lunes, 24 de julio de 2017

San Charbel Makhluf

San Charbel Makhluf

Nombre libanés de etimología desconocida (1820-1898) Presbítero. Nació en Biqa Kafra, población cercana a Beirut, Líbano; fue bautizado con el nombre árabe de Youssef, en español, José (del hebreo, "Dios acrecentará").    Su padre murió en 1831 y su madre, Brígida, contrajo nuevas nupcias en 1833 con Lahhoud Ibraim, quien trató a los hijos de Brígida con amor excepcional. Lahhoud cursó estudios teológicos y recibió el diaconado. Youssef cursó sus estudios en la escuela parroquial de. Biqa Kafra. Desde pequeño mostró su preferencia por acercarse a Dios en la soledad y el silencio del campo, cuando cuidaba del rebaño familiar.    A menudo se retiraba a una gruta para rezar. Su devoción a María Santísima fue célebre. Pese a la insistencia de sus familiares, el joven Youssef ya definía su vocación sacerdotal y la castidad como ofrenda de pureza al Señor. En 1851, sin avisar a sus familiares, se encamina al monasterio de Nuestra Señora de Mayfouq, donde profesa en la vida monástica adoptando el nombre de Charbel, en honor a un santo monje maronita del siglo IV. Continúa sus estudios sacerdotales en el monasterio de San Marón, en Annaya.    Cursa estudios de filosofía y teología en el convento de San Cipriano en Kfifan, al norte de Líbano (1853-1859); siempre destaca por su recogimiento y humildad. Tuvo como maestro al sacerdote maronita san Nematallah Al Hardini (14 de diciembre), conocido como el Santo de Kfifan. Recibe la ordenación sacerdotal en 1859, en la residencia de la sede patriarcal de Bkerke, Monte Líbano.    Ejerce su ministerio en el monasterio de Annaya, donde sólo vive dieciséis años, ya que solicita a sus superiores permiso para retirarse a la vida eremítica; al aceptar su propuesta, ingresa en la ermita de San Pedro y San Pablo, cercana al monasterio. Se distingue por su proverbial silencio, su dedicación al estudio de las Sagradas Escrituras, su fervor al rezar y su amor al Santísimo Sacramento y a María.    En su celda reinaba el espíritu de pobreza: un cántaro con agua, una piedra como silla, por cama el suelo sobre una piel de cabra y una tabla por almohada en donde dormía a lo sumo tres horas. Vestía gastado hábito, aun en invierno. En el convento trabajaba en los viñedos y en las más humildes tareas. Manifestó el don de conocer conciencias, recordando a los fieles sus pecados. Entregó su alma al Creador en el citado monasterio.    En su sepulcro, su cuerpo permanece incorrupto, sin la rigidez habitual, y ocurren prodigios de luz. Canonizado en 1977 por Pablo VI (1963-1978). Primer santo oriental desde el siglo XIII. Llamado "el último de los grandes ermitaños". Iconografía: con el hábito de los sacerdotes maronitas y la cabeza baja, símbolo de humildad.

 Chárbel Makhlouf, también conocido como Youssef Antoun (José Antonio) (en árabe, شربل مخلوف Sharbil Majluf; Beqakafra, 8 de mayo de 1828-Annaya, 24 de diciembre de 1898), fue un asceta y religioso maronita libanés (en el siglo, su verdadero nombre era Yusef Antun Majluf (يوسف أنطون مخلوف), Yusef es el equivalente árabe de “José” y Antun lo es de “Antonio”).

Quedó huérfano de padre a la edad de 3 años, y quedó luego al cuidado de su madre, quien posteriormente se casó en segundas nupcias con un hombre devoto que sería después monje maronita (el hombre casado en el rito maronita, tiene acceso a ordenarse como sacerdote).

 En 1851, se trasladó a la localidad de Mayfouq, en cuyo monasterio maronita ingresó como novicio y recibió el nombre de Fray Chárbel, a la edad de 20 años. Permaneció también en Kfifane, donde recibió instrucción de su confesor, San Nimatullah Al-Hardini.

En el monasterio maronita de Annaya, donde vivió hasta su muerte, hizo los votos solemnes en 1853 y fue ordenado sacerdote en 1859.

Fray Chárbel se destacó por su amor a Cristo y su vida de oración, ayuno y sufrimientos, la predicación y por la taumaturgia (don de sanar enfermos) que, para los creyentes, continuó incluso después de su muerte.

 Chárbel, con 25 años de edad, se consagró en 1853 al Señor por los tres votos religiosos de obediencia, pobreza y castidad, y tuvo su plena consagración recibiendo, a la edad de 31 años, el sacramento del sacerdocio, el 23 de julio de 1859 en la sede patriarcal de Bkerke, por la imposición de las manos de Monseñor Yusef El-Marid.

En su vida sacerdotal, San Chárbel no hizo más que poner en práctica lo que había aprendido de su maestro espiritual y profesor de Teología, el Beato Nemtala El Hardini, cuando le dijo : "Ser sacerdote, hijo mío, es ser otro Cristo. Para llegar a serlo no hay más que un camino: ¡el del Calvario! Comprométase sin decaimiento. Él lo ayudará". Así Chárbel vivió su consagración religiosa y sacerdotal, imitando a Cristo el sacrificado y haciendo de su misa el centro alrededor del cual se cristalizaría su existencia como sacerdote ermitaño.

Dios llama al sacerdote como llamó a Abraham: "Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo... te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y serás una bendición y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra" (Gen 12, 1-3). Así Chárbel entendió la misión del sacerdote y dejó atrás casa, familia y tierra para dedicarse a ejercer el ministerio dentro de los límites de su vocación monacal. Su desprendimiento fue total, llegando al punto de rehusar a ir a su aldea para celebrar una misa en presencia de su madre, llamada Brigitte Chediac, la cual no pudo asistir a su ordenación sacerdotal. Pero el espíritu que lo determinó a tomar esta decisión, será siempre el secreto de su mística espiritual y el misterio de su santidad.

Siendo así que durante toda su vida ejerció su labor como sacerdote, librándose de las ataduras de la sangre para unirse a los lazos de la gracia y así ser dócil a la acción del Espíritu Santo.

 Chárbel Mahklouf murió en el monasterio maronita de Annaya, en la Nochebuena de diciembre de 1898, donde actualmente yacen sus restos incorruptos. Se dice que desde su tumba emana un líquido acuoso de sangre, siendo éste un caso de emanación milagrosa de sangre licuada o licuefacción, como los de san Jenaro de Nápoles, san Nicolás de Tolentino y de san Pantaleón en el Monasterio de la Encarnación de Madrid.

Fue beatificado en 1965 y canonizado en 1977, siendo desde ese año el primer santo del Líbano. Se convirtió en un santo antes que su maestro "San Nematalá Hardini".


Gran amante de la Eucaristía y de la Virgen Santísima

Martirologio Romano: San Sarbelio (José, Charbel) Makhluf, presbítero de la Orden de los Maronitas Libaneses, que, por amor a la soledad y para alcanzar la más alta perfección, dejó el cenobio de Annaya, en el Líbano, y se retiró al desierto, en el que sirvió a Dios día y noche, viviendo con gran austeridad, ayunando y orando (1898).

 Youssef (José) nació el 8 de mayo de 1828 en un pequeño poblado del Líbano llamado Biqa-Kafra. Era el quinto hijo de Antonio Makhlouf y Brígida Choudiac, sencillos campesinos llenos de fe. Dos de sus tíos maternos eran monjes en el monasterio de Quzhaya que distaba una hora de camino desde Biqa-Kafra. José los visitaba con frecuencia y se quedaba con ellos ayudando en los oficios divinos, participando en sus oraciones y cantos y escuchando sus sabios consejos.

Tenía veintitrés años cuando dejó casa y familia para entrar al monasterio de Nuestra Señora de Mayfouk de la orden maronita libanesa. Al recibir el hábito de novicio cambió su nombre por el de Chárbel, nombre de un mártir de la iglesia de Antioquía que murió en el año 107 bajo el imperio de Trajano. Cuando su madre y su tío se enteraron de su decisión, se dirigieron inmediatamente a buscarlo al monasterio tratando de convencerlo de que regresara. Finalmente, Brígida, también convencida de la vocación de su hijo, le dijo: Si no fueras a ser buen religioso te diría: ¡Regresa a casa! Pero ahora sé que el Señor te quiere a su servicio. Y en mi dolor al estar separada de tí, le digo resignada: ¡Que Dios te bendiga, hijo mío, y que haga de ti un santo...!

Desde joven había desarrollado una intensa vida interior y de oración que durante sus años de monje había madurado. Pronto se despertó en él la vocación por la vida eremítica que, de acuerdo con la tradición cristiana, se debe hacer viviendo en soledad. Se retiró a la ermita de San Pedro y San Pablo en Gebel an Nour (Montaña de la Luz) que tenía sólo dos habitaciones pequeñísimas y un oratorio también estrechísimo. Comenzó esta vida más austera en el año 1875 y la llevó durante veintitrés años. Se ejercitaba en diversas mortificaciones y en la oración continua; dormía sobre el suelo y comía una sola vez al día. Ordinariamente oficiaba la misa hacia el mediodía de tal forma que pasaba la mañana preparándose para el Santo Sacrificio y la tarde dando gracias a Dios. Vivía en el más absoluto retiro, del que sólo salía para atender alguna necesidad pastoral.

