miércoles, 28 de junio de 2017

San Ireneo de Lyon

San Ireneo de Lyon

Memoria de san Ireneo, obispo, que, como atestigua san Jerónimo, de niño fue discípulo de san Policarpo de Esmirna y custodió con fidelidad la memoria de los tiempos apostólicos. Ordenado presbítero en Lyon, fue el sucesor del obispo san Potino y, según cuenta la tradición, murió coronado por un glorioso martirio. Debatió en muchas ocasiones acerca del respeto a la tradición apostólica y, en defensa de la fe católica, publicó un célebre tratado contra la herejía.
Las obras literarias de san Ireneo le han valido la dignidad de figurar prominentemente entre los Padres de la Iglesia, ya que sus escritos no sólo sirvieron para poner los cimientos de la teología cristiana, sino también para exponer y refutar los errores de los gnósticos y salvar así a la fe católica del grave peligro que corrió de contaminarse y corromperse por las insidiosas doctrinas de aquellos herejes.
Nada se sabe sobre su familia. Probablemente nació alrededor del año 135, en alguna de aquellas provincias marítimas del Asia Menor, donde todavía se conservaba con cariño el recuerdo de los Apóstoles entre los numerosos cristianos. Sin duda que recibió una educación muy esmerada y liberal, ya que sumaba a sus profundos conocimientos de las Sagradas Escrituras, una completa familiaridad con la literatura y la filosofía de los griegos. Tuvo además, el inestimable privilegio de sentarse entre algunos de los hombres que habían conocido a los Apóstoles y a sus primeros discípulos, para escuchar sus pláticas. Entre éstos, figuraba san Policarpo, quien ejerció una gran influencia en la vida de Ireneo. Por cierto, que fue tan profunda la impresión que en éste produjo el santo obispo de Esmirna que, muchos años después, como confesaba a un amigo, podía describir con lujo de detalles, el aspecto de san Policarpo, las inflexiones de su voz y cada una de las palabras que pronunciaba para relatar sus entrevistas con san Juan, el Evangelista, y otros que conocieron al Señor, o para exponer la doctrina que habían aprendido de ellos. San Gregorio de Tours afirma que fue san Policarpo quien envió a Ireneo como misionero a las Galias, pero no hay pruebas para sostener esa afirmación.
Desde tiempos muy remotos, existían las relaciones comerciales entre los puertos del Asia Menor y el de Marsella y, en el siglo segundo de nuestra era, los traficantes levantinos transportaban regularmente las mercancías por el Ródano arriba, hasta la ciudad de Lyon que, en consecuencia, se convirtió en el principal mercado de Europa occidental y en la villa más populosa de las Galias. Junto con los mercaderes asiáticos, muchos de los cuales se establecieron en Lyon, venían sus sacerdotes y misioneros que portaron la palabra del Evangelio a los galos paganos y fundaron una vigorosa iglesia local. A aquella iglesia llegó san Ireneo para servirla como sacerdote, bajo la jurisdicción de su primer obispo, san Potino, que también era oriental, y ahí se quedó hasta su muerte. La buena opinión que tenían sobre él sus hermanos en religión, se puso en evidencia el año de 177, cuando se le despachó a Roma con una delicadísima misión. Fue después del estallido de la terrible persecución de Marco Aurelio, cuando ya muchos de los jefes del cristianismo en Lyon se hallaban prisioneros. Su cautiverio, por otra parte, no les impidió mantener su interés por los fieles cristianos del Asia Menor. Conscientes de la simpatía y la admiración que despertaba entre la cristiandad su situación de confesores en inminente peligro de muerte, enviaron al papa san Eleuterio, por conducto de Ireneo, «la más piadosa y ortodoxa de las cartas», con una apelación al Pontífice «en nombre de la unidad y de la paz de la Iglesia», para que tratase con suavidad a los hermanos montanistas de Frigia. Asimismo, recomendaban al portador de la misiva, es decir, a Ireneo, como a un sacerdote «animado por un celo vehemente para dar testimonio de Cristo» y un amante de la paz, como lo indicaba su nombre (efectivamente, «ireneo» significa «pacífico»).
El cumplimiento de aquel encargo, que lo ausentaba de Lyon, explica por qué Ireneo no fue llamado a compartir el martirio de san Potino y sus compañeros y ni siquiera lo presenció. No sabemos cuánto tiempo permaneció en Roma, pero tan pronto como regresó a Lyon, ocupó la sede episcopal que había dejado vacante san Potino. Ya por entonces había terminado la persecución y los veinte o más años de su episcopado fueron de relativa paz. Las informaciones sobre sus actividades son escasas, pero es evidente que, además de sus deberes puramente pastorales, trabajó intensamente en la evangelización de su comarca y las adyacentes. Al parecer, fue él quien envió a los santos Félix, Fortunato y Aquileo, como misioneros a Valence, y a los santos Ferrucio y Ferreolo, a Besançon. Para indicar hasta qué punto se había identificado con su rebaño, basta con decir que hablaba corrientemente el celta en vez del griego, que era su lengua madre.
La propagación del gnosticismo en las Galias y el daño que causaba en las filas del cristianismo, inspiraron en el obispo Ireneo el anhelo de exponer los errores de esa doctrina para combatirla. Comenzó por estudiar sus dogmas, lo que ya de por sí era una tarea muy difícil, puesto que cada uno de los gnósticos parecía sentirse inclinado a introducir nuevas versiones propias en la doctrina. Afortunadamente, san Ireneo era «un investigador minucioso e infatigable en todos los campos del saber», como nos dice Tertuliano, y, por consiguiente, salvó aquel escollo sin mayores tropiezos y hasta con cierto gusto. Una vez empapado en las ideas del adversario, se puso a escribir un tratado en cinco libros, en cuya primera parte expuso completamente las doctrinas internas de las diversas sectas para contradecirlas después con las enseñanzas de los Apóstoles y los textos de las Sagradas Escrituras.
Hay un buen ejemplo sobre el método de combate que siguió, en la parte donde trata el punto doctrinal de los gnósticos de que el mundo visible fue creado, conservado y gobernado por seres angelicales y no por Dios, quien seguirá eternamente desligado del mundo, superior, indiferente y sin participación alguna en las actividades del Pleroma (el mundo espiritual invisible). Ireneo expone la teoría, la desarrolla hasta llegar a su conclusión lógica y, por medio de una eficaz «reductio ad absurdum», procede a demostrar su falsedad. Ireneo expresa la verdadera doctrina cristiana sobre la estrecha relación entre Dios y el mundo que Él creó, en los siguientes términos: «El Padre está por encima de todo y Él es la cabeza de Cristo; pero a través del Verbo se hicieron todas las cosas y Él mismo es el jefe de la Iglesia, en tanto que Su Espíritu se halla en todos nosotros; es Él esa agua viva que el Señor da a los que creen en Él y le aman porque saben que hay un Padre por encima de todas las cosas, a través de todas las cosas y en todas las cosas».
Ireneo se preocupa más por convertir que por confundir y, por lo tanto, escribe con estudiada moderación y cortesía, pero de vez en cuando, se le escapan comentarios humorísticos. Al referirse, por ejemplo, a la actitud de los recién «iniciados» en el gnosticismo, dice: «Tan pronto como un hombre se deja atrapar en sus "caminos de salvación", se da tanta importancia y se hincha de vanidad a tal extremo, que ya no se imagina estar en el cielo o en la tierra, sino haber pasado a las regiones del Pleroma y, con el porte majestuoso de un gallo, se pavonea ante nosotros, como si acabase de abrazar a su ángel». Ireneo estaba firmemente convencido de que gran parte del atractivo del gnosticismo, se hallaba en el velo de misterio con que gustaba de envolverse y, de hecho, había tomado la determinación de «desenmascarar a la zorra», como él mismo lo dice, Y por cierto que lo consiguió: sus obras, escritas en griego, pero traducidas al latín casi en seguida, circularon ampliamente y no tardaron en asestar el golpe de muerte a los gnósticos del siglo segundo. Por lo menos, de entonces en adelante, dejaron de constituir una seria amenaza para la Iglesia y la fe católicas.
Trece o catorce años después de haber viajado a Roma con la carta para el papa Eleuterio, fue de nuevo Ireneo el mediador entre un grupo de cristianos del Asia Menor y el Pontífice. En vista de que los cuartodecimanos se negaban a celebrar la Pascua de acuerdo con la costumbre occidental, el papa Víctor III los había excomulgado y, en consecuencia, existía el peligro de un cisma. Ireneo intervino en su favor. En una carta bellamente escrita que dirigió al Papa, le suplicaba que levantase el castigo y señalaba que sus defendidos no eran realmente culpables, sino que se aferraban a una costumbre tradicional y que, una diferencia de opinión sobre el mismo punto, no había impedido que el papa Aniceto y san Policarpo permaneciesen en amable comunión. El resultado de su embajada fue el restablecimiento de las buenas relaciones entre las dos partes y de una paz que no se quebrantó. Después del Concilio de Nicea, en 325, los cuartodecimanos acataron voluntariamente el uso romano, sin ninguna presión por parte de la Santa Sede.
Se desconoce la fecha de la muerte de san Ireneo, aunque por regla general, se establece hacia el año 202. De acuerdo con una tradición posterior, se afirma que fue martirizado, pero no es probable ni hay evidencia alguna sobre el particular. Los restos mortales de san Ireneo, como lo indica Gregorio de Tours, fueron sepultados en una cripta, bajo el altar de la que entonces se llamaba iglesia de San Juan, pero más adelante, llevó el nombre de San Ireneo. Esta tumba o santuario fue destruido por los calvinistas en 1562 y, al parecer, desaparecieron hasta los últimos vestigios de sus reliquias. Es digno de observarse que, si bien la fiesta de san Ireneo se celebra desde tiempos muy antiguos en el Oriente (el 23 de agosto), sólo a partir de 1922 se ha observado en la iglesia de Occidente.
El tratado contra los gnósticos ha llegado hasta nosotros completo en su versión latina y, en fechas posteriores, se descubrió la existencia de otro escrito suyo: la exposición de la predicación apostólica, traducida al armenio. A pesar de que el resto de sus obras desapareció, bastan los dos trabajos mencionados para suministrar todos los elementos de un sistema completo de teología cristiana. No ha llegado hasta nosotros nada que pueda llamarse una biografía de la época sobre san Ireneo, pero hay, en cambio, abundante literatura en torno al importante papel que desempeñó como testigo de las antiguas tradiciones y como maestro de las creencias ortodoxas.
 Ireneo de Lyon, conocido como San Ireneo (griego: Εἰρηναῖος) (n. Esmirna Asia Menor, c. 130 - m. Lyon, c. 202), fue obispo de la ciudad de Lyon desde 189. Considerado como el más importante adversario del gnosticismo del siglo II. Su obra principal es Contra las Herejías.
 Nacido en Esmirna, Anatolia (actual Turquía), Ireneo fue uno de los discípulos —considerado el mejor de todos— del obispo de Esmirna, Policarpo, discípulo, a su vez, del Apóstol Juan. Policarpo lo envió a las Galias (157). En Lugdunum (actual Lyon), capital de la Galia Lugdunense, donde se registró una cruel persecución que causó numerosos mártires entre los cristianos, fue ordenado sacerdote y desde el año 177 ejerció allí como presbítero. Fue enviado al Obispo de Roma Eleuterio, para rogarle mediante «la más piadosa y ortodoxa de las cartas», en nombre de la unidad y de la paz de la Iglesia, para que tratase con suavidad a los hermanos montanistas de Frigia.

