viernes, 13 de julio de 2018

Península Valdés - CHUBUT

CHUBUT: Turismo rural en Península Valdés

Estancias junto al mar

Entre ovejas, caballos, pingüinos y lobos marinos, un circuito de fincas cercanas a Puerto Madryn resulta otro camino posible para alojarse, comer y conocer a fondo la fauna de la costa chubutense. Show de esquila y todo el gusto de un escenario auténticamente de película.

 A 2200 kilómetros de su provincia natal el “Chaco” se planta frente al público. “Chaco” es el apodo, y su impronta es la de un standapero de campo. Suelta un par de gags semipreparados, y deja la puerta abierta a todas las preguntas del público. Ese público somos nosotros, el lugar es el galpón de esquila de ovejas de la estancia San Guillermo, pocos kilómetros al sur de Puerto Madryn. El “Chaco” desgrana todo el proceso con gestos, anécdotas, historias y detalles: una síntesis de la esquila de las ovejas Merino de esta zona, que pone en marcha el recorrido estanciero por la Península Valdés. De las ovejas a los pingüinos y de la historia a la cocina patagónica. Un cuadrilátero de estancias australes en esta punta de tierra y fuera de ella, como coordenadas en el este chubutense.

CABALLOS SALVAJES Todavía falta un rato para la escena del “Chaco” y su explicación paso a paso del proceso de esquila –que terminará en lo que llaman el “show de esquila”, la teoría puesta en acción con público presente– y Orlando Mendoza –así su nombre real, aunque no el más popular– nos recibe en las puertas de la estancia. San  Guillermo está a 17 kilómetros de Puerto Madryn y es un rancho bien típico de la Patagonia, que une la explotación lanar con el turismo rural. Esa segunda faceta está repleta de cosas: cabalgatas, mountain bike, caminatas interpretativas, avistaje de aves y travesías en 4x4 en estas 2700 hectáreas pegadas a las costas del Golfo Nuevo.
Llegamos hasta acá en uno de los camuflados jeeps de Zonotrikia Adventure con Matías al volante, que sube y baja las mesetas de Cerro Avanzado y Punta Loma buscando buenas vistas de la costa del mar. Pasados los ascensos, descensos y paradas panorámicas nos recibe un trío de personajes: el “Chaco” al frente, Lupita –la chulenguita de un año que camina entre nosotros como una mascota– y el Tordo. El Tordo es un caballo hermoso y elegante, y su nombre deriva matemáticamente de Tordillo. Blanco, musculoso, aparece en varias películas que vienen a filmarse por acá. El “Chaco” arranca con sus explicaciones diciendo que el tordillo apareció en Caballos salvajes, rodada en 1995. De hecho, la memorable frase de Héctor Alterio subrayando todo lo que vale la pena estar vivo, con brazos al cielo y mar de fondo, fue filmada a pocos kilómetros de acá. En un lugar que, claro, es parada en el recorrido.
San Guillermo tiene su eje en las ovejas y en la esquila. Y ahí, las luces se posan sobre el “Chaco”: parado frente a las gradas con público que pagó para ver el show, hace la explicación histórica de la cosa. El pasado y el presente, de la piedra a las tijeras y a las máquinas electrónicas. “Es hermoso ver trabajar a las comparsas de esquila –dice–. Vos mirás al esquilador y a la oveja y pensás que están bailando una danza”, y abre los brazos con su cadencia litoraleña. Las comparsas son los grupos de 15 a 25 personas que empiezan y terminan todos juntos. A las  ovejas se las esquila totalmente sueltas; se las mete en un corral, y dependiendo de la posición en la que estén van cayendo los diferentes tipos de lana al piso semiabierto. Después, en una mesa se clasifican, con siglas, según la parte de la oveja y la calidad de la lana.
“Chaco” termina haciendo preguntas a los visitantes: ¿las ovejas patean? ¿Hay ovejas fosforescentes? ¿Muerden? Las respuestas derivan en un debate entre risas y él responde una por una.  Chaco creció –cuenta– cazando carpinchos y yacarés en los ríos del litoral, “donde el frío es húmedo y penetra en los huesos, no como acá”. Hace una década y media se instaló en el frío seco de la Patagonia. Y resume el cambio de vida y de época: “Acá, en esta estancia, no se mata nada. Es que todo va avanzando”. Y compara: “Como la telefonía celular”.

LUJOS ESTANCIEROS El camino hacia el sur se estira hacia Punta Ninfas. Una segunda parada antes de entrar a la reserva de Península Valdés es El Pedral, a 70 kilómetros de ripio desde Puerto Madryn y a unos diez del faro que es un sello de esa punta. El Pedral es un mix entre reserva natural, estancia y hotel de campo, con su propia agenda de actividades en un lugar bellísimo. El hotel es una construcción que data de 1923, formada por tres edificios: una casa principal –donde ahora sirven el desayuno y los almuerzos para los visitantes– y dos alas con habitaciones. Galerías, escaleras de madera y un estilo rural unidos con una piscina y lo luminoso de las construcciones modernas. Todo fue traído de Europa en barco a comienzos de siglo, y la casona es una cápsula de aquellos tiempos. Cuentan en la estancia que para recuperar el espíritu de los pioneros en esta región ventosa, como novedad, desde enero de 2018 se puede llegar hasta acá por mar desde Puerto Madryn. Una experiencia de viaje completo, en tiempo y espacio.
Desde esta estancia se organizan también salidas a avistar la fauna de la zona –pingüinos, orcas– y a solo unos 15 minutos se puede llegar hasta el faro de Punta Ninfas. A lo alto del acantilado bien al sur, es una referencia para la navegación pero también el primer testigo, cada año, de la llegada de las ballenas alrededor del mes de mayo. Una vista increíble. Grandes excusas para gastar un poco de energía para después volver y cargarse un almuerzo patagónico. El Pedral tiene a Humberto –el “asador en jefe”– que se pone al hombro la tarea de dorar el cordero, enmarcado por unas empanadas y vino tinto.
Ya península adentro, Rincón Chico es un lodge exclusivo ubicado en el extremo sur. Se trata de la quinta generación de dos de las primeras familias en la región –los Olazábal y los Endara, aquí hace más de un siglo– que desde 2001 abrieron las puertas al público. Una gran parte de lo que se recauda acá va la fundación que investiga la vida salvaje de la zona. El caserón de estilo inglés está rodeado de galerías y un deck en el frente. Poco más allá, una de las primeras construcciones de la familia, traída íntegramente de Inglaterra en 1897. Son ocho habitaciones súper exclusivas (fue el lugar donde se alojaron los reyes de Holanda hace pocos meses) desde donde también se pueden hacer todas las excursiones. La caminata hasta la cabaña que forma parte de la propiedad, pegada a la costa, es una vidriera idea para ver lobos marinos, orcas y ballenas desde el living. Quizá, la forma más cercana y cálida de poder abrazar un paisaje ciertamente inabarcable.

