, un universo de hielos azules que evoca el origen del mundo conmueve a los viajeros que llegan hasta el glaciar en excursiones por tierra o navegando por el Lago Argentino desde Puerto Bandera. 


En el principio no había nada sino hielo y sol. Luego de muchos años, el sol ardiente abrió una hendidura en el hielo. En los bordes de esta hendidura había enormes formas de hielo y las gotas de estas formas fundidas caían y caían. El abismo no tenía fondo.” Así es un Mito Orgota de la Creación, según relata la antropóloga y poeta Ursula K. Le Guin en su maravillosa novela La mano izquierda de la oscuridad. Ursula es una gran viajera conocedora de tierras de glaciares en el Hemisferio Norte; no sorprende que para construir la idea de un mundo anterior al mundo, inhumano y celestial, un universo extremo donde lo lleno es vacío y donde arriba es abajo, haya elegido la imagen del hielo. Quien tenga la oportunidad de caminar sobre el Glaciar Perito Moreno comprenderá al instante las razones de la escritora: rodeado hasta el infinito de un mar azul de luz bajo los pies y otro -o el mismo- sobre la cabeza, el aventurero creerá recordar que ese mundo de belleza imposible ya lo vio en sueños, un sueño en el que el hombre no ha existido jamás.
Por eso tampoco sorprende que el Parque Nacional Los Glaciares -declarado Patrimonio Mundial Natural por la Unesco- sea uno de los enclaves naturales que congrega más cantidad de visitantes en Latinoamérica. La ciudad de Calafate, sobre el Lago Argentino, ha dejado de ser el pueblo tranquilo nacido tras el paso de arrieros que transportaban la lana de las ovejas. Los viajeros de todo el mundo -mucho más que los argentinos- lo convirtieron en el punto de partida de sus exploraciones en el hielo del Perito Moreno, a 80 km de distancia.
 Excursión al Glaciar

Desde Calafate salimos hacia el Glaciar en una excursión (por el momento no existe transporte público). Luego de atravesar una franja de estepas áridas, aparecen algunos bosquecitos de lengas torturadas por el viento, y la mole azul del Glaciar. Comenzamos a caminar por la orilla del Lago Argentino, un suelo ondulado, negro y rayado, como peinado por un cepillo pesadísimo; son las huellas digitales del hielo que hace miles de años, en la Era Glacial, cubría gran parte del planeta y modelaba con su arrastre lentísimo la superficie terrestre. Al aproximarnos, nos asalta la visión imposible de un muro de hielo flotante de cinco kilómetros de frente y 60 metros de altura. Las piernas caminan pero la mente está en blanco, pasmada; no podemos pronunciar una palabra, como quien entra en un templo sagrado y milenario. Un proverbio de los tehuelches, los antiguos habitantes de esta zona, dice: “Cuando cesa el viento, escucha tu silencio”. El silencio es total y da miedo quebrarlo. De repente, algo tiembla en el muro azul, y una porción del frente del Glaciar se desprende, torres azules del tamaño de un edificio de veinte pisos se desploman con un sonido atronador que hace vibrar el suelo. Con asombro casi religioso nos detenemos. Los truenos continúan y lo que antes era glaciar ahora es una masa gigantesca de hielo azul que flota en el agua, gira, se hunde y vuelve a emerger, hasta encontrar la posición estable en que, ya convertido en iceberg, va a iniciar su viaje a la deriva por el lago; durará como una escultura navegante de hielo hasta que el sol termine por derretirlo varios días después.
La caída ha provocado una ola enorme que estalla contra la costa y el agua sube por lo menos cinco metros durante algunos instantes. (No fue una cuestión de suerte: los derrumbes espectaculares se repiten cada pocos minutos.) Luego de este espectáculo se hace comprensible la existencia de pasarelas y barandas en el mirador frente al Glaciar, que limitan una cercanía seguramente peligrosa. También es posible acercarse al Glaciar por agua, en una excursión de todo el día que sale desde Puerto Bandera y navega por el lago. Aunque sin duda la mejor manera de entrar en intimidad con el lugar es acampar en el bosque de lengas centenarias en la costa del Brazo Rico, frente al Glaciar. El bosque fresco y musgoso es un hermoso refugio para los acampantes; quien salga a dar una vuelta escuchará hablar en alemán, sueco, suizo, inglés e italiano; pocas veces en castellano. Los viajeros extranjeros opinan que los viajeros argentinos somos demasiado cómodos.
Vestigios de la Era Glacial
Este parque nacional, creado en 1945, se encuentra en la región de los Andes Patagónicos. Aquí la cordillera está cubierta por la masa del Hielo Continental Sur, un vestigio de la Era Glacial y el área más extensa de glaciares fuera de las regiones polares. Un manto de hielo de 14.000 km de superficie y cientos de metros de espesor sumerge todo menos las montañas más altas. Sólo las cumbres emergen espectacularmente del mar blanco y helado como extraños islotes de roca, que los montañistas llaman nunataks, creando un paisaje onírico. Alimentada constantemente por las nevadas, la masa de hielo se desagota por los enormes glaciares que conocemos en la Patagonia argentina. Algunos escaladores y aventureros realizan travesías de varios días sobre el hielo con esquíes de fondo y trineos de carga. Las condiciones son equivalentes a una travesía por la Antártida; es imprescindible un buen equipo, un estado físico óptimo y un guía experimentado.
El Glaciar Perito Moreno es especial, no sólo por su belleza y accesibilidad, sino por un fenómeno natural único que se da cada cierto número de años (solían ser cuatro o cinco, aunque ahora con el calentamiento global, los Niños y las Niñas, ya no se sabe): la pared de hielo avanza y en determinado momento corta el Lago Argentino en dos, al bloquear el angosto Canal de los Témpanos. Así se forma un dique natural que impide el drenaje del Brazo Rico, el brazo superior del lago; el agua puede subir hasta treinta y seis metros, presionando y horadando el hielo; finalmente el Glaciar se rompe, en un cataclismo de truenos, icebergs, olas inmensas y formas azules que bien pueden sugerir, como en la novela de Ursula, la Creación de un mundo.
De distintos guías escuchamos tres versiones “científicas” acerca de la evolución del Glaciar que, más que aclararnos algo nos ilustran acerca de la relatividad de los criterios de la ciencia: a) que el Perito Moreno es uno de los pocos glaciares en el mundo que todavía crece y avanza, b) que el Glaciar Perito Moreno está retrocediendo, debido a que pierde más hielo del que acumula, y c) que está estacionario, o sea, que ni avanza ni retrocede. Sólo el tiempo dirá.
Otra excursión que vale la pena es la que nos lleva en barco al brazo norte del Lago Argentino, un área remota a la que no acceden los caminos. El barco nos permitirá acercarnos a otros glaciares que sólo pueden verse desde el agua: el gigantesco glaciar Upsala (más grande que el Perito Moreno), y el glaciar Spegazzini, que cuelga de la montaña sobre el lago; el barco se detiene en la Bahía Onelli, y luego de una caminata por el bosque llegaremos a una pequeño lago neblinoso y fantasmal en el que los témpanos flotan a la deriva como espectros blancos; en este lago confluyen tres glaciares: el Onelli, Bolado y Agassiz. Minitrekking