Explicó que al rechazar a los falsos profetas había que acoger el verdadero don de profecía. Pese a rechazar los «excesos carismáticos» y apocalípticos del montanismo, consideró que no se podía prohibir las manifestaciones del Espíritu Santo dentro de las iglesias romanas.

Sucedió a Potino en la sede episcopal de Lyon desde el 189 e intervino ante el obispo romano Víctor (190), para que no separara de la comunión a los cristianos orientales que celebraban la Pascua el mismo día que los judíos. No se tiene certeza sobre la fecha de su muerte, pero se estima ocurrió entre el año 202 y el 207.

El nombre de San Ireneo está vinculado, sobre todo, a la polémica contra los gnósticos.
 Escribió el tratado Contra las Herejías en cinco tomos (Ver: Ireneo de Lyon. Contra las herejías. «En latín: Adversus haereses, AH».), cuyo título completo es Desenmascarar y Refutar la falsamente llamada Ciencia (Gnosis en griego, idioma en el que fue escrito).

Explicó que no existe un Pléroma sobre el Dios Creador. La Regla de la Verdad, se resume en lo siguiente: hay un solo Dios Soberano universal que creó todas las cosas por medio de su Verbo, que ha organizado y hecho de la nada todas las cosas para que existan. El Dios del Antiguo Testamento es el mismo y único Dios del Nuevo Testamento, al contrario de lo que afirmó Marción.

Ireneo confrontó las concepciones según las cuales habría almas malas destinadas a condenarse o tres clases de humanos: materiales que no pueden salvarse, psíquicos que pueden salvarse y espirituales que salvan. Dios ha encerrado a todos en la incredulidad, para tener compasión de todos (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 11, 32». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).). Especialmente rechazó la versión gnóstica de Cristo, que lo hacía un hombre espiritual al que le fue administrado un cuerpo formado con substancia psíquica, pero dispuesto con un arte inefable para que pudiera ser visto, palpado y sufrir y del que se libró al morir, y que en cambio nunca tomó nada del hombre material, porque éste nada tiene que pueda salvarse. Mostró cómo, según los argumentos que ellos proponen, el Verbo no se habría hecho carne. El libro V expone su escatología milenarista, heredada de los apóstoles: el Anticristo, la Resurrección de los justos y el Milenio.
 En su obra Hitos de la Teología, Ireneo considera a la Escritura como la fuente primordial de la fe. Es preciso comparar los distintos pasajes para que iluminándose unos a otros, pueda entenderse su significado en el contexto (cf. AH II, 10,1; 27,1; III, 12,9). Con humildad debemos aceptar que no conocemos todo y debemos acercarnos a la Palabra con espíritu humilde y dejarnos enseñar de ella.

Ireneo defiende el principio de la tradición. El libro segundo del AH desarrolla o funda el principio de la tradición, que ya inicia Hegesipo, y formula este principio contra el gnosticismo, que admite revelaciones privadas, propias de sus escuelas y también contra ellos exige la coherencia con las Escrituras, ya que los gnósticos pretendían eliminar determinados aspectos de ellas arguyendo una tradición secreta. Dice que la verdadera tradición hay que buscarla en la Iglesia fundada por los apóstoles, donde sus sucesores han enseñado la doctrina auténtica.

Ireneo está fuertemente convencido de que la doctrina de los Apóstoles sigue manteniéndose sin alteración. Esta tradición es la fuente y la norma de la fe (regula fidei o regula veritatis). Para Ireneo este canon de la verdad parece ser el credo bautismal, porque dice que lo recibimos en el bautismo. Sólo las iglesias fundadas por los apóstoles pueden servir de apoyo para la enseñanza auténtica de la fe y como testigos de la verdad, pues la sucesión ininterrumpida de los obispos en estas iglesias garantiza la verdad de su doctrina. A propósito de esto dice que sería largo recurrir a todas las iglesias, por ello reduce a la de Roma, gracias a lo cual tenemos toda la lista de obispos romanos (cf. AH III, 3,3).

Ireneo es ante todo un gran exegeta, especialmente de San Pablo y de San Juan, de tal modo que cuando el explica a San Pablo o a San Juan es casi como si estos se explicasen a sí mismos. Ireneo es el representante de la escuela asiática (de Asia Menor). La teología de la carne no viene de San Juan.

La batalla en torno a los gnósticos se hace con San Pablo. El tema central de la teología ireniana gira en torno al Salus Hominis (antropología), es decir, la salvación del hombre. En la antropología confluyen todo lo demás, trinidad, eclesiología, escatología, etc. El punto de partida de su antropología lo constituyen los dos textos bíblicos del Génesis que hablan de la creación del hombre: el Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 1, 1-26». Biblia versión Reina-Valera . y el Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 2, 7». Biblia versión Reina-Valera. Frente a los gnósticos que distinguían tres clases de hombre, el hombre material o hiliaco, el hombre psíquico o animal (porque su sustancia es la psijé o alma), y tercero el hombre espiritual o neumático (constituido de pneuma o espíritu).

Hay un solo hombre, carnal, espiritual y animal. Repetidamente dice que el hombre es una mezcla de cuerpo, alma y espíritu, en esto usa una terminología paulina, Pablo en Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1Tesalonicenses 5, 23». Biblia versión Reina-Valera. Los gnósticos daban a estos tres elementos la categoría de sustancia, y decían que los tres hombres eran de tres sustancias distintas, aunque teóricamente cada uno de estos tres podría vivir independientemente, o quizás unidos. El espíritu está revestido del hombre psíquico y este a su vez del hombre material. El ideal de ese espíritu es librarse de los otros dos, esto ocurrirá con la muerte. La sustancia espiritual es la sustancia de Dios, por ello el hombre es consustancial al Padre. La salvación para los hombres espirituales es debida a su propia sustancia, por ser de materia divina. La sustancia de los 7 cielos es el mundo del demiurgo, Dios inferior al Dios uno, tiene naturaleza psíquica, es el que crea al hombre material, pero el hombre espiritual es de sustancia divina.

San Ireneo dice que sólo hay un hombre, que asume las sustancias, así hay un tanto a favor de las cosas. El hombre es cuerpo, es carne, el alma es el principio de la vida racional y animal por el plasma (barro). El alma es principio racional, el principio que al barro comunica la vida sensitiva y racional. El espíritu es principio de vida espiritual del plasma. El hombre por el pecado pierde el espíritu. El hombre es una mezcla de cuerpo, alma y espíritu. Son cualidades inherentes al cuerpo. Sarcología: el hombre es carne, así antropología es filosofía de la carne. Car Capax Salutis: carne capaz de salvación. Aquí es donde se juega la batalla, para los gnósticos la carne no es capaz de salvación, para San Ireneo sí. Salvación significa divinización de la carne, por eso el Hijo de dios se encarna para divinizar la carne. La carne, por ser materia, para los gnósticos, es corruptible, y acabará con la aniquilación. Por eso la carne de Dios no es real, sino aparente (docetismo), perdiéndose así los misterios de Jesucristo. La carne es esencial para San Ireneo, el hombre per se es carne, pero una carne destinada a la salvación.

En Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 2, 7». Biblia versión Reina-Valera. «Tomó Yahveh barro de la tierra», hallamos el origen del cuerpo, es barro de la tierra, ahora bien, ¿de qué tierra? De esta visible que tenemos ante nosotros, y el misterio de la curación del ciego de nacimiento lo pone esto de manifiesto. El hombre es un ser en construcción, idea de progreso, el hombre no acaba de ser hecho hasta que el hombre sea igual a la carne gloriosa de Cristo, entonces el hombre será perfectamente lo que Dios quiere, imagen y semejanza de Dios.

Por otro lado, subraya que ese barro tomado de la tierra, no fue plasmado por ángeles, sino por las manos de Dios, directamente, las manos de Dios son el Hijo y el Espíritu Santo. El Hijo es el que comunica al barro la imagen, y el Espíritu Santo es el que le comunica la semejanza divina. Cada una de las tres divinas personas en la creación, actúa a tenor de sus cualidades personales. El Padre crea la materia ex nihilo, el Hijo le da forma, y el Espíritu Santo lo llena de vida. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 2, 7». Biblia versión Reina-Valera. Este aliento de vida se identifica con el alma, infundida en el plasma, y adopta la forma del plasma, a la manera como el contenido adopta la forma del contenedor, y se sujeta a la misma causalidad de las manos de Dios.