PINGüINERA NORTE Micaela se agacha hasta el suelo seco y toma algo con las manos. Lo levanta, y lo que muestra enciende un viaje de millones de años. Tiene en su mano una ostra gigante fosilizada. Al azar entre todos los restos que pueblan el suelo toma otra parte cóncava, y une las dos formando una sola pieza enorme. Micaela es una de las guías y guardaparques de la estancia San Lorenzo, en el extremo norte de la península; uno de los platos fuertes. Esta caminata paleontológica es la que terminará con la visita a una enorme pingüinera, que se vio mágicamente favorecida por el crecimiento de su colonia con muchísimos ejemplares de pingüinos de Magallanes que eligieron esta costa para reproducirse. Llegamos hasta acá como parte de un recorrido de día completo, que en nuestro caso terminará bajando hasta Puerto Pirámides, algo que es una gran opción, ya que San Lorenzo no tiene alojamiento.
Después de la primera parte de la caminata –que en su totalidad será de una hora y media– la guardaparques y “Berni”, el otro guía, repasan los pasos a seguir para el ingreso a la pingüinera. Vamos a entrar por un camino que se abrió al público hace muy poco, por lo que nos dicen que las aves no están acostumbradas a ver hombres por acá. Hablar bajo, caminar con cuidado, no sacar fotos sin detenerse: es decir, moverse lento, y pensar cada paso. El sendero nos va guiando entre rocas blancas y los pingüinos están definitivamente en la suya. Algunos nos miran, intentando enfocar la vista, y la mayoría, ni eso. Caminan por el costado solos, de a pares, y muchos se asoman desde dentro de sus nidos. Estamos en plena época de nacimientos –por fortuna– así que los nidos devuelven la imagen de huevos por abrirse, y pequeños pichones de algunas horas de nacidos.
Como sucedió con El Pedral, las caminatas tienen su gran final en la mesa. Este enorme galpón acondicionado de San Lorenzo se abre para todos los visitantes, sueltos, contingentes, argentinos, extranjeros. Las tablas se llenan de cordero –de qué, si no– y todos van sobre ellas. Sabores en una tarde de sol, en  la que queda mucho por hacer.

Philip Norman - "Paul McCartney: La biografía"

Se acaba de editar Paul McCartney: La biografía

Perdón, Paul

Poco antes del asesinato de John Lennon, el periodista británico Philip Norman publicó Shout, una biografía de The Beatles muy exitosa pero extremadamente parcial en la que era injusto y hasta despreciativo con Paul McCartney. Los años lo hicieron cambiar de idea. Y ahora acaba de editar Paul McCartney: La biografía (Sexto Piso), un libro completísimo en el que se muestra arrepentido, atento a los detalles y rendido de admiración.


¿Cómo puede alguien volver por un camino que ha dinamitado a sabiendas y con ganas? Dicen que hay algo de lo que no se regresa y es del ridículo. Philip Norman, veterano autor británico de biografías de músicos, hizo el ridículo –al menos un poco– cuando publicó su primer libro, Shout, una minuciosa biografía de The Beatles, cuyo original entregó en noviembre de 1980, un mes antes de que asesinaran a John Lennon. Norman tuvo mucha suerte porque entre otras barbaridades sostenía que John era el 75% del grupo. No había manera de que eso fuera a caerle bien a nadie, y menos a Paul McCartney, pero en la neblina lúgubre que se instaló a partir de la muerte de Lennon su punto de vista quedó enmascarado por la pena colectiva. Es más, inspiró la simpatía de Yoko Ono, que lo invitó a conocer el Dakota y le proporcionó material y acceso para que pudiera escribir una biografía de su difunto esposo.
Durante el ejercicio profesional del periodismo previo al éxito de Shout, Norman atacó con saña a McCartney con críticas ácidas, incluso en forma de verso, como la publicada en el Sunday Times cuando Paul obtuvo ese número uno tan prolongado con “Mull Of Kintyre” en 1977. Y decía: “Oh, liverpuliano delicado de esposa desafinada/ por los empalagosos clichés que nos has endosado/ ojalá que al compás de una anodina tonada/ en medio del camino pronto te veas enterrado”. Al ridículo, le añadió la ofensa. Y en su biografía sobre Paul McCartney, recientemente publicada por Malpaso en Argentina, no oculta su pecado sino que también hace un mea culpa. “¿Acaso alguien ha quemado alguna vez los puentes de manera más concienzuda?”
Hay cosas de las que no se retorna pero de algún modo, Philip Norman lo logró… con una ayudita de su “amigo” Paul McCartney. Con el correr de los años, los libros y la vida de periodista y escritor, Norman fue comprendiendo que en Shout había escrito algo no solamente injusto, sino que estaba faltando a la verdad de los hechos. Intentó corregirlo cuando escribió su biografía de Lennon, y si bien sabía que no iba a contar con la presencia de Paul, le hizo saber a través de su agente de prensa que ese texto no sería de ninguna manera como el libro que escribió sobre The Beatles. 
Para su absoluta sorpresa, Paul McCartney en persona lo llamó y le dijo que tenía curiosidad “por ese tipo que parece odiarme tanto”. Ese gesto terminó de ratificar el giro copernicano que se produjo en la opinión de Norman sobre McCartney. El hombre al que él había difamado con pasión, era todo un caballero. Eso le infundió el ánimo para que, luego de haber publicado la biografía sobre Lennon en 2008 y otra sobre Mick Jagger en 2012, se animara a encarar una de Paul. Supuso con razón que McCartney no lo escogería como biógrafo, pero logró algo interesante: una aprobación tácita del Beatle que, sin involucrarse concediendo reportajes, no obstaculizó su investigación y le dio un visto bueno a su agente de prensa para que colaborara indirectamente.
De esa manera Philip Norman concretó una biografía de Paul McCartney que agrega sólidos donde otros encontraron solamente vacío. No obstante, hay detalles en los que hace agua: hay unos cuantos datos musicales erróneos, mínimos quizás (por ejemplo, asegurar que “Penny Lane” tiene un arpa cuando ese instrumento es protagonista en “She’s Leaving Home”), pero que en la biografía de un músico cobran peso. Norman compensa alguna de esas falencias con su enciclopedismo británico que, sin abrumar, completa los casilleros de las diferentes etapas de la vida de Paul con abundante contexto, nuevas fuentes y algunas interpretaciones audaces pero no descabelladas. 
Para cualquier autor resultaría sumamente difícil poder agregar algo nuevo sobre un terreno tan transitado como la historia beatle. Norman no es la excepción, pero lo intenta de un modo tan obstinado que consigue al menos un buen resultado. Ser británico le otorga la perspectiva del nativo que puede reconocer guiños, rasgos de época, manierismos de tradición, como cuando menciona a un tema no muy trascendente como “Things We Said Today”. Dijo que Paul la escribió “a la pasada” (verdad a medias: todo lo escribían rápido en aquellos días), pero reparó en un buen detalle al mencionar que “enterrada en ella podía encontrarse un primer indicio del particular carácter británico que aparecería en sus clásicos del futuro. Y también en la visión característicamente halagüeña del futuro: unos amantes que siguen juntos, tal vez cuando tengan sesenta y cuatro años, compartiendo un silencio cariñoso y lleno de recuerdos”. 
Más interesante que la épica beatle en sus buenos y malos momentos, resultan detalles poco conocidos de la carrera solista de Paul, e incluso de su vida. Norman se hace un picnic con el arresto del bajista en Tokio durante una gira durante 1980 en la que las autoridades le encuentran marihuana en su valija. Ahí, en el periodismo puro y lindante con lo amarillo, en la narrativa cruda y llena de incidentes, es donde saca musculatura y apabulla al lector con una seguidilla de historietas y detalles que atrapan de inmediato. Obviamente, no faltan los motivos para que Norman se zambulla en esos ríos turbios: la muerte de Linda Eastman, su conflictiva pareja con Heather Mills y su posterior separación, y el tercer matrimonio –exitoso hasta el momento– con Nancy Shovell.
En el firmamento beatle, donde Lucy sigue brillando con diamantes, los biógrafos de The Beatles tienen diferentes categorías. Hunter Davies, que escribió la primera historia autorizada, es el bueno, y Albert Goldman, que firmó el escandaloso The Lives of John Lennon, es el diablo. Mark Lewisohn es la autoridad suprema y Geoff Emerick, el técnico de grabación de la segunda mitad de The Beatles, el que estuvo en el intestino de la creación y logró recordarlo. ¿Cuál será el lugar que se le asigne a Philip Norman? Eso aún no está claro. A juzgar por esta biografía de Paul McCartney, voluminosa, completa –llega casi hasta nuestros días–, imperfecta pero con gancho, es probable que se lo considere como El Arrepentido. Cuando finalmente lo tuvo a Paul enfrente, Philip Norman solo pudo decirle: “Tu ética de trabajo me ha dejado estupefacto”.

Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino

Se inaugura la Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino

Testimonio vivo y doloroso de un país en tiempo de crisis

Las 167 impactantes imágenes de la 29ª exhibición de Argra que podrán verse desde hoy en la Casa del Bicentenario son –sobre todo– un resumen de los hechos políticos y sociales ocurridos durante 2017, que exponen con crudeza el intento del Estado por callar los reclamos.


Una pregunta prologa la 29° Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino organizado por ArGra y que hoy a las 18 inaugura en la Casa del Bicentenario: ¿Cómo se recordará el año 2017? La respuesta capaz de clarificar/ resumir/ definir la sucesión de hechos políticos y sociales ocurridos durante ese año (eje de la exhibición) no surge de una sola de las impactantes 167 fotografías que se encuentran expuestas en los dos pisos del edificio de Riobamba 985. Porque la clave no está en la unidad sino en el conjunto.
Santiago Maldonado, ARA San Juan, atril y CGT, rock y Olavarría, fútbol y Emanuel Balbo, gases, escudos y perdigones, docentes y paritarias, marchas contra la reforma previsional, contra el 2x1, multitudes a favor de Ni Una Menos, y decenas de heridos y detenidos ilegales. El orden de los sucesos no altera la memoria. El 2017 es la sumatoria inquietante de hechos que se produjeron a un ritmo vertiginoso. Ese vértigo social está presente en el montaje de esta muestra fotográfica que reúne el trabajo periodístico de reporteros gráficos (espontáneos y profesionales) de todos el país tras una rigurosa selección entre más de 3200 imágenes que realizó un comité editor formado por Julieta De Marziani, Celina Mutti Lovera, Emiliana Miguelez, Fernando Massobrio y Martín Zabala. Esta narrativa visual no es resumen ni balance, sino el testimonio vivo y doloroso de una Argentina en tiempo de crisis. Acaso también el anuncio de los tiempos que vendrán.
¿Cómo se recordará el 2017? La pregunta lanzada por el escritor Pablo Waisberg en el texto de apertura vuelve a formularse al detenerse en cada uno de los rostros, gestos, miradas y cuerpos de los miles de hombres y mujeres fotografiados que protagonizaron hechos claves de ese año. Una primera conclusión: todas las imágenes expuestas revelan la ausencia de diálogo y de consenso, cada una de ellas expone con crudeza el intento del Estado por hacer callar las voces de los que reclaman.
Antes de la apertura de la muestra –que podrá ser visitada hasta el 12 de agosto– un grupo de reporteros gráficos entre los que se encontraban Nicolás Stulberg (Infobae), Dolores Ripoll (El Día), Luciana Granovsky, Carlos Brigo, Florencia Downes, Fer Herms, Paula Ribas (Télam), Maxi Ferraza (Gente), Pablo Cuarterolo (Perfil), Juan Manuel Floglia (Clarín), Hernán Nersesian (Crónica), Guadalupe Lombardo y Leandro Teysseire (PáginaI12), Sebastián Pani, Vera Rosemberg y Federico Cosso (freelance), conversó con este diario no sólo sobre el material expuesto, también sobre la situación que atraviesan los fotógrafos de prensa asociados a ArGra desde hace dos años y medio: despidos, desprotección, persecución y avasallamiento de sus derechos.

* Oscuridad. Con esa palabra el fotógrafo Carlos Brigo (uno de los 357 despedidos de Télam) sintetizó 2017: “La tensión social es el reflejo de lo que está pasando en el país desde hace dos años y medio: mucha represión, mucha desazón en la gente, fotos muy oscuras, poca alegría, crisis social. Todo eso está presente en cada imagen. Observo que la prensa corre los mismos riesgos que durante los primeros años de la década del   80, cuando el aparato represivo no estaba desarmado. Creo que ahora se está rearmando y en esta situación nuestro trabajo se vuelve peligroso. Hubo muchos de nuestros compañero heridos, lastimados, presos, detenidos, secuestrados... Se empieza a vivir un clima bastante oscuro”.
* Represión. “Esa es la primera palabra con la que sintetizo el trabajo de los compañeros fotógrafos”, dice Leandro Teysseire: “La violencia represiva está a la vista y las calles fueron el escenario. Fue una constante durante las marchas como las realizadas por Santiago Maldonado hasta las ocurridas durante el debate de la reforma previsional. Hubo muchos fotoperiodistas heridos, colegas  de medios alternativos detenidos. La represión pone de manifiesto una violencia por el parte del Estado que no se veía desde hace mucho tiempo. Junto a esta crisis se suma otra: la del achique del mercado laboral, donde cada vez hay más fotógrafos precarizados. Acá están todas las miradas, los estilos y los conceptos sobre la fotografía periodística, y se expone acá porque el espíritu federal de ArGra es precisamente la variedad”.