El 16 de diciembre de 1898 estaba celebrando la misa hacia las once de la mañana, cuando le sobrevino un ataque de parálisis en el momento de la consagración. Murió el 24 de diciembre y sus restos reposan en el monasterio de San Maron, actual meta de peregrinaciones y milagros incesantes. Fue canonizado el 9 de octubre de 1977 por el papa Pablo VI.

Alvaro Yunque - "Luces malas"

Alvaro Yunque - "Luces malas"

Barcos de papel

El volumen Luces malas rescata los poemas de Alvaro Yunque, escritor muy productivo que se destacó por sus cuentos para chicos y por biografías de personajes singulares de la historia argentina.


“¿Lo publicado por mí? Poesías, narraciones, una novela, ensayos, biografías, conferencias, críticas, teatro, historia, pensamientos…He borroneado montañas de papel”, comentó alguna vez el escritor argentino Arístides Gandolfi Herrero, nacido en La Plata el 20 de junio de 1889 para referirse a una producción numerosa y varia- al punto que todavía hay inéditos suyos-, que firmó con el nombre de Alvaro Yunque. No fue el único seudónimo pero sí el que quedó fijado en la literatura argentina para uno de los integrantes del grupo de Boedo en la década de 1920 cuando inició la publicación de sus libros, algo que con algunas interrupciones continúa hasta hoy. 
Como poeta, discutía el preciosismo de Rubén Darío, aunque no dejaba de reconocer su maestría, pero prefería el lenguaje popular en su llaneza y en lugar de princesas, la realidad cotidiana, los pobladores del barrio, los chicos. Precisamente fueron sus cuentos para chicos los que lo fijaron en el recuerdo de quienes leyeron esa vertiente que es quizá la zona de su producción más famosa. Sumó a Barcos de papel, por el que ganó un premio municipal, una larga lista de volúmenes como  Zancadillas, Los animales hablan, Jauja, Muchachos del Sur, La barra de Siete Ombúes, Ta-te-ti; Mocho y el espantapájaros, Nuestros muchachos, Niños de hoy, El amor sigue siendo niño, Laberinto Infantil, Las alas de la mariposa, Animalia. Desde la mirada de esos seres inocentes el mundo injusto que padecen se hace más nítido, la lógica de desigualdades que lo organiza resulta casi incomprensible para esos personajes destinados a padecerlas. 
Inicialmente anarquista, luego comunista, Yunque siempre manifestó su oposición a todo lo que consideraba contrario a los intereses populares. Y por tanto combatió el fascismo que vio instalarse en Argentina con la Década Infame y en el mundo de la Segunda Guerra Mundial. De larga trayectoria en el periodismo, colaborador de numerosas publicaciones como La protesta, Campana de Palo, Los Pensadores, Caras y Caretas, La Vaguardia, dirigió en los años cuarenta el semanario El patriota durante el gobierno de Edelmiro Farrel. Su inclaudicable actitud lo llevó a ser encarcelado y a exiliarse luego en Montevideo. Al inicio de su primera presidencia en 1946, Perón otorgó una amnistía general, lo que le permitió volver a Buenos Aires. Por esos años publicó Ta-te-ti. Antología poética, resultante de su labor a lo largo de un cuarto de siglo (1924-1949) y precedida de un escrito también testimonial: “Las fuerzas hostiles contra las que debe luchar toda vida humana me han permitido publicar sólo algunos de mis libros de poesía. Los más, los mejores según mi juicio, permanecen inéditos: De unos y otros espigo para formar esta antología”.
La poesía estuvo siempre, a la par que se interesó por figuras como José Hernández, el cacique Calfucurá, Juan Manuel de Rosas, Leandro Alem, Almafuerte o Aníbal Ponce, manifiestas en estudios preliminares o ensayos. Si tuvo el reconocimiento de la Sociedad Argentina de Escritores hacia el final de su vida, también fue por entonces que nuevamente cayó sobre él la censura durante la dictadura cívico-militar iniciada en 1976 que incluyó en su negra lista varios de sus cuentos para chicos. 
Esas situaciones donde la libertad que tanto defendiera se veía duramente cercenada le inspiraron sendos poemarios que hoy se publican bajo el nombre de uno de ellos, Luces malas. El otro, escrito en los cuarenta se titula Hombre esencial. Según señala el editor, compilador y prologuista, Gito Minore, había incluido parte de este último en la antología de 1949, pero repone algunos como “Oportunas reflexiones acerca de la libertad escritas en una celda de la cárcel de Villa Devoto” provenientes de los numerosos inéditos que conserva la familia. Para Minore, el poema nacido de aquella experiencia, pero incorporado al libro posterior, enlaza ambos textos en la sola imagen de prisión. Juntos ahora cuando se cumplen treinta y cinco años de la muerte del autor, se presentan en una cronología inversa, Luces malas, escrito entre 1976 y 1981 “en noche de tiranía”, es casi un grito condensado en la brevedad de cada poema, y de conjunto, una sombría síntesis de abatimiento. Más extenso, Hombre esencial, recurre en los temas sociales girando sobre un eje que es la pregunta acerca de la condición humana, mostrándola en grandezas y miserias con matizada expresión, no sólo por formas afirmativas y exclamativas sino también por la mezcla de flexiones del español -el uso del vosotros, por ejemplo- con el voseo. Esta amplitud de registro léxico caracteriza una poesía que, atenta a cuanto hubo leído pero simultáneamente al habla de la calle, pudo incorporar expresiones corrientes y lunfardo, lo que asimismo se ve en los relatos. Como si también en este aspecto diera cuenta de la múltiple realidad que deseaba inscribir en sus obras.

CABA - BUENOS AIRES

BUENOS AIRES> Reservas y avistajes en la ciudad

Urbana pero verde

Aves, insectos, plantas y zonas verdes para descubrir y disfrutar muy cerca del centro de la propia Ciudad de Buenos Aires. Un viaje que dura una tarde y está a un subte de distancia, pero permite descubrir el pequeño gran micromundo natural que nos queda como herencia del nativo pastizal pampeano.


Buenos Aires es una de las capitales del mundo con mayor biodiversidad y presencia de aves: hay registradas más de 300 especies (en el país se encuentran 1042 en total) y casi todas fueron observadas en la Reserva Ecológica Costanera Sur, aunque también hay otros espacios verdes para visitar. Esta nota propone, sin alejarse de la urbe, pasar un día en la naturaleza, descubrir aves de lagunas y de pastizales, observar insectos y conocer plantas nativas que, por ser oriundas de esta zona, están adaptadas a este ambiente y condiciones climáticas y crecen sin necesidad de un seguimiento tan minucioso como suele ocurrir con las plantas exóticas (las que provienen de otros lugares, como las rosas) que requieren más cuidados.
VERDE MUY VERDE Cada estación del año tiene lo suyo, según explica Alejandro Galup, especialista en plantas nativas: “El invierno nos permite apreciar en todo su esplendor el ramaje fantástico de ciertas especies de árboles nativos como es el caso del pacará, cuya imponente copa puede superar los 20 metros de diámetro, o el ombú, que con su ramaje y tronco tortuosos invita a los niños -y a los no tanto- a jugar a las escondidas entre su recovecos”.
Los espacios verdes en una ciudad mejoran notablemente la calidad de vida de sus habitantes porque además de permitir conectarse con la naturaleza proporcionan un lugar de encuentro, descanso y “Alivio” al encierro que a veces se siente entre tanto cemento. Carlos Fernández Balboa, coordinador de Educación de Vida Silvestre, cuenta que la ciudad de Buenos Aires posee unas 700 hectáreas reales de espacios verdes parquizados, lo que implica que cada porteño dispone de un poco más de dos metros cuadrados para su aprovechamiento. Y un dato extra: esta cifra que representa una disminución del 75% con respecto a la superficie existente a principios del siglo XX.
“Además de las tres áreas protegidas que corresponden a la administración del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (Costanera Sur, Reserva de Lugano y Costanera Norte) hay otras 14 reservas naturales urbanas que enriquecen nuestra vida y conservan la naturaleza regional”, describe. “Entre las más importantes podemos mencionar la Reserva de Vicente López, el Parque Ecológico Cultural Guil[RTF bookmark start: ]_GoBack[RTF bookmark end: ]_GoBacklermo H. Hudson en Florencio Varela o el Refugio Educativo de Ribera Norte en San Isidro. Pero lo importante es que tanto municipios como la provincia de Buenos Aires y muchas organizaciones de la sociedad civil se han preocupado por mantener espacios significativos de nuestra naturaleza como testimonio representativo de las lagunas y pastizal pampeano. Sin este desvelo no tendríamos posibilidades de reconocer los testimonios de nuestra naturaleza pampeana”.
Volviendo a las plantas, debido a sus llamativos atributos y su nombre un tanto particular, hay también otro árbol especial que seguramente fue común en los bosques que poblaron la ciudad antes de su urbanización: el sombra de toro, de follaje verde oscuro y reluciente, hojas en forma de rombo y flores muy pequeñas y poco atractivas, pero con una fragancia dulzona que sorprende por lo agradable y persistente, apreciable durante la mayor parte de los meses fríos. “Otra especie que también florece en esta época del año es el fumo bravo, muy abundante y fácil de localizar en varios sitios de la Reserva Ecológica”, describe Galup. “Sus flores color violeta contrastan sobre su follaje, que es de un bello tono grisáceo y, como fuera poco, en esta época del año suele estar cubierto con sus pequeños frutos amarillos, muy apreciados por las aves silvestres, que son  fáciles de observar mientras los consumen”.

LAS QUE SE DEJAN VER La observación de aves tiene un gran potencial como herramienta de conservación ya que permite entender y apreciar cómo funciona un ambiente natural. Se estima que hay 78 millones de observadores de aves en todo el mundo (46 millones son de Estados Unidos y tres millones de Reino Unido) y, en la actualidad, la Argentina todos los años recibe alrededor de 30.000 turistas que llegan para conocer la enorme diversidad de especies de aves de y paisajes únicos que hay en nuestro país.
“En la Ciudad de Buenos Aires los lugares por excelencia para ver aves en una caminata de apenas dos horas son la Reserva Ecológica Costanera Sur y también los grandes parques como los bosques de Palermo o la Facultad de Agronomía, donde también están los Clubes de Observadores de Aves (COAS) que realizan salidas gratuitas y censos que aportan información valiosa sobre las poblaciones de aves”, resume Adela Marcó, coordinadora del Programa Aves y Turismo de Aves Argentinas, organización nacida en 1913. “En Aves Argentinas sostenemos que no se cuida lo que no se quiere y no se quiere lo que no se conoce, por eso promovemos el conocimiento de la naturaleza que nos rodea en el entorno urbano, para que la gente sepa que vive en una ciudad con una riqueza natural que debemos aprender a observar, disfrutar más y proteger”. Una de las últimas herramientas presentadas con este objetivo es una aplicación gratuita para celulares para identificar y conocer las aves de la Argentina, que fue realizada con el apoyo del Ministerio de Turismo de la Nación y la Administración de Parques Nacionales. La aplicación contiene más de 1500 fotos, cantos, información y mapas de las 365 especies de aves más comunes y emblemáticas de nuestro país.

UN MICROMUNDO Más allá de las aves y los mamíferos que todos quieren ver, hay un mundo menos conocido, muy pequeño y riquísimo. Se trata de los insectos, cuya enorme diversidad abre un gran abanico de especies que se pueden observar con paciencia y aguzando la mirada. Solo en la Reserva Ecológica hay casi 100 especies de mariposas registradas y van desde las más fáciles de ver en las flores como las monarcas (Danaus erippus) y espejitos (Agraulis vanilae) y sus orugas sobre los mburucuyás, hasta las más difíciles como la llamativa bandera argentina (Morpho epistrophus argentinus). “También son muy interesantes para observar las libélulas, que siempre están en cercanías del agua, revoloteando buscando presas y parejas”, explica Gastón Zubarán, entomólogo autodidacta, “y las avispas como las camoatí (Polybia scutellaris), volando entre las plantas y buscando orugas de lepidópteros para alimentarse ellas y a sus larvas que esperan en el nido”.
También se pueden ver a la chinche tricolor o chinche de la malva (Dysdercus albofasciatus), que con llamativos colores nos advierte su presencia sobre estas plantas, y escarabajos toritos (Diloboderus abderus) que atraviesan los senderos caminando y buscando hembras para poder continuar con su especie. Por eso es fundamental circular con cuidado y estar atento si se anda en bicicleta porque siempre hay “alguien” que se cruza en los caminos de las reservas.
“Para poder observar insectos hay que tener paciencia y lo más importante: cambiar la mirada desde lo macro a lo micro”, enfatiza Zubarán. “En flores se ven insectos polinizadores, entre las ramas y hojas de plantas o arbustos, chinches alimentándose u otros insectos buscando refugio y, en troncos de árboles, desde caminos de hormigas hasta escarabajos ocultos en las cortezas”. Hay que prestar atención a las hojas “comidas” ya que pueden indicar presencia de orugas de mariposas, langostas o algunos escarabajos.

DESDE CHICOS Más allá de una jornada puntual de visita a un área protegida, ¿cómo puede un niño porteño tomar contacto con la vida silvestre, viviendo en un laberinto de cemento, vidrio y acero?
Según Gustavo Aparicio, director de Conservación de la Fundación Hábitat&Desarrollo, lo mejor es empezar visitando las reservas naturales cercanas de forma continua y asistiendo a clubes de pequeños naturalistas, cuidadores o pescadores, como los que se realizan en la reserva Ribera Norte y el Club de Pescadores ubicado en la Costanera.
“Luego habrá que comenzar a estudiar ya que la naturaleza y el arte se parecen en ese aspecto: a medida que uno va reconociendo aves, peces autóctonos, plantas nativas o mariposas, el disfrute es mayor y lleva menos tiempo hallar elementos de interés, igual que una persona que se entrena para apreciar las complejidades de la música, el cine o la pintura y cada vez disfruta más del arte que la rodea”, explica mientras da algunos datos para introducirse en el mundo natural: hay que acercarse a museos, jardines botánicos y centros de investigación donde se encuentran importantes colecciones de especies y hay investigadores de gran trayectoria, que muchas veces necesitan ayuda voluntaria para organizar campañas, clasificar material u ordenar bibliografía. Lo mismo ocurre con las reservas naturales y las organizaciones ambientalistas: en general reciben voluntarios que, con el tiempo, se vuelven investigadores, guardaparques, guías de naturaleza o conservacionistas que viajan a todos los rincones del país y a países vecinos. “Ciudades como Buenos Aires y los partidos bonaerenses son fundamentales para implementar una estrategia de conservación de la biodiversidad a nivel nacional”, reflexiona Aparicio. “Aquí vive casi la mitad de la población y es donde los habitantes deben tomar contacto positivo y afectivo con la naturaleza silvestre desde las edades más tempranas, ya que luego se convertirán en los profesionales que pueden ayudar a proteger la vida silvestre... o a destruirla”.

"Dunkerque" - Christopher Nolan

"Dunkerque" - Christopher Nolan

Una lluvia de fuego

El director famoso por la trilogía oscura de Batman, Christopher Nolan, ahora se atreve con una de las batallas más célebres pero menos contadas en lenguaje cinematográfico de la Segunda Guerra Mundial. Dunkerque es una película que no abandona el gran espectáculo pero se piensa a escala humana, acompañando a ese casi medio millón de chicos de 18 años atrapados en una playa francesa, bajo ataque de cazas alemanes, que fueron evacuados en una operación tan heroica como desesperada.


La apuesta puede parecer sencilla, pero en los términos económicos de una producción a gran escala, la complejidad y los riesgos resultan mayúsculos: presentar un relato en el cual prácticamente no hay desarrollo de personajes –o historias previas que los reconfiguren en el presente narrativo– sino simplemente acciones y reacciones encadenadas, llevando hasta cierto límite la posibilidad de la abstracción visual y sonora sin abandonar en ningún momento el gran espectáculo o la claridad conceptual de causas y consecuencias, tanto las individuales como las grupales. Ni experimental en un sentido estricto ni conservadora según la fórmula al uso hollywoodense, Dunkerque reúne varias de las mejores ideas cinematográficas en la carrera de su autor (y también alguna de sus tendencias menos inspiradas), en un relato de aliento épico que no se parece a la típica película oscarizable, pero tampoco a la superproducción teledirigida a la audiencia más amplia y universal posible. No tanto una película bélica tradicional –al menos, hasta sus recatadamente patrióticos tramos finales– como un relato inmersivo de supervivencia en condiciones extremadamente peligrosas, Dunkerque recrea un famoso, pero algo olvidado hecho en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, más de un año antes del ataque a Pearl Harbor y el ingreso a todo vapor de los Estados Unidos en la contienda. En realidad, el último largometraje escrito y dirigido por Christopher Nolan deja de lado la batalla de Dunkerque en sí misma y concentra toda su atención en la retirada de los soldados británicos (también franceses, belgas e incluso polacos) atrapados en esa ciudad costera del norte de Francia, mientras recibían una intensa lluvia de fuego terrestre y aéreo de las fuerzas alemanas, desde todas las direcciones imaginables. “Como director de cine, siempre estoy buscando vacíos en la cultura popular, alguna historia que no haya sido contada en el lenguaje corriente del cine moderno”, declaró Nolan en una reciente entrevista con la revista inglesa Sight & Sound. “La de Dunkerque es una historia extraordinaria que no ha sido abordada desde la película de Leslie Norman de 1958, Dunkirk. Como la mayoría de los británicos, crecí con esa historia más o menos metida en mis huesos”.
Los datos históricos duros: casi 400.000 soldados fueron evacuados de la playa de Dunkerque a bordo de casi un millar de embarcaciones, muchas de ellas de pequeña escala y timoneadas por sus propios dueños, civiles que se hicieron a la mar conociendo los peligros que los acechaban (aviones cazas y bombarderos alemanes sobrevolando intensamente la zona, submarinos con torpedos listos para ser disparados), con la esperanza de salvar las vidas de la mayor cantidad posible de compatriotas. Podría tratarse del sueño húmero de un guionista de películas de guerra de no estar estrictamente basado en hechos reales, un auténtico mito con cualidades fácticas. El famoso discurso del primer ministro Winston Churchill luego de la Operación Dínamo (el nombre en clave de la extensiva evacuación) se escucha sobre los últimos planos del film, mientras un contingente de soldados, sanos y salvos, viaja a bordo de un tren camino a casa, hacia alguna ciudad del territorio inglés. “Defenderemos nuestra isla sea cual sea el costo. Pelearemos en las playas, pelearemos en tierra firme, pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las colinas; no nos rendiremos nunca”. Pero también, en un rapto de lógica sinceridad antes los hechos: “Debemos de ser cuidadosos de no darles a estos sucesos los atributos de una victoria. Las guerras no se han ganado con evacuaciones”. Más allá de los discursos y guarismos, la escala del film de Nolan es casi siempre humana. Ya la primera secuencia, en la cual un joven soldado llamado Tommy (el debutante Fionn Whitehead, dueño de un ligero parecido físico al joven Tom Courtenay) corre con algunos compañeros esquivando las balas alemanas, la cámara de Nolan se sumerge en la acción e intenta adoptar, de alguna manera, la forma y ubicación de un par, como si fuera uno más entre ellos. El único sobreviviente del tiroteo –en realidad, una práctica de tiro al blanco sin demasiadas dificultades– será Tommy. El arribo a una playa infestada de hombres esperando el turno de ser evacuados resulta, visual y conceptualmente, la cara opuesta de la famosa escena del desembarco en Normandía de Rescatando al soldado Ryan: filas y filas de ordenados soldados que, como en una coreografía ensayada infinidad de veces, se echan al suelo cada vez que un avión enemigo comienza a vislumbrarse en el horizonte, a la espera de que ninguna explosión o esquirla tenga la fortuna de impactar con sus cuerpos. Nolan: “Nunca peleé en una guerra y sería mi peor pesadilla el hecho de tener que hacerlo. A los 46 años me doy cuenta de que difícilmente me pidan eso y creo que hay algo obsceno y muchas veces ignorado respecto del hecho de que enviamos chicos de 18 o 19 años a pelear nuestras guerras. No estoy seguro de cuál es la justificación para ello, pero es algo que las sociedades siempre han hecho. Quise evitar la convención de Hollywood de dirigir actores de treinta años como si fueran soldados recién reclutados”.