El hombre es un microcosmos, en el mismo ser del hombre hay como un resumen de toda la creación, del mundo material por ser material, y del racional por ser racional. San Ireneo dice que Dios hizo al hombre rey no solo de este mundo, sino también del de los ángeles. El hombre mismo es resumen de la creación. Según Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 1, 26». Biblia versión Reina-Valera. hay que distinguir imagen de semejanza. Imagen es similitud con la forma, figura, lineamentos, y se da entre naturalezas iguales, se da necesariamente entre dos naturalezas iguales, tenemos por tanto la misma naturaleza de Dios, posible por Cristo, que tiene naturaleza humana. Aquí se introduce la teología trinitaria. El Padre no tiene forma, no es posible conocer al Padre sin el Hijo, el cual si tiene forma. Así pues, el hombre, que es material, corporal, carnal, es imagen de Dios en su sentido horizontal, es decir imagen de Cristo Dios que ha de venir, se ha de encarnar, es el paradigma.

En Cristo cabe distinguir varios estadios. El paradigma de Adán es Cristo, que es anterior al primer Adán, puesto que el primer Adán es solo anterior en el tiempo, no en la mente de Dios. En Cristo cabe distinguir distintos estadios (cuando nació, como niño, etc.) ¿En cuál de estos estadios es el paradigma del que fue creado Adán?. En la resurrección, ese es el paradigma o modelo que Dios tuvo presente. Será imagen de Dios cuando su carne sea glorificada. El hombre pues está destinado por Dios a ser glorificado en su carne, mientras tanto estamos en período de construcción. Al ser una economía carnal, es precisa una historia, si hubiese sido una economía angelical no hubiese hecho falta.

La semejanza significa asimilación del hombre con Dios, que hay que distinguir otra semejanza, asimilación del hombre con Dios, es decir, el hombre se hace Dios, la semejanza consiste en que el hombre sea divinizado, deificado, el hombre está destinado a hacerse Dios. Esta semejanza es progresiva, ya el «kata» (partícula segunda) tiene de suyo un dinamismo. Indica un proceso que tiene que desarrollarse hasta la perfección de la carne de Cristo, pero nunca barrerá la distancia física, sino la distancia cualitativa. Una cosa es la «ousía» (sustancia) o ser de Dios, y otra es la «ousía» humana, que es carnal, la distancia está entre el ser de Dios y el del hombre, nunca se borrará, la divinización del hombre se dará en el terreno de la cualidad, el terreno cualitativo, quiere decir esto que la sustancia divina tiene unas propiedades congénitas (poiotes), la sustancia divina de suyo es impasible, inmortal, incorruptible, y la sustancia humana de suyo es corruptible, mortal, y pasible. La divinización del hombre viene de que la sustancia humana se olvide de sus facultades y asuma las cualidades divinas. Cristo resucitado es el modelo que Dios tuvo delante al modelar a Adán. Por tanto Cristo es el objetivo al que ha de llegar la carne humana.

El hombre es un ser in fieri, en construcción, que se está haciendo, llegará a ser perfecto hombre solo después de la resurrección, cuando su carne halla adquirido la incorruptibilidad y la inmortalidad. Mientras tanto, está sometido al trabajo de las manos divinas, Dios ¿por qué no hizo al hombre perfecto desde un principio? Porque si bien según los gnósticos la explicación está en el demiurgo, Dios creador, imperfecto, para San Ireneo el hombre es incapaz de recibir la perfección de golpe por ser carnal, le hacía falta una historia. Dios es capaz de dar la perfección al hombre, pero el hombre es incapaz de recibir esta perfección. Toda la cuestión está en que Dios ha establecido una economía carnal, material. Por eso el Hijo de Dios se encarnó (por la economía carnal) y no se angelizó. La tarea de asimilación del hombre a Dios va unida al alma, nosotros somos un cuerpo tomado de la tierra, y un alma, el alma es mediadora entre este cuerpo y el espíritu. Así como la perfección de la imagen está virtualmente vinculada al cuerpo, el alma toma la misma imagen del cuerpo, el cuerpo comunica al alma la imagen del cuerpo, y así Dios comunica al alma la imagen del alma, para que lo comunique al cuerpo, actúa así de intermediación. La semejanza pues iría especialmente vinculada al alma.
 La cristología de San Ireneo de Lyon está en íntima conexión con la antropología, Cristo, el verbo encarnado es el hombre ideal, es decir, el paradigma de Adán, el modelo del cual se hizo a Adán. Cristo estaba presente en la mente de Dios en el plasmado del hombre, «opera dei plasmatio hominis» («la obra de Dios es el plasmado del hombre»). Dios empieza a modelar al hombre según un boceto, el segundo Adán (Cristo) que es la obra perfecta y acabada. El primer Adán es anterior al segundo solamente en el tiempo.

Todas las teofanías del Antiguo Testamento desde Adán son manifestaciones del verbo. Hay que señalar la gran importancia de la encarnación, por tanto la realidad de la pasión, muerte y resurrección, contra los gnósticos (apariencia). La recapitulación, término griego (anakefalaiosis), significa resumen, Cristo resume en su propia carne toda la historia de la salvación de la carne que se ha dado y de principio a fin, de modo pleno en la carne de Cristo glorificado. En Cristo se ha dado el resumen. Cristo recapitula a Adán, a toda la humanidad, recapitulando lo pasado y lo futuro, desde la creación hasta la glorificación.

Respecto al pecado original señalar que San Ireneo constituye un testimonio a favor de la doctrina del pecado original. Difunde esta tesis San Agustín por lo que fue acusado de maniqueo mal convertido, a lo que él rescata la referencia de San Ireneo. Según San Ireneo nuestros primeros padres, creados a imagen y semejanza de Dios perdieron la semejanza, pero conservaron la imagen, aunque ofuscada. Cristo hizo brillar la imagen y le devolvió la semejanza. Destacar la ubicación del paraíso en el 4º cielo (el de en medio). El hombre, hecho de barro de la tierra es elevado al paraíso pero después por el pecado es expulsado a la tierra de nuevo. Así, en el paraíso estuvo equidistante de la tierra y del cielo sumo, explicando así el reinado del hombre sobre la tierra. El paraíso no admite al pecador, por eso fueron expulsados.
 En su mariología desarrolla mucho el paralelismo entre Eva y María de San Justino. Según Ireneo, María reparó la desobediencia de Eva, con lo que contrarió las corrientes gnósticas que sostenían que Jesús no era Dios y hombre. Ireneo aseveraba que Jesús debía tener la naturaleza humana para poder redimirla, pero al mismo tiempo la santidad de Dios para poder presentarse sin mancha.

Ireneo garantiza contra los gnósticos la realidad de la carne de Jesús, sin la cual es imposible la vida histórica de Cristo, y su muerte y resurrección reales:

    «Yerran quienes afirman que él nada recibió de la Virgen... De otro modo habría sido inútil su descenso a María: ¿para qué descendía a ella, si nada había de tomar de ella?»
    San Ireneo de Lyon (AH III, 22,1-2).

Dice que el Hijo, al hacerse carne, al nacer «realmente» de María, es la prenda de que él es descendiente de Adán, cuya simiente había de asumir para poder transformarla en lo que él es como Dios. Por eso su carne es la misma carne de María, hija de Adán (cf. AH III, 21,10, V, 1,2). Por medio de ella Jesús se liga también a la generación de Abraham y de David, y solo por tal motivo el Hijo de María puede llegar a ser el cumplimiento de las promesas hechas a los Padres (cf. AH III, 16,2-3; D 35-36, 40, 59).
 Es necesario distinguir la escatología católica, la intermedia y la final. La intermedia es la situación del hombre desde la muerte a la resurrección, cada individuo, ¿en qué situación se encuentra?. Respecto a ello San Ireneo enseña las siguientes cosas sacadas de la exégesis del rico Epulón y el pobre Lázaro Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 16, 19». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).. Este texto para él no es parábola, sino historia real que nos cuenta el señor. Mediante la parábola nos muestra los siguientes puntos: 1º perseverancia de las almas, es decir, las almas, tras la muerte perseveran en el ser, no se deshacen; 2º la no-transmigración de las almas, se mantiene con una subsistencia propia, aquí interviene la omnipotencia de Dios; 3º, las almas retienen la figura del cuerpo, que las hace reconocibles, por eso el rico Epulón reconoce a Lázaro, por tener la misma figura que en vida. Las almas retienen la memoria de su obra pecadora y también el mérito, Abraham retiene el don profético y reconoce las obras del rico y del pobre; 4º, en el más allá hay un lugar de descanso y de pena, las almas buenas descansaban en el seno de Abraham, las malas, como la del rico, están en un lugar de dolor; 5º, también ve San Ireneo confirmadas una de sus tesis favoritas, la unidad de los dos testamentos, que nos permite ver en ley y profetas las palabras de Cristo, lo que ellos dijeron según la palabra de Cristo.

En la teología ireniana lo importante es siempre la salus carni, porque la historia salutis consiste en la deificación de la carne, el gozo del alma durante la escatología intermedia es un gozo relativo, intermedio, no solo no ve al Padre, sino que ni al Hijo resucitado. ('A Dios nadie le ha visto jamás': 1Jn 4,12; Jn 5, 37; Jn 6, 46)

En la escatología final, la verdadera bienaventuranza, para que el hombre la adquiera es necesaria la resurrección del Verbo, la gente resucitada con la resurrección iniciaran el milenio, mil años durante los cuales no se verá al Padre, sino solo al Hijo resucitado acostumbrándose a la carne (Cristo) para luego pasar al Padre, además este milenio sucederá en la tierra, pero en un cielo nuevo y una tierra nueva. No se da en el milenio la visión del Padre, sino una preparación de la gente a la visión del Padre pero secundum carnem. Se da por tanto un proceso gradual, que lo inicia el Espíritu Santo, lo continua el Hijo y lo consuma el Padre. Distingue así tres puntos en la historia de la salvación: Espíritu Santo, etapa del Antiguo Testamento; la 2ª es la del Hijo, la cual a su vez se subdivide en dos, se inicia en la encarnación, y dura hasta la parusia; para luego continuarse la etapa del Hijo durante mil años, tras el séptimo milenio llegará el Padre. Así, en la ley del Antiguo Testamento hemos recibido un espíritu profético, luego, con Cristo, un espíritu adoptivo, y al final el espíritu paterno. Hay pues un proceso de adaptación.
 Su extensa y completa refutación de las diferentes doctrinas gnósticas ha sido recordada con ocasión del redescubrimiento del texto seudoepigráfico llamado Evangelio de Judas. Ireneo dice que es un libro utilizado por un grupo gnóstico al que denomina cainitas, los cuales:

    «dicen que Caín nació de una Potestad superior, y se profesan hermanos de Esaú, Coré, los sodomitas y todos sus semejantes. Por eso el Hacedor los atacó, pero a ninguno de ellos pudo hacerles mal. Pues la Sabiduría tomaba para sí misma lo que de ellos había nacido de ella. Y dicen que Judas el traidor fue el único que conoció todas estas cosas exactamente, porque solo él entre todos conoció la verdad para llevar a cabo el “misterio de la traición”... Para ello muestran un libro de su invención, que llaman el Evangelio de Judas.»

Ireneo en varias partes de su obra se refiere a la oposición entre Caín y Abel.

    «Dios puso los ojos sobre las oblaciones de Abel, porque las ofrecía con sencillez y justicia; en cambio no miró el sacrificio de Caín, porque su corazón estaba dividido por celos y malas intenciones contra su hermano, según Dios mismo le dijo al reprenderlo por lo que ocultaba: “¿Acaso no pecas aunque ofrezcas tu sacrificio rectamente, si no compartes con justicia? Tranquilízate”.»
    Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 4, 7». Biblia versión Reina-Valera. LLX: οὐκ ἐὰν ὀρθῶς προσενέγκῃς ὀρθῶς δὲ μὴ διέλῃς ἥμαρτες ἡσύχασον πρὸς σὲ ἡ ἀποστροφὴ αὐτοῦ καὶ σὺ ἄρξεις αὐτοῦ

    «Caín, cuando Dios le aconsejó calmarse, pues no había compartido de modo justo con su hermano los deberes de fraternidad, sino que con envidia y maldad imaginó poder dominar sobre él, no sólo no se puso en paz, sino que añadió pecado a pecado, mostrando su intención con las obras. Llevó a cabo lo que había planeado (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis». Biblia versión Reina-Valera.): se impuso sobre él y lo mató.»

El sacrificio de Abel es un símbolo del sacrificio de Jesús:

    «Dios sometió el justo al injusto, a fin de que el primero mediante su sufrimiento se manifestase como justo, en cambio el segundo mediante sus actos desenmascarase su injusticia... el Dios que los desenmascara no es culpable de ellos ni obra el mal.»

    «No son los sacrificios los que purifican al ser humano, pues Dios no los necesita; sino la conciencia pura de quien lo ofrece es lo que santifica el sacrificio.»

Jesús dio su vida no para «liberarse del cuerpo», sino para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna... para que el mundo se salve por él; el que cree en él no es condenado (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 16-18». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).) ; y la condenación está en que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz... para que no sean censuradas sus obras (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 19-20,12, 4-6». Biblia versión Reina-Valera).
 Los cristianos orientales celebran la fiesta de San Ireneo el 23 de agosto. La Iglesia Católica la celebra el 28 de junio. Su nombre también está incluido en el Calendario de Santos Luterano.
 San Ireneo de Lyon representó una figura decisiva en entre las primeras generaciones de cristianos
Nacido en Asia Menor, hacia el 130, fue discípulo de san Policarpo, en Esmirna. Marchó a Francia, donde fue elegido obispo de Lyon. Testigo fiel de la Tradición apostólica, defendió la fe contra los errores agnosticos, escribiendo una de la obras teológicas más importantes de la antigüedad cristiana. Murió mártir hacia el año 200.
 Benedicto XVI presentó el 28 de marzo de 2007 la figura de san Ireneo de Lyon
La verdadera fe cristiana no es un invento de intelectuales, sino la que transmiten los obispos, sucesores de los apóstoles, aclara Benedicto XVI.
 Así lo explicó en su intervención durante la audiencia general de este miércoles, celebrada en la plaza de San Pedro del Vaticano con la participación de algo más de 20.000 peregrinos, dedicada a presentar la figura de san Ireneo de Lyon, figura decisiva entre las primeras generaciones de cristianos.

Fallecido entre el año 202 ó 203, probablemente mártir, Ireneo fue alumno del obispo Policarpo de Esmirna (en la actual Turquía), quien a su vez era discípulo del apóstol Juan. Tras mudarse a la ciudad de Lyon, en Galia, tras la persecución del emperador Marco Aurelio, se convirtió en obispo de esa ciudad.

Ha pasado a la historia por ser el «primer gran teólogo de la Iglesia», en el sentido de que creó la teología sistemática, y «el campeón de la lucha contra las herejías», en particular, el gnosticismo.

La «gnosis», como aclaró el pontífice, es una doctrina, según la cual, «la fe enseñada por la Iglesia no era más que un simbolismo para los sencillos, pues no son capaces de comprender cosas difíciles».

«Por el contrario --según esta corriente--, los iniciados, los intelectuales --se llamaban “gnósticos”-- podrían comprender lo que se escondía detrás de estos símbolos y de este modo formarían un cristianismo de élite, intelectualista».

«Obviamente este cristianismo intelectualista se fragmentaba cada vez más en diferentes corrientes con pensamientos con frecuencia extraños y extravagantes, pero atrayentes para muchas personas», constató el Papa.

«Para Ireneo la “regla de la fe” coincide en la práctica con el “Credo” de los apóstoles, y nos da la clave para interpretar el Evangelio, para interpretar el Credo a la luz del Evangelio».

«El Evangelio predicado por Ireneo es el que recibió de Policarpo, obispo de Esmirna, y el Evangelio de Policarpo se remonta al apóstol Juan, de quien Policarpo era discípulo».

Por eso, indicó el sucesor de Pedro, «la verdadera enseñanza no es la inventada por los intelectuales, superando la fe sencilla de la Iglesia. El verdadero Evangelio es el impartido por los obispos que lo han recibido gracias a una cadena interrumpida que procede de los apóstoles».

«Éstos no han enseñado otra cosa que esta fe sencilla, que es también la verdadera profundidad de la revelación de Dios», aclaró.

«No hay una doctrina secreta detrás del Credo común de la Iglesia. No hay un cristianismo superior para intelectuales».

«La fe confesada públicamente por la Iglesia es la fe común de todos. Sólo es apostólica esta fe, procede de los apóstoles, es decir, de Jesús y de Dios».

Al ilustrar la enseñanza de san Ireneo, Benedicto XVI explicó que «al adherir a esta fe transmitida públicamente por los apóstoles a sus sucesores, los cristianos tienen que observar lo que dicen los obispos, tienen que considerar específicamente la enseñanza de la Iglesia de Roma, preeminente y antiquísima».

«Esta Iglesia, a causa de su antigüedad, tiene la mayor apostolicidad: de hecho, tiene su origen en las columnas del colegio apostólico, Pedro y Pablo», recordó.

«Con la Iglesia de Roma tienen que estar en armonía todas las Iglesias, reconociendo en ella la medida de la verdadera tradición apostólica, de la única fe común de la Iglesia», concluyó el obispo de la ciudad eterna.

Denise Groesman

Denise Groesman

Anfibia

Vive en dos mundos: es artista plástica y actriz. Y en ninguno de los dos elige formatos convencionales. Ahora Denise Groesman está presentando Soy familia, una muestra con una mirada muy personal sobre los vínculos y también es una de las protagonistas de Cimarrón de Romina Paula, una serie de monólogos que marcan referencias culturales, desde Rilke hasta Sarah Ruhl.


Denise Groesman acaba de inaugurar Soy familia en la galería Big Sur. ¿Será que lo suyo son los lazos diversos, las constelaciones que ya forman algo así como una hermandad que une cosas distintas pero cercanas, como el teatro y las artes visuales? Al mismo tiempo puede vérsela en Cimarrón, la última obra de Romina Paula, que después de estrenarse en el Tacec de La Plata, comenzó su temporada en el Teatro Cervantes. Ambas mitades, como las alas de una mariposa, hacen lo suyo para que esta chica inquieta pueda desplegarse. Porque esa familia no es una modelo, una de publicidad de Coca Cola, sino una hermosa en su extrañeza. Su muestra, lejos de proponer una tradicional colgadura de pinturas una a lado de la otra, es una instalación donde la pintura está metida en un dispositivo que hace falta recorrer, inmiscuirse, poner el cuerpo como suele hacerse en el teatro. Por otra parte la obra que protagoniza no es una obra realista, de vínculos y emociones en la línea que venía trabajando Romina Paula, sino una de personas-personajes, donde los textos no son diálogos sino más bien recitados de poesía. Rareza, particularidad, es lo que Denise Groesman desarrolla en los formatos que viene recorriendo desde que se inició en las artes y hasta ahora. 
“Es todo trabajo nuevo”, dice sobre Soy familia, un poco sorprendida de lo que hay. Groesman viene de hacer el año pasado el programa para artistas del Di Tella, hizo algunos años en el IUNA, el taller de Gabriel Baggio, el de Karina Peisajovich y el programa para artistas visuales del Centro Cultural Haroldo Conti. Pero fue recién el año pasado que comenzó a ir desde los lienzos a un formato más instalativo en el que las pinturas fueran apareciendo de manera sorprendente, como quien encuentra una flor hermosa, una mancha de color en medio de un bosque nocturnal.
Las pinturas en esta muestra están como escondidas en medio de un laberinto de colchones verticales, pintados de rojizo y bordados grotescamente con hilo sisal. Hay, además de ese laberinto acolchonado, una carpita azul en la que al ingresar también se descubren pinturas. El tercer elemento de la muestra es una suerte de muro también bordado sobre un colchón en el que un pequeño agujero invita a posar la mirada. Adentro puede verse un video en el que fotos y animaciones kitsch recrean canciones con motivos cursis sobre la importancia de la familia. 
Y la gran protagonista de la muestra es Anita, la señora que cuidó a Denise desde niña y a quien la artista ya había retratado en un video llamado Anita desde 1996, donde se veía a la señora cocinando mientras contaba historias de lo más sofisticadas con un habla muy curiosa, que Groesman rescataba un poco a la manera de Manuel Puig. “Yo vengo pintando desde el archivo. Siempre pinto fotos mías o de amigos míos y sus familias. Así fue que empecé a pintar a toda la familia de Anita. Las fotos que me mandaba por el celular o que me mostraba eran una ventana a otro mundo increíble, pero que a su vez conozco y lo viví desde pequeña. Quizás antes era más a través de los relatos que me hacía de su madre, sus sobrinos, la fábrica a donde va el marido, su infancia. Ella es una gran narradora y a mi siempre me encantó escucharla. Pero ahora llegó un momento más ilustrado con WhatsApp y Facebook. Ahora lo que me cuenta se volvió imagen.” 
Son esas imágenes fotográficas amateurs, sacadas con el celular lo que Groesman luego pinta. Un norma estética –la de los decorados, los atuendos– que dista de ser la de la artista y que por eso misma le atrae, le resulta un mundo digno de ser pintado. Pinturas que dialogan juguetonamente con la tradición del retrato dentro de la pintura figurativa que tiene que ver con eternizar a personas justamente notables, pudientes, en momentos igualmente importantes de sus vidas y que si bien ya fue discutida –por Antonio Berni por ejemplo– se encuentra hoy ante un nuevo desafío frente a las imágenes fotográficas caseras que viajan por las redes y los teléfonos, a veces hasta reemplazando las palabras o relatos de las vidas privadas. Denise reflexiona: “Me interesaba pintar las fotos de estas personas del conurbano, estas vidas, que por mas que mi puerta de entrada es súper personal y emotiva, son de algún modo anónimas. Este personaje es de otra historia y otra cultura, pero yo adopté mucho de ella, me identifiqué muchísimo con ella, más de ella que de mi madre. Es parte de mi educación sentimental. Mi madre es muy alemana,  fría y Anita es un fuego, toda colorada, charlatana, intensa.” Una familia que se inventa, cosida con hilo sisal. 
En la publicación que acompaña la muestra, mezcla de libro de poemas, fotos y fragmentos de Jean Dubuffet (a quien se homenajea en las obras) aparece un fragmento de una obra de teatro de Federico León. Otra vez trazando lazos de familia. Es que el vínculo de Denise con el teatro es igual de importante que el que tiene con las artes visuales. Formada con Nora Moseinco, pasó por obras de Mariana Obersztern, Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob, Matías Umpierrez y Agostina Luz López, quien está hoy al lado suyo en el escenario. 
Y es en Cimarrón de Romina Paula, que acaba de reestrenarse y seguirá hasta fin de julio. Allí López, Groesman junto a Esteban Bigliardi desgranan monólogos en el que se suceden como planos monocromáticos de referencias culturales: poemas de Rilke, el Kaspar Hauser de Herzog, las pinturas de Caspar David Friederich, una obra de teatro de la dramaturga norteamericana Sarah Ruhl. La profunda singularidad de la obra es precisamente lo que a  Groesman más le convence: “Es una obra rara para Romina y para el teatro en general. Tiene algo narrativo, somos nosotros tres diciéndonos relatos unos a los otros. Es muy poco un espectáculo de ficción. Me interesó porque al meterme mas en el mundo de las artes visuales me fui alejando de la cosa del teatro más espectacular.” 
Groesman dice que por momentos piensa en dejar el teatro, pero luego vuelve, siempre y cuando sean piezas como ésta, o como Las piedras de Agustina Muñoz, próxima a estrenarse, donde el abordaje se acerca más a la performance que a la representación más típica. “Romina venía trabajando con su compañía que son unos monster actors, pero se ve que necesitaba cambiar. Por eso nos convocó a Agostina que es escritora, y a mi, que no somos exactamente actrices, somos más como unos personajitos. Dos medio bicho raro.” Dos actrices, no-actrices. Como un object trouvé adentro de una obra de teatro. 
Cimarrón se puede ver de viernes a domingo a las 18 en el Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815, $120. La muestra Soy familia se puede visitar de miércoles a sábado de 15 a 20 en Big Sur, Carlos Calvo 637. 

San Fernando del Valle de Catamarca - CATAMARCA

CATAMARCA> Arqueología en las sierras

Verde con altura

A cuatro kilómetros de la capital provincial, una serie de pueblitos de artesanos recrean técnicas ancestrales junto a los restos de una ciudad perdida y sitios antiquísimos de huella incaica abren las puertas de un mundo ancestral.

 Los aromas evocadores o la inexplicable percepción de sentirse “como en casa” en un sitio al que se arriba por primera vez son, se dice, inasibles fragmentos de la memoria colectiva de la que somos fruto: se revelan de modo repentino e incitan a desandar caminos impensables en busca de sus indicios.

Puede suceder en cualquier parte. Como entre las sierras de Ancasti y Ambato, en la Catamarca Verde, cuyos paisajes labrados por el viento, el tiempo y el agua reservan algo más impactante –como si fuera poco- que sus profusos bosques, picos nevados, ríos y campos pródigos de olivares y nogales que llegan hasta el borde de la selva subtropical.
SECRETOS DEL VALLE Desde la capital provincial, entre bosquecitos, valles y balcones naturales la RP33 lleva hacia el sur, por un camino que se va ondulando hasta encontrarse con la RN60, al enorme espejo de agua del dique El Jumeal. Está al pie del extremo sur de la Sierra del Colorado, a 600 msnm. Los visitantes suelen optar por el camino de Güemes, un sendero natural enmarcado por montes tapizados de cactus que anteceden el ascenso hacia el lago, en estos días observado con nostalgia por los adeptos a la pesca. Mientras añoran los vientos benefactores de septiembre que traerán truchas, se contentan con las vistas panorámicas de la colorida ciudad que quedó atrás, abrazada por la Sierra Ambato-Manchao al oeste y la del Alto-Ancansti al este.  
Otro tanto se deberá aguardar para el pique del pejerrey en el imponente dique Las Pirquitas, el más grande de la provincia, hacia el norte de San Fernando. Se lo puede observar claramente de camino a la Cuesta del Portezuelo: a la izquierda de la RP1 asoma su estructura escalonada que sigue los parámetros de construcción –con tierra y piedras locales encastradas– de las pircas de los nativos de la zona. De lejos asemeja una inmensa terraza de cultivo inca. Ese sistema permite el recorrido de las aguas de un lago de 254 ha, en el que se practica remo y esquí acuático. Además, en dos oportunidades albergó la “F1 Powerboat”, la carrera más relevante de Sudamérica en materia de motonáutica.
 El sendero asciende entre murallones hasta los 800 msnm y balconea hacia el cordón de Ambato. En el kilómetro 36, detrás de una pronunciada cuesta se vislumbra El Rodeo, una pintoresca villa, zona de asentamiento de las más antiguas estancias ganaderas de la provincia, cuyas casas bajas de techos rojos se distribuyen entre los cerros y acompañan el zigzagueante curso de los arroyos.  A pesar de la niebla se divisa el pico eternamente blanco del cerro Manchao, que alcanza los 4550 metros.
 A poco de llegar, entre plantaciones de nogales, árboles frutales y cascadas,  surge la figura del Cristo Redentor, una escultura siete metros erigida en la cumbre del Cerro Huayco. Una caminata de unos 15 minutos conduce a la imagen y hay quienes se animan a practicar rappel en la pared frontal del cerro. Otros aprecian la escena desde los amplios ventanales del restaurante de la Hostería El Rodeo a la espera de las tradicionales empanadas catamarqueñas.
El aroma de la leña que arde en la chimenea –nada mejor para mitigar el frío, que a 1200 metros se hace sentir– activa por primera vez la extraña sensación de familiaridad; un recuerdo no vivido: el de percibir el calor del fuego y su lumbre como amparo frente a toda amenaza.
CUESTA ARRIBA La abrupta ladera occidental de la sierra de Ancasti, da origen a la Cuesta del Portezuelo, que nace al pie de las sierras y es un nexo entre el valle y el departamento de Ancasti. En ese tramo se abren valles regados de olivares, campos de tunas y palmeras. Pero los dueños del reino son los cactus, que se abren paso entre las blanquísimas paredes rocosas y trepan los cerros hasta los 400 metros.
El camino que conduce a la cuesta, sinuoso y en continuo ascenso, hace ya que el viaje valga la pena: la R42 salva 1000 m de desnivel a lo largo de 24 kilómetros y escala hasta los 1680 metros en el Alto del Portezuelo. En el kilómetro 7 (a 1070 metros) prácticamente se pierde la noción del tiempo en un mirador natural que ofrece magníficas panorámicas del valle, que se alargan hasta la sierra de Ambato.
Al fin de la quebrada, las lomadas se esfuman y se impone la desolada estepa rala, donde mulas y vacas se disputan la jarilla para alimentarse. Unos kilómetros más adelante regresa el verde frondoso, donde se despliegan pequeños pueblos en distintos senderos que se pierden entre los cerros.
En Anquicila y Ancasti, donde impera el sonido de los cursos de agua que atraviesan las villas, se encuentran los mejores artesanos de platería y textiles. Las texturas y colores del paisaje, así como su bagaje ancestral, inspiran diseños bellísimos. Distintos puestos venden quesos, aceite de oliva y vinos regionales, además de nueces envasadas y su variedad confitada, una delicia y souvenir obligado para quien recorra estas tierras. Las piezas textiles más curiosas son las producidas por los telares de Mujeres de Seda y Tierra, un grupo de vecinas de Ancasti que hace ya varios años producen seda natural con capullos de mariposas silvestres.
BARRO Y PIEDRA En la Quebrada del Tala, una meseta a 700 msnm, los cardones gigantes que se cierran en cerco en alrededor de las ruinas de una antigua ciudad,  como vigías celosos del legado de la cultura La Aguada, que hace más de 1500 años dominó en aquel desolado paisaje pedregoso. Hay que atravesarlos con cuidado para acceder al Pueblo Perdido de la Quebrada, 40 recintos elaborados en barro y piedra en los que funcionaron habitaciones familiares, corrales y talleres entre los años 230 y 450 d.C.
A su lado, el río El Tala trae el rumor de la yakumana (Madre del Agua) y revive la inquietante leyenda sobre una “mujer rubia de cabello largo”, una especie de sirena del desierto que atraía a los jóvenes que tomaban baños en sus aguas y los llevaba, sin regreso, hacia las profundidades.
El curso del río Los Molinos conduce hacia los sitios arqueológicos La Tunita y La Candelaria. Es necesario trasladarse en 4X4 y luego hacer un tramo a pie entre los bosques de cebil hasta llegar a dos cuevas colmadas de pinturas rupestres de los años 450 a 950 d.C. Para ingresar hay que tirarse al suelo y hacerlo mirando al cielo. Solo así podrán verse muy nítidas –se dice que son las mejor conservadas del país– figuras de jaguares, serpientes, llamas y cóndores, además de chamanes y figuras humanas danzantes que llevan máscaras ceremoniales, con los ojos pintados de rojo. Al parecer, del fruto del cebil muchas culturas originarias extraían una sustancia alucinógena que fumaban en ritos ceremoniales. De hecho, en los alrededores se hallaron cientos de pipas de piedra o cerámica que se exhiben en el Museo Arqueológico Adán Quiroga junto a otras piezas de distintos sitios arqueológicos.
En los aleros de La Candelaria se imponen las pinturas de serpientes bicéfalas y cabezas de trofeo, que dan cuenta de sacrificios. También imágenes de cazadores y recolectores que llegaban a la zona desde distintos puntos del noroeste argentino y dejaban su sello. Este sitio también integra la “ruta sagrada” del este de la provincia –junto a los de La Resbalosa, La Toma, El Cajón y El Algarrobal– en el que el consumo del fruto alucinógeno se convirtió en un bien de prestigio para las elites gobernantes.    
El frío se impone en las alturas de Catamarca. Sin embargo, al recostarse dentro de las cuevas uno se siente al abrigo del calor del sol impregnado en la piedra. Es inevitable experimentar una alegría casi animal al comprobar que, como hoy nosotros, aquellos hombres y mujeres solo necesitaban dar testimonio de su recorrido, hallar una cueva cálida y bailar con los suyos para celebrar la vida.

"Martínez de Hoz" - Mariano Aiello

Mariano Aiello presenta su documental Martínez de Hoz, que se exhibe en el Cine.Ar Gaumont

“Fue uno de los jefes de la dictadura”

El film de investigación de Aiello, con narración de Osvaldo Bayer, no sólo bucea en el rol depredador del ex ministro de Economía sino también en el de sus ancestros, “familias oligarcas del siglo XIX que conformaron un Estado-Nación para enriquecerse”.


Hace siete años, el abogado Mariano Aiello y el historiador Osvaldo Bayer estrenaron el documental Awka Liwen, en el que mostraron que antes del genocidio de Julio Argentino Roca, eufemísticamente denominado “Campaña del Desierto” –aunque las tierras usurpadas a los indígenas eran en su mayoría fértiles– hubo otras “campañas” como, por ejemplo, la que llevó adelante el gobierno de Bernardino Rivadavia entre 1826 y 1827, a través del coronel prusiano Federico Rauch, que buscó exterminar a los indios ranqueles. Luego llegaría, sí, el exterminio de Roca en el que se calcula que murieron entre 10 mil y 14 mil indígenas. Y el film daba cuenta que, a través del exterminio, se hicieron negocios turbios con sus tierras. En un pasaje del documental, Bayer estableció una profunda denuncia: por aquella época el primer presidente de la Sociedad Rural Argentina, José Martínez de Hoz (el bisabuelo del ministro de Economía de la dictadura 1976-1983) obtuvo 2,5 millones de hectáreas, un territorio que, decía Bayer, era “más grande que El Salvador”.
Lo que ni Aiello ni Bayer se imaginaron era que ambos y el historiador Felipe Pigna –quien testimonió en Awka Liwen– iban a sufrir una demanda por parte de algunos integrantes de la familia Martínez de Hoz por aquella mención. La llave del nuevo film de Aiello, Martínez de Hoz (así, a secas), en el que Bayer es el narrador, es el juicio de censura contra su documental anterior que, no es un dato menor, fue incorporado como material de estudio en las escuelas dependientes del Ministerio de Educación de la Nación durante el gobierno kirchnerista. 
El film –que se estrenó el jueves pasado y que puede verse todos los días en Cine.Ar Sala Gaumont y los viernes en el Malba–, desarrolla los pormenores de lo sucedido a partir del proceso judicial contra Awka Liwen. Y, en paralelo, aborda la historia económica del país poniendo el foco en la historia de la propia familia Martínez de Hoz y la creación del Estado Nacional Argentino en función de y por las propias oligarquías rentistas. “El juicio de Awka Liwen contra Osvaldo, Felipe y yo terminó, lo ganamos y ahora en marzo de 2017 ellos iniciaron otro juicio contra mí por Awka Liwen ignorando que es cosa juzgada. Ahora, me iniciaron otro juicio por daños y perjuicios por lo que dijimos en Awka Liwen y, además, para prohibir el documental Martínez de Hoz”, cuenta Aiello en la entrevista con PáginaI12. 
–¿En vez de amedrentarse se sintieron con fuerza para hacer este nuevo documental?
–Pensamos que era necesario porque si en 2011 todavía no se podía hacer un documental sobre lo que había sucedido en el siglo XIX, nos dimos cuenta de que algo estaba pasando. Y teníamos que buscar las causas de por qué una Cámara de Apelaciones en lo Civil aceptara una demanda tan floja de papeles. Las causas de eso estaban en el poder económico y también en la propia construcción del Poder Judicial en la Argentina. 
–Se podría decir que el documental tiene dos ejes: por un lado, todo el relato del juicio que les hicieron los familiares de Martínez de Hoz y, por otro, la historia de esta familia, clave en el destino económico de la Argentina. ¿Por qué lo pensó de esta manera?
–Es eso y nosotros desarrollamos la historia económico-política de la Argentina, narrada a través de la historia de la familia Martínez de Hoz porque ellos, como las familias oligarcas del siglo XIX, fueron conformando un Estado-Nación para perpetuar su dominación sobre las clases subalternas y para seguir enriqueciéndose a través de los distintos gobiernos, de los cuales ellos participaban o ponían directamente. 
–¿Trabajó en conjunto con Osvaldo Bayer la investigación para este documental?
–En éste, la investigación la hice principalmente yo porque más que todo desarrolla procesos económicos. 
–¿Cómo llegó a la conclusión de que el bisabuelo de José Alfredo Martínez de Hoz colaboró con la autodenominada Campaña del Desierto?
–Hay fuentes primarias que son distintas ediciones del diario La Prensa, de varios días de diciembre de 1878. Esos ejemplares los conseguimos en la Biblioteca Nacional y las imágenes de esos diarios están en este documental. En algunos, la noticia del día dice que “el señor José Martínez de Hoz ha suscripto mil leguas cuadradas, territorio que ha de entregarse una vez que se corra la frontera hacia la línea sur”. O sea, era lo que estaban haciendo para la Campaña del Desierto. Mil leguas cuadradas son 2,5 millones de hectáreas. Y para eso pagó los bonos que con la Ley Avellaneda se emitían. Eran bonos nominativos que decían la cantidad de tierra que se le daba a cada suscriptor y la cantidad de pesos fuertes que había erogado por esa compra. Esos bonos están y se pueden conocer en el Archivo General de la Nación.
–¿El documental busca demostrar que una generación Martínez de Hoz afectó las tierras, mientras que otra a la industria?
–Sí, una parte de esa oligarquía diversificó hacia los primeros procesos de sustitución de importaciones a partir de los 30, después de la crisis del 29 que acá llegó más tarde. Entonces, parte de esa gran oligarquía con protección estatal, con las distintas dictaduras y después con los gobiernos conservadores hasta el gobierno de Perón, fueron creciendo con ese modelo de sustitución de importaciones totalmente protegido por el Estado y en gran parte financiado por el mismo. De cualquier manera, el continuo ejercicio del poder por estas clases hegemónicas fue un ancla muy grande que no permitió el desarrollo industrial ni tampoco el desarrollo político de la Argentina. 
–¿La segunda parte del documental pretende denunciar que el ministro de Economía de Jorge Rafael Videla fue el jefe de la pata civil de la dictadura?
–Sí, yo creo que fue uno de los grandes jefes y que trabajó en conjunto con todos los otros sectores de la llamada “Patria contratista” en ese momento, que ahora está más vigente que nunca. También hay un documento en el diario La Nación que dice que para el golpe de Estado del 76 la primera reunión se gestó en la casa de José Alfredo Martínez de Hoz, justamente después de la muerte del general Perón. El fue un factor muy importante en la génesis, el desarrollo y después en todo el gobierno de la dictadura. 
–¿Encuentra resabios de la política económica de Martínez de Hoz en la actualidad? Si bien la película fue hecha antes del gobierno de Mauricio Macri, ¿cree que cobra una mayor vigencia en el momento de su estreno?
–Sí, yo creo que Martínez de Hoz estaría muy contento con el gobierno de Macri. Lo que pasa es que el gobierno de Macri, en términos económicos, es mucho más perjudicial para la Argentina que el de Martínez de Hoz. Aun Martínez de Hoz, que fue un asesino, no era tan perjudicial ni tan dañino para los intereses de la Argentina como esta gente. O sea, el gran negociado de la última dictadura que terminó Martínez de Hoz fue el caso Italo Argentino, que implicó alrededor de 300 millones de dólares. Lo que estamos viendo permanentemente en la Argentina, con la gente que está en el poder, Macri y todos sus ministros, la fuga de los capitales por los Panamá Papers, la condonación de la deuda del Correo Argentino son sumas que superan por decenas o más los montos que Martínez de Hoz seguramente robó durante la dictadura. 
–¿Usted sufrió amenazas por este documental?
–Por el anterior y por éste. Sufrí amenazas telefónicas en marzo de 2011, después enviaron gente. Sufrí tres robos de plata y equipos. En un momento, durante el gobierno anterior, fui a la Subsecretaría de Derechos Humanos y me dieron un teléfono de protección de testigos con botón de pánico. Ahora vivo en Berlín, pero me mudé porque trabajo allá. No fue por otra razón, pero, por ejemplo, estrenamos Martínez de Hoz en un cine de Berlín en octubre de 2016 y en marzo de 2017, cuando vimos la demanda acá en la Argentina había fotos en el expediente del estreno en Berlín. Y no eran fotos de diarios sino fotos que alguien tomó en el cine.

martes, 27 de junio de 2017

Jorge Taiana

Entrevista a Jorge Taiana, compañero de Cristina Kirchner en la fórmula de Unidad Ciudadana para el Senado

“Vamos a hablar de quienes pierden sus derechos”

Taiana surgió a último momento como el compañero de la ex presidenta para la decisiva elección en la provincia de Buenos Aires. Aquí explica su relación con el Movimiento Evita, Florencio Randazzo y la campaña que se viene.


Pese a sus muchos años de militante político, también su pasado como legislador y canciller, resultó una sorpresa del cierre de listas la aparición de Jorge Taiana como el compañero de fórmula de Cristina Kirchner para el Senado. Primero porque su salida del gobierno de CFK había sido complicada y, además, el Movimiento Evita, al que pertenece, es uno de los apoyos de Florencio Randazzo. En su primer día hábil como candidato, Taiana participó de la sesión del Parlasur en Montevideo –cargo al que deberá renunciar si resulta electo senador lo mismo que Daniel Filmus y Agustín Rossi, entre otros que se presentarán en octubre– y, a su vuelta, conversó con PáginaI12 sobre las alternativas que rodearon a su postulación y de cómo será la campaña que ya arranca.
–¿Cómo fue el ofrecimiento de Cristina Kirchner? ¿Ya venían hablando sobre la posibilidad de una candidatura?
–No, retomamos el contacto con el ofrecimiento de ella. Había habido algunos gestos antes. Para el 17 de octubre pasado hicimos en la UMET un acto y ella participó en videoconferencia y estuvimos charlando. Es un antecedente de nuestra buena vinculación, también las declaraciones coincidentes que hemos hecho sobre varios temas. Esta vez, ella me llamó y me hizo el ofrecimiento concreto. Hablamos un poco de política antes. Nosotros en general siempre hemos tenido buen diálogo. Tenemos facilidad para ese diálogo y cierta confianza política.
–Compartieron gestión durante varios años.
–Claro, nos entendemos con bastante facilidad. Por ejemplo, en la lectura de este proceso económico que encabeza Mauricio Macri, en el tema de cómo hay que poner el acento en la pérdida de derechos. El acto de Arsenal me hizo acordar mucho al cierre de campaña de Cristina de 2011. Aquel acto en el Coliseo donde ella, sin dirigentes porque estábamos todos sentados, presentó en el escenario a los que habían ganado derechos durante el kirchnerismo. A la científica retornada, a la de la AUH, al matrimonio igualitario, todo una serie de sectores. Ahora es lo mismo pero al revés. Estuvieron en el acto los distintos sectores pero que en vez de ganar derechos los perdieron. Y en cierto sentido me hace acordar a la campaña de 2005 también, en la que tuve un rol cercano porque era el tercer candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires y ella candidata a senadora y fuimos para derrotar a Duhalde y consolidar el proceso de transformación. Así que tenemos antecedentes y experiencias comunes. 
–¿En esa charla política previa al ofrecimiento de qué conversaron?
–Coincidimos en esto de tratar de interpretar, es algo en lo que insiste mucho Cristina, expresar las preocupaciones y las necesidades de la gente y de los distintos sectores que están siendo afectados. Perdón: de los que son afectados y de los que van a ser afectados. 
–¿Usted pertenece a la conducción nacional del Movimiento Evita pero allí decidieron apoyar la candidatura de Florencio Randazzo? ¿Cómo quedó su posición ahora?
–Es un desacuerdo que yo he tenido, obviamente. Yo lo expresé con anterioridad, no apoyé esa decisión. Ahora lo que voy a hacer es pedir licencia, no voy a seguir participando de las reuniones de la conducción. Yo aposté mucho al concepto de unidad, es algo muy importante. En general se tiende a pensar que las elecciones de medio término son parar abrir, para mostrar todos los matices, los diferentes proyectos, para ampliar espacios, porque no se define el Ejecutivo. Por distintas razones que tienen que ver con la situación que atraviesa Argentina, estas elecciones de octubre son distintas. Hay una definición política detrás fuerte. Está claro que el Gobierno busca validar el triunfo de 2015 para seguir con la profundización de un modelo neoliberal. Si el Gobierno sigue avanzando, arrasando con conquistas y con un modelo de país con una integración productiva y un desarrollo sustentable, para imponer el modelo de una Argentina agroexportadora, extractiva de hidrocarburos y minerales y un poquito de turismo y servicios. Esa batalla política requiere de un esfuerzo de unidad grande.
–¿Es cierto que usted hizo de nexo para el diálogo que mantuvieron Cristina Kirchner y Randazzo el día antes del cierre?
–Fue un último esfuerzo para que se viera que nosotros teníamos voluntad de unidad. Es lo que hicimos en Capital Federal con éxito. No fue fácil pero ahí con un grupo de compañeros logramos hacer un esfuerzo de unidad al que se sumaron otros sectores por fuera de peronismo incluso. Hay que hacer un esfuerzo para lograr una respuesta política que permita defender mejor los derechos de las mayorías, la posibilidad de un país más inclusivo y con mayor justicia.
–¿Randazzo se equivoca en su planteo sobre la necesidad de “renovar” el peronismo? 
–La realidad ha demostrado que cómo se procesan las derrotas son temas a veces complejos. Se puede volver al modelo de la renovación luego de la derrota de 1983 que encabezó Antonio Cafiero, pero lo cierto es que hoy el peronismo no está en la misma situación que estaba en 1983. La elección de 2015 es una derrota electoral pero encuentra a una ex presidenta que tiene dos mandatos cumplidos y el apoyo significativo de un sector social. Otros caminos de la renovación, ya sea en el peronismo bonaerense o en otros lugares, no han logrado destacarse. Me parece claro que hoy el rol central en el peronismo como punto de acumulación de la oposición lo da Cristina. Esa es la realidad, por eso hay que sumarse a eso. 
–Randazzo recibió ayer críticas en las redes porque su primer mensaje fue para criticar una declaración de Fernanda Vallejos, la candidata a diputada de Unidad Ciudadana.
–Por eso, cuando se habla de esfuerzo de unidad es que hay que hacer un esfuerzo. Y la necesidad de la unidad está por encima de matices y de expectativas personales. Lo que muestra la realidad es que la fuerza más importante de acumulación dentro del peronismo y del movimiento popular es Cristina. 
–¿Ya conversaron acerca de cómo será la campaña?
–Hablamos algunas cosas. Sin dudas tendrá un eje centrado en buscar interpretar lo que le está pasando a las personas. Hablar de quiénes pierden derechos, hablar de cómo se los defiende y hablar de cómo se los puede recuperar. Nuestro esfuerzo en la campaña irá en esa dirección. Lo que expresó Cristina en su acto y lo que expresa mucho de la lista de candidatos es eso. Hay allí desde un ex presidente del Conicet a gente vinculada con los sectores productivos y de otros sectores con los que realmente se busca hacer una renovación. Eso sí que es una renovación política. Estaba leyendo hoy un tuit de Iñigo Errejón, de Podemos, que hablaba de un gran acto que hizo el laborista inglés James Corbyn, que es un fenómeno interesante. A Corbyn lo daban muerto a fin del año pasado, había perdido las elecciones municipales, le iba terriblemente mal. Y Corbyn tuvo un impacto en los jóvenes, logró una gran movilización de jóvenes que politizó e incorporó al Partido Laborista y en estos últimos tres meses logró, hablando de los problemas concretos de la gente, una recuperación muy grande del caudal político del laborismo que parecía que iba al desastre. Creo que hay cambios en la política, cambios en el sistema de partidos, y de alguna manera Unidad Ciudadana intenta expresarlos más adecuadamente. 
–¿Unidad Ciudadana excede a lo que podría considerarse el peronismo tradicional?
–Yo soy muy peronista. Así que creo que las banderas de justicia social, de independencia económica y soberanía política son banderas, no sólo históricas, sino muy presentes y muy decisivas para el peronismo. Lo que hay que hacer es interpretarlas. El peronismo siempre ha tenido una vocación por un lado frentista y por el otro transformadora. De lo que se trata el peronismo es de transformar, de hacer por lo que menos tienen, de reconstruir el tejido productivo. Los que defienden las banderas del peronismo están en las listas que encabeza Cristina.
–Es ex canciller y pertenece a la mesa directiva del Parlasur, ¿los temas internacionales van a estar en la campaña?
–Hay un par de cuestiones. El tema de la integración es un tema que hay que tocar porque la están debilitando enormemente. Y hay que hablar también de las negociaciones Unión Europea-Mercosur de la cual sabemos de verdad muy poco. El Gobierno está diciendo que va a haber un acuerdo antes de fin de año y es muy difícil que ese acuerdo pueda resultar equilibrado. Es un tema que también nosotros tenemos que poner en agenda. 

Quita de pensiones por discapacidad

LA MERCED

Le quitaron la pensión por discapacidad: “Fui a cobrar y no figuraba. Volvimos a casa, nos abrazamos y lloramos con mis hijos”

Pablo Quipildor tuvo que realizarse y presentar todos los estudios médicos nuevamente. Le dijeron que la restitución del beneficio podría durar entre 3 y 4 meses. Era el único ingreso de la familia. 


Pablo César Quipildor (40), un vecino discapacitado de barrio Güemes, de La Merced, carece del 76% de su capacidad visual y 35% de la auditiva, tras un accidente ocurrido en 2002. Hace tres años accedió a una pensión del Estado nacional, pero el primero de este mes cuando fue a cobrar le dijeron que su saldo era cero, que le habían quitado el beneficio.
“Fui al cobrar al pagador del Correo, como todos los meses. Estaba muy contento porque este mes iba a llegar el aguinaldo, pero cuando me tocó el turno me dijeron que el saldo era cero, que ya no tenía la pensión”, contó Quipildor.
La familia del joven mercedeño está integrada por su mujer, enferma de diabetes y chagas, y sus dos hijos: un menor, de 9 años de edad, y una hija de 20 años estudiante de enfermería, a quien también este mes le dejaron de pagar el Plan Progresar. Estos eran los dos únicos ingresos de la familia. Uno, el de Pablo, se destinaba a la alimentación y el de su hija, para solventar sus estudios. Quedaron sin nada.
“Yo cobraba 5.800 pesos de pensión contando el salario de mi hijo. Nos dejaron sin tener ni para comer. No tenemos ninguna otra entrada de dinero. Mi papá que es jubilado, separó un poquito este mes para ayudarnos”, relató el hombre muy angustiado.
“Cuando me dieron la mala noticia, regresamos a mi casa. Nos abrazamos y lloramos mucho. Gracias a Dios, tomó intervención la Municipalidad de La Meced, que ahora me van a dar una ayuda económica hasta que solucione este tema, si es que se soluciona”, dijo Quipildor.
Una angustiosa espera
De acuerdo a su relato, tras realizar el reclamo en la sede local de Desarrollo Social de la Nación, le dijeron que se trató de un error, pero que debía presentar nuevamente todos el historial médico y someterse a nuevos estudios. “Ya cumplí con todo lo que me pidieron y lo entregué en la oficina de Desarrollo Social de la Nación. Me dijeron que van a resolver el tema, pero que puede tardar de tres a cuatro meses”, explicó el joven discapacitado.
Intervino, además, la Secretaría de Promoción Social de La Merced, para agilizar los trámites.
Al respecto, el intendente Juan Angel Pérez anticipó: “Vamos a entregarle un subsidio con el mismo monto que cobraba como pensión por discapacidad, hasta que se resuelva esta situación tan angustiantes, porque esta familia quedó desamparada”.

San Cirilo de Alejandría

San Cirilo de Alejandría

San Cirilo, obispo y doctor de la Iglesia, que, elegido para ocupar la sede de Alejandría de Egipto, mostró singular solicitud por la integridad de la fe católica, y en el Concilio de Éfeso defendió el dogma de la unidad y unicidad de las personas en Cristo y de la divina maternidad de la Virgen María.
Su autoridad sirvió santamente los designios de Dios. San Cirilo es famoso por su defensa de la ortodoxia contra la herejía, particularmente contra el nestorianismo.

Arzobispo de Alejandría (Egipto). Defensor de la doctrina que proclama a María la Theotokos: Madre de Dios. Esta doctrina fue proclamada como dogma en el Concilio de Efeso (431) que San Cirilo presidió bajo la autoridad el Papa Celestino. Su gran oponente era Nestóreo, patriarca de Constantinopla.

Al ponerse en duda que María es madre de Dios se ponía en duda la identidad de Jesucristo quien es una persona divina. Por eso San Cirilo no solo aportó a la Mariología sino también a la Cristología.

El argumento de San Cirilo: María es la Theotokos, no porque ella existiese antes de Dios o hubiese creado a Dios. Dios es eterno y María Santísima es una criatura de Dios. Pero Dios quiso nacer de mujer. La persona que nace de María es divina por lo tanto ella es madre de Dios.

Su santa defensa de la verdad le ganó la cárcel y muchas luchas pero salió victorioso.

 Cirilo de Alejandría (Alejandría, c. 370/3 - ibíd., 444) fue un eclesiástico romano natural de Egipto, Patriarca de Alejandría desde 412 hasta su muerte,

Sobrino del obispo Teófilo, acompañó a su tío al Sínodo de la Encina (403), en el cual fue depuesto Juan Crisóstomo. Más tarde sucedió a su tío como obispo y patriarca de la sede alejandrina (412). Muchos se opusieron a su nombramiento, quizá por su genio impaciente y dominador. Su episcopado se caracterizó por la presión contra judíos, paganos y otras confesiones cristianas, así como por sus roces con las autoridades imperiales y su lucha de poder con el Patriarcado de Constantinopla.

Sus obras atestiguan un conocimiento extenso, además de la Biblia y de los escritores eclesiásticos, de los autores no cristianos de su época. Parece ser que durante un tiempo se retiró al desierto, donde recibió de los monjes educación ascética, según se deduce de las cuatro cartas que le escribió Isidoro de Pelusio. Es considerado santo por las Iglesias Católica, Ortodoxa, Copta y Luterana

En 1882 Cirilo fue proclamado doctor de la Iglesia por el Papa León XIII, quien al mismo tiempo atribuyó el mismo título a otro importante exponente de la patrística griega, san Cirilo de Jerusalén. Esta proclamación se basó en su firmeza al servicio de la doctrina y en la valentía demostrada en defensa de la verdad católica, en particular contra el supuesto error de Nestorio, patriarca de Constantinopla, por lo que corrió el riesgo de ser desterrado y durante algunos meses vivió la humillación de la cárcel: “Nosotros —escribió— por la fe de Cristo estamos dispuestos a padecerlo todo: Las cadenas, la cárcel, todas las incomodidades de la vida y la misma muerte”.
 El 17 de octubre del año 412 sucede a su tío en el patriarcado alejandrino. Su episcopado continuó su feroz lucha de poder entre las sedes de Alejandría y Constantinopla, pero además se caracterizó por un nuevo aumento de la presión contra paganos, herejes y judíos (tras la calma de los últimos años de Teófilo) y sus roces con el poder imperial. Uno de sus primeros actos fue la persecución de los novacianos (a pesar de la existencia de un edicto imperial de tolerancia hacia ellos): ordenó cerrar por la fuerza sus iglesias, expulsándolos del país, y decomisó el patrimonio tanto eclesiástico como privado del obispo novaciano Teopento.

Cirilo persiguió también a los mesalianos (del sirio msaliyane = orantes), que ya habían sido declarados herejes en el sínodo de Side de Panfilia del año 390. Los mesalianos defendían la creencia que la salvación sólo se puede ganar gracias a la continua oración.

En 414, Cirilo instigó una serie de motines antijudíos y expropió casi todas las sinagogas de la capital egipcia para convertirlas en iglesias cristianas. El Patriarca hizo comparecer ante sí a los principales líderes judíos, lo cual suscitó una revuelta nocturna de protesta ante tales actos. En respuesta a este suceso, una gran muchedumbre, dirigida por Cirilo, asaltó y destruyó la sinagoga principal y saqueó las propiedades de los judíos. Por último, el Patriarca desterró a los judíos de Alejandría involucrados en los disturbios, incluidos mujeres y niños, privados de su hacienda y de alimentación, en un número de, presuntamente, cien mil o incluso de doscientos mil.

El prefecto Orestes se quejó ante el emperador Teodosio II por estos actos. Inmediatamente una horda de 500 monjes del desierto de Nitria partió hacia Alejandría para proteger al Patriarca, ante su inminente deposición. Al ver que el Prefecto estaba en un carro, los monjes se abalanzaron sobre él y uno de ellos, llamado Amonio, hirió de un golpe en la cabeza a Orestes. Amonio fue apresado, torturado y ejecutado. Cirilo rindió al atacante honores de mártir.

En 415 ó 416 una turba de cristianos fanáticos asesinó a la célebre filósofa Hipatia, maestra del prefecto Orestes. Debido a ello, durante siglos se ha acusado a Cirilo de ser el principal responsable de la muerte de la filósofa, aunque no hay certeza sobre su papel en la misma. El autor más cercano a los hechos, Sócrates Escolástico, indica que la muerte fue causa de oprobio para Cirilo y la iglesia de Alejandría, lo que sugiere una implicación del patriarca y su entorno en los hechos. La acusación aparece formulada con más claridad en la obra de Damascio, filósofo pagano del siglo VI que sufrió la persecución del emperador Justiniano I, y cuyo testimonio sobre Hipatia aparece recogido en la enciclopedia bizantina Suda. El obispo copto del siglo VII Juan de Nikiû confirma los hechos y justifica la muerