martes, 27 de junio de 2017

Jorge Taiana

Entrevista a Jorge Taiana, compañero de Cristina Kirchner en la fórmula de Unidad Ciudadana para el Senado

“Vamos a hablar de quienes pierden sus derechos”

Taiana surgió a último momento como el compañero de la ex presidenta para la decisiva elección en la provincia de Buenos Aires. Aquí explica su relación con el Movimiento Evita, Florencio Randazzo y la campaña que se viene.


Pese a sus muchos años de militante político, también su pasado como legislador y canciller, resultó una sorpresa del cierre de listas la aparición de Jorge Taiana como el compañero de fórmula de Cristina Kirchner para el Senado. Primero porque su salida del gobierno de CFK había sido complicada y, además, el Movimiento Evita, al que pertenece, es uno de los apoyos de Florencio Randazzo. En su primer día hábil como candidato, Taiana participó de la sesión del Parlasur en Montevideo –cargo al que deberá renunciar si resulta electo senador lo mismo que Daniel Filmus y Agustín Rossi, entre otros que se presentarán en octubre– y, a su vuelta, conversó con PáginaI12 sobre las alternativas que rodearon a su postulación y de cómo será la campaña que ya arranca.
–¿Cómo fue el ofrecimiento de Cristina Kirchner? ¿Ya venían hablando sobre la posibilidad de una candidatura?
–No, retomamos el contacto con el ofrecimiento de ella. Había habido algunos gestos antes. Para el 17 de octubre pasado hicimos en la UMET un acto y ella participó en videoconferencia y estuvimos charlando. Es un antecedente de nuestra buena vinculación, también las declaraciones coincidentes que hemos hecho sobre varios temas. Esta vez, ella me llamó y me hizo el ofrecimiento concreto. Hablamos un poco de política antes. Nosotros en general siempre hemos tenido buen diálogo. Tenemos facilidad para ese diálogo y cierta confianza política.
–Compartieron gestión durante varios años.
–Claro, nos entendemos con bastante facilidad. Por ejemplo, en la lectura de este proceso económico que encabeza Mauricio Macri, en el tema de cómo hay que poner el acento en la pérdida de derechos. El acto de Arsenal me hizo acordar mucho al cierre de campaña de Cristina de 2011. Aquel acto en el Coliseo donde ella, sin dirigentes porque estábamos todos sentados, presentó en el escenario a los que habían ganado derechos durante el kirchnerismo. A la científica retornada, a la de la AUH, al matrimonio igualitario, todo una serie de sectores. Ahora es lo mismo pero al revés. Estuvieron en el acto los distintos sectores pero que en vez de ganar derechos los perdieron. Y en cierto sentido me hace acordar a la campaña de 2005 también, en la que tuve un rol cercano porque era el tercer candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires y ella candidata a senadora y fuimos para derrotar a Duhalde y consolidar el proceso de transformación. Así que tenemos antecedentes y experiencias comunes. 
–¿En esa charla política previa al ofrecimiento de qué conversaron?
–Coincidimos en esto de tratar de interpretar, es algo en lo que insiste mucho Cristina, expresar las preocupaciones y las necesidades de la gente y de los distintos sectores que están siendo afectados. Perdón: de los que son afectados y de los que van a ser afectados. 
–¿Usted pertenece a la conducción nacional del Movimiento Evita pero allí decidieron apoyar la candidatura de Florencio Randazzo? ¿Cómo quedó su posición ahora?
–Es un desacuerdo que yo he tenido, obviamente. Yo lo expresé con anterioridad, no apoyé esa decisión. Ahora lo que voy a hacer es pedir licencia, no voy a seguir participando de las reuniones de la conducción. Yo aposté mucho al concepto de unidad, es algo muy importante. En general se tiende a pensar que las elecciones de medio término son parar abrir, para mostrar todos los matices, los diferentes proyectos, para ampliar espacios, porque no se define el Ejecutivo. Por distintas razones que tienen que ver con la situación que atraviesa Argentina, estas elecciones de octubre son distintas. Hay una definición política detrás fuerte. Está claro que el Gobierno busca validar el triunfo de 2015 para seguir con la profundización de un modelo neoliberal. Si el Gobierno sigue avanzando, arrasando con conquistas y con un modelo de país con una integración productiva y un desarrollo sustentable, para imponer el modelo de una Argentina agroexportadora, extractiva de hidrocarburos y minerales y un poquito de turismo y servicios. Esa batalla política requiere de un esfuerzo de unidad grande.
–¿Es cierto que usted hizo de nexo para el diálogo que mantuvieron Cristina Kirchner y Randazzo el día antes del cierre?
–Fue un último esfuerzo para que se viera que nosotros teníamos voluntad de unidad. Es lo que hicimos en Capital Federal con éxito. No fue fácil pero ahí con un grupo de compañeros logramos hacer un esfuerzo de unidad al que se sumaron otros sectores por fuera de peronismo incluso. Hay que hacer un esfuerzo para lograr una respuesta política que permita defender mejor los derechos de las mayorías, la posibilidad de un país más inclusivo y con mayor justicia.
–¿Randazzo se equivoca en su planteo sobre la necesidad de “renovar” el peronismo? 
–La realidad ha demostrado que cómo se procesan las derrotas son temas a veces complejos. Se puede volver al modelo de la renovación luego de la derrota de 1983 que encabezó Antonio Cafiero, pero lo cierto es que hoy el peronismo no está en la misma situación que estaba en 1983. La elección de 2015 es una derrota electoral pero encuentra a una ex presidenta que tiene dos mandatos cumplidos y el apoyo significativo de un sector social. Otros caminos de la renovación, ya sea en el peronismo bonaerense o en otros lugares, no han logrado destacarse. Me parece claro que hoy el rol central en el peronismo como punto de acumulación de la oposición lo da Cristina. Esa es la realidad, por eso hay que sumarse a eso. 
–Randazzo recibió ayer críticas en las redes porque su primer mensaje fue para criticar una declaración de Fernanda Vallejos, la candidata a diputada de Unidad Ciudadana.
–Por eso, cuando se habla de esfuerzo de unidad es que hay que hacer un esfuerzo. Y la necesidad de la unidad está por encima de matices y de expectativas personales. Lo que muestra la realidad es que la fuerza más importante de acumulación dentro del peronismo y del movimiento popular es Cristina. 
–¿Ya conversaron acerca de cómo será la campaña?
–Hablamos algunas cosas. Sin dudas tendrá un eje centrado en buscar interpretar lo que le está pasando a las personas. Hablar de quiénes pierden derechos, hablar de cómo se los defiende y hablar de cómo se los puede recuperar. Nuestro esfuerzo en la campaña irá en esa dirección. Lo que expresó Cristina en su acto y lo que expresa mucho de la lista de candidatos es eso. Hay allí desde un ex presidente del Conicet a gente vinculada con los sectores productivos y de otros sectores con los que realmente se busca hacer una renovación. Eso sí que es una renovación política. Estaba leyendo hoy un tuit de Iñigo Errejón, de Podemos, que hablaba de un gran acto que hizo el laborista inglés James Corbyn, que es un fenómeno interesante. A Corbyn lo daban muerto a fin del año pasado, había perdido las elecciones municipales, le iba terriblemente mal. Y Corbyn tuvo un impacto en los jóvenes, logró una gran movilización de jóvenes que politizó e incorporó al Partido Laborista y en estos últimos tres meses logró, hablando de los problemas concretos de la gente, una recuperación muy grande del caudal político del laborismo que parecía que iba al desastre. Creo que hay cambios en la política, cambios en el sistema de partidos, y de alguna manera Unidad Ciudadana intenta expresarlos más adecuadamente. 
–¿Unidad Ciudadana excede a lo que podría considerarse el peronismo tradicional?
–Yo soy muy peronista. Así que creo que las banderas de justicia social, de independencia económica y soberanía política son banderas, no sólo históricas, sino muy presentes y muy decisivas para el peronismo. Lo que hay que hacer es interpretarlas. El peronismo siempre ha tenido una vocación por un lado frentista y por el otro transformadora. De lo que se trata el peronismo es de transformar, de hacer por lo que menos tienen, de reconstruir el tejido productivo. Los que defienden las banderas del peronismo están en las listas que encabeza Cristina.
–Es ex canciller y pertenece a la mesa directiva del Parlasur, ¿los temas internacionales van a estar en la campaña?
–Hay un par de cuestiones. El tema de la integración es un tema que hay que tocar porque la están debilitando enormemente. Y hay que hablar también de las negociaciones Unión Europea-Mercosur de la cual sabemos de verdad muy poco. El Gobierno está diciendo que va a haber un acuerdo antes de fin de año y es muy difícil que ese acuerdo pueda resultar equilibrado. Es un tema que también nosotros tenemos que poner en agenda. 

Quita de pensiones por discapacidad

LA MERCED

Le quitaron la pensión por discapacidad: “Fui a cobrar y no figuraba. Volvimos a casa, nos abrazamos y lloramos con mis hijos”

Pablo Quipildor tuvo que realizarse y presentar todos los estudios médicos nuevamente. Le dijeron que la restitución del beneficio podría durar entre 3 y 4 meses. Era el único ingreso de la familia. 


Pablo César Quipildor (40), un vecino discapacitado de barrio Güemes, de La Merced, carece del 76% de su capacidad visual y 35% de la auditiva, tras un accidente ocurrido en 2002. Hace tres años accedió a una pensión del Estado nacional, pero el primero de este mes cuando fue a cobrar le dijeron que su saldo era cero, que le habían quitado el beneficio.
“Fui al cobrar al pagador del Correo, como todos los meses. Estaba muy contento porque este mes iba a llegar el aguinaldo, pero cuando me tocó el turno me dijeron que el saldo era cero, que ya no tenía la pensión”, contó Quipildor.
La familia del joven mercedeño está integrada por su mujer, enferma de diabetes y chagas, y sus dos hijos: un menor, de 9 años de edad, y una hija de 20 años estudiante de enfermería, a quien también este mes le dejaron de pagar el Plan Progresar. Estos eran los dos únicos ingresos de la familia. Uno, el de Pablo, se destinaba a la alimentación y el de su hija, para solventar sus estudios. Quedaron sin nada.
“Yo cobraba 5.800 pesos de pensión contando el salario de mi hijo. Nos dejaron sin tener ni para comer. No tenemos ninguna otra entrada de dinero. Mi papá que es jubilado, separó un poquito este mes para ayudarnos”, relató el hombre muy angustiado.
“Cuando me dieron la mala noticia, regresamos a mi casa. Nos abrazamos y lloramos mucho. Gracias a Dios, tomó intervención la Municipalidad de La Meced, que ahora me van a dar una ayuda económica hasta que solucione este tema, si es que se soluciona”, dijo Quipildor.
Una angustiosa espera
De acuerdo a su relato, tras realizar el reclamo en la sede local de Desarrollo Social de la Nación, le dijeron que se trató de un error, pero que debía presentar nuevamente todos el historial médico y someterse a nuevos estudios. “Ya cumplí con todo lo que me pidieron y lo entregué en la oficina de Desarrollo Social de la Nación. Me dijeron que van a resolver el tema, pero que puede tardar de tres a cuatro meses”, explicó el joven discapacitado.
Intervino, además, la Secretaría de Promoción Social de La Merced, para agilizar los trámites.
Al respecto, el intendente Juan Angel Pérez anticipó: “Vamos a entregarle un subsidio con el mismo monto que cobraba como pensión por discapacidad, hasta que se resuelva esta situación tan angustiantes, porque esta familia quedó desamparada”.

San Cirilo de Alejandría

San Cirilo de Alejandría

San Cirilo, obispo y doctor de la Iglesia, que, elegido para ocupar la sede de Alejandría de Egipto, mostró singular solicitud por la integridad de la fe católica, y en el Concilio de Éfeso defendió el dogma de la unidad y unicidad de las personas en Cristo y de la divina maternidad de la Virgen María.
Su autoridad sirvió santamente los designios de Dios. San Cirilo es famoso por su defensa de la ortodoxia contra la herejía, particularmente contra el nestorianismo.

Arzobispo de Alejandría (Egipto). Defensor de la doctrina que proclama a María la Theotokos: Madre de Dios. Esta doctrina fue proclamada como dogma en el Concilio de Efeso (431) que San Cirilo presidió bajo la autoridad el Papa Celestino. Su gran oponente era Nestóreo, patriarca de Constantinopla.

Al ponerse en duda que María es madre de Dios se ponía en duda la identidad de Jesucristo quien es una persona divina. Por eso San Cirilo no solo aportó a la Mariología sino también a la Cristología.

El argumento de San Cirilo: María es la Theotokos, no porque ella existiese antes de Dios o hubiese creado a Dios. Dios es eterno y María Santísima es una criatura de Dios. Pero Dios quiso nacer de mujer. La persona que nace de María es divina por lo tanto ella es madre de Dios.

Su santa defensa de la verdad le ganó la cárcel y muchas luchas pero salió victorioso.

 Cirilo de Alejandría (Alejandría, c. 370/3 - ibíd., 444) fue un eclesiástico romano natural de Egipto, Patriarca de Alejandría desde 412 hasta su muerte,

Sobrino del obispo Teófilo, acompañó a su tío al Sínodo de la Encina (403), en el cual fue depuesto Juan Crisóstomo. Más tarde sucedió a su tío como obispo y patriarca de la sede alejandrina (412). Muchos se opusieron a su nombramiento, quizá por su genio impaciente y dominador. Su episcopado se caracterizó por la presión contra judíos, paganos y otras confesiones cristianas, así como por sus roces con las autoridades imperiales y su lucha de poder con el Patriarcado de Constantinopla.

Sus obras atestiguan un conocimiento extenso, además de la Biblia y de los escritores eclesiásticos, de los autores no cristianos de su época. Parece ser que durante un tiempo se retiró al desierto, donde recibió de los monjes educación ascética, según se deduce de las cuatro cartas que le escribió Isidoro de Pelusio. Es considerado santo por las Iglesias Católica, Ortodoxa, Copta y Luterana

En 1882 Cirilo fue proclamado doctor de la Iglesia por el Papa León XIII, quien al mismo tiempo atribuyó el mismo título a otro importante exponente de la patrística griega, san Cirilo de Jerusalén. Esta proclamación se basó en su firmeza al servicio de la doctrina y en la valentía demostrada en defensa de la verdad católica, en particular contra el supuesto error de Nestorio, patriarca de Constantinopla, por lo que corrió el riesgo de ser desterrado y durante algunos meses vivió la humillación de la cárcel: “Nosotros —escribió— por la fe de Cristo estamos dispuestos a padecerlo todo: Las cadenas, la cárcel, todas las incomodidades de la vida y la misma muerte”.
 El 17 de octubre del año 412 sucede a su tío en el patriarcado alejandrino. Su episcopado continuó su feroz lucha de poder entre las sedes de Alejandría y Constantinopla, pero además se caracterizó por un nuevo aumento de la presión contra paganos, herejes y judíos (tras la calma de los últimos años de Teófilo) y sus roces con el poder imperial. Uno de sus primeros actos fue la persecución de los novacianos (a pesar de la existencia de un edicto imperial de tolerancia hacia ellos): ordenó cerrar por la fuerza sus iglesias, expulsándolos del país, y decomisó el patrimonio tanto eclesiástico como privado del obispo novaciano Teopento.

Cirilo persiguió también a los mesalianos (del sirio msaliyane = orantes), que ya habían sido declarados herejes en el sínodo de Side de Panfilia del año 390. Los mesalianos defendían la creencia que la salvación sólo se puede ganar gracias a la continua oración.

En 414, Cirilo instigó una serie de motines antijudíos y expropió casi todas las sinagogas de la capital egipcia para convertirlas en iglesias cristianas. El Patriarca hizo comparecer ante sí a los principales líderes judíos, lo cual suscitó una revuelta nocturna de protesta ante tales actos. En respuesta a este suceso, una gran muchedumbre, dirigida por Cirilo, asaltó y destruyó la sinagoga principal y saqueó las propiedades de los judíos. Por último, el Patriarca desterró a los judíos de Alejandría involucrados en los disturbios, incluidos mujeres y niños, privados de su hacienda y de alimentación, en un número de, presuntamente, cien mil o incluso de doscientos mil.

El prefecto Orestes se quejó ante el emperador Teodosio II por estos actos. Inmediatamente una horda de 500 monjes del desierto de Nitria partió hacia Alejandría para proteger al Patriarca, ante su inminente deposición. Al ver que el Prefecto estaba en un carro, los monjes se abalanzaron sobre él y uno de ellos, llamado Amonio, hirió de un golpe en la cabeza a Orestes. Amonio fue apresado, torturado y ejecutado. Cirilo rindió al atacante honores de mártir.

En 415 ó 416 una turba de cristianos fanáticos asesinó a la célebre filósofa Hipatia, maestra del prefecto Orestes. Debido a ello, durante siglos se ha acusado a Cirilo de ser el principal responsable de la muerte de la filósofa, aunque no hay certeza sobre su papel en la misma. El autor más cercano a los hechos, Sócrates Escolástico, indica que la muerte fue causa de oprobio para Cirilo y la iglesia de Alejandría, lo que sugiere una implicación del patriarca y su entorno en los hechos. La acusación aparece formulada con más claridad en la obra de Damascio, filósofo pagano del siglo VI que sufrió la persecución del emperador Justiniano I, y cuyo testimonio sobre Hipatia aparece recogido en la enciclopedia bizantina Suda. El obispo copto del siglo VII Juan de Nikiû confirma los hechos y justifica la muerte de Hipatia, a la que presenta como una bruja peligrosa. El propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. En 422 otra turba asesinó al sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto.

Cirilo fue una figura de relieve por el desarrollo teológico de sus escritos, en especial por su defensa de la unión entre la divinidad y la humanidad de Jesús, frente a las tesis de Nestorio, que en el año 428 ascendió a la sede de Constantinopla. Cirilo aprovechó el error dogmático de Nestorio para deponerlo de su sede. Participó activamente en el Concilio de Éfeso (431), convocado por el emperador Teodosio II, y logró que se proclamara a María la Theotokos: Madre de Dios. Cirilo presidió el Concilio bajo la autoridad el Papa Celestino I.

Cirilo abrió las sesiones con 154 obispos de su partido sin esperar a que llegaran los obispos antioquenos, sirviéndose de cuantiosísimos sobornos durante todo el proceso. Sus regalos fueron tan abrumadores que, de hecho, logró que el emperador Teodosio II, en principio contrario al patriarca alejandrino, cambiara de parecer, y acabara por deponer y desterrar a su rival dogmático.
 Sus numerosas obras están recopiladas en 10 tomos de la Patrologia Graeca de Migne. Aun cuando no se opuso a las decisiones del Concilio de Nicea, tampoco era proclive al uso de la terminología admitida en ese sínodo debido, según afirmaba, a que se trataba de expresiones que no están contenidas en la Biblia y pertenecen más bien a la filosofía griega.

Exégesis escriturística:

    Comentario al Evangelio de San Juan;
    Glaphyra;
    Sobre la adoración y el culto en espíritu y en verdad.

Polémicas:

    Contra las blasfemias de Nestorio;
    Tesoro de la santa y consustancial Trinidad: frente a los arrianos.
 San Cirilo nació en el año 370, y desde el 412 al 444, año de su muerte, tuvo firmemente en mano las riendas de la Iglesia de Egipto, dedicándose al mismo tiempo en una de las épocas más difíciles en la historia de la Iglesia de Oriente a la lucha por la ortodoxia, en nombre del Papa san Celestino. En esta firmeza al servicio de la doctrina y en la valentía demostrada en defensa de la verdad católica está la santidad del luchador obispo de Alejandría, aunque reconocida tardíamente, por lo menos en Occidente.

En efecto, solamente bajo el pontificado de León XIII su culto se extendió a toda la Iglesia latina, y tuvo el título de “doctor”.

Por la defensa de la ortodoxia, contra el error de Nestorio, obispo de Constantinopla, corrió el riesgo de ser desterrado y durante algunos meses vivió la humillación de la cárcel: “Nosotros—escribió—por la fe de Cristo estamos listos a padecerlo todo: Las cadenas, la cárcel, todas las incomodidades de la vida y la misma muerte”.

En el concilio de Éfeso, del que Cirilo fue protagonista, quedó derrotado su adversario Nestorio, que había suscitado una verdadera tempestad en el seno de la Iglesia, pues negaba la maternidad divina de María.

Título de gloria para el obispo de Alejandría fue el haber elaborado en esta ocasión una auténtica y límpida teología de la Encarnación. “El Emanuel tiene con seguridad dos naturalezas: la divina y la humana. Pero el Señor Jesús es uno, único verdadero hijo natural de Dios, al mismo tiempo Dios y hombre; no un hombre deificado, semejante a los que por gracia se hacen partícipes de la divina naturaleza, sino Dios verdadero que por nuestra salvación apareció en la forma humana”. De particular interés es la cuarta de las siete homilías que pronunció durante el concilio de Efeso, el célebre Sermo in laudem Deiparæ. En este importante ejemplo de predicación mariana, que da comienzo a un rico florecimiento de literatura en honor de la Virgen, Cirilo celebra las grandezas divinas de la misión de María, que es verdaderamente Madre de Dios, por la parte que tuvo en la concepción y en el parto de la humanidad del Verbo hecho carne.

Controversista maravilloso, Cirilo volcaba los ríos de su fecunda oratoria. Teólogo de mirada aguda, fue al mismo tiempo celoso pastor de almas. En efecto, además de sus tratados exclusivamente doctrinales, tenemos de él 156 Homilías sobre san Lucas de carácter pastoral y práctico, y las más conocidas Cartas pastorales, que se encuentran en 29 homilías pascuales.
Hipatia y Cirilo de Alejandría, errores en una leyenda negra
El uso, y abuso, de leyendas negras con el único fin de querer desprestigiar a la Iglesia. no es una novedad, es algo que históricamente se repite cíclicamente pese a que ya una y otra vez la verdad siempre brilla.

La relación entre Hipatia y San Cirilo, actualizada en nuestros días por una película que no vamos a nombrar, no fue tan truculenta como nos quieren hacer creer. Veamos algunos de los tantos errores históricos en que caen los enemigos de la Iglesia, ahora disfrazados de productores cinematográficos:

1) Hipatia, protagonista de la misma, no fue asesinada siendo joven y hermosa, sino que murió en el año 415, a los 61 años de edad (una anciana en aquella época) Claro, que sabiendo que el espectador se suele identificar con el protagonista -y por tanto también con la ideología que pretende transmitir-, no se ha dudado en recurrir a la guapa actriz Rachel Weisz, de 38 años. Es más fácil que el espectador se identifique con alguien atractivo, joven y bello (el caso de esta actriz), que con un personaje histórico feo o viejo (la verdadera Hipatia a la edad en que murió)

2) Hipatia no destacó por ser astrónoma, ni se adelantó a Kepler en más de mil años, sino que simplemente fue una filósofa de la escuela platónica. Esta es la única referencia histórica que existe sobre ella, y se debe al obispo cristiano Sinesio de Cirene, quien, al contrario de como le pinta la película, hablaba bien de ella.

3) Dicho obispo, a quien la película muestra como traidor y cómplice en el asesinato de la filósofa, murió dos años antes que ella, por lo que es imposible que tuviera nada que ver con su muerte.

4) Hipatia también tenía buenas relaciones con otros cristianos, como es el caso del curial Amonio o del Patriarca Teófilo, así como de muchos cristianos fervientes que, contemporáneos con los sucesos, no dudaron en defender su personalidad. Como por ejemplo, Timoteo, en su Historia Eclesiástica. También fue un cristiano, Sócrates Escolástico, quien en su Historia Eclesiástica (VII,15), escrita con posterioridad a la muerte de la alejandrina, la encomió como "modelo de virtud".

5) Hipatia no fue virgen "para ser igual que un hombre y poder ejercer una profesión con plena dedicación", como ha declarado la protagonista de la película, quien se considera "feminista radical", sino porque, coherente con su filosofía platónica, ejercía la "Sofrosine" (el dominio de uno mismo a través de las virtudes, entendidas como el control de los instintos y las pasiones).

6) La mujer no fue libre en Grecia y Roma hasta que llegó el cristianismo y la sometió la sujeción del hombre, como quiere transmitir la película, sino que en Grecia la mujer era considerada como un objeto más de la casa, y en Roma no era una «sui iuris», es decir, titular de derechos, sino que era considerada "capiti diminutio", como un niño o un incapacitado y, por tanto, estaba sometida a la tutela o la "manus" del padre o del marido. Por el contrario, fue el cristianismo el que consideró al hombre y a la mujer iguales en naturaleza, pues ambos son hijos de Dios y hermanos en Cristo; y prueba de ello es que las primeras manifestaciones de mujeres libres autodeterminándose, pese a la voluntad de sus padres o del estado, fueron las primeras mártires cristianas víctimas de las persecuciones romanas, tales como Santa Inés, Santa Ágata o Santa Cecilia.

Presentar a la mujer en el ámbito de lo que fue la sociedad pagana, en unas condiciones de emancipación como las que caracterizan a Hipatia, resultaría absolutamente incomprensible si no se advierte al mismo tiempo que es el creciente desarrollo del cristianismo y su concepción de igual dignidad de hombre y mujer que lo hacen posible. El paganismo, los clásicos griegos y romanos, confieren a la mujer un papel subalterno y esencialmente doméstico y para nada vinculado a las instituciones públicas, excepto en determinados y específicos cultos religiosos. Es decir, Hipatia es el resultado de la evolución de una sociedad influenciada de manera creciente por el cristianismo. Esto Amenábar lo oculta.

De la misma manera que Amenábar presenta a Hipatia, es necesario recordar otras figuras de mujeres filósofas o escritoras, como Eudocia, nacida en una familia pagana como Atenais y convertida luego al cristianismo. La presencia pública de mujeres en una sociedad que se estaba cristianizando sólo se explica por este último hecho, lo cual contradice frontalmente lo que Amenábar nos relata.

7) Fue precisamente San Cirilo de Alejandría -personaje que en el fondo persigue la leyenda de Hipatia- el que más ha exaltado en la historia de la humanidad la condición femenina, pues a él se debe la expresión "Theotokos", palabra griega que significa "Madre de Dios". Él fue quien derrotó a la herejía nestoriana en el Concilio de Éfeso del año 431. En esencia, la disputa consistía en si María era madre de Cristo o madre de Dios. San Cirilo consiguió que se convocase un concilio en Éfeso, lugar donde vivió sus últimos años la Virgen María, y logró que la Iglesia declarase el primer dogma mariano de la historia: María, Madre de Dios. Hasta aquel momento nadie en la historia había conseguido colocar a un ser humano mujer por encima de cualquier hombre.