Por aire, tierra y mar,  en fílmico o digital

Como si se tratara de una versión mainstream y ficcional del premiado documental Leviathan, de los realizadores Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel –un viaje inmersivo a la pesca industrial en los mares del Atlántico Norte–, Dunkerque trepa a bordo de tres aviones, se oculta debajo de la cubierta de un barco torpedeado, intenta respirar dentro de la asfixiante bodega de un paquebote acribillado a balazos y aguarda sobre la superficie de un muelle constantemente atacado, entre otros ámbitos cercanos a la playa que da nombre al film. El concepto de espacio —sea este abierto o cerrado— y la sensación de tensión y peligro constantes son dos de las marcas narrativas esenciales que Nolan construye meticulosamente desde el primer minuto hasta casi el final de la proyección. En sus propias palabras, “sentía que era muy importante enraizar la película en una experiencia visceral, de manera de contar la historia utilizando el suspenso, de una forma subjetiva. Tratamos de poner a la audiencia en las botas de los soldados en esa playa o dentro de la cabina del avión Spitfire que vuela sobre ella, ponerlos a bordo de un barco que llega para asistir con la evacuación. Ese tipo de cosas tiene un potencial universal”. La tercera particularidad de Dunkerque, que comienza a hacerse evidente con el correr de los minutos, no tiene que ver con el espacio sino con el tiempo. Ninguna novedad para un cineasta que comenzó a ser reconocido, hace ya casi dos décadas, con un título que hacía de los juegos temporales la evidencia más transparente de su originalidad: Memento. Aquí, como un D. W. Griffith redivivo –anticipando el truco de montaje con una serie de sendas placas al comienzo de la película–, Nolan alterna tres situaciones que ocurren en tiempos cercanos y en el mismo lugar o sus cercanías: las peripecias de Tommy y otro soldado, con el que entabla una relación no tanto de amistad como de mutuo apoyo en circunstancias difíciles, la de un trío de aviadores de la R.A.F. encargados de perseguir y detener a los aviones alemanes que intentan sabotear el rescate y, finalmente, el viaje del dueño de un pequeño velero, que se embarca junto a su hijo y un amigo de la familia como apoyo civil de la operación de salvataje (este último personaje está interpretado con usual prestancia y potencia contenida por Mark Rylance). Desde el muelle, un comandante de apellido Bolton (Kenneth Branagh) dirige los operativos de embarque masivo, no siempre exitosos. El paralelismo y alternancia entre el trío de relatos irá adquiriendo forma y sentido a lo largo de los 107 minutos de metraje, en una apuesta conceptual que resulta más ingeniosa que genuinamente pertinente, un juego temporal que desarma aquello que podría presentarse de manera lineal sin que por ello se vieran afectadas sus cualidades.
Para bien o para mal, Christopher “Inception” Nolan no puede con su genio. Difícil aseverarlo fehacientemente, pero no sería extraño que, en el seno de la industria de Hollywood, en voz baja o en reuniones de inversores secretas, a Christopher Nolan lo llamen, algo despectivamente, “uno de esos loquitos del fílmico”. Como Quentin Tarantino y algunos otros (pocos) grandes nombres, al director de Memento y El origen no le alcanza con rodar en el centenario formato analógico, que fue amo y señor de las salas de cine hasta la llegada arrasadora de los discos rígidos y proyectores digitales. Además, insiste en lanzar algunas pocas copias de su última película en las viejas y pesadas latas de celuloide. Y como si eso no bastara, no se contenta con la posibilidad de hacerlo en 35mm, el estándar mundial durante casi un siglo, sino que insiste en hacerlo en formatos de gran tamaño, como el Ultra Panavision 70 (ese fue el caso de Los ocho más odiados) o su primo hermano no anamórfico, el Panavision Super 70, uno de los elegidos por Nolan para su último largometraje. Lo cierto es que, más allá del posible mote de nerds del fílmico, de la elección de tecnologías en desuso para rodar sus películas –que a los ojos de muchos puede sonar incluso a capricho de millonarios–, Tarantino y Nolan han planteado y erigido la estructura visual de sus últimas creaciones pensando exclusivamente en esos formatos y no en otros. La cualidad inmersiva y atención al detalle de las texturas de Dunkerque resultan, por momentos, apabullantes, y parecen imaginadas en parte como homenaje indirecto a las bondades de los procesos fotoquímicos y la enorme definición de los negativos de 65mm, ya sea en su versión horizontal IMAX o en el más tradicional de cinco perforaciones verticales. “Por primera vez, hemos podido realizar un acabado fotoquímico en cada una de las tomas”, confirma orgulloso Nolan en pleno reinado de la manipulación digital de imágenes. La mala noticia es que existen muy pocas salas de cine en el mundo con los proyectores adecuados y sólo algunos espectadores privilegiados podrán acceder a la exhibición de la versión analógica, pensada por Nolan como la ideal. En el mercado argentino, por caso, no existe ninguno en funcionamiento, por lo que todas las copias del lanzamiento este próximo jueves estarán estrictamente basadas en unos y ceros, más allá del tamaño de la pantalla en la cual se proyecten.

El sonido y la furia

Quizás la apuesta más interesante e intensa de Dunkerque a nivel formal sea la textura audiovisual que logra en varios de sus mejores momentos. Se ha destacado mucho en las primeras reseñas escritas sobre el film que las líneas de diálogo son más bien escasas, lo cual resulta absolutamente cierto si se compara su cantidad con la media del cine contemporáneo industrial. La banda de sonido del compositor alemán Hans Zimmer (en lo que resulta la séptima colaboración consecutiva con Nolan desde Batman inicia) recorre y recubre prácticamente la totalidad de la película y, por momentos, el espectador más cinéfilo seguramente relacionará esa coalición de imágenes en movimiento y música con la confianza de los directores de fines del período mudo en la narración visual, acompañada siempre por la melodía adecuada. En la mencionada entrevista con Sight & Sound, Nolan confirma esa intuición: “La era del cine mudo es para mí una fuente de gran inspiración, porque se trata de regresar a los fundamentos del cine y del relato cinemático. Tiene que ver con lo que una película puede hacer y un libro no, tampoco una radionovela o un programa de televisión. Hay títulos particulares a los que se regresa una y otra vez para encontrar cosas nuevas. Codicia, de Erich von Stroheim es uno de ellos, una obra extraordinaria. O Amanecer, de F. W. Murnau, una maravillosamente elemental pieza narrativa. La manera en la cual esos cineastas del periodo silente usaban el espectáculo para lograr efectos emocionales y generar entretenimiento resulta extremadamente inspiradora”. Quizás en esa declaración de amor al pasado del arte cinematográfico esté la clave de las intenciones fundamentales de Nolan en su más reciente película: emocionar y entretener.

Joaquín Barañao - "Historia universal freak"

Joaquín Barañao habla de su libro Historia universal freak

“Llevo una vida con el radar siempre prendido”

Desde curiosidades del Big Bang hasta anécdotas sobre la guillotina, pasando por episodios de nuestros días, atraviesan los dos volúmenes del trabajo preparado durante años por el escritor chileno, que ponen en jaque lo que se considera real o verosímil.