* Dramático. Ese fue el término por el que optó Paula Ribas: “La fotografías periodísticas expuestas son el testimonio de la violencia recrudecida por las políticas de Estado. Esa violencia hizo que las personas salieran a las calles a manifestarse y, con el correr de las protestas, eso terminó en un cuadro dramático. Aquí están las fotos. En ese escenario también hirieron a la prensa, la encarcelaron. Es algo inaudito teniendo en cuenta que nuestro laburo es cubrir los acontecimientos. A esa realidad se le agrega otra: cada vez hay más periodistas free lance, lo que significa que es mayor el grado de exposición a los que estamos expuestos desde el punto de vista de la integridad física y de nuestro equipo de trabajo. El amedrentamiento policial nos ha quitado la verdadera alegría de levantarse cada día y salir a trabajar”.
* Incertidumbre. Así tituló Sebastián Pani lo que ocurrió en 2017: “Nadie sabe qué pasará ante una protesta social, ni los manifestantes ni los que trabajamos en prensa. Sufrimos una desprotección absoluta, sobre todo los que no estamos cubriendo la noticia para algún medio específico. El año pasado fue el ancla desde el Estado para marcar la cancha. A partir de ese momento, el gobierno empezó a jugar sus fichas, y hoy sabemos que esas fichas las van a redoblar. Esta compleja situación, desde el grupo observador, desde la mirada de los fotógrafos, indudablemente está plasmada en esta muestra”.
* Tensión. Para Pablo Cuarteloro, el año pasado arrancó con una escena de máxima tensión, que se vivió cuando se copó el atril en un acto de la CGT. “De ahí en adelante, todo nuestro trabajo fue poner el cuerpo en situaciones de riesgo. La muestra revela la fricción social que vivimos y, al mismo tiempo, augura un horizonte para nada claro. Acá, desde el punto de vista periodístico hay noticias fuertes, pero todas están atravesadas por una carga negativa significativa para la sociedad. Y en ese escenario crítico estamos trabajando los reporteros gráficos argentinos”.

jueves, 12 de julio de 2018

San Juan Gualberto

San Juan Gualberto

En el monasterio de Passignano, en la Toscana, san Juan Gualberto, abad, que después de perdonar por el amor de Cristo al asesino de un hermano suyo, vistió el hábito monástico, y más tarde, deseando practicar una vida de mayor austeridad, puso los cimientos de una nueva familia monástica en Valumbrosa († 1073).
Un tal Simón que fue dado a la magia y a la nigromancia en tiempo de los Apóstoles quiso, en Samaría, comprar por dinero el poder que presenció en Pedro de hacer bajar sobre los primeros bautizados al Espíritu Santo. Simón se había convertido a la fe, pero se ve que seguía aún apegado al oficio del que vivió y con el se que ganó la admiración de la gente que le llamaba "el Mago"; cuando vió que a la oración y gestos de Pedro sobreviene la fenomenal manifestación del Espíritu Santo, como sucedió en Pentecostés con la glosolalia, las lenguas de fuego y el ruido de viento celeste, no pudo aguantar su deseo ofreciéndose como comprador del don sobrenatural. La reprimenda del Apóstol no se hizo esperar; le amenaza Pedro con el castigo de Dios y deja asentada la doctrina nítida de que los dones sobrenaturales son regalos divinos ordenados a la salvación y que no pueden manipularse en bien propio como sucede con las mercancías materiales. Tan decisiva fue la intervención de Pedro ante el atrevimiento de Simón que su fea actitud quedó denominada con nombre de simonía y clasificada como grave desorden o pecado para el intento lucrativo de bienes sagrados o de materiales que son condición para lo sobrenatural.

Este ademán de Simón, la simonía, fue muchas veces una tentación para los clérigos. No de modo exclusivo, porque ha habido épocas en la historia en las que el poder civil se ha mostrado con injerencias indebidas en la distribución de bienes eclesiásticos y en la designación de dignidades que llevaban anejas unas ricas prebendas bien para comprar el apoyo de los eclesiásticos al poder constituído más o menos legítimamente o bien para recompensar los servicios prestados. Al referirme al mundo de los eclesiásticos, quiero decir que el afán de dominio y de poder ha estado con harta frecuencia en la intimidad de algunos que desempeñan oficio en el ámbito de la clerecía.

Y en este terreno de lucha sin cuartel contra la simonía sobresale Juan Gualberto, nacido en el castillo de su padre, un noble florentino poderoso y rico llamado igualmente Gualberto, en el siglo X.

Su madurez cristiana se palpó en el encuentro fortuito con un pariente que había matado a su hermano; no era posible evitar la escaramuza porque se cruzaban sus caminos y el numeroso grupo de gente armada que acompañaba a Gualberto auguraba para su enemigo la muerte segura; se superponen en el interior de Gualberto su deseo de venganza que postula el honor y el recuerdo de Jesús crucificado que perdona a los verdugos; supera lo que le pide la sangre con la memoria del mandamiento del amor, señal de los discípulos, y no tomó otra opción que la de perdonar al rendido enemigo; ha triunfado el amor, no sin la ayuda de Dios. Tenso por la lucha interna, entró en una iglesia para dar gracias y pudo ver -con asombro- a un crucificado que le movía la cabeza en señal de asentimiento y aprobación por su normal comportamiento cristiano.

Este cambio interior tuvo como manifestación externa la entrada en el monasterio benedictino de san Miniato. Muerto pronto su abad, uno de los monjes compró al obispo de Florencia la dignidad vacante. El hecho disparó la energía de Gualberto que se escapa del monasterio y a voz en grito, en plena plaza, proclama que Huberto, el abad, y Hatto, el obispo de Florencia, son herejes simoníacos.

Busca cenobios, pero encuentra relajada la observancia en todos. Incapaz y desilusionado, funda su propio claustro y una nueva congregación monástica bajo la regla de san Benito. Así nace Vallombrosa, en los Apeninos, donde se le van uniendo monjes a los que inculca como imprescindible la integridad, pureza y perfección de la regla de san Benito, haciendo hincapié en la observancia de la clausura rigurosa y negándose incluso a realizar ministerios fuera del monasterio por la experiencia vivida de que algunos destrozaron sus almas queriendo arreglar las de los demás. En poco tiempo recibe ofertas de fundaciones nuevas y de restauraciones de conventos ya existentes. Ninguna rechaza, pero toma precauciones. Él mismo en persona es quien reforma o funda y luego deja en el gobierno a los mejores peones; él hace las visitas pertinentes, y es él quien corrige, anima o reprende. Así lo ven los monasterios de san Silvi próximo a Florencia, el de san Miguel en Passignano y el de san Salvador en Fucechio que ampararon la red de caminos que atravesaba los Alpes para ir a Roma o regresar de ella.

Pero, de todos modos, lo que distingue a su persona y obra es la lucha contra la simonía mal tan grande en tiempo del emperador Enrique IV y cuando el papa Gregorio VII está clamando por la reforma intentando restaurar la vida cristiana principalmente entre los eclesiásticos. Ve Gualberto con nitidez que ese cambio es necesario. Por eso, en Toscana, hace un esfuerzo sobrehumano para sacar al clero del concubinato y conseguir una multitud de fieles fervientes que Dios quiso reunirle con poderes de taumaturgo. A la simonía la llamará la peor de las herejías e inculcará a sus monjes ser tan inflexibles en esos asuntos como lo fue Pedro con Simón el Mago. Les dirá que hace falta desenmascararles en público y no ceder hasta verlos depuestos de sus sedes como sucedió con el obispo Pedro Mediabarba, de Florencia. Claro que costó sangre y hasta hubo obispos que mandaron sicarios decididos a matar y llegaron a incendiarios.

Fue un santo recio, severo y peleón que se mostró intransigente cuando cualquier abad u obispo compraba un monasterio para ser su dueño como se es amo de un cortijo. Su irascibilidad en estos negocios se trocaba en entrañas maternales con los pobres a quienes alimentaba pidiendo limosna y aún a costa de la comida suya o de sus frailes.

Murió el 12 de julio del año 1073 en el monasterio de Passignano.

Curioso reseñar que fue muy abad, sí; pero nunca consintió recibir órdenes sagradas, ni siquiera las menores que hoy son ministerio laical.
 Juan Gualberto nació en Florencia, a fines del siglo X, en el seno de una familia de la nobleza. Su único hermano, Hugo, mayor que él, fue asesinado por un joven que se hacía pasar por su amigo. Juan consideró como un deber vengar la muerte de su hermano. Por su parte, su padre le incitó también a la venganza, de suerte que el futuro santo desoyó completamente la voz de la religión y de la razón. La venganza es un crimen aun en el caso de que constituya simplemente el motivo por el que se pide el justo castigo del ofensor; pero lo es mucho mayor cuando se trata de devolver injuria por injuria y de hacerse justicia por propia mano. Sin embargo, Juan estaba convencido de que el honor exigía castigar al asesino de su hermano. Un día se encontró frente a frente con éste en un pasaje tan estrecho, que ninguno de los dos podía volver atrás. Juan desenvainó la espada y avanzó hacia el asesino, que estaba desarmado y cayó de rodillas con los brazos sobre el pecho, como para protegerse y pedir clemencia. Súbitamente, Juan recordó que Cristo había orado por sus enemigos en la cruz; movido por aquel recuerdo envainó la espada, abrazó al asesino y ambos se separaron en paz. Juan prosiguió entonces su camino hasta llegar al monasterio de San Miniato, entró en la iglesia y se arrodilló ante un crucifijo. De pronto, la imagen de Cristo inclinó la cabeza hacia el joven, como si quisiese darle a entender que había aceptado su sacrificio y su sincero arrepentimiento.

La gracia se posesionó de tal modo del alma del joven, que inmediatamente fue a pedir al abad que le admitiese en la vida religiosa. El abad vacilaba en hacerlo, temiendo la cólera del padre de Juan; pero, a los pocos días, Juan se cortó espontáneamente el cabello y se vistió con un hábito que había conseguido prestado. Acto seguido empezó una vida nueva. A la muerte del abad de San Miniato, Juan abandonó el convento con otro compañero y partió en busca de un sitio más retirado, pues la elección del nuevo abad había sido escandalosa. Durante una peregrinación que hizo al santuario de Camáldoli, resolvió fundar una orden nueva. Para ello escogió un hermoso valle de las cercanías de Fiésole, llamado Vallis Umbrosa, donde construyó con sus compañeros un pequeño monasterio de madera y adobe. Ahí se estableció la nueva comunidad, que seguía la regla primitiva de San Benito con toda su austeridad. La abadesa de Sant´Ellero regaló más tarde a los monjes el terreno para la construcción de un monasterio definitivo. Juan modificó un tanto la regla, ya que suprimió el trabajo manual para los monjes de coro e introdujo a los «conversi» o hermanos legos. Probablemente el monasterio de Valleumbrosa fue el primero que tuvo hermanos legos. La vida de los monjes era sumamente austera, y la comunidad floreció mucho en una época, aunque con el tiempo fue mermando.

Juan Gualberto temía tanto el extremo de la laxitud como el de la dureza; fue un fiel imitador del celo y la docilidad de Moisés, a quien las Escrituras llaman «un hombre que excedía en mansedumbre a todos los otros hombres». Tan humilde era San Juan Gualberto, que ni siquiera quiso recibir las órdenes menores. Velaba particularmente por la pobreza y no quería que sus monasterios fuesen demasiado imponentes ni costosos, pues lo consideraba como poco conforme con el espíritu de pobreza. Se distinguió por su amor a los pobres, a los que jamás dejaba partir del monasterio con las manos vacías. Se cuenta, que en varias ocasiones, el santo acabó con las provisiones del monasterio por darlas a los necesitados. Durante una época de hambre, socorrió milagrosamente a las multitudes que acudían a Rozzuolo. Dios concedió a San Juan Gualberto el don de profecía, y el de obrar milagros, ya que devolvió la salud a varios enfermos. El papa san León IX fue a Passignano expresamente para ver al santo, y Esteban X le profesó la mayor estima. El papa Alejandro II afirmó que san Juan Gualberto había acabado con la simonía en los alrededores del sitio en que habitaba, ya que el amor del santo por el retiro no impedía a él ni a sus monjes tomar parte activa en la lucha contra ese vicio, entonces tan extendido.

San Juan Gualberto murió el 12 de julio de 1073. Esa es la única fecha de su vida que conocemos con certeza. El papa Celestino III le canonizó en 1193. Los materiales sobre la vida de san Juan Gualberto son, en cierto sentido, bastante abundantes pero ofrecen pocos datos de interes.

"Las olas" - Adrián Biniez

Las olas, coproducción uruguayo-argentina dirigida por Adrián Biniez

El mar como origen de toda aventura

En su tercer largometraje, el director de Gigante y El 5 de Talleres se sumerge en un mundo a la vez fantástico e ingenuo. Después de cada nuevo chapuzón, el protagonista vuelve a experimentar distintos episodios de su vida, como niño o adolescente.


Desde que al cine argentino se le antepuso el “Nuevo”, el mar es sinónimo de purificación, de reinicio, de la purga de un pasado con miras a un futuro distinto. Como si la sal curara heridas físicas pero sobre todo emocionales, hombres y mujeres de todas las edades se sumergen en las aguas del Atlántico para renacer y dejar atrás quienes fueron. Las olas no es estrictamente argentina, como así tampoco su realizador: Adrián Biniez nació en Lanús pero hace años se afincó en Montevideo, y su última película es, al menos en términos de producción, más de aquél lado del Río de la Plata que de éste. Quizá por eso el mar cumple aquí un rol distinto, más cercano al de las aventuras marítimas de tintes fantásticas de la literatura del siglo XIX que a la expiación intimista. Un linaje que el propio Biniez reconoció en la entrevista al suplemento Radar del último domingo y que como director valida incluyendo títulos de clásicos de aquel género en las placas que funcionan como separadores de los distintos capítulos, con especial predilección por la obra de Julio Verne, algunas de cuyas líneas sirven para el desenlace.
Como en los libros del autor de La isla misteriosa, La vuelta al mundo en ochenta días y Viaje al centro de la Tierra, por citas algunas referencias usadas en los separadores, Las olas presenta un universo en el que la aventura imposible es falible de volverse real. Estrenado en el último Festival de San Sebastián, el tercer largometraje del responsable de Gigante y El 5 de Talleres abre con varias tomas de distintos puntos de Montevideo, terreno en el que Alfonso (Alfonso Tort) se mueve como pez en el agua y cuyas paredes contienen, como una piel, las huellas de su historia personal. La cámara lo encuentra casi como al pasar, vestido de traje y corbata, recorriendo distintas licorerías por motivos que en principio se desconocen. En principio y al final también, puesto que el film omite cualquier explicación sobre el tema. Una omisión que, lejos de agujero narrativo, se corresponde al valor anecdótico de su potencial oficio. El núcleo del relato despliega sus alas después de que Alfonso se ponga la malla para un baño en las aguas de la rambla, allí donde el río amarronado empieza a dar paso a las primeras corrientes de agua salada.
Las cosas empiezan a enrarecerse cuando salga del agua en un tiempo con indisimulables coordenadas del presente aun cuando lo que vea –¿imagine?– sean escenas de su infancia y juventud. ¿Qué ocurrió? ¿Acaso es un sueño? ¿Un viaje alucinatorio? ¿Una introspección con fines terapéuticos, de reconciliación interna? Poco importan los motivos del choque de temporalidades, dado que en Las olas la fantasía, lo onírico y los recuerdos se entrelazan hasta volverse un todo imposible de disociar. Lo primero que ve Alfonso es a una pareja de cincuentones que en realidad son sus padres. Padres que lo tratan como a un chico –mamá le hace un sánguche, papá se enoja porque se portó mal– aun cuando él siga siendo el mismo cuarentón de siempre. Otro chapuzón y ahora el encuentro es con aquellos amigos de la adolescencia, cuando el entrecruce de miradas con las chicas era el mejor combustible para la explosión de las hormonas. “¿Voy a seguir haciendo música a los 35 años?”, le pregunta uno de esos jóvenes, aceptando sin un atisbo de sorpresa que aquel hombre es y a la vez no es su amigo.
El pedido de explicaciones a una ex que marcó a fuego su corazón (con la actual pareja de ella como involuntario pero cómodo testigo), largas charlas veraniegas y un campamento en un bosque son algunas de las postas de un viaje por las etapas clave de la vida de Alfonso. Un viaje que marca un nuevo quiebre en la filmografía de Biniez. El realizador pasó de la observación lacónica de un guardia de seguridad en Gigante al costumbrismo futbolero y barrial con El 5 de Talleres, y ahora a un recorrido lo-fi, sin estridencias ni quiebres de guión, tan derivativo en su estructura como naturalista en su registro, que fluye con el ritmo cansino e hipnótico de las olas espumosas durante el verano. 

John Coltrane - "Both Directions at Once. The Lost Album"

Se publica un álbum con una sesión de grabación inédita del mejor John Coltrane

Algo así como descubrir el Santo Grial

A partir de cintas recientemente encontradas del gran saxofonista muerto en 1967, el sello Impulse! editó Both Directions at Once. The Lost Album. Se trata del registro de una sesión de grabación de 1963, en plena madurez artística de Coltrane.


El tiempo sabe disimular en sus pliegues guiños que el régimen cronológico ignora. Son desaires al orden establecido, firuletes de la historia capaces de alterar las categorías de pasado y presente. Son los que permiten, por ejemplo, asistir por estos días al lanzamiento de un nuevo disco de John Coltrane.
A partir de cintas recientemente encontradas del gran saxofonista muerto en 1967, el sello Impulse! editó Both Directions at Once. The Lost Album. Se trata del registro de una sesión de grabación de 1963, en la madurez artística de Coltrane, con música original tocada junto a lo que muchos consideran su mejor formación: McCoy Tyner en piano, Jimmy Garrison en contrabajo y Elvin Jones en batería. Desde hace unos días la música está en las plataformas de distribución digital y desde esta semana el disco “físico” ya circula en las tradicionales disquerías, en CD y vinilo.
El título elegido para el disco, Both Directions at Once, alude a aquello que alguna vez Coltrane le explicó a Wayne Shorter: “Se trata de empezar una frase por la mitad y tratar de ir al principio y al final al mismo tiempo”. Sonny Rollins, uno de los más acreditados descendientes musicales de Coltrane, comparó la reaparición de las cintas al “descubrimiento de nuevas bóvedas en la Gran Pirámide”. Así de grande es Coltrane, que en estas cintas aparece dando enormes pasos hacia el futuro. 
Poco se sabía de la existencia de esta sesión realizada el 6 de marzo de 1963, que por esas cosas de las estrategias comerciales quedó sin editar y se guardó para perderse. Una de las pocas menciones a estas cintas “perdidas” aparece en The Classic Quartet: The Complete Impulse! Recordings, la caja con grabaciones de Coltrane y su cuarteto publicada en 1998. No obstante la constatación de la ausencia –se mencionan en el registro del estudio y del sello–, el título no se priva, por fanfarronería o escepticismo, de usar el siempre eficaz “complete”, que recién ahora se verifica y que llega con la alegría de lo inesperado. 
Con Coltrane regresan además los nombres de Rudy Van Gelder, el legendario ingeniero de grabación de varios de los más grandes discos del jazz, y de Bob Thiele, el productor de Impulse!. Thiele había diseñado para 1963 varios títulos de Coltrane, según una estrategia que debía atemperar con algunas colaboraciones atractivas para un público más amplio el camino radical –desde el hard bop hacia el free jazz vía espiritualidad– que estaba tomando la música del saxofonista. Era un año complicado para el jazz, que para la consideración industrial envejecía en favor del blanco y emergente rock. Mientras el jazz expandía sus horizontes expresivos reivindicando pertenencias y poniendo en tensión las fronteras entre arte y entretenimiento, los Beatles excitaban nuevas formas de juventud con Please, Please Me y Bob Dylan con The Freewheelin’ Bob Dylan, el disco en el que entre otros está “Blowin’ in the Wind”. 
Duke Ellington & John Coltrane apareció en febrero y Ballads en marzo de 1963. En julio se lanzaron Impressions, disco que muestra a Coltrane en la propia ebullición creativa, y John Coltrane & Johnny Hartman, un trabajo con baladas tan complacientes como estremecedoras y que figura entre los más vendidos del saxofonista. Por otro lado, el sello Prestige publicó el mismo año Dakar, Stardust y Kenny Burrell & John Coltrane, con material de sesiones grabadas a finales de la década de 1950. En este panorama no resulta extraño que la sesión del 6 de marzo, un día antes de grabar con Hartman y mientras el cuarteto realizaba una residencia de dos semanas en el club neoyorkino Birdland, haya quedado sepultada entre los afanes de un año de pródiga emergencia y el futuro que llegaría atropellando en diciembre de 1964, cuando en el mismo estudio de Van Gelder Coltrane grabó lo que sería su obra maestra: A Love Supreme.
Con la historia a favor, las cintas aparecieron y cambiaron su destino de sesión de descarte a sensación discográfica. La historia del descubrimiento se reconstruye entre divorcios, hijos, herencias, cajas de mudanza y distracciones. Una novela que sin mayores traumas, 55 años después llega a un final feliz. Fue Antonia, hija de Juanita “Naima” Grubbs, primera mujer de Coltrane, la que recibió de su madre una caja en la que más tarde descubriría unas cintas que oportunamente entregaría al sello. La discográfica a su vez encargaría a Ravi, saxofonista, hijo del segundo matrimonio de Coltrane (con Alice Mc Leod), la curaduría de un disco cuya edición completa consta de catorce temas. 
Más allá del entusiasmo y del valor del hallazgo, no es posible pensar en un “disco” de Coltrane, teniendo en cuenta la poderosa concentración conceptual de sus trabajos mejores. Se trata de temas que en su variedad no representan un concepto unificador. Más bien reflejan al saxofonista y su cuarteto en pleno movimiento, probando posibilidades. Sin embargo trae dos verdaderas perlas, grabaciones originales, músicas del mejor Coltrane nunca antes escuchadas, que en su acritud conservan el nombre con que fueron registradas: “Untitled Original 11383” y “Untitled Original 11386,” ambas interpretadas con saxo soprano. A pesar de la precariedad del título, la ejecución da cuenta de una música ya rodada, de ideas en avanzado estado de elaboración. La primera, “11383”, contiene un curioso solo de contrabajo de Jimmy Garrison, que ante el silencio del resto recurre al empleo del arco, y “11386” presenta la vuelta al tema después de los solos, un recurso ya no muy frecuente en aquel Coltrane y su cuarteto. 

“Impressions”, una de las composiciones más famosas y más grabadas de Coltrane, aparece en cuatro tomas, en versiones relativamente breves, de una calidez maravillosamente precipitada, dos de ellas sin piano. Están también “Nature Boy”, en una versión que es un portento de síntesis expresiva, sin solos, prepara la más extensa que Coltrane grabaría más tarde, en 1965. “Slow Blues” resulta un extraordinario compendio de lenguaje individual y de ensamble, y “Vilia”, canción derivada de la opereta La viuda alegre, de Franz Lehar, suena como una amable versión. 
La primera de las dos tomas incluidas de “One Up, One Down”, tema del que hasta ahora se había editado solamente una grabación en vivo en el Birdland, podría estar entre lo mejor del disco; logra una sugestiva tensión rítmica, además de un caldeado intercambio entre Elvin Jones y Coltrane y solos monumentales de McCoy Tyner y, al final, del mismo Jones. En esa variedad, no deja de ser un hallazgo sorprendentemente feliz, que además de sostener la vigencia de las ideas de Coltrane, muestra al saxofonista inmerso en su búsqueda. Un Coltrane legítimo.

Andrea Giunta - "Feminismo y arte latinoamericano"

Entrevista a Andrea Giunta, por su libro Feminismo y arte latinoamericano

“En el arte también hay un techo de cristal”

La investigadora habla de “prácticas micropolíticas que dan visibilidad a artistas varones más que a mujeres”. En su libro establece una revisión exhaustiva de casos de mujeres que configuraron nuevas relaciones de poder en los modos de ver y mostrar.


Hay una hipótesis clara en el flamante libro Feminismo y arte latinoamericano (Siglo Veintiuno Editores), de la investigadora y profesora Andrea Giunta, y es que la “liberación del cuerpo patriarcal” en el arte no es algo de ahora sino un fenómeno que se puede rastrear ya desde hace algunos años, más precisamente los sesenta. De hecho, el subtítulo del texto es “historias de artistas que emanciparon el cuerpo” porque es justamente eso lo que combina el libro: una revisión exhaustiva de casos de mujeres del arte que configuraron nuevas relaciones de poder en los modos de ver y mostrar. Así, más que narrar una revolución feminista cristalizada, como si fuera una foto, la también doctora en Filosofía y Letras muestra un auténtico proceso en curso. Tanto, que en esta entrevista con PáginaI12 se anima a un ida y vuelta constante entre ese pasado que retrata y el caluroso momento actual.  
“El problema central de este libro es cómo a través de las obras de distintas artistas latinoamericanas se produce un proceso nuevo sobre el cuerpo. Esa emancipación se construye, en todos los casos, sobre la base de un conocimiento nuevo y lo que genera es la visibilidad de un cuerpo que ahora es político”, dice a este diario la autora, que explica su decisión de trabajar con el pasado: “Siempre estamos abordando feminismos nuevos, pero también nos nutre saber que no estamos solas, que tenemos hermanas que lucharon y nos antecedieron, que la revolución política de los cuerpos en la que estamos inmersos no podría haberse realizado sin ellas”, afirma sobre los trabajos de la colombiana Clemencia Lucena, de las argentinas María Luisa Bemberg y Narcisa Hirsch, la uruguaya Nelbia Romero, la chilena Paz Errázuriz y otras artistas mexicanas que retoma en el libro.
Pero además de casos concretos, la autora ofrece un aporte impecable para ejemplificar sobre aquello que llama “censura sistémica” dentro de la historia del arte. Se trata de estadísticas institucionales rigurosas, actuales e inéditas sobre el acceso y la visibilización de las mujeres artistas en el campo del arte. Así, analiza por ejemplo la cantidad de premios obtenidos por las mujeres artistas en el Salón Nacional de las Artes (el único premio de artes visuales que otorga el Estado Nacional) de los rubros pintura (sólo el cinco por ciento hasta el año pasado), escultura (el diez), dibujo (el seis), la fotografía (el cinco), el grabado (el 26) y la cerámica (el doce), entre otros, que demuestran que “la equidad de género no forma parte de la agenda del arte argentino”. 
“El techo de cristal del que se habla en el feminismo en general también existe en el arte y es articulado a partir de prácticas micro políticas que presuponen determinadas operaciones en torno a juegos institucionales que dan visibilidad a artistas varones más que a mujeres. Lo que sucede históricamente, y en todo el mundo, es que ese juego, muchas veces apoyado en la falsa idea de la calidad, no permite visibilizar en términos igualitarios la producción de artistas varones y mujeres”, dice Giunta, que en su día a día vuelca estas ideas en sus clases de Arte Latinoamericano y de Arte Internacional en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. 
–¿En los temas abordados por el arte también hubo o hay censura? Porque en el libro habla de una explosión de temáticas que nunca habían sido abordadas en el arte…
–La censura es más que nada referida al acceso, pero es cierto que hay temas que nunca aparecían. La maternidad como trauma, por ejemplo, es uno de ellas, o también la violación. Son varios. Las violaciones en la historia del arte siempre fueron alegóricas y no abordadas desde una perspectiva femenina. También está la menstruación, históricamente ausente e las obras, que ahora aparece muy fuerte porque incluso hay artistas que trabajan con su propia sangre menstrual. A grandes rasgos, lo que se produce en esta segunda ola del feminismo en términos de visualidad es el abordaje del cuerpo desde una perspectiva nueva, como sujeto de experiencia, de indagación, de investigación. Y es interesante porque además de un giro iconográfico en relación a temas que no estaban, también hay un caudal de nuevas estrategias para contar esos temas, estrategias inabarcables, analíticas, de discurso, sofisticadas. Estas artistas ya no sólo recurren a la historia del arte sino también a la sociología científica, al psicoanálisis lacaniano, a la medicina. Se meten con instrumentales científicos y eso también es un cambio. 
–Y esas artistas mujeres, que en el libro afirma que “contribuyeron a construir una imaginación emancipadora en América Latina”, ¿son declaradamente feministas o se puede hacer esa operación sin autopercibirse de ese modo?
–Se puede perfectamente. Un ejemplo del libro es el de la uruguaya Nelbia Romero, que tiene toda una tradición militante dentro del comunismo y que tiene preocupaciones feministas pero no una formación en ese campo, como otras que sí. Yo la incluyo en el libro porque creo que su obra se hace eco en un montón de cuestiones que se vinculan con el feminismo, empezando por su problematización y crítica en torno al rol de una institución patriarcal como el Estado. De todos modos, y en virtud de que para mí es muy importante la auto identificación, no puedo decir que la suya sea una obra feminista, porque eso contradeciría mis propias categorías. No le puedo colgar el título de feminista si no lo asumió como identidad política. Pero, más allá de eso, ni le agrega ni le quita nada a Nelbia que yo diga que es feminista. Su propia obra habla de ella. 
–Dentro del feminismo en general, ¿qué lugar cree que tiene este feminismo, el de las mujeres de la cultura?
–Tenemos cuestionamientos de otras organizaciones feministas cuyas integrantes son colegas nuestras tomando en cuenta el rango etario, la clase social y la formación. Hay muchas formas de invalidación porque desde esas organizaciones se critica que las mujeres de la cultura seamos burguesas, blancas y educadas. Nos dicen que hay que reclamar por todo y claro que es así, por supuesto que un femicidio es más grave que la desigualdad en la cultura, pero yo creo que hay que articular todo el tiempo lo micro y lo macro. Nosotras nos abocamos a las prácticas machistas que se articulan específicamente en nuestro campo y a veces somos deslegitimadas por eso, como si la disputa de sentido en el campo de lo simbólico fuera algo menor. Por suerte desde las organizaciones que yo más respeto, que son las de mujeres cuyos cuerpos son vejados, violados y asesinados, muestran interés y curiosidad por lo que nosotras estamos planteando, a contra mano de nuestras pares de clase, que lo deslegitiman.  
–Sin embargo, en su forma de construir poder y política, el feminismo o lo feminismos son profundamente performáticos, algo que toman del arte…
–Absolutamente. Y en eso creo que las Madres de Plaza de Mayo fueron maestras, porque gestaron una visualidad específica de la lucha. Si ves las Marchas de la Resistencia de comienzos de los años ochenta en adelante podes identificar a cada una por la visualidad. Hay un montón de propuestas artísticas dentro de su recorrido. El siluetazo es una acción evidente pero no la única. Ya el hecho de ponerse pañuelos blancos bordados en la cabeza es una operación estética alucinante, lo mismo que colgar y pintar pañuelos en las calles. Se genera una nueva militancia artística distinta a la visualidad de la militancia anterior, más vinculada al mural urbano. Ahora se cruzan lo corpóreo, la performance, lo conceptual.
–¿Qué piensa de los proyectos de ley que proponen cupo o paridad en los ámbitos artísticos?
–El cupo no es objetivo nuestro, y ni siquiera el cincuenta por ciento. Queremos todo, seamos sinceras. Las mujeres somos el ochenta por ciento de la matrícula de las escuelas de arte, lo que significa que nuestros cuerpos están alimentando a un sistema productivo. Poblando las escuelas de arte lo que hacemos es justificar la existencia de esas instituciones, de esas clases, de esos docentes y de esos presupuestos. Ahora, somos la materia prima de ese sistema pero cuando pasamos a la esfera de la visibilización nuestra presencia baja a un veinte por ciento. ¿Qué pasa con el resto de ese porcentaje? ¿Cómo puede ser que suceda esto? Llamo a una huelga general de las estudiantes de arte. Vacíen las escuelas y el sistema se cae.