8) Hipatia nunca fue directora de la Biblioteca de Alejandría, ni ésta fue destruida por los cristianos, sino que fue incendiada por Julio César, saqueada como el resto de la ciudad por Aureliano en el año 273, y rematada por Diocleciano en 297. En el año 391 fue destruido lo que quedaba del templo del Serapeo después de la destrucción por los judíos en tiempos de Trajano, y también el repaso que le pegó Diocleciano, quien, para conmemorar la hazaña, puso allí su gran columna, razón por la cual los cristianos lo destruyeron, ya que él era el símbolo de las persecuciones que sufrieron durante trescientos años. Pero lo que allí quedaba de la biblioteca era tanto como lo que restaba en otros sitios.

9) El paganismo siguió existiendo en Alejandría hasta que llegaron los árabes. Concretamente, el neoplatonismo siguió floreciendo allí hasta varios siglos después de la muerte de Hipatia: la escuela platónica de Alejandría continuó funcionando con normalidad durante más de 200 años, hasta que lo recuperó el Renacimiento cristiano. Además, su más brillante exponente fue San Agustín, coetáneo de Hipatia.

La historia de Hipatia ha sido objeto de una recurrente manipulación, fundamentalmente con el fin de atacar a la Iglesia: desde la Ilustración hasta el feminismo radical actual. Amenábar, pues, no es original ni siquiera en eso. Según el "iluminado" Voltaire, "desde la muerte de Hipatia hasta la Ilustración, Europa está sumida en la oscuridad; la Ilustración, al rebelarse contra la autoridad de la Iglesia, la revelación y los dogmas, vuelve a abrir la iluminación de la razón". En cuanto al segundo ejemplo de manipulación -el del feminismo radical-, podemos observar el que hace Úrsula Molinaro, según el cual Hipatia fue la campeona del amor libre, pese a que en realidad era virgen.

La verdadera historia de Hipatia se ha transformado artificialmente en la leyenda del "Crimen de Alejandría", cuyo protagonista principal es el obispo San Cirilo. La atribución directa a este último del asesinato de Hipatia se debe al escritor pagano Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas y autor de la "Vida de Isidoro" (una apología del paganismo de finales del s.V y principios del s.VI), quien exiliado en Persia tras su cierre por orden de Justiniano, y dispuesto a azuzar las maledicencias contra San Cirilo, a quien tuvo por rival -en un tiempo de rivalidades religiosas fortísimas y extremas-, le atribuyó el homicidio sin más fundamento que sus propias conjeturas. Porque esto y no otra cosa es lo que, desde entonces y hasta hoy, siguen haciendo cuantos rivalizan endemoniadamente contra la Fe católica. Han pasado siglos desde el lamentable episodio y nadie ha podido aportar otro cargo contra el gran santo de Alejandría que no fuera la sospecha, el rumor, la hipótesis trasnochada o la presunción prejuiciosa.

Pero la leyenda en sí misma surge en 1720, con la obra de John Toland (irlandés, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que se hizo protestante y posteriormente activo militante del ateísmo en la Gran Logia de Londres) Después vino Voltaire; después, el historiador Edward Gibbon, quien, para argumentar su tesis acerca de que el cristianismo es la causa interna de la decadencia del Imperio Romano, utiliza la leyenda de Hipatia y declara a Cirilo responsable de todos los conflictos que estallaron en Alejandría en el siglo V. Más tarde llegarán las versiones románticas de Leconte de Lisle y otros, y finalmente el feminismo radical, para el que Hipatia fue la primera mártir de la misoginia propia del cristianismo. Todos los autores citados, y alguno más, tienen una cosa en común: son masones reconocidos. De nuevo, la Masonería aparece de fondo, entre bambalinas, cada vez que surgen ataques mediáticos contra la religión, y concretamente contra el cristianismo (enemigo secular de su ideología y por tanto de su imposición a todo el mundo) como ha hecho siempre, empleando para ello diferentes medios adaptados a cada momento histórico)

El maltrato y la muerte de Hipatia no es imputable a los cristianos, como tampoco lo es a San Cirilo de Alejandría. El origen de tal acusación se debe, como se ha señalado antes, al pagano Damascio, enemigo acérrimo de San Cirilo, y simplemente ha sido repetida desde entonces por todos los enemigos de la Iglesia para atacarla. No hay mentira mayor que la que sostiene que "los historiadores coinciden en responsabilizar a Cirilo de Alejandría por el asesinato de Hipatia". Coinciden los enemigos frenéticos de la Iglesia Católica, no los historiadores o los genuinos estudiosos del caso:

No coinciden (y discrepan con la leyenda negra oficial impuesta finalmente por el Iluminismo) el arriano Filostorgio, el sirio Juan de Éfeso, los jansenistas Le Nain de Tillemont y Claude Pierre Goujet, o el erudito Christopher Haas en su "Alexandria in Late Antiquity: Topography and Social Conflict", publicado en 2006. No coincide tampoco Thomas Lewis, quien redactara ya en 1721 la célebre impugnación de la mentira a la que tituló sugestivamente "La Historia de Hypatia, la imprudentísima maestra de Alejandría: asesinada y despedazada por el populacho, en defensa de San Cirilo y el clero alejandrino. De las calumnias del señor Toland". No coincide Miguel Ángel García Olmo, quien advierte en la maniobra acusadora un "afán de mancillar la ejecutoría de un pastor teólogo de vida esforzada y ejemplar como fue Cirilo de Alejandría, venerado en Oriente y en Occidente"; y ni siquiera se atreve a coincidir Gonzalo Fernández, quien en su obra "La muerte de Hypatia", del año 1985, a pesar de la ninguna simpatía que manifiesta hacia el santo, llamando tiránico a su ministerio, concluye en que "ninguna de las fuentes sobre el linchamiento de Hipatia alude a la presencia de parabolani entre sus asesinos". Los parabolani eran los miembros de una hermandad de monjes alistados voluntariamente para el servicio, principalmente entre los enfermos, y que en su momento respondieron incondicionalmente a San Cirilo, recibiendo la acusación de consumar el linchamiento de Hipatia. Recuérdese que también Aguinis menciona a "un grupo de monjes", como causa instrumental del delito. No coinciden los hechos. Porque el mismo San Cirilo, que lamentó y reprobó el crimen de Hipatia, amonestó enérgicamente en su Homilía Pascual del 419 a la plebe alejandrina, dada a participar en turbamultas feroces y sanguinarias como la que puso desdichado fin a la vida de la filósofa. Si no se le cree al santo, las novelas de Lawrence Durrel -concretamente las de su Cuarteto de Alejandría- resultan una buena fuente para conocer el carácter sangriento y cruel de esas tropelías feroces del populacho alejandrino. Sin olvidarnos de que fueron esas mismas hordas las que dieron muerte a dos obispos cristianos, Jorge y Proterio, en el 361 y 457 respectivamente.

El anticristianismo de la película es, pues, más que obvio, y nada disimulado; el mensaje de fondo se puede resumir en tres puntos:

1) Los cristianos son violentos, machistas y contrarios al progreso, la cultura y la razón.

2) Jesús podría haber sido magnífico, pero no sus seguidores.

3) Según el propio Amenábar, la civilización antigua era un prodigio de ilustración "de no haberse dado ese traspiés que fue la Edad media y la caída del Imperio Romano, y de no haberse paralizado el mundo durante 500 años".

Con estos prejuicios ideológicos, totalmente ajenos a la verdad histórica, es lógico que Amenábar denuncie el inventado fanatismo de la intolerancia religiosa. Lo curioso es que para ello tenga que mirar al pasado, manipulándolo además -¿más desmemoria histórica?- y no refleje uno de los mayores integrismos actuales, que justamente va en la dirección opuesta: la actual intolerancia antirreligiosa, de la que él es, de nuevo hay que
decirlo, simple punta de lanza. La Hipatia
que retrata el director no es la real, pero a los espectadores no se les va a advertir esa ausencia de base histórica, sino que se les pretende hacer creer justo lo contrario.

Parece que Amenábar ha ´olvidado´ un pequeño detalle en su película: los que persiguieron masivamente, reprimieron, torturaron y mataron fueron los paganos a los cristianos en nombre del paganismo y de razones que hoy nos parecen brutalmente irracionales, como lo constatan las propias actas de los juicios romanos. Amenábar engaña y miente con las imágenes y el argumento, que hace de la película más cara rodada en España un simple panfleto político anticristiano. Al final va a tener razón: la situación de entonces se parece a la actual (los paganos persiguiendo a los cristianos, y no como él nos lo quiere vender).


"Una serena pasión" - Terence Davies

"Una serena pasión" - Terence Davies

Mi alma es mía

La nueva película del británico Terence Davies, un realizador injustamente secreto y que para muchos resultará un descubrimiento, es Una serena pasión y se basa en la vida de Emily Dickinson. Tarea complicada la de ponerse al hombro un nombre célebre y un relato de época pero Davies (con Cynthia Nixon, la Miranda de Sex and the City como la poeta) hace una biografía que no se parece a ninguna otra ni intenta aplicarle al personaje las éticas y modos del siglo XIX: le importan más los climas y tonos y las emociones que atraviesan a la protagonista que convertirla en una heroína protofeminista o seguir una cronología rígida y predecible.


Soy nadie. ¿Tú quién eres?
¿Eres tú también nadie?
Ya somos dos entonces. No lo digas:
lo contarían, sabes.
Emily Dickinson, Poema 288.
Religión. Reclusión. Deseo. Amor. Muerte. Esos podrían ser los cinco grandes temas en la vida y la obra de Emily Dickinson, la gran poeta norteamericana a la que casi nadie leyó en vida. Una vida signada por la rebeldía ante los dogmas y reglas prácticas del protestantismo, la imperiosa necesidad de no caer rendida a las reglas sociales del matrimonio y la maternidad y una cada vez más acentuada resistencia a abandonar, primero su Amherst, Massachusetts, natal, luego los confines de su hogar y, finalmente, los límites de su cuarto. Todo eso y, desde luego, la poesía, que llovía a cántaros entre las horas de la madrugada y el amanecer, cuando el resto de la casa se entregaba al descanso del sueño y la misma naturaleza parecía congelada, antes de estallar en luces y colores. Dickinson es el centro del universo en el último largometraje del realizador británico Terence Davies, una película de época que se parece en poco y en nada a la típica película de época a la que el cine nos ha venido acostumbrando casi desde sus orígenes. El título es elocuentemente acertado: no hay aquí grandes pasiones –amorosas o de otras índoles– ni enormes despliegues escenográficos. Mucho menos, un intento por adaptar al siglo XIX las éticas y modos del XXI: ni guerrera ni mártir ni quema-corpiños, el proto feminismo de Dickinson sólo podía respirar de modo embrionario. La primera y breve escena de la película no podría ser más representativa de sus virtudes. La directora del seminario Mount Holyoke pide a un grupo de alumnas que se dividan en dos grupos: las que deseen seguir el camino de Cristo y entregarse a la salvación, hacia la derecha; aquellas otras que, en cambio, apuesten a seguir una vida convencional confiando en que podrán formar parte del Arca, a la izquierda. Sola, en medio de ambos contingentes, una Emily de dieciséis años. Lo que sigue es un breve diálogo entre la Institución y el Cordero Perdido. “Mi alma es mía”, dirá la muchacha por primera pero no última vez en el film, afirmación que será consecuentemente interpretada como orgullosa blasfemia o imbécil banalidad, pero nunca como una interpretación del mentado libre albedrío. Podría también haber dicho “mi cuerpo es mío”, aunque las cosas del espíritu poseían en su entorno y contexto una connotación mucho más densa. Así sea el alma una extensión imaginaria del cuerpo o un ente con movimientos propios, ambos le pertenecían. O, al menos, ese era uno de sus deseos más ardientes.
A pesar de que son precisamente esos temas –tan complejos e inasibles– los que constituyen el núcleo duro de la última creación de Davies, Una serena pasión se sigue con una enorme facilidad. Además del sentido del humor que permea constantemente el relato –en particular durante la primera mitad del metraje, durante los años de juventud– parece evidente que el realizador intentó, desde un primer momento, escaparle a la peste de la gravedad autoimpuesta. “No quería que fuera solemne; no hay nada peor que las películas sobre gente famosa en las que todo lo que hacen es caminar y verse fantásticos y aburridos”, afirmó en una extensa entrevista a la revista especializada Filmmaker. “Quería que fuera divertida, viva e ingeniosa. Y también inteligente. Estas mujeres eran muy, muy educadas y, por lo tanto, creo que debían tener un nivel muy alto y adulto en sus conversaciones”. Nada nuevo en las formas y métodos del realizador nacido en Liverpool hace casi 72 años, cuya obra ha sido de lo más elusiva en la cartelera comercial de nuestro país: si bien muchos de sus largometrajes se han visto en uno u otro de los dos festivales de cine locales más importantes, y algunos otros fueron presentados en algunas funciones en salas independientes, solamente La casa de la alegría –magnífica adaptación de la novela de Edith Wharton– tuvo un estreno comercial relativamente importante a comienzos del milenio. Para muchos espectadores, el lanzamiento de Una serena pasión será algo así como un descubrimiento, pero detrás de esta última producción se esconde el nombre detrás de Distant Voices, Still Lives (1988), The Long Day Closes (1992), Of Time and the City (2008) y The Deep Blue Sea (2011), títulos que continuaron reflejando una manera particularmente sensible de entender la narración cinematográfica, que el realizador ya había ensayado en su célebre trilogía de cortos y mediometrajes integrada por Children (1976), Madonna and Child (1980) y Death and Transfiguration (1983), que recorren la vida de un tal Robert Tucker (en parte un alter ego o extensión del propio Davies) desde su infancia hasta la vejez. Terence Davies no sólo es una voz extraña y, por momentos, inclasificable en el cine británico contemporáneo sino en el cine a secas. Y en sus films históricos la reconstrucción minuciosa de los elementos “de época” –desde las tazas y copas hasta las formas del habla, de los vestidos a la manera de darse la mano– sólo están allí para servir a los mecanismos del relato y los avatares de los personajes, nunca a la inversa.

Interiores

La casa de Dickinson es hoy un museo, que el equipo de rodaje de Una serena pasión utilizó como inspiración. “No se podía filmar allí, obviamente, porque no se pueden quitar las paredes e ingresar maquinaria pesada. Eso no era posible, pero toda la casa fue completamente reconstruida en Bélgica. Fuimos a Amherst para rodar los exteriores”. La explicación racional de Davies describe indirectamente la forma en la cual el realizador viene realizando sus últimas películas, de presupuestos bastante moderados para el tipo de historias que narran. Su largometraje inmediatamente anterior –la algo fallida, pero de todas formas intensa, Sunset Song– fue producida con aportes de su propio país y la participación de capital luxemburgués; para embarcarse en el viaje de Una serena pasión fue indispensable la coproducción con Bélgica, donde además se rodaron todas las escenas de interiores, es decir, gran parte del film. No hubo participación estadounidense en el capital productivo, a pesar de que gran parte del reparto es de ese origen: Keith Carradine, que interpreta al patriarca de la familia Dickinson; Jennifer Ehle, la hermana menor de la poetisa; y la propia Cynthia Nixon, encargada de darle vida en la pantalla a Emily. Elección que a muchos podrá sonarle extraña: cosas de los prejuicios y de la relación que se establece a veces entre actor/actriz y personaje, para muchos el rostro de Nixon es y será por siempre jamás el de Miranda Hobbes, la amiga pelirroja de Carrie Bradshaw en la exitosa serie Sex & the City. Nixon no podría estar mejor en su papel, sin embargo, aportando en cada escena una intensidad usualmente morigerada por los usos y costumbres de su entorno, pero que la vivacidad de la mirada y posturas corporales no logran ocultar. En una entrevista con el periódico inglés Independent, la actriz –lectora asidua de poesía, bien escaso en estos tiempos– afirmó que “el desafío era interpretar a alguien que, en ocasiones, está llena de amor y excitación por el mundo, pero que también sufre un profundo dolor emocional y físico. Creo que era una persona extraordinaria y que cualquier cosa que hubiera hecho, en cualquier área y época en la que se hubiera visto involucrada, hubiera sido exitosa. De haber vivido ahora es posible que también fuera una persona muy solitaria. Creo que hubiera hallado una audiencia más fácilmente de ser contemporánea. Y se hubiera quedado pasmada no sólo por ver cuán famosa es sino lo importante que resulta para otros escritores y lectores en todo el mundo”.
La joven Emily Dickinson, interpretada por Emma Bell durante los primeros minutos de proyección, se transforma en una Emily Dickinson treintañera encarnando en el cuerpo de Nixon, que no abandonará hasta su muerte, a los 56 años. La estrategia elegida por Davies para encadenar la elipsis no podría ser más sencilla y efectiva: una serie de acercamientos de la cámara a varios personajes de la familia Dickinson va marcando en cuestión de segundos el paso del tiempo, en una utilización ejemplar de los efectos digitales aplicados a la narración. Apenas un ejemplo más de un film cuya estructura es absolutamente episódica y elíptica. Una serena pasión no recorre los pasillos tradicionales de la película biográfica según la entiende el cine industrial de Hollywood o el de cualquier otra parte del mundo: a Davies le importan más los climas y tonos que amplifican los temas que recorre el relato y las emociones que atraviesan a la protagonista. La marcada melancolía que aqueja a la madre de Emily durante sus últimos años de vida (hoy sería diagnosticada con una depresión) no es explicitada verbalmente sino ilustrada sutilmente a partir de una serie de breves escenas, la primera de ellas un extenso paneo de 360 grados que la encuentra llorando sin más razón aparente que el recuerdo de un joven estudiante cuya voz es recordada como poco menos que angelical. ¿Hay un elemento de deseo sexual detrás de ese recuerdo de un pasado remoto? Posiblemente. La misma Emily imagina o sueña –en la única secuencia que se corre del particular naturalismo expresivo elegido por Davies– la llegada de un hombre oscuro y amenazante. En el “sueño”, la puerta de su cuarto se abre para recibir a esa figura que sube lentamente las escaleras, para cerrarse finalmente antes de que algo llegue a ocurrir. La soltería para una mujer de más de veinte años era algo muy diferente en aquellos tiempos. Aquella persona que decidía elegirla rápidamente era transfigurada en una solterona, figura que describía a la perfección a la poeta: solitaria, recluida, de puertas cada vez más cerradas al mundo exterior y a todo lo que de allí provenga. Al punto de no dejarse ver por nadie que no perteneciera a su entorno familiar más cercano.

Vestida de blanco

El enfrentamiento generacional entre padres e hijos –ese eterno retorno que existe desde el inicio de los tiempos y seguramente seguirá existiendo hasta la desaparición del mundo– está presente en los primeros tramos de Una serena pasión, aunque detrás de la fachada algo anticuada del pater familias se encuentren depositadas las bondades de la comprensión, sin las cuales la secreta pasión de la joven no hubiera podido florecer. La muerte del padre es, según el guión de Davies, el punto de inicio de un quiebre irrevocable en la vida de Emily, quien a partir de ese momento vestirá exclusivamente –e irónicamente– de color blanco, una de las características usualmente más destacadas en los textos biográficos sobre su figura, de la cual, por otro lado, se desconocen muchísimos detalles. Según Davies, “hay una medida de vanidad en todos nosotros, en todo aquel que crea algo. Sus poemas eran realmente vanguardistas, porque destilan emociones hasta su misma esencia, y lo que los hace modernos es la reticencia con la cual están escritos. Cuando uno ve a otra gente haciendo lo que es correcto desde un punto de vista comercial… hubo muchas mujeres que fueron muy famosas por escribir poesía sentimental victoriana, pero ella no era una de ellas”. Luego de la muerte de Emily, su hermana Vinnie encontraría las casi mil poesías inéditas –encuadernadas a mano por su autora– que conforman el grueso de su obra y que sólo serían publicadas de manera póstuma con el correr de los años. La canonización llegaría décadas después. En una de las escenas más dramáticas de Una serena pasión –dramática de una manera serena, aunque evidente–, Davies ubica a la escritora en el jardín de su casa, en conversación con el nuevo párroco recién llegado a la ciudad, y le hace expresar dos cosas: un deseo y una afirmación. El primero nunca se cumpliría: “Me gustaría algo de aprobación antes de morir”. La segunda indica, en cierta medida, el grado de desesperación por ser reconocida: “La posteridad ofrece tan poco consuelo como Dios”. Las comparaciones no pueden ser lineales, pero para alguien como Davies, que ha señalado en muchas ocasiones las marcas indelebles producidas por la estricta educación católica durante su infancia y adolescencia y que, ya como adulto y cineasta, ha debido luchar incansablemente para llevar adelante sus proyectos (entre La casa de la alegría y The Deep Blue Sea hay once años de distancia, sólo interrumpidos por el documental Of Time and the City), las palabras de Dickinson no pueden sino resonar de forma intensamente personal.

ABU DHABI - Emiratos Árabes Unidos

ABU DHABI> Yas Island, parques y vértigo

La isla de la fantasía

Un circuito de Fórmula 1, un parque temático dedicado a Ferrari, otro de juegos y toboganes acuáticos, y un par más que están por llegar con el sello de Warner Bros y SeaWorld. Además de centros comerciales y áreas deportivas que ponen el emirato en el ojo de la diversión.

 Pocos lugares en el mundo pueden exhibir semejante contraste entre su cultura tradicional, forjada a lo largo de siglos de vida en el desierto, y la imagen que proyectan como centro global del entretenimiento y las compras. En Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos, ese contraste salta a la vista: ¿qué relación hay entre los resplandecientes mármoles blancos de la mezquita Sheikh Zayed y la pomposa exhibición de oropeles en el Emirates Palace, si no es el gigantismo de ambos? ¿Cuál es la conexión entre convertirse en una capital mundial de la diversión al más puro estilo occidental –con montañas rusas, carreras de autos y parques de agua- y mantener a rajatabla los principios de un mundo musulmán que hace circular a sus mujeres tapadas de pies a cabeza con una mínima ranura para los ojos, y a veces ni siquiera eso? Cada viajero formulará sus propias hipótesis apenas se vea confrontado a la experiencia de este emirato de doble vida, que despliega la alfombra roja para sus visitantes y al mismo tiempo conserva con firmeza su legado tradicional. En los últimos años, Abu Dhabi se consolidó como la escala ideal entre Oriente y Occidente, apostó al atractivo turístico de sus playas sobre el Golfo y los parques de diversión, y prometió un giro cultural con la apertura del Louvre. Mientras tanto, concentra en Yas Island el foco del entretenimiento, que lo convierte en un gran destino para grandes y chicos.

VÉRTIGO F1 El Louvre estará en Saadiyat Island, el futuro polo cultural abudabí, pero por ahora es solo una promesa con la firma de Jean Nouvel e incontables postergaciones que -según reiteradas promesas- terminarán este año con la esperada apertura del museo. Yas Island, entonces, no tiene rival: esta isla artificial de 2500 hectáreas –una de las 200 que conforman Abu Dhabi– se dedica de lleno a una vocación de entretenimiento que por el momento tiene eje en la velocidad pero en los próximos años se volcará a nuevos parques de diversiones con el público infantil en la mira.
El próximo Formula 1 Etihad Airways Abu Dhabi Grand Prix –el nombre de la carrera incluye a la aerolínea sponsor, otra de las apuestas del emirato para desarrollar el turismo conectándolo con los principales ciudades del mundo– será el 26 de noviembre: mientras tanto, el espectacular circuito Yas Marina Circuit, que recibe al gran circo de la principal categoría mundial del deporte motor, se puede recorrer paso a paso en visitas guiadas que permiten sentirse parte de la aventura. El Race Control, los Support Pit Garages, los Paddocks y la Shams Tower –punto de observación privilegiado de la familia real, rodeada de paneles solares– forman parte del paseo, con vista al ondulante Viceroy Hotel, cuyas formas sinuosas se inspiran en las dunas del cercano desierto. De noche, iluminado, es un espectáculo en sí mismo.
Con toda lógica, el circuito está pegado a Ferrari World, el primer parque de diversiones en el mundo dedicado al Cavallino Rampante. Ni en el circuito ni en Ferrari World hay que temerle al calor que, se sabe, aprieta fuerte varios meses al año: el paseo guiado es en buses con aire acondicionado, y el parque temático está totalmente cubierto –su techo de 200.000 cuadrados es un icono mundial– y climatizado. Así que solo cabe entregarse al vértigo en la montaña rusa más rápida del mundo, capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en menos de dos segundos, para rozar los 240 km/h. Y no es la única: Ferrari World, considerado entre las mejores atracciones turísticas de Medio Oriente, tiene otras dos montañas rusas –Flying Aces y Fiorano GT Challenge- que hacen sentir a las carreras auténticas como juegos de niños. Además, desde fines de marzo Turbo Track invita a experimentar las sensaciones de un piloto de pruebas, para finalmente volver a poner los pies en la tierra en el sector del parque que imita a la perfección el encanto de las callecitas italianas y tienta a los futuros fierreros con una escuela de pilotaje infantil.
Cuando se quiera dejar la atmósfera protectora del aire acondicionado, será la hora de visitar Yas Waterworld, el parque acuático de Yas Island que tiene todo lo que hay que tener para lanzarse de cabeza al agua (enfriada artificialmente los días en que la temperatura exterior alcanza los 50 grados): pileta con olas, juegos, toboganes y río lento, todo inspirado en la historia de los buscadores de perlas que hicieron la riqueza ancestral de Abu Dhabi. Es cierto que hay algunos visitantes locales en el parque, pero son pocos, especialmente las mujeres: la mayoría, además de usar rigurosamente la burkini que se impone en el mundo musulmán más conservador, asiste solo los días exclusivamente reservados para ellas, sin hombres mayores de ocho años a la vista. Otra vez, cuestión de contrastes.

EN EVOLUCIÓN En los próximos años, la compañía que promueve el desarrollo de Yas Island tiene pensado de todo menos quedarse quieta. Por ahora los petrodólares fluyen, pero hay que pensar en un futuro sin oro negro, y en ese horizonte el turismo tiene un papel clave. Entre los objetivos de Miral, la desarrolladora en cuestión, está destinar más de 500 millones de dólares a la construcción de un nuevo establecimiento cuatro estrellas –el Yas Mall Hotel, pegado al centro comercial Yas Mall– y un centro comercial exclusivamente dedicado a los autos junto al enorme Ikea. Según los planes, estarán listos entre 2019 y 2020. Y no será difícil moverse entre un lugar y otro, dentro de la isla, ya que existe un sistema de buses con paradas en los principales lugares y en el área de hoteles: es uno de los motivos por los que muchos viajeros eligen alojarse en Yas Island durante su estadía en Abu Dhabi, a un paso de los parques de diversiones y los centros comerciales. Para ir un poco más lejos, al núcleo histórico que proponen el Heritage Village, la Mezquita Sheikh Zayed o el Emirates Palace, bastará moverse en taxi.
En los próximos años habrá nuevos motivos para visitar Yas Island. A fines de 2016, Miral y SeaWorld anunciaron la creación de SeaWorld Abu Dhabi, que será el primer parque temático sobre la vida marina en el emirato (además de la primera extensión internacional de SeaWorld fuera de Estados Unidos) e incluirá un centro de investigación y rehabilitación de fauna. El cambio no es menor: SeaWorld Abu Dhabi será también el primero del grupo sin orcas y contará con un acuario dispuesto a competir con el que se encuentra dentro mismo de un centro comercial del vecino emirato de Dubai. La novedad se espera para 2022, con experiencias de encuentros cercanos con animales y un centro de colaboración con proyectos ambientales locales e internacionales.
Las novedades siguen, ya que para 2018 está prevista la apertura de Clymb, una nueva atracción que incluye la cámara de vuelo más amplia del mundo y la mayor pared de escalada indoor de la isla, de 43 metros de altura. Todo conectado con el cercano Yas Mall. Y no es todo: para el año próximo se espera en Yas Island la apertura del parque temático de Warner Bros, que incluirá áreas con rascacielos modernos para la Metropolis de Superman y callejones oscuros en la Gotham City de Batman. No serán los únicos superhéroes trasplantados de Nueva York al desierto: el nuevo parque de Warner Bros planea tener también su Cartoon Junction, para reunir a Bugs Bunny con Scooby-Doo, un miniparque prehistórico sobre los Picapiedras y el Warner Bros Plaza, con reminiscencias del antiguo Hollywood. Se dice –no sea cuestión de repetir la experiencia Louvre– que el 60 por ciento ya está terminado y se podrá respetar la fecha de apertura. Una forma más de llegar al objetivo declarado del emirato para 2022: duplicar su número de visitantes anuales a 48 millones. Nada mal para un país que supera por poco el millón de habitantes.

"Un minué para el desierto argentino" - Arturo Bonín

"Un minué para el desierto argentino" -  Arturo Bonín

 Alberdi y Sarmiento, cruce de caminos

En la puesta, el minué federal y su coreografía marcan cuatro cambios temporales y temáticos, desde los relatos de la infancia de ambos próceres hasta la Guerra del Paraguay.


“Me interesa su mirada descontracturada porque reconstruye la historia de dos hombres y no de dos cachos de bronce”, dice el actor y director Arturo Bonín, refiriéndose a la obra de Guillermo Salz, Un minué para el desierto argentino, que está presentando bajo su dirección en el Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330, sábados y domingos a las 20). Se trata del singular encuentro que reúne al tucumano Juan Bautista Alberdi y al sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, interpretados respectivamente por Mario Alarcón y Juan Carrasco, relacionados en escena gracias a los oficios de un músico, a cargo de Félix Torre, encargado de interpretar algunas piezas –minué, pericón, cueca, entre otras– que darán pie a las discusiones y reflexiones que enfrentan a los protagonistas.
“Nos cruzamos en el camino”, explica el personaje de Alberdi, refiriéndose a la ríspida relación que mantuvo con Sarmiento, perteneciente como él, a la generación del ‘37. “Ibamos en la misma dirección, trabajamos para derrocar al tirano, pero Urquiza nos distanció. Yo me puse de inmediato del lado de la libertad; usted, Sarmiento, se fue para el bando de Mitre. Difícil perdonar”. En la puesta de Bonín, el minué federal y su coreografía marcan los cuatro cambios temporales y temáticos que aborda el espectáculo. Primero, los relatos de infancia, luego, las citas al encendido intercambio epistolar que mantuvieron ambos hombres, tras lo cual la fiebre amarilla y la Guerra del Paraguay se convierten en disparadores de discusiones, según precisa el director a PáginaI12.
El título de la obra, que sigue de cerca el título del libro de Tulio Halperin Donghi, Una nación para el desierto argentino, hace mención por un lado, del minué –Alberdi solía componerlos–, y por el otro, pone el foco sobre uno de los temas sobre los cuales no discutieron demasiado los protagonistas, dado que ambos estaban convencidos de la necesidad de habilitar una inmigración europea para poblar el desierto. De hecho, usaron esa palabra para describir el territorio nacional.
Al comenzar a ensayar, el director buscó imágenes de los protagonistas y, según cuenta, le llamó la atención el aspecto sombrío que muestra Alberdi en los daguerrotipos. “Se lo veía muy parecido a Edgar Allan Poe –compara Bonín–, una expresión triste que se entiende al conocer un poco su infancia”. En cuanto al personaje de Sarmiento, el director le pidió a Carrasco que se olvidase de Enrique Muiño, el actor que lo encarnó en el cine: “Lo que yo quería, y ellos lo lograron, es que encontrasen al Alberdi y al Sarmiento que llevan dentro”.
–¿Cómo es hacer teatro de tema histórico?
–Siempre me interesó la historia en el teatro, un juego colectivo que ayuda a despertar dudas o incógnitas. En este caso, es bueno descubrir los defectos y las virtudes de estos hombres. Me gusta pensar esta obra como un cuento, una parábola que hago junto a un grupo de cómplices. Junto al trabajo de los actores, la obra fue completándose. Gracias a esta complicidad, pudimos establecer un código que nos deja relacionarnos con el público.
–¿Cómo fue la relación que efectivamente mantuvieron Alberdi y Sarmiento?
–Se pelaron muchísimo, se chicanearon permanentemente, pero lo hicieron enviándose carta incendiarias, porque estaban lejos uno del otro. O estaban exiliados en Chile o, cuando Sarmiento fue presidente, Alberdi estaba en Europa. Se putearon, pero en latín, porque ambos eran personas muy cultas.
–Alberdi le puso el apodo a Sarmiento de “gaucho malo del periodismo”. ¿Qué pensaba de su forma de escribir en la prensa?
–Alberdi dice que la prensa está para ilustrar y no para atizar el fuego de la venganza, como él pensaba que hacía Sarmiento. Decía que la prensa debe ser una antorcha que ilumina y que en realidad para Sarmiento termina siendo una espada.
–¿Por qué lo dice?
–Alberdi, en la obra, asegura que tenemos la costumbre de mirar la prensa como terreno de la libertad y a menudo es refugio de las mayores tiranías, campo de indisciplina, de violencia y de asaltos vandálicos contra todas las leyes del deber. Dice que la prensa presenta todos los defectos políticos de sus hombres.
–Pero hubo temas en los cuales coincidieron...
–Tenían un punto de vista en común porque los dos eran personalidades de la Ilustración. Ellos coincidían en la necesidad de que el país recibiera inmigración nórdica, de origen sajón. En muchas cosas tenían una mirada parcial, como en el caso de una constitución, que debería ser un compendio de necesidades colectivas. Pero esta estructura de su pensamiento no puede ser juzgada hoy sin tomar en cuenta el contexto en el que vivieron. Ambos, cada cual a su modo, estudiaron y armaron un andamiaje sobre el cual establecer un país.
–¿Cuál es la relación que establece este espectáculo con la realidad actual?
–Tengo la sensación de que hoy estamos como cuando Roca estaba por asumir la presidencia, que es cuando ambos personajes se encuentran en la obra. Hoy se está instalando un gran sentido unitario. Y hay una militarización muy fuerte: el otro día escuché acerca de un informe sobre la compra de armas a Estados Unidos y nuestra relación con países que están en guerra. Por otro lado se está volviendo al formato de país productor de materias primas. Por eso digo que me parece que estamos como en 1880.

lunes, 26 de junio de 2017

"La Iglesia debe reconocer lo que pasó”

Encuentro entre Madres de Plaza de Mayo y Curas en la Opción por los Pobres

“La Iglesia debe reconocer lo que pasó”

Hebe de Bonafini y otras integrantes de Madres visitaron una capilla en un barrio de emergencia de Avellaneda. Los Curas en la Opción por los Pobres las invitaron a una celebración para darles el reconocimiento que la Iglesia oficial siempre les negó.


Atardecía en la isla Maciel cuando las Madres llegaron a la capilla Beato Oscar Romero, recién inaugurada en homenaje al sacerdote salvadoreño asesinado por militares el 24 de mayo de 1980. Hebe Bonafini bajó de la camioneta ayudada por Francisco “Paco” Olveira, párroco del lugar desde hace doce años, integrante del grupo de Curas en la Opción por los Pobres que viven en las villas. Hacía años que Hebe no pisaba una iglesia, junto a ella llegaron sus compañeras Pina, Claudia, Chela y Vici. Las recibió un barrio afectuoso que coreaba “¡Madres de la Plaza, el pueblo las abraza!”.
La capilla es una pequeña obra de arte, su interior y el altar están hechos en cartón procesado; hay bellos cuadros pintados en cajas por artistas que viven en la isla. La misa es una ceremonia festiva, con guitarra y cantos alegres, esperanzados, testimoniales.
Hebe abarcó con la mirada el lugar y dijo: “Aquí están mis hijos, en todos los jóvenes que veo, ellos hacían con los sacerdotes del Tercer Mundo lo mismo que hoy hacen ustedes aquí”.
Concelebraron los curas Olveira, Eduardo De la Serna, Ignacio Blanco, Raúl Varela, Juan Carlos Molina, Raúl Gabrielli y el diácono Ricky Carrizo.
Ni bien comenzó la misa, una Hebe sensibilizada se calzó los anteojos, entonó las canciones que leía en hojas que se repartieron y siguió muy concentrada. Cuando llegó el momento de la comunión, la recibió de manos del cura Paco, quien dirigiéndose a las Madres y refiriéndose a la Iglesia como institución, había dicho: “Las hemos hecho sufrir mucho, hoy hacemos lo poco que podemos y queremos hacer mucho más”.
“Me emocioné mucho, mis hijos, como los curas del Tercer Mundo se jugaban la vida, pero no quiero hablar de lo terrible, hay mucho bueno que está pasando, esta misa, los cantos. Fue muy fuerte, me llegó muy hondo, y por eso les dije a las Madres que vinieran las que creían en lo que íbamos a ver, todavía hay muchas enojadas”, reflexionó.
Desde hace un tiempo, Hebe charla con el cura Paco: “Conocí cómo eran los Curas del Tercer Mundo y ahora los de la Opción por los Pobres. Paco, además de hacer los comedores, les enseña a los chicos a ser solidarios y es una forma de vida, es político lo que hacen. Tenemos una relación especial, no sé si es amistad o cómo se llama, a Molina también lo conozco mucho y a los demás”.
Pero Hebe sigue esperando y exigiendo que la Iglesia como institución se exprese sobre lo ocurrido durante la dictadura: “Las Madres queremos que la Iglesia reconozca lo qué pasó. Cuando vino este Papa le escribí y le dije que la única necesidad de las Madres es esa, ni siquiera les decimos que pidan perdón. Queremos una misa en la que reconozcan que los desaparecidos viven en otros que luchan y que la Iglesia nunca habló de los asesinatos de los palotinos, de las monjas francesas y los demás. Él me propuso hacer una misa en Santa Marta, privada, con gente que yo invite, pero le dije que no, que lo que queremos es una misa abierta. Vamos a ver qué me contesta”.
–Fue fuerte su encuentro con él, ¿no?
–Y sí, el 24 de mayo del año pasado, fue impresionante. Dos horas y cuarto estuvimos. No fui a hablar de las Madres, sino de lo que pasaba en el país. Le di un cuaderno escrito con un pingüino en la tapa. Quería darle detalles, porque él sabía lo que pasaba. Yo averiguo todo: qué pasa con el pan, los precios, cuánto vale el más barato, el duro y pesado como el plomo que comen los pobres, y cómo es el de los ricos…
–Pero antes te habías enojado con él...
–Sí, le pedí disculpas porque sé que a veces me fui de boca, me dijo “no, dejémoslo ahí...”, quería decirle que a veces exageré. “¿Sabés lo que pasa?, es que todos a veces nos equivocamos”, me respondió. Me agarró la mano, le conté todo lo que estaba pasando acá, la violencia, los despidos, cada vez más pobres, todo, y cuando terminé dijo “te voy a acompañar hasta la puerta, que es algo que nunca hice”, y me di cuenta de que me había olvidado los rosarios que me dieron las Madres que creen para que él los bendijera, pero me contestó “no te aflijas, a larga distancia sirve igual”. Es muy piola el tipo, me escribió cuando me procesaron.
–¿Comulgaste? ¿Hacía mucho que no comulgabas?
–Sí, lo tomo como el pan de la amistad, teníamos una Madre que era muy religiosa, María Ricci, nosotras no comulgábamos y ella nos traía un pan que bendecía el cura de su iglesia y nos daba un pedacito a cada una. Así lo sentí, así lo tomé, así lo había conversado con los curas. Ellos son tipos muy jugados y me parece que nosotras que hemos hecho tanto tenemos que reconocerlo.
–¿Hacía mucho que no ibas a una misa como la de Maciel?
–Antes iba con mis hijos... Y después fuimos mucho a las misas a joder, a protestar... Pero en el 85 u 86, en Brasil, en Guatemala, había curas del Tercer Mundo dando misas en chozas, ahí también fui y ya habían desaparecido los chicos. En Nueva York hicieron una misa para nosotras, era un negro grandote el cura, hablaba en español, y me pidió que hablara y hablé, la gente lloraba, aplaudía. Y en Italia estuvimos en una iglesia en la montaña, con las mujeres con vestidos y medias negras. Y pensé que esas mujeres no podían seguir vestidas de negro, sus muertos habían ido a la guerra obligados, y les recordé que ellos entregaron su vida para que los que quedaron vivos estuvieran ahí. Para mí es así, todos los pibes que había el otro día en la cancha de Arsenal son nuestros hijos vivos, se reproducen. No puedo pensar que mis hijos son huesos tirados en un pozo... pero bueno, eso es una elaboración de años.

San Josemaría Escrivá de Balaguer

San Josemaría Escrivá de Balaguer

En Roma, san Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero, fundador del Opus Dei y de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.
Josemaría Escrivá de Balaguer nace en Barbastro (España), el 9 de enero de 1902, segundo de los seis hijos que tuvieron José Escrivá y María Dolores Albás. Sus padres, fervientes católicos, le llevaron a la pila bautismal el día 13 del mismo mes y año, y le transmitieron -en primer lugar, con su vida ejemplar- los fundamentos de la fe y las virtudes cristianas: el amor a la Confesión y a la Comunión frecuentes, el recurso confiado a la oración, la devoción a la Virgen Santísima, la ayuda a los más necesitados.

El San Josemaría crece como un niño alegre, despierto y sencillo, travieso, buen estudiante, inteligente y observador. Tenía mucho cariño a su madre y una gran confianza y amistad con su padre, quien le invitaba a que con libertad le abriese el corazón y le contase sus preocupaciones, estando siempre disponible para responder a sus consultas con afecto y prudencia. Muy pronto, el Señor comienza a templar su alma en la forja del dolor: entre 1910 y 1913 mueren sus tres hermanas más pequeñas, y en 1914 la familia experimenta, además, la ruina económica. En 1915, los Escrivá se trasladan a Logroño, donde el padre ha encontrado un empleo que le permitirá sostener modestamente a los suyos.

En el invierno de 1917-18 tiene lugar un hecho que influirá decisivamente en el futuro de Josemaría Escrivá: durante las Navidades, cae una intensa nevada sobre la ciudad, y un día ve en el suelo las huellas heladas de unos pies sobre la nieve; son las pisadas de un religioso carmelita que caminaba descalzo. Entonces, se pregunta: -Si otros hacen tantos sacrificios por Dios y por el prójimo, ¿no voy a ser yo capaz de ofrecerle algo? De este modo, surge en su alma una inquietud divina: Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor. Sin saber aún con precisión qué le pide el Señor, decide hacerse sacerdote, porque piensa que de ese modo estará más disponible para cumplir la voluntad divina.

Terminado el Bachillerato, comienza los estudios eclesiásticos en el Seminario de Logroño y, en 1920, se incorpora al de Zaragoza, en cuya Universidad Pontificia completará su formación previa al sacerdocio. En la capital aragonesa cursa también -por sugerencia de su padre y con permiso de los superiores eclesiásticos- la carrera universitaria de Derecho. Su carácter generoso y alegre, su sencillez y serenidad hacen que sea muy querido entre sus compañeros. Su esmero en la vida de piedad, en la disciplina y en el estudio sirve de ejemplo a todos los seminaristas, y en 1922, cuando sólo tenía veinte años, el Arzobispo de Zaragoza le nombra Inspector del Seminario.

Durante aquel periodo transcurre muchas horas rezando ante el Señor Sacramentado -enraizando hondamente su vida interior en la Eucaristía- y acude diariamente a la Basílica del Pilar, para pedir a la Virgen que Dios le muestre qué quiere de él: Desde que sentí aquellos barruntos de amor de Dios -afirmaba el 2 de octubre de 1968-, dentro de mi poquedad busqué realizar lo que El esperaba de este pobre instrumento. (...) Y, entre aquellas ansias, rezaba, rezaba, rezaba en oración continua. No cesaba de repetir: Domine, ut sit!, Domine, ut videam!, como el pobrecito del Evangelio, que clama porque Dios lo puede todo. ¡Señor, que vea! ¡Señor, que sea! Y también repetía, (...) lleno de confianza hacia mi Madre del Cielo: Domina, ut sit!, Domina, ut videam! La Santísima Virgen siempre me ha ayudado a descubrir los deseos de su Hijo.

El 27 de noviembre de 1924 fallece don José Escrivá, víctima de un síncope repentino. El 28 de marzo de 1925, Josemaría es ordenado sacerdote por Mons. Miguel de los Santos Díaz Gómara, en la iglesia del Seminario de San Carlos de Zaragoza, y dos días después celebra su primera Misa solemne en la Santa Capilla de la Basílica del Pilar; el 31 de ese mismo mes, se traslada a Perdiguera, un pequeño pueblo de campesinos, donde ha sido nombrado regente auxiliar en la parroquia.


El 2 de octubre de 1928 nace el Opus Dei. San Josemaría está realizando unos días de retiro espiritual, y mientras medita los apuntes de las mociones interiores recibidas de Dios en los últimos años, de repente ve -es el término con que describirá siempre la experiencia fundacional- la misión que el Señor quiere confiarle: abrir en la Iglesia un nuevo camino vocacional, dirigido a difundir la búsqueda de la santidad y la realización del apostolado mediante la santificación del trabajo ordinario en medio del mundo sin cambiar de estado. Pocos meses después, el 14 de febrero de 1930, el Señor le hace entender que el Opus Dei debe extenderse también entre las mujeres.

Desde este momento, San Josemaría se entrega en cuerpo y alma al cumplimiento de su misión fundacional: promover entre hombres y mujeres de todos los ámbitos de la sociedad un compromiso personal de seguimiento de Cristo, de amor al prójimo, de búsqueda de la santidad en la vida cotidiana. No se considera un innovador ni un reformador, pues está convencido de que Jesucristo es la eterna novedad y de que el Espíritu Santo rejuvenece continuamente la Iglesia, a cuyo servicio ha suscitado Dios el Opus Dei. Sabedor de que la tarea que le ha sido encomendada es de carácter sobrenatural, hunde los cimientos de su labor en la oración, en la penitencia, en la conciencia gozosa de la filiación divina, en el trabajo infatigable. Comienzan a seguirle personas de todas las condiciones sociales y, en particular, grupos de universitarios, en quienes despierta un afán sincero de servir a sus hermanos los hombres, encendiéndolos en el deseo de poner a Cristo en la entraña de todas las actividades humanas mediante un trabajo santificado, santificante y santificador. Éste es el fin que asignará a las iniciativas de los fieles del Opus Dei: elevar hacia Dios, con la ayuda de la gracia, cada una de las realidades creadas, para que Cristo reine en todos y en todo; conocer a Jesucristo; hacerlo conocer; llevarlo a todos los sitios. Se comprende así que pudiera exclamar: Se han abierto los caminos divinos de la tierra.

El Opus Dei está dando sus primeros pasos cuando, en 1936, estalla la guerra civil española. En Madrid arrecia la violencia antirreligiosa, pero don Josemaría, a pesar de los riesgos, se prodiga heroicamente en la oración, en la penitencia y en el apostolado. Es una época de sufrimiento para la Iglesia; pero también son años de crecimiento espiritual y apostólico y de fortalecimiento de la esperanza. En 1939, terminado el conflicto, el Fundador del Opus Dei puede dar nuevo impulso a su labor apostólica por toda la geografía peninsular, y moviliza especialmente a muchos jóvenes universitarios para que lleven a Cristo a todos los ambientes y descubran la grandeza de su vocación cristiana. Al mismo tiempo se extiende su fama de santidad: muchos Obispos le invitan a predicar cursos de retiro al clero y a los laicos de las organizaciones católicas. Análogas peticiones le llegan de los superiores de diversas órdenes religiosas, y él accede siempre.

En 1943, por una nueva gracia fundacional que recibe durante la celebración de la Misa, nace -dentro del Opus Dei- la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, en la que se podrán incardinar los sacerdotes que proceden de los fieles laicos del Opus Dei. La plena pertenencia de fieles laicos y de sacerdotes al Opus Dei, así como la orgánica cooperación de unos y otros en sus apostolados, es un rasgo propio del carisma fundacional, que la Iglesia ha confirmado en 1982, al determinar su definitiva configuración jurídica como Prelatura personal. El 25 de junio de 1944 tres ingenieros -entre ellos Álvaro del Portillo, futuro sucesor del Fundador en la dirección del Opus Dei- reciben la ordenación sacerdotal. En lo sucesivo, serán casi un millar los laicos del Opus Dei que San Josemaría llevará al sacerdocio.

Apenas vislumbró el fin de la guerra mundial, San Josemaría comienza a preparar el trabajo apostólico en otros países, porque -insistía- quiere Jesús su Obra desde el primer momento con entraña universal, católica. En 1946 se traslada a Roma, con el fin de preparar el reconocimiento pontificio del Opus Dei. El 24 de febrero de 1947, Pío XII concede el decretum laudis; y el 16 de junio de 1950, la aprobación definitiva. A partir de esta fecha, también pueden ser admitidos como Cooperadores del Opus Dei hombres y mujeres no católicos y aun no cristianos, que ayuden con su trabajo, su limosna y su oración a las labores apostólicas.

Estaba profundamente convencido de que para alcanzar la santidad en el trabajo cotidiano, es preciso esforzarse para ser alma de oración, alma de profunda vida interior. Cuando se vive de este modo, todo es oración, todo puede y debe llevarnos a Dios, alimentando ese trato continuo con Él, de la mañana a la noche. Todo trabajo puede ser oración, y todo trabajo, que es oración, es apostolado.

La raíz de la prodigiosa fecundidad de su ministerio se encuentra precisamente en la ardiente vida interior que hace dSan Josemaría un contemplativo en medio del mundo: una vida interior alimentada por la oración y los sacramentos, que se manifiesta en el amor apasionado a la Eucaristía, en la profundidad con que vive la Misa como el centro y la raíz de su propia vida, en la tierna devoción a la Virgen María, a San José y a los Ángeles Custodios; en la fidelidad a la Iglesia y al Papa.

El 26 de junio de 1975, a mediodía, San Josemaría muere en su habitación de trabajo, a consecuencia de un paro cardiaco, a los pies de un cuadro de la Santísima Virgen a la que dirige su última mirada. Las obras de espiritualidad de Mons. Escrivá de Balaguer (Camino, Santo Rosario, Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, Amigos de Dios, La Iglesia, nuestra Madre, Via Crucis, Surco, Forja) se han difundido en millones de ejemplares.
 Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, bautizado con el nombre José María Julián Mariano Escrivá Albás1 (Barbastro, Huesca, Aragón, 9 de enero de 1902-Roma, 26 de junio de 1975) fue un sacerdote español, fundador en 1928 del Opus Dei y santo de la Iglesia católica, cuya fiesta se celebra el 26 de junio.

Escrivá obtuvo un doctorado en derecho civil por la Universidad Central de Madrid y otro en teología por la Pontificia Universidad Lateranense. Su obra principal fue la fundación, administración y expansión del Opus Dei, una institución perteneciente a la Iglesia católica. Su publicación más conocida es Camino, obra traducida a decenas de idiomas y con varios millones de copias vendidas.

Durante su vida, tanto su persona como el Opus Dei despertaron controversias, principalmente debido a las acusaciones de secretismo, elitismo y sectarismo de la organización y su fundador, además del apoyo de la organización a causas de ideología de derechas, como la conocida participación de los llamados «tecnócratas» del Opus Dei en los planes económicos de la dictadura de Francisco Franco. Después de su muerte, su canonización generó una considerable atención, tanto dentro de la Iglesia como en la prensa de todo el mundo. Varios periodistas que investigaron la historia del Opus Dei, entre ellos el vaticanista John Allen, argumentaron que muchas de las acusaciones a Escrivá no están probadas o proceden de los enemigos de Josemaría y su organización. El cardenal Albino Luciani —futuro papa Juan Pablo I—, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco u Óscar Romero apoyaron fuertemente las enseñanzas de Escrivá «sobre la llamada universal a la santidad, el papel de los laicos y la santificación del trabajo».
 José María Escrivá Albás (futuro Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás) nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José Escrivá y Corzán y María de los Dolores Albás y Blanc. Fue el segundo de seis hermanos; sus tres hermanas pequeñas murieron siendo niñas. El último, Santiago, nació en 1919 y falleció el 25 de diciembre de 1994 a los 75 años de edad. Cuando Josemaría cumplió dos años, padeció una enfermedad grave en la que se temió por su vida. Tras su recuperación, sus padres lo llevaron en peregrinación a la ermita de Torreciudad en cumplimiento de una promesa a la Virgen María por su curación. En los años 1960, Escrivá impulsó la construcción de un santuario de Torreciudad, que se terminó a mediados de la década de 1970.

En 1914 quebró el negocio del padre, que era un comercio de tejidos, quedando la familia en la ruina. Tuvieron que trasladarse a Logroño, donde su padre encontró un trabajo como dependiente. Escrivá continuó estudiando hasta acabar el bachillerato. En las Navidades de 1917-18, al ver las huellas de pasos de un carmelita descalzo en la nieve, quedó impresionado, y decidió hacerse sacerdote, ingresando en el seminario de Logroño como alumno externo en el mes de octubre de 1918.

En septiembre de 1920, se trasladó a Zaragoza. Algunos de sus compañeros del seminario de Zaragoza lo recuerdan como un joven despierto, inteligente y alegre, a la vez que muy piadoso, aunque también se conoce un testimonio opuesto, el de un compañero del seminario que lo describe como reservado y de temperamento rígido y distante.
En las navidades de 1922 recibió los grados de ostiario y lector, junto con los de exorcista y acólito. Sus superiores apreciaron sus dotes, al nombrarlo Inspector del Seminario -encargado de mantener la disciplina entre los seminaristas, tanto en clase como en los paseos- siendo un hecho insólito que designaran a un seminarista y no a un sacerdote para este cargo. En 1923, siguiendo el consejo de su padre, comienza los estudios de Derecho en la Universidad de Zaragoza.

Su padre, José Escrivá, muere en 1924, y Josemaría queda como cabeza de familia. Recibe la ordenación sacerdotal el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio en varias parroquias rurales y luego en Zaragoza, con preferencia en la iglesia de San Pedro Nolasco, regida entonces por sacerdotes jesuitas.

Fundación del Opus Dei

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para iniciar la tesis del doctorado en Derecho. Allí trabaja en una academia dando clases de Derecho romano y canónico para sostener a su familia, y ejerce su ministerio sacerdotal en el Patronato de Enfermos, institución benéfica dirigida por las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón de Jesús.

Trataba sacerdotalmente a muchas personas de diversos ambientes sociales. Dedicó las mejores horas de su juventud, como capellán del Patronato de Enfermos, a la atención de numerosos enfermos y niños desvalidos de los barrios pobres de Madrid. Al mismo tiempo trataba con muchas otras personas: alumnos y profesores universitarios, obreros, dependientes de comercio, artistas, etc.

El 2 de octubre de 1928, según su propio testimonio, «vio» que Dios le pedía que difundiese en todo el mundo la llamada universal a la santidad, y que abriera un nuevo camino dentro de la Iglesia —el Opus Dei (en latín «Obra de Dios»)— para transmitir a todos los hombres que se pueden santificar a través del trabajo. Desde ese día, mientras continúa con el ministerio pastoral que tiene encomendado en aquellos años, trabaja en solitario en el desarrollo de la organización. Empieza a contactar con personas de diversas profesiones (artistas, profesores, obreros, sacerdotes, pequeños empresarios...), y a la vez ofrece oración y mortificaciones.

Al principio Escrivá vio usando el término que él empleaba que el Opus Dei estaba previsto sólo para hombres pero algunos años después, en 1930, según él mismo cuenta, Dios le habría hecho ver que también estaba destinado a mujeres. En 1930, pide la admisión en el Opus Dei un antiguo compañero de instituto de Escrivá, de origen argentino, Isidoro Zorzano, y en 1932 se unen un sacerdote asturiano, José María Somoano, una mujer cordobesa, María Ignacia García Escobar, y un joven empresario, Luis Gordon, aunque en un año fallecerán estos tres, y Josemaría tiene que recomenzar.
 El Opus Dei durante los primeros años treinta

La caída de la monarquía trajo la llegada de la Segunda República en abril de 1931, iniciándose un período de gran tensión entre el nuevo régimen y la Iglesia católica, al aprobarse una nueva constitución laica. Al mismo tiempo, fueron atacados numerosos conventos e iglesias con la pasividad de las autoridades. En este contexto, Josemaría Escrivá prosiguió su tarea como capellán del Patronato de Enfermos, en el Patronato de Santa Isabel y el Opus Dei, manteniéndose al margen de las disputas políticas.

En 1933 cuenta ya con un grupo de estudiantes universitarios, y funda la Academia DYA, en la que, además de impartirse clases de derecho y arquitectura, se organizaban charlas de formación cristiana. En 1934 publica un pequeño libro llamado Consideraciones Espirituales, que, ampliado durante los años siguientes, incluso durante la Guerra Civil, será reeditado en 1939 con el título de Camino.

En 1934 Josemaría es nombrado rector del Patronato de Santa Isabel, lo que representa un pequeño alivio a sus dificultades económicas para mantener a su familia.

Como medio para alcanzar los fines de la institución, Escrivá concibe el llamado "plan de vida" que deben seguir los miembros, que por aquellos años se va perfilando e incluye prácticas como la misa diaria, comunión, el rezo del ángelus, la visita al sagrario, la lectura espiritual, el rezo del rosario y las mortificaciones, entre otras. Hacia 1935/36, en la academia DyA (Derecho y Arquitectura) recién fundada en Madrid, los estudiantes comenzaron a practicar algunas de las ideas que el fundador concibió, y comenzaron a aparecer los signos distintivos de la futura Obra, y que serían consideradas en adelante muestra de "buen espíritu", como la corrección fraterna, ayunos y la mortificación corporal (ver citas de su libro Camino), por ejemplo dormir en el suelo, castigarse el cuerpo por medio de un cilicio apretado en el muslo durante dos horas al día y golpearse con unas "disciplinas" (latiguillo de cuerda) una vez a la semana. Según Escrivá, la finalidad de estas prácticas era unirse a la cruz de Cristo, domar las pasiones y obtener dones de Dios, castigando el cuerpo y refrenando la voluntad. Para servir de ejemplo, Escrivá se entregaba a todas estas mortificaciones, hasta el punto de dejar salpicaduras de sangre en las paredes cuando se azotaba, si bien no recomendó llegar hasta estos extremos a sus seguidores y aconsejaba también otro tipo de mortificaciones, relacionadas con la vida cotidiana.

Por aquella época sus seguidores empezaron a llamarle "el Padre". Jesús Ynfante critica que ello fue por deseo del propio Escrivá. No obstante, Escrivá solía rehusar cualquier otro trato, por ejemplo, el de Monseñor cuando le fue otorgado dicho título, así como el de Fundador.

Guerra Civil

Al estallar la Guerra Civil Española, en 1936, Josemaría se encuentra en Madrid, donde sigue ejerciendo su ministerio sacerdotal, con riesgo de su vida, clandestinamente. La persecución religiosa le obliga a refugiarse en diferentes lugares. Por ejemplo, fue hospitalizado de forma clandestina en una clínica psiquiátrica con la cobertura de estar aquejado fuertemente de reumatismo y durante 6 meses vive en el consulado hondureño. Finalmente, logra salir de Madrid en 1937 después de varias tentativas infructuosas usando documentación falsa. Después de una larga huida con algunos de sus seguidores por los Pirineos, pasando por el sur de Francia, se traslada a la zona de España donde podía ejercer libremente su labor sacerdotal.

La Guerra Civil y las pruebas que había soportado en ella le habían marcado profundamente. El hecho de que el clero fuera objeto de persecución en la zona republicana dejó en él un recuerdo particularmente duradero.

Desarrollo del Opus Dei en los años cuarenta

Josemaría Escrivá regresa a Madrid el 28 de marzo de 1939, en un camión militar, y reemprende la expansión del Opus Dei por otras ciudades de España. El inicio de la Segunda Guerra Mundial impide el comienzo en otras naciones.

Cuando acaba la guerra civil en 1939, se produce un radical cambio en las estructuras del país y el Estado español se proclama como totalitario, confesional, ligado públicamente al Nacional-sindicalismo falangista y al Tradicionalismo carlista.

Las relaciones de Escrivá y Franco fueron complejas y son motivo de polémica, entre otras cosas porque años más tarde, el fundador le escribiría a Franco una carta para agradecerle que, entre los principios del Movimiento Nacional se declare "el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia". Se trata de una carta fechada en Roma el 23 de mayo de 1958, cuya fotocopia, en unión de otras inéditas del mismo autor, se conserva en el archivo de la Fundación Nacional Francisco Franco.

Aunque también es conocido que, en una ocasión, el obispo de Madrid le pidió que predicara unos ejercicios espirituales a Franco y su familia en el Palacio de El Pardo y que durante aquellos ejercicios se produjeron ciertos malentendidos entre ambas personalidades.

En 1939, obtiene el título de doctor en Derecho. Recuperó también el puesto de rector del Real Patronato de Santa Isabel que obtuvo en 1934 por parte del Presidente de la República y le concedieron ese año el cargo de miembro del Consejo Nacional de Educación[cita requerida] y el puesto de profesor de Ética y Deontología en la Escuela Oficial de Periodismo.

En los años posteriores a la guerra muchos obispos de toda España le llaman para dirigir ejercicios espirituales a sacerdotes de su diócesis. También predica a religiosos —-entre ellos a los agustinos de la comunidad del Monasterio de El Escorial—- por petición de los respectivos superiores, y a muchos laicos.

Desde el final de la guerra desarrolla la "Sección femenina" dentro de la Obra, prácticamente desde cero, con una estructura similar a la de los hombres, estrictamente separada de la sección masculina. Ese mismo año, el obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay, concede la primera aprobación diocesana del Opus Dei.

En 1943 Josemaría Escrivá encuentra una solución jurídica, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, como medio para llevar el espíritu del Opus Dei a los sacerdotes seculares. Al año siguiente, el obispo de Madrid ordena a los tres primeros miembros del Opus Dei que acceden al sacerdocio: Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz.

Traslado a Roma y expansión

 Después de finalizada la II Guerra Mundial, en 1946, Escrivá se traslada a Roma. Es decir: descubrió que las cuestiones de futuro para él y para el Opus Dei no estaban en Madrid sino en Roma. Según otros biógrafos, ese viaje se ha de ver en otra perspectiva: Ya en 1936, tenía proyectado comenzar la labor del Opus Dei en París, pero la Guerra Civil española, primero, y la II Guerra Mundial después habían impedido la expansión del Opus Dei en el extranjero. Su primer viaje a Roma tenía como finalidad inmediata conseguir de la Santa Sede una aprobación de derecho pontificio que asegurase la secularidad de los miembros del Opus Dei. Pero sus intenciones iban más allá: veía la ciudad de Roma como el enclave necesario para dirigir la expansión del Opus Dei por todo el mundo. En Roma recibió en 1947 el título de prelado doméstico de Su Santidad, lo cual le daba derecho al tratamiento de monseñor, y a utilizar sotana ribeteada de rojo y, sobre todo, dejaba claro que el Opus Dei no está relacionado con las órdenes religiosas, pues los miembros de éstas no pueden recibir esos títulos honoríficos.

Por aquellos años se le diagnosticó una fuerte diabetes. Sus crisis de salud fueron muy frecuentes a partir de 1944. Como diabético insulinodependiente, Escrivá sufría constantemente cansancios, trastornos de la vista y se mantenía en pie gracias a las inyecciones y a una dieta estricta.

El ciclo fundacional parecía terminado. La primera fecha fundacional, la sección de varones, tuvo lugar en 1928; la segunda, la sección de mujeres, en 1930; la tercera, los sacerdotes, en 1943. La incorporación de supernumerarios, formada en su mayoría por hombres y mujeres casados, además de la admisión de cooperadores (que pueden ser no católicos, no cristianos y no creyentes), tuvo lugar entre 1947 y 1948. A partir de entonces, la organización iba a presentar su fisonomía definitiva.

Escrivá inició operaciones jurídicas para el reconocimiento del Opus Dei por parte de la Santa Sede. En 1947 y 1950, obtuvo la aprobación del Opus Dei como Instituto Secular de derecho pontificio, siendo aprobados sus estatutos en 1950, en los cuales los laicos hacían, si bien de forma privada los tres votos clásicos de obediencia, castidad y pobreza.

El nuevo estatus jurídico de la Obra como institución de derecho pontificio facilitó una nueva expansión internacional. En 1949 marcharon los primeros a Estados Unidos y México. Durante la década de 1950, el Opus Dei se estableció en Canadá y otros once países americanos, Alemania, Suiza, Austria, Holanda, Japón y Kenia.
 En 1948 se erigió el Colegio Romano de la Santa Cruz, centro internacional de formación para los varones del Opus Dei. Y en 1952, el Colegio Romano de Santa María, para las mujeres. Estas dos instituciones permitieron que un buen número de miembros de la Obra recibieran formación espiritual y pastoral directamente de Escrivá, a la vez que obtenían la licenciatura o el doctorado en Filosofía, Teología, Derecho Canónico o Sagrada Escritura en alguna de las universidades pontificias de Roma. Muchos de los hombres y mujeres que empezarían la labor de la Obra por todo el mundo pasarían antes varios años en Roma.

Durante los últimos años de la década de 1950 y los primeros de 1960 Escrivá realizó diversos viajes a capitales europeas, para preparar el comienzo del Opus Dei en esos países.

En 1947 tuvo lugar la adquisición en Roma de una amplia casa, con jardín en el número 73 de la calle Bruno Buozzi para la construcción de la casa central de la Obra y sede del Colegio Romano del Opus Dei, que duraría trece años, hasta 1960. A partir de la casa originaria se levantaron ocho edificios. Todo ello dio a la construcción un aire imponente, al ser una estructura compleja e interconectada formada por los ocho edificios, con doce comedores y catorce oratorios, algunos de los cuales eran subterráneos, dando cabida el mayor de los oratorios a más de doscientas personas.

En la Casa de Roma, el sagrario del oratorio de la Trinidad fue el preferido de Escrivá y en donde rezaba con mayor devoción. Allí sus hijos colocaron -siguieron una antigua tradición- una sagrario con forma de columba, una "paloma eucarística". Se halla colgada del techo encima del altar y es una paloma fabricada de oro y piedras preciosas, en cuyo buche se abre un pequeño sagrario donde se guardan las hostias consagradas.

Escrivá también recibió el nombramiento de miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología. Obtiene el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense. Es nombrado consultor de dos Congregaciones de la Curia Romana.

Sigue con atención los preparativos y las sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965), y busca un trato intenso con muchos de los padres conciliares. No obstante, Escrivá no participó en ninguna de las comisiones o sesiones conciliares, ya que -según algunos- no fue invitado por mucho que lo intentara. Sin embargo, el secretario general del Opus Dei, Álvaro del Portillo, desempeñó un papel relevante en los preparativos del Concilio.

Últimos años

A causa de la diabetes y de las complicaciones asociadas a ella, la salud de Escrivá se fue deteriorando gravemente. Según Jesús Ynfante, sus episodios de mal humor y cólera fueron más frecuentes al hacerse mayor, como narra Luis Carandell en una anécdota. A pesar del deterioro de su salud, Mons. Escrivá, siguió estimulando y guiando en esos años la difusión del Opus Dei por todo el mundo. Con el mismo objeto, a partir de los años setenta Escrivá comienza a recorrer el mundo en lo que él denominaba "correrías apostólicas" y también "campañas de catequesis". En 1972 realiza un viaje por la península Ibérica. Durante el verano de 1974, Escrivá estuvo tres meses en Sudamérica de los cuales permaneció enfermo más de diez días en Perú guardando cama; en Quito, capital del Ecuador, permaneció entre el 1 y el 10 de agosto sin poder ver a nadie ni llevar al cabo plan alguno; el 15 de agosto se trasladó a Venezuela, había llegado todavía enfermo y como su estado físico empeoró en Caracas, decidieron acortar el largo viaje de catequesis del fundador del Opus Dei.

De estos viajes se conserva abundante material audiovisual, sobre todo de sus reuniones con cientos de personas.

Solicitud y concesión del Marquesado de Peralta

Posiblemente uno de los episodios más controvertidos en la vida de Escrivá sucedió en 1968. Cuando solicita y le es concedido por el gobierno de Franco, en parte -según Jesús Ynfante - gracias a la colaboración de un miembro del Opus Dei en el Ministerio de Justicia el título de III marqués de Peralta, título que retuvo sin usar durante cuatro años, antes de renunciar a él en 1972 en favor de su hermano Santiago. Según la investigación de Ricardo de la Cierva, la concesión, aunque con buena intención, fue obtenida de forma irregular.

Muerte y canonización. Reacciones

Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Tras su muerte, la Santa Sede recibió miles de cartas -entre ellas, las de un tercio del episcopado mundial y 41 superiores de órdenes religiosas- solicitando la apertura del proceso de beatificación y canonización. Finalmente, su causa se introdujo en 1981 y el 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer en la plaza de San Pedro, en Roma. «Con sobrenatural intuición», dijo el papa en su homilía, «el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado». El 6 de octubre de 2002, es canonizado por Juan Pablo II en Roma, apoyado por las cientos de miles de personas que asistieron a los actos. Durante la ceremonia de su canonización, Juan Pablo II animó a todos a buscar la santidad en medio del mundo, en el trabajo y la vida ordinaria, tal como lo enseñaba el nuevo santo y siguiendo su ejemplo.

Su rápido proceso a los altares no estuvo exento de polémica y oposición. Los detractores critican lo que ven como una canonización relámpago o "turbo santidad" de Escrivá, y afirman que el proceso entero estuvo plagado de irregularidades. Sin embargo, también obtuvo el apoyo de diversas figuras de la jerarquía eclesiástica.

Tras su canonización, en numerosos países ha recibido algún reconocimiento público: esculturas, imágenes, placas, murales, iglesias, calles, plazas, etc.

En la actualidad hay más de ochenta mil miembros del Opus Dei, como se indica en el Anuario Pontificio, que se actualiza periódicamente.

Pensamiento y mensaje

 Filiación divina

«La filiación divina es el fundamento del espíritu del Opus Dei», afirmó Josemaría en numerosas ocasiones. Desde el bautismo, un cristiano es un hijo de Dios. Escrivá se esforzó por vivir y difundir este mensaje como central para la vida de un cristiano.

Libertad

Todas las biografías y los estudios sobre el pensamiento de Escrivá destacan, como uno de los elementos fundamentales de su personalidad, de su vida y de sus obras, el valor que asigna a la libertad como don de Dios.

Su enseñanza sobre la libertad no se limita a la acción social, política y de pensamiento del cristiano. Es una realidad que influye sobre toda la vida cristiana en su unidad existencial y en su variedad de modos, en particular caracteriza toda la vida espiritual del cristiano, su relación con Dios, con los demás y con el mundo.

Santificar el trabajo

Escrivá de Balaguer enseñó a buscar la santidad en el trabajo, lo que significa esforzarse por realizarlo bien, con competencia profesional, y con sentido cristiano, es decir, por amor a Dios y para servir a los hombres. Así, decía, el trabajo ordinario se convierte en lugar de encuentro con Cristo.

Unidad de vida

El fundador del Opus Dei explicaba que el cristiano no debe «llevar como una doble vida: la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social». Por el contrario, señalaba san Josemaría, «hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser —en el alma y en el cuerpo— santa y llena de Dios».

Oración y sacrificio

San Josemaría recordó la necesidad de cultivar la oración y la penitencia propias del espíritu cristiano. Recomendaba la asistencia, si puede ser diaria, a la Santa Misa, dedicar un tiempo a la lectura del Evangelio, acudir con frecuencia al sacramento de la confesión, fomentó la devoción a la Virgen. Para imitar a Jesucristo, recomendaba también ofrecer algunas pequeñas mortificaciones, especialmente aquellas que facilitan el cumplimiento del deber y hacen la vida más agradable a los demás, así como el ayuno y la limosna.

Vida ordinaria

Es en medio de las cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres, decía san Josemaría. La familia, el matrimonio, el trabajo, la ocupación de cada momento son oportunidades habituales de tratar y de imitar a Jesucristo, procurando practicar la caridad, la paciencia, la humildad, la laboriosidad, la justicia, la alegría y en general las virtudes humanas y cristianas.



Influencia

 Es autor de libros de espiritualidad difundidos en los cinco continentes. El más conocido y popular es Camino, que cuenta con cerca de cuatro millones y medio de ejemplares en 43 idiomas.

Algunos rasgos característicos de Escrivá fueron su profunda adhesión al papa y a la Iglesia; repetidas veces afirmaba que «el Opus Dei (que es “una parte de la Iglesia”) está para servir a la Iglesia como ella quiere ser servida».

Numerosas personalidades de la Iglesia consideran a Josemaría Escrivá como precursor del Concilio Vaticano II por su predicación sobre la santidad en medio del mundo, afirmando que las personas de cualquier condición y desde cualquier oficio honesto puede llegar a ser santos, sin necesidad de ser sacerdotes o religiosos.

Controversia

 Descrita como «la fuerza más polémica de la Iglesia católica», en palabras del periodista John Allen, el Opus Dei es visto por algunos teólogos como signo de contradicción y por otros como fuente de controversia. Al mismo tiempo que ha encontrado apoyo en los Papas y líderes católicos, ha sido criticado por diferentes sectores y ex miembros.

Se han planteado acusaciones de proselitismo agresivo, secretismo, y sectarismo.


Publicaciones

 Algunos libros fueron publicados en vida; otros son póstumos. El libro más conocido es Camino, una colección de 999 aforismos, que ha tenido una importante recepción. Póstumamente, se publicaron otras dos colecciones de aforismos: Surco y Forja.

La Abadesa de las Huelgas es un estudio teológico-jurídico, a partir de las fuentes y documentos originales, sobre el caso extraordinario de jurisdicción cuasiepiscopal por parte de la abadesa del famoso monasterio burgalés. La primera edición se publicó en 1944.

Amar a la Iglesia84 reúne tres homilías del fundador del Opus Dei: Lealtad a la Iglesia, El fin sobrenatural de la Iglesia y Sacerdote para la eternidad. El volumen incluye además, dos artículos de Mons. Álvaro del Portillo en torno a la figura del fundador del Opus Dei.

Discursos sobre la Universidad es un volumen elaborado por la Universidad de Navarra con motivo de la beatificación de su Fundador y Primer Gran Canciller, donde se recogen los diversos discursos académicos pronunciados por él ante la corporación universitaria, la homilía pronunciada en el campus de la Universidad de Navarra en octubre de 1967 y algunas otras declaraciones públicas suyas sobre temas universitarios.

Además, se publicaron dos colecciones de homilías, Es Cristo que pasa, dedicado a los grandes momentos del año litúrgico, y Amigos de Dios, en que glosa una serie de virtudes. Santo Rosario y Via Crucis (obra póstuma) están dedicados a estas dos formas tradicionales de la piedad católica. Finalmente, Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer reúne en un volumen entrevistas concedidas a diversos medios de comunicación y una homilía pronunciada en el campus de la Universidad de Navarra en 1967.

Tanto de Camino como de Santo Rosario se ha publicado una edición crítico-histórica.


Película

En 2011 se estrenó Encontrarás dragones (en inglés, There be Dragons), película protagonizada por Charlie Cox, Wes Bentley, Dougray Scott y Olga Kurylenko, en la que Charlie Cox da vida a Josemaría. A raíz del horror de la Guerra Civil Española, un candidato para la canonización es investigado por un periodista que descubre que su propio padre tenía una conexión profunda, oscura y devastadora.

Opinión

Juan Pablo II, en la bula de canonización, le llamó «el santo de lo ordinario o de la vida ordinaria» y que San Josemaría «se contaba entre los grandes testigos del cristianismo»

Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José y Dolores. Tuvo cinco hermanos: Carmen (1899-1957), Santiago (1919-1994) y otras tres hermanas menores que él, que murieron cuando eran niñas. El matrimonio Escrivá dio a sus hijos una profunda educación cristiana.

En 1915 quebró el negocio del padre, que era un industrial de tejidos, y hubo de trasladarse a Logroño, donde encontró otro trabajo. En esa ciudad, Josemaría percibe por primera vez su vocación: después de ver unas huellas en la nieve de los pies descalzos de un religioso, intuye que Dios desea algo de él, aunque no sabe exactamente qué es. Piensa que podrá descubrirlo más fácilmente si se hace sacerdote, y comienza a prepararse primero en Logroño y más tarde en el seminario de Zaragoza. Siguiendo un consejo de su padre, en la Universidad de Zaragoza estudiará también la carrera civil de derecho como alumno libre.

La fundación del Opus Dei

D. José Escrivá muere en 1924, y Josemaría queda como cabeza de familia. Recibe la ordenación sacerdotal el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio en una parroquia rural y luego en Zaragoza.

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para obtener el doctorado en Derecho. En Madrid, el 2 de octubre de 1928, Dios le hace ver la misión que desde años atrás le venía inspirando, y funda el Opus Dei. Desde ese día trabaja con todas sus fuerzas en el desarrollo de la fundación que Dios le pide, al tiempo que continúa con el ministerio pastoral que tiene encomendado en aquellos años, que le pone diariamente en contacto con la enfermedad y la pobreza en hospitales y barriadas populares de Madrid.

Al estallar la guerra civil, en 1936, Josemaría se encuentra en Madrid. La persecución religiosa le obliga a refugiarse en diferentes lugares. Ejerce su ministerio sacerdotal clandestinamente, hasta que logra salir de Madrid. Después de una travesía por los Pirineos hasta el sur de Francia, se traslada a Burgos.

Cuando acaba la guerra, en 1939, regresa a Madrid. En los años siguientes dirige numerosos ejercicios espirituales para laicos, para sacerdotes y para religiosos. En el mismo año 1939 termina sus estudios de doctorado en Derecho.

Guiando el crecimiento del Opus Dei

En 1946 fija su residencia en Roma. Obtiene el doctorado en Teología por la Universidad Lateranense. Es nombrado consultor de dos Congregaciones vaticanas, miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología y prelado de honor de Su Santidad. Sigue con atención los preparativos y las sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965), y mantiene un trato intenso con muchos de los padres conciliares. Desde Roma viaja en numerosas ocasiones a distintos países de Europa, para impulsar el establecimiento y la consolidación del Opus Dei en esos lugares. Con el mismo objeto, entre 1970 y 1975 hace largos viajes por México, la Península Ibérica, América del Sur y Guatemala, donde además tiene reuniones de catequesis con grupos numerosos de hombres y mujeres.

Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Varios miles de personas, entre ellas numerosos obispos de distintos países —en conjunto, un tercio del episcopado mundial—, solicitan a la Santa Sede la apertura de su causa de canonización.

Beatificación y Canonización

El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer en la plaza de San Pedro, en Roma, ante 300.000 personas. «Con sobrenatural intuición», dijo el Papa en su homilía, «el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado».

Diez años más tarde, el 6 de octubre de 2002, Juan Pablo II canoniza al fundador del Opus Dei en la plaza de San Pedro ante una multitud de más de 80 países. El Santo Padre, en su discurso a los participantes en la canonización, dijo que "san Josemaría fue elegido por el Señor para anunciar la llamada universal a la santidad y para indicar que la vida de todos los días, las actividades comunes, son camino de santificación. Se podría decir que fue el santo de lo ordinario".