Una manera única de ver el Glaciar Perito Moreno es caminar sobre él. Esto es posible sin ser un escalador experimentado o un kamikaze, gracias a la excursión que nos permite convertirnos en hielonautas por algunas horas. Partimos desde Bajo de la Sombra, un puerto situado a 8 km del Glaciar. Allí, una lancha neumática nos cruza hasta una cabaña situada en la otra orilla. Comenzamos a caminar en fila por un sendero que atraviesa un bosque de lengas y ñires, con el Glaciar siempre a la vista. En ese instante vemos una lancha de excursión que se aproxima a distancia prudencial del muro azul. Todos que damos asombrados por la altura del hielo, que antes no llegábamos a percibir en su magnitud real pero queahora se evidencia en la escala: la lancha de dos pisos es un punto insignificante sobre el Glaciar, y nos viene a la mente un pasaje de un pintor chino del siglo VII, Wang Wei: “Al pintar un paisaje, la Idea debe preceder al Pincel. En cuanto a la proporción, la altura de la montaña es de diez pies; la de un árbol, de un pie; la de un caballo, de un décimo de un pie; la de un hombre, de una centésima de pie”.
Finalmente llegamos a un sitio donde el hielo se junta con la tierra y se hace abordable. Allí los guías nos reparten los grampones, que ajustamos a nuestros zapatos. Son bastante incómodos para caminar sobre la piedra, pero una vez que subimos al hielo y las uñas de metal se clavan a él como ventosas, empezamos a divertirnos. De hecho, pronto se corre la voz de que esto es más fácil que caminar con zapatos normales por la montaña. Si clavamos el grampón con fuerza a cada paso, descubriremos que es posible estar de pie en superficies de un desnivel increíble.
La caminata comienza. El Glaciar de cerca tiene texturas y relieve escarpado; es un mar poroso de grietas profundas -que los guías nos señalan con cuidado-, abismos azules sin fin, y arroyos que horadan un surco turquesa en la superficie del hielo. Por momentos nos hundimos en valles de hielo y no vemos más que azul: en el cielo, bajo nuestros pies, en el horizonte.
Más tarde, de vuelta en el mundo de los hombres y con la emoción todavía en el alma, hacemos un alto en la cabaña del bosque para atender al cuerpo, que pide ese sandwich.

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