 Lo raro brilla como un relámpago en la oscuridad. Clístenes, en el 508 a.C, utilizó piezas rotas de alfarería para votar. Esta ocurrencia revolucionaria fue el punto de partida de la democracia. Un hombre llamado Kong Qiu, que nació en el 551 a.C. en el noreste de China, tras los sacrificios rituales, jamás permitía que la carne que le correspondía pasara la noche sin ser consumida, pues sostenía que de hacerlo se disiparía su efecto espiritual. Una leve omisión en la entrega de la carne ritual que en justicia le correspondía después de cierto sacrificio lo llevó a dejar su empleo como funcionario público para lanzarse a una vida itinerante de reflexión. “A la hora que no lo desfalcan con unos cuantos churrascos, tal vez nunca hubiéramos oído hablar de Confucio”, cuenta el chileno Joaquín Barañao en el primer volumen de Historia universal freak (Planeta). En el segundo volumen hay más curiosidades para disfrutar. Las comidas enlatadas que se venden en el mundo entero descienden del aporte de Napoleón. “Un ejército marcha en sus estómagos”, sentenciaba el militar francés. Su preocupación era encontrar un método para hacer durar la comida que llevaba junto a sus tropas. Para solucionar el problema organizó un concurso con un premio de 12 mil francos, que lo ganó Nicolas Appert, el creador de la comida enlatada. Hay guerras demasiado breves que socavan la credulidad. Cuando Zanzíbar, parte de la actual Tanzania, ignoró un ultimátum y le declaró la guerra al Imperio británico a las 9:02 a.m. del 27 de agosto de 1896, se vieron forzados a elevar la bandera de rendición… 38 minutos más tarde.

“Lo freak tiene que cumplir con las condiciones de ser sorprendente, demostrablemente cierto e inesperado”, explica Barañao en la entrevista con PáginaI12. El primer volumen de Historia universal freak va desde el Big Bang hasta la guillotina, un relato histórico a través de 762 curiosidades. El segundo, en cambio, empieza con Napoleón y llega hasta nuestros días con 763 curiosidades. El autor, que estudió durante seis años ingeniería civil, revela que el principio de este trabajo –que sistematizó en 2003 a través de www.datosfreak.org– viene de la infancia. “Desde muy chico memorizaba este tipo de datos. En el colegio me pedían que contara datos freaks y una cuñada me decía ‘datín’. A los veintiún años decidí aprender a hacer páginas web y el pretexto para generar contenidos fueron estos datos freaks –recuerda–. Después de once años, cuando junté 3.200 datos en el sitio web, me dije: ‘voy a transformar esto en un libro’. Pensé que iba a ser un solo libro y después iba a volver a un empleo tradicional, pero lo disfruté tanto que tuve mi pequeña epifanía escuchando a David Bowie”.
–¿Qué estaba escuchando de Bowie?
–No me acuerdo, pero me acuerdo el lugar y la hora. Fue el 28 de julio de 2014, en Nueva York; estaba caminando hacia la universidad de Columbia. Iba a comer a la casa de un amigo, me quedaba un mes y medio para volver a Chile. ¿Para qué voy a buscar empleo, si no tengo hijos y no tengo muchos gastos, y lo he pasado tan bien haciendo el libro? En ese libro me habían quedado muchos datos de los Beatles, que para poder contarlos tendría que haber creado un capítulo de música contemporánea, pero me salía demasiado de la historia universal. Entonces terminé el libro y empecé uno de música.
–O sea que la perspectiva freak puede ser inagotable, ¿no?
–Sí, hice un libro de música, uno de fútbol y ahora estoy haciendo uno de cine. En la sociedad hay gente que tiene sed de todo tipo de temas. Al final se transforma más que en una pieza específica, en un pequeño género, un método. Ese método se puede aplicar a cualquier cosa.
–¿Cuáles son las historias que lo sorprendieron más en los dos volúmenes de Historia universal freak?
–Hay una historia en el volumen uno que cuando la leí me pareció que era falsa. La encontré en un libro de Yale University Press. Durante la toma de Constantinopla, a finales de 1453, cuando termina de caer el Imperio Romano de Oriente, estaban las tropas de Mehmed II golpeando las murallas con catapultas y todo el mundo diciendo “este es el fin; la cristiandad se va a acabar”. En ese momento, los clérigos se juntaron y discutieron un montón de cosas para resolver antes de que se acabara la cristiandad y entre esas estaba ¿Cuál es el sexo de los ángeles? Me parece tan increíble que en ese momento se pusieran a discutir sobre el sexo de los ángeles (risas). Del volumen dos me gusta mucho una historia sobre la Guerra Fría. Una fría noche del año 62 el presidente (John F.) Kennedy le dijo a su secretario que saliera a buscar todos los habanos Petit Upmanns que pudiera conseguir. El secretario consiguió unos 1200 habanos y al día siguiente el presidente sacó un papel de su escritorio y firmó el bloqueo a Cuba. Hay muchas cosas de este tipo, sujetas a la caótica humanidad más que a la rigurosidad institucional que uno a veces imagina de la CIA o la KGB.
–¿Por qué muchas de estas historias verdaderas parecen ficción? ¿Porque ponen en jaque lo que se considera real o verosímil?
–Me parece una pregunta interesante, no lo había pensado antes. El cerebro humano no está bien preparado para los eventos extremos; estamos más acostumbrados a entender el mundo sobre la base de eventos que estadísticamente son comunes, no de eventos que estadísticamente son muy improbables. Somos 7.300 millones de personas, cada una viviendo veinticuatro horas al día; entonces van a ocurrir eventos que son uno en mil millones o uno en diez mil millones. Como el cerebro está construido para eventos normales, cuando uno escucha algo así dice: “es imposible, eso no puede ocurrir”. Es lo que (Nassim) Taleb llamaría “un cisne negro”, un suceso improbable. Todos los cisnes son blancos, pero puede haber un cisne negro en diez millones de cisnes. Un australiano tuvo un año muy difícil, se divorció y después se ganó la lotería. Un canal de televisión quiso hacer una nota. Hicieron una reconstrucción de la escena y lo llevaron al almacén donde él había comprado su boleto de lotería. Entonces compraron otro boleto y mientras lo estaban grabando, se ganó la lotería de nuevo.
–¿Cuáles son las fuentes donde encuentra estas historias?
–Llevo una vida con el radar siempre prendido. Los diarios suelen publicar noticias científicas o de este tipo. Tiene que ver con los libros que elijo leer, que tienen una sensibilidad parecida a la mía. Yo leo mucho a Bill Bryson, un autor estadounidense con el que seríamos grandes amigos, si algún día nos conociéramos. Bryson es mucho más prestigioso y conocido que yo, él tiene una predilección similar. Y luego tengo amigos que me mandan cosas. Trabajo con fuentes muy diversificadas, con libros de historia, libros científicos y de divulgación.
–¿Solo se desecha lo falso, lo que no se puede comprobar? ¿Qué va a la papelera de reciclaje?
–Depende. Cuando hay datos que se manejan popularmente, los publico como datos falsos, como por ejemplo, que la Muralla china no se ve desde la luna. Yo lo publico con una etiqueta que dice: “esto es falso”. Luego hay otros donde he llegado a la conclusión de que nunca se va a saber, que es imposible saber si es verdadero o falso, que no se puede investigar más. No es que yo, Joaquín Barañao, no pueda investigar más, sino que no es humanamente posible hacerlo. (Isaac) Newton fue miembro del parlamento en su madurez y se dice que él habló una sola vez para decir: “por favor, cierren la ventana que hace mucho frío”. En toda su carrera parlamentaria fue la única vez que habló. Yo llegué al biógrafo más connotado de Newton, Richard Westfall, que finalmente dice que no se puede saber. Yo nunca voy a saber tanto de Newton como Westfall y como él llegó a esa conclusión lo cito para afirmar que esto humanamente no se va a poder saber. Hasta acá se llega. Esta categoría especial en la página web la llamo “los datos en las tinieblas”. En el libro hay cierta flexibilidad para mencionar que es una versión que circula, pero que no tenemos cómo saber.
–Los datos en las tinieblas tienen su encanto porque son de naturaleza anfibia, ¿no?
–Te permiten especular y pensar. Uno puede divagar en torno a la imagen mental que ese dato genera.
–¿La especulación sirve para trabajar en este tipo de libros? ¿Qué función tiene?
–Hay que ser muy explícito en lo que uno está haciendo. La especulación no tiene ningún rol en la afirmación de datos factuales. Yo creo que Borges era una persona que fallaba en eso, a Borges le faltaba decir “esto es cosecha mía” (risas). Es legítimo hacer conjeturas siempre y cuando uno lo explicite. Luego hay reflexiones en torno a lo que podría haber pasado y al futuro. Ahí la especulación es imprescindible y no es necesario explicitar que uno está especulando porque es evidente por el tema que uno está tratando. El epílogo de Historia universal freak es especulativo. Quienes estaban viviendo la Guerra de los Treinta Años seguramente pensaban que ese era el gran momento de la humanidad. Anda, sal a la calle y pregunta a la gente ¿qué es la Guerra de los Treinta Años? Nadie se acuerda. Yo creo que en mil años más, la Segunda Guerra Mundial, que todavía nos parece el gran evento político, va a ser considerada un pequeño vaivén más en la historia. La especulación es estructural en el discurso, pero no es necesario aclararla porque es consustancial a lo que uno está haciendo. La especulación es una herramienta legítima, necesaria, interesante, pero cuando uno la inserta en un discurso que es factual hay que explicitarlo.
–¿Las nuevas tecnologías y la circulación de la información hacen que lo “raro” se masifique más rápido y entonces pierda rareza?
–Yo discrepo. El hecho de que ahora vivamos en un mundo en el que todos tenemos una máquina filmadora en el bolsillo lo que permite es que esa sorpresa llegue cada vez con más facilidad a nuestros ojos. La ocurrencia de hechos asombrosos sigue ciertos patrones estadísticos que tienen que ver con la cantidad de población que vive, con los años que vive la gente y el tipo de actividad que hace. Si estamos todo el día tirando dados, podemos esperar que de vez en cuando nos salgan cinco ases juntos, si lo hacemos durante suficiente tiempo. La diferencia es que ahora esos eventos que siempre han ocurrido están siendo registrados con más frecuencia. Yo no creo que ese aumento de frecuencia en el registro disminuya el asombro, porque la manera en que está programado el cerebro no va a cambiar. Entonces nos va a seguir pareciendo imposible. No creo que se produzca un efecto de acostumbramiento.
–El ingeniero civil es un dato biográfico eclipsado por esta perspectiva freak. ¿Ahora se considera escritor? ¿Cómo es su relación con la escritura?
–Llevo tres años y medio dedicado a tiempo completo a la escritura. Yo creo que sí, que soy escritor. Uno es lo que uno hace. Y yo hago los libros. Ser escritor no significa ser un buen escritor, y no me considero un artista. Mucha gente me pregunta, oye, ¿de dónde sacas inspiración? Para el tipo de libro que hago no necesito inspiración.
–¿Se animaría a escribir ficción o todavía siente mucho apego al dato?
–Sería un salto gigantesco. Mis libros valen la pena ser leídos no por mi obra, sino por la información que está ahí. El valor de mis libros no es lo que emergió de mi cerebro, sino que es lo que ocurrió en el mundo independiente de mí. Yo me tomé el trabajo de pasarme muchos meses juntando y ordenando los datos, pero esto es interesante per se. En cambio en la ficción uno tiene que atreverse a decir que el texto merece ser leído por lo que salió de mi cerebro. Te recomiendo que leas mi libro por sobre (Gabriel) García Márquez o por sobre (Mario) Vargas Llosa. Tú tienes la opción de leer a los premios Nobel, pero yo te estoy invitando a que leas el mío. Y yo no me siento preparado para hacer esa invitación (risas).
–¿Qué función cumple el humor en sus libros?
–Un requisito para un buen libro es que genere placer. Uno de los grandes mecanismos para generar placer es el humor y esa es la razón por la cual están contados así. Yo quiero hacer un trabajo que me haga feliz porque uno pasa más tiempo en la vida trabajando que con su familia o amigos. Para mí es fundamental disfrutar lo que hago. Si no lo disfruto, me cambio de ocupación. Sé que en algún momento voy a querer hacer algo diferente, pero por ahora lo estoy disfrutando mucho. Quizá me vaya para la ficción. Pero tengo que vivir, y en este momento irle a competir a Vargas Llosa con ficción no creo que me permita pagar mi arriendo (risas).

La ficha

Joaquín Barañao (Santiago de Chile, 1982) está terminando de escribir Historia del cine freak. “Voy por los años 50, estoy ahora mismo en (Alfred) Hitchcock, y es muy entretenido. Hay que ser cabeza fría para lograr el libro en un tomo porque hay que descartar mucho dato bueno. El libro parte mucho más atrás de lo que se pueden imaginar. El verdadero origen del cine es la fotografía, entonces me puse a investigar el origen de la fotografía. Hay un episodio en 1780 de un tipo que se dio cuenta de que ciertas sales eran sensibles al sol. Cuando las puso al sol, cambiaba el color”, cuenta Barañao, autor de Historia universal freak (en dos volúmenes), Historia freak del fútbol e Historia freak de la música.

domingo, 23 de julio de 2017

Santa Brígida de Suecia

Santa Brígida de Suecia

Fiesta de santa Brígida, religiosa, nacida en Suecia, que contrajo matrimonio con el noble Ulfo, de quien tuvo ocho hijos, a todos los cuales educó piadosamente, y consiguió al mismo tiempo, con sus consejos y su ejemplo, que su esposo llevase una vida de piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios y dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de reforma, tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia. Puestos los fundamentos de la Orden del Santísimo Salvador, en Roma pasó finalmente de este mundo al cielo.
 
Santa Brigida era hija de Birgerio, gobernador de Uppland, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg, era hija del gobernador de Gotland oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenás. A los tres años, había empezado a hablar con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción. A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: «Mira en qué estado estoy, hija mía.» «¿Quién os ha hecho eso, Señor?», preguntó la niña. Y Cristo respondió: «Los que me desprecian y se burlan de mi amor». Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual. Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudrnarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial, Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de una señora feudal en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la única diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
 
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, como sucede con frecuencia, aunque santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio. La santa empezó a disfrutar por entonces de las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. «Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía- no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia». Pero tales visiones no impresionaban gran cosa a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con cierta ironía: «¿Qué soñó Doña Brígida anoche?» Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba «el Bandolero» y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arrás y recibió los últimos sacramentos, ya que la muerte parecía inminente. Pero santa Brígida, que oraba fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que san Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa. Según parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito. Santa Brígida se quedó en Alvastra cuatro años dedicada a la penitencia y completamente olvidada del mundo. Desde entonces, abandonó los vestidos preciosos: sólo usaba lino para el velo y vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser víctima de las ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linköping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios.
 
Desde entonces y hasta su muerte, santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra visión. En dicho monasterio había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había ochenta y cinco personas, que era el número de los discípulos del Señor. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX en la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada. En la fundación de santa Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros. La orden del Santísimo Salvador, que llegó a tener unos setenta conventos, actualmente es pequeña, pero continúa existiendo en distintas partes del mundo. El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión, santa Brígida escribió una carta muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abö, a la corte del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito. Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. En realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca. Con ello, perdió el favor de la corte, pero estaba compensada con el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes por Suecia. Había todavía en el país muchos paganos, y santa Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes.
 
En 1349, a pesar de que la «muerte negra» hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge, y otros personajes, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana; se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana. El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma y su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos le ganaron el cariño de todos aquéllos en quienes todavía quedaba algo de cristianismo. Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa, que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso. Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, «un hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las almas». Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto alguno. Más éxito tuvo su celo en la reforma de otro convento de Bolonia. Ahí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, santa Catalina, quien se quedó a su lado y fue su fiel colaboradora hasta el fin de la vida de Brígida. Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo Extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció san Francisco y le dijo: «Ven a beber conmigo en mi celda». La santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y, de ahí partió en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos años.
 
Las profecías y revelaciones de santa Brígida se referían a las cuestiones más candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma al poco tiempo (así lo hicieron el beato Urbano V y Carlos IV, en 1368). La profecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus críticas. En una ocasión le llamó «asesino de almas, más injusto que Pilato y más cruel que Judas». Nada tiene de extraño que Brígida haya sido arrojada de su casa y aun haya tenido que ir, con su hija, a pedir limosna al convento de las Clarisas Pobres. El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano V a Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón. Al regresar de una peregrinación a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de santa Brígida, que completó con la regla de san Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladarse a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la santa.
 
En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España, ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Carlos y Catalina eran los hijos predilectos de la santa. Esta prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio. Sin embargo durante la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor. A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta, quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo. La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, Pedro de Alvastra. Tenía entonces setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de Danzig. Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es patrona de Suecia y de Europa.
 
Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el sabio Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás, la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El papa Benedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de santa Brígida en los siguientes términos: «Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que creamos píamente en ellas». Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones al juicio de las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, que nunca había deseado, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a la virtud heroica de la santa, consagrada por el juicio de la Iglesia. Vivir el espíritu de los misterios de nuestra religión vale más a los ojos de Dios que las visiones más extraordinarias y el conocimiento de las cosas ocultas. Quien posee la inteligencia de un ángel pero no tiene caridad es como un címbalo hueco. Santa Brígida supo reunir el lenguaje de los ángeles con la verdadera caridad. El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492 y ha sido traducido a muchos idiomas. Alban Butler hace notar con agudeza que si tuviésemos las revelaciones de la santa tal como ella las escribió, en vez de la traducción de Pedro de Alvastra, retocada en parte por Alfonso de Vadaterra, «estarían redactadas en forma más sencilla, con mayor frescura y tendrían mayores visos de veracidad».


La Pasión: centro de su vidaA los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que laimpresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: "Mira en qué estado estoy, hija mía." "¿Quién os ha hecho eso, Señor?", preguntó la niña. Y Cristo respondió: "Los que me desprecian y se burlan de mi amor." Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual.
MatrimonioAntes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudmarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial. Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de Santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de la época, como una señora feudal, en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
En la Corte
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, aunque Santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio.










Las VisionesLa santa empezó tener por entonces las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. "Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía-- no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia." Pero tales visiones no impresionaban a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con ironía: "¿Qué soñó Doña Brígida anoche?"
Problemas familiares y peregrinacionesPor otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba "el Bandolero" y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arras y recibió los últimos sacramentos ya que la muerte parecía inminente. Pero Santa Brígida, que oraba fervorosamente porel restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que San Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa.
Viuda, vida religiosa, aumentan las visionesSegún parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito.Santa Brígida se quedó en Alvastra cuatro años apartada del mundo y dedicada a la penitencia. Desde entonces, abandonó los vestidos lujosos, solo usaba lino para el velo y vestía una burda túnica ceñida con unacuerda anudada. Las visiones y revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser víctima de ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linkoping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios. Desde entonces hasta su muerte, Santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra visión.
En Vadstena había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos.En conjunto había ochenta y cinco personas. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX con la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada.
En la fundación de Santa Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros.
El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de Suecia en el siglo XV.A raíz de una visión; Santa Brígida escribió una carta muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abo, a la corte del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito. Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de Santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. Pero en realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca. Con ello perdió el favor de la corte, pero no le faltó el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramentedurante sus múltiples viajes por Suecia.
En Roma e ItaliaHabía todavía en el país muchos paganos, y Sarta Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes. En 1349, a pesar de que la "muerte negra" hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge y otros, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en la espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana, se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana (según era permitido en aquella época). El brillo de su virtudcontrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma, su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos, le ganaron el cariño de muchos.  Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso.
Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, "un hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las almas". Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto. Más éxito tuvo su celo por la reforma de otro convento de Bolonia. Allí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, Santa Catalina, quien se quedó a su lado y, fue su fiel colaboradora hasta el fin de su vida. Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció San Francisco y le dijo: "Ven a beber conmigo en mi celda". La santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y de allí partió en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos años.
Profecías y revelacionesLas profecías y revelaciones Santa Brígida se referían a las cuestiones mas candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el Papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma. Al poco tiempo así lo hicieron (El Papa Beato UrbanoV y Carlos IV, en 1368).  La profecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Brígida fue arrojada de su casa y tuvo que ir con su hija a pedir limosna al convento de las Clarisas.Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus severas admoniciones proféticas.
El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano a Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón.
Al regresar de una peregrinación, a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al Papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de Santa Brígida, que completó con la regla de San Agustín.Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladase a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la santa.
En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España; ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Santa Brígida prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio Sin embargo durante, la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor.
A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de Santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo.
La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, el Padre Pedro de Alvastra. Tenía entonces setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, Santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de Danzig.
Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es la patrona de Suecia.
Visiones y escritos
Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás; la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El Papa Bcnedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de Santa Brígida en los siguientes términos: "Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que crearnos píamente en ellas."
Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones a las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a su virtud heroica, consagrada por el juicio de la Iglesia.
El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.
Las brigidinas tienen unas lecciones de maitines tomadas de sus revelaciones sobre las glorias de María, conocidas con el nombre de "Sermo Angelicus", en recuerdo de las palabras del Señor a la santa: "Mi ángel te comunicará las lecciones que las religiosas de tus monasterios deben leer en maitines, y tú las escribirás tal como él te las dicte".

 Brígida Birgersdotter, conocida como Santa Brígida de Suecia (Skederid, actual municipio de Norrtälje, Uppland, Suecia, 1303 - Roma, 23 de julio de 1373). Fue una religiosa católica, mística, escritora y teóloga sueca. Fue declarada santa por la Iglesia Católica en 1391; es considerada además la santa patrona de Suecia, una de los patronos de Europa y de las viudas.

Pertenecía a una familia aristócrata, emparentada con el rey Magnus Ladulás. Por medio de sus padres y de su esposo alternó en a los círculos políticos más influyentes de la Suecia medieval. Fue la fundadora de la Orden del Santísimo Salvador, vigente en la actualidad.

Considerada como santa patrona del municipio de Úmbita, Boyacá, en Colombia.

Santa Brígida nació alrededor de 1303, según una muy antigua tradición, en la finca de Finsta, al oeste de la ciudad de Norrtälje, en la provincia de Uppland.

Finsta era el domicilio de la familia Finsta, y perteneció durante un tiempo (aunque no cuando nació Brígida) a su padre Birger Persson. Su padre era juez de Uppland, y su abuelo paterno, su abuelo materno y su hermano también ejercieron esa profesión. Su esposo sería también juez, y tendría un hijo que ejercería la misma actividad. Su madre fue Ingeborg Bengtsdotter, y fue la segunda esposa de su padre.

Su abuelo materno era primo de Magnus Ladulás, de modo que Brígida tenía parentesco con la familia real sueca.

La "gruta de las oraciones" (construida en el siglo XX) se halla siempre abierta a visitantes. Según la tradición, allí se apareció Santa Brígida por vez primera. En las cercanías de Finsta se halla la iglesia de Skederid (del siglo XIII), el templo de la infancia de Brígida.
Desde niña Brígida tuvo visiones. Una vez vio a la Virgen María colocarle una corona en su cabeza. En otra ocasión vio ante ella a Jesucristo torturado y muerto en la cruz. Estos dos dilemas, la profunda devoción a María y las meditaciones sobre el sufrimiento de Cristo, marcarían toda la vida de Brígida.

Cuando Brígida tenía unos 10 años murió su madre. Su padre se consideró incapaz para darle una educación como la que merecía una niña de su condición social, por lo que la envió a casa de su cuñada Catarina Bengtsdotter en Aspanäs, junto al lago Sommen, en Östergötland.

Algunos años después, cuando Brígida tenía alrededor de 13 años, fue dada en matrimonio, contra su voluntad, a Ulf Gudmarsson. Fue madre de ocho hijos entre ellos, Catalina de Suecia. Se la relacionaba con Santa Catalina de Siena pero nada tienen que ver en cuanto a parentesco familiar, debido a que Catalina nace en Siena el 25 de marzo de 1347, y es hija de Jacob o Benincasa y Lapa ,su mujer; pero si se la cree una persona muy cercana a Santa Brigida cuando ésta se instala en Roma en 1350.

La devoción de Brígida influyó también en su marido. Entre otros viajes, los esposos realizaron peregrinaciones a Nídaros (actual Trondheim) y a Santiago de Compostela. En el camino a España, en la ciudad francesa de Arras, Ulf cayó enfermó. Cuando se temía lo peor, el santo francés San Dionisio se apareció ante Brígida y le prometió que su marido no moriría en esa ocasión.

De regreso a Suecia, Brígida y Ulf se establecieron junto al convento de Alvastra, donde Ulf murió en 1344 (aproximadamente). Entonces Brígida repartió sus bienes entre sus herederos y los pobres, para ella vivir de manera sencilla en las inmediaciones del convento de Alvastra. En ese tiempo aumentó el número de visiones, que representan, hasta la partida a Roma, la mayor parte de las apariciones que tuvo Brígida.

En las apariciones, Brígida recibió la misión de llevar mensajes tanto a políticos como a líderes religiosos. También tuvo diálogos con santos y muertos.

Brígida viajó a Roma en el año 1350 con el propósito de tomar parte en la celebración del jubileo de 1350, y para obtener el permiso del papa de fundar una nueva orden religiosa. Los problemas con los que se enfrentó Brígida era que el papa residía entonces en Aviñón, y que la Iglesia había prohibido el establecimiento de más órdenes. La ausencia del Papa no desanimó a Brígida, pues ella ya sabía, debido a una visión que había tenido, que ella vería al Papa y al Emperador encontrarse en Roma.

En Roma residió primero cerca de la basílica de San Lorenzo in Damaso. Fue testigo del decaimiento espiritual de la ciudad tras la partida del papa. Durante su estancia en la ciudad, escribió cartas al papa, donde le suplicaba que regresara a Roma, y se dedicó a visitar las iglesias que contenían tumbas de santos. En la iglesia de San Lorenzo in Panisperna, en la colina de Viminale, pidió a los transeúntes limosnas para los necesitados. También aprovechó para viajar en peregrinación a santuarios de Asís, Nápoles e Italia del sur.

En 1368, el papa Urbano V regresó a Roma y el 21 de octubre se entrevistó con el emperador Carlos IV. Entonces pudo Brígida entregar las reglas de su orden al papa, quien se encargaría de examinarlas. Las reglas fueron aceptadas con varias revisiones y fuertes cambios con los que probablemente Brígida no estuvo nada de acuerdo. Además el papa tomó la decisión de dejar Italia nuevamente por motivos de seguridad, situación con la que Brígida no estuvo nada de acuerdo. Ella profetizó que el papa recibiría un fuerte golpe de Dios, y cuando Urbano V tenía dos meses de haber regresado a Aviñón, murió.
En 1371, cuando contaba con unos 68 años, Brígida realizó un viaje a Tierra Santa, con un itinerario que pasaría por Nápoles y Chipre. En Nápoles murió su hijo Carlos Ulvsson, lo que le acarreó a Brígida grandes preocupaciones. Ella tuvo entonces otra aparición, que le garantizó el perdón divino a su hijo gracias a las oraciones y lágrimas de su madre.

Cuando regresó a Roma en el verano de 1373, una enfermedad la debilitó, y finalmente murió en la actual Plaza Farnese. De acuerdo a su propia voluntad, sus restos mortales fueron trasladados a Suecia, específicamente al convento de Vadstena después de haber sido enterrados en la iglesia romana de San Lorenzo in Panisperna. En 1377, por orden del obispo de Jaén Alfonso Pecha de Vadaterra, amigo y confesor de Brígida, salió a la luz la primera edición de sus Apariciones celestiales. En 1378, se llevó a cabo otra aprobación sobre las reglas de la orden religiosa de Brígida, y en 1384 se consagró el convento de Vadstena.

El proceso de canonización de Brígida comenzó en 1377 y culminó en 1391. En 1999 santa Brígida fue elevada, junto con santa Catalina de Siena y santa Teresa Benedicta de la Cruz a ser copatrona de Europa.

La orden de santa Brígida perdura hasta nuestros días con el nombre de La Orden del Santo Salvador (Ordo Sancti Salvatoris), llamada comúnmente Orden Brigidina. Los restos de santa Brígida se encuentran en el convento de Vadstena.

El edificio donde la santa vivió en Roma, la Casa di Santa Brigida, contiene un templo, un convento, y un albergue.

Cronología

     1303 - Nacimiento de Brígida.
    1309 - El papa se establece en Aviñón.
    1314 - Muere la madre de Brígida, Ingeborg Bengtsdotter. Brígida se muda a casa de su tía Catarina Bengtsdotter, en la localidad de Aspanäs.
    1316 - Brígida se casa con Ulf Gudmarsson.
    1319 - Magnus Eriksson, de 3 años de edad, es elegido rey de Suecia.
    1320 - Brígida recibe siete fincas en la provincia de Småland al repartirse los bienes de su madre.
    1321 - Birger Persson, padre de Brígida, viaja en peregrinación a Santiago de Compostela, Aviñón y Roma.
    1322 - Crisis en el gobierno de la regencia.
    1326 - Muere Birger Persson, padre de Brígida
    1332 - Magnus Eriksson entra a gobernar como nuevo rey.
    1335 - El rey Magnus II se casa con Blanca de Namur. Brígida se convierte en consejera de la reina y su esposo Ulf en consejero del reino.
    1337 - Estalla la guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia.
    1339 - Brígida y Ulf viajan en peregrinación a Nídaros (Trondheim).
    1341-1342 - Brígida y Ulf viajan a Santiago de Compostela.
    1342 - Brígida y Ulf establecen su residencia en las inmediaciones del convento de Alvastra.
    1346 - El rey Magnus y la reina Blanca deciden donar la finca de Vadstena a la iglesia para construir ahí un convento.
    1347 - Los reyes legan en su testamento una fuerte suma para la construcción del convento de Vadstena.
    1347 - Muere Ulf Gudmarsson, esposo de Brígida.
    1348 - Brígida intenta negociar la paz en la guerra de los cien años y persuade al papa de viajar a Roma.
    1349 - Brígida viaja a Roma.
    aprox. 1353 - Brígida viaja en peregrinación a Asís.
    aprox. 1354 - Brígida se muda a una casa en la plaza Farnese de Roma.
    década de 1360 - Brígida peregrina a Italia del sur y vive un tiempo en Nápoles, donde conoce al obispo de Jaén Alfonso Pecha de Vadaterra.
    1368 - El papa Urbano V se entrevista con el emperador Carlos IV en Roma, cumpliéndose la profecía de Brígida.
    1370 - El papa Urbano V aprueba las reglas de la orden religiosa de Brígida, con grandes modificaciones.
    1371 - Brígida viaja a Nápoles (25 de noviembre).
    1372 - Brígida se integra a una peregrinación a Tierra Santa (14 de marzo). Se detiene en Chipre. En agosto llega a Belén, donde tiene una visión del nacimiento de Jesús. En septiembre se embarca hacia Nápoles, donde llega en diciembre.
    1373 - Brígida regresa a Roma. Escribe sus últimas cartas al papa de Aviñón pidiéndole regresar a Roma. Brígida muere el 23 de julio. Sus restos son transportados a Suecia por medio de dos de sus hijos.
    1374 - Los restos de Brígida son sepultados en Vadstena el 4 de julio. El arzobispo Birger Gregersson lleva a cabo la compilación de los primeros milagros de Brígida.
    1376 - El obispo Nils Hermansson hace una nueva compilación de milagros.
    1377 - Se llevan a cabo en Roma las primeras acciones sobre la canonización de Brígida. El obispo Alfonso Pecha publica la primera edición de las Apariciones celestiales de Brígida. El papa Gregorio XI regresa la sede papal de Aviñón a Roma.
    1378 - Se fijan las reglas de la orden religiosa de Brígida.
    1379 - Se abre el proceso de canonización. El papa nombra a cuatro cardenales para las indagaciones.
    1384 - Se consagra el convento de Vadstena.
    1391 - Se canoniza a Brígida el 7 de octubre.
    1396 - Se denomina a Brígida santa patrona de Suecia.
    1430 - Es consagrado el templo del convento de Vadstena.
    1492 - Se imprime en Lübeck la primera edición completa en latín de las Apariciones celestiales por orden del convento de Vadstena.
    1999 - Santa Brígida es proclamada por el papa Juan Pablo II como una de las tres copatronas de Europa.

Brígida significa: Fuerte y brillante.
Esta santa mujer tuvo la dicha de nacer en una familia que tenía como herencia de sus antepasados una gran religiosidad. Sus abuelos y bisabuelos fueron en peregrinación hasta Jerusalén y sus padres se confesaban y comulgaban todos los viernes, y como eran de la familia de los gobernantes de Suecia, y tenían muchas posesiones, empleaban sus riquezas en construir iglesias y conventos y en ayudar a cuanto pobre encontraban. Su padre era gobernador de la principal provincia de Suecia.
Brígida nació en Upsala (Suecia), en 1303.
De niña su mayor gusto era oír a la mamá leer las vidas de los Santos.
Cuando apenas tenía seis años ya tuvo su primera revelación. Se le apareció la Sma. Virgen a invitarla a llevar una vida santa, totalmente del agrado de Dios. En adelante las apariciones celestiales serán frecuentísimas en su vida, hasta tal punto que ella llegó a creer que se trataba de alucinaciones o falsas imaginaciones. Pero consultó con el sacerdote más sabio y famoso de Suecia, y él, después de estudiar detenidamente su caso, le dijo que podía seguir creyendo en esto, pues eran mensajes celestiales.
Cuando tenía 13 años asistió a un sermón de cuaresma, predicado por un famoso misionero. Y este santo sacerdote habló tan emocionantemente acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo, que Brígida quedó totalmente entusiasmada por nuestro Redentor. En adelante su devoción preferida será la de Jesucristo Crucificado.
Un día rezando con todo fervor delante de un crucifijo muy chorreante de sangre, le dijo a Nuestro Señor: - ¿Quién te puso así? - y oyó que Cristo le decía: "Los que desprecian mi amor". "Los que no le dan importancia al amor que yo les he tenido". Desde ese día se propuso hacer que todos los que trataran con ella amaran más a Jesucristo.
Su padre la casó con Ulf, hijo de otro gobernante. Tuvieron un matrimonio feliz que duró 28 años. Sus hijos fueron 8, cuatro varones y cuatro mujeres. Una de sus hijas fue Santa Catalina de Suecia. Un hijo fue religioso. Otros dos se portaron muy bien, y Carlos fue un pícaro que la hizo sufrir toda la vida. Sólo a la hora en que él se iba a morir logró la santa con sus oraciones que él se arrepintiera y pidiera perdón de sus pecados a Dios. Dos de sus hijas se hicieron religiosas, y otra fue "la oveja negra de la familia", que con sus aventuras nada santas martirizó a la buena mamá.
Fue pues una familia como muchas otras: con gente muy buena y gente que hace sufrir.
Brígida era la dama principal de las que colaboraban con el rey y la reina de Suecia. Pero en el palacio se dio cuenta de que se gastaba mucho dinero en lujos y comilonas y se explotaba al pueblo. Quiso llamar la atención a los reyes, pero estos no le hicieron caso. Entonces pidió permiso y se fue con su esposo en peregrinación a Santiago de Compostela en España. En el viaje enfermó Ulf gravemente. Brígida oró por él y en un sueño se le apareció San Diosnisio a decirle que se le concedía la curación, con tal de que se dedicara a una vida santa. El marido curó y entró de religioso cisterciense y unos años después murió santamente en el convento.
En una visión oyó que Jesús Crucificado le decía: "Yo en la vida sufrí pobreza, y tú tienes demasiados lujos y comodidades". Desde ese día Brígida dejó todos sus vestidos elegantes y empezó a vestir como la gente pobre. Ya nunca más durmió en camas muy cómodas, sino siempre sobre duras tablas. Y fue repartiendo todos los bienes entre los pobres de manera que ella llegó a ser también muy pobre.
Con su hija Santa Catalina de Suecia se fue a Roma y en esa ciudad permaneció 14 años, dedicada a la oración, a visitar y ayudar enfermos, a visitar como peregrina orante muchos santuarios, y a dictar sus revelaciones que están contenidas en ocho tomos (Sufrió muy fuertes tentaciones de orgullo y sensualidad). Desde Roma escribió a muchas autoridades civiles y eclesiásticas y al mismo Sumo Pontífice (que en ese tiempo vivía en Avignon, Francia) corrigiendo muchos errores y repartiendo consejos sumamente provechosos. Sus avisos sirvieron enormemente para mejorar las costumbres y disminuir los vicios.
Por inspiración del cielo fundó la Comunidad de San Salvador. El principal convento estaba en la capital de Suecia y tenía 60 monjas. Ese convento se convirtió en el centro literario más importante de su nación en esos tiempos. Con el tiempo llegó a tener 70 conventos de monjas en toda Europa.
Se fue a visitar los santos lugares donde vivió, predicó y murió Nuestro Señor Jesucristo, y allá recibió continuas revelaciones acerca de cómo fue la vida de Jesús. Las escribió en uno de los tomos de sus revelaciones, y son muy interesantes. En Tierra Santa parecía vivir en éxtasis todos los días.
Al volver de Jerusalén se sintió muy débil y el 23 de juilio de 1373, a la edad de 70 años murió en Roma con gran fama de santidad. A los 18 años de haber muerto, fue declarada santa por el Sumo Pontífice. Sus revelaciones eran tan estimadas en su tiempo, que los sacerdotes las leían a los fieles en las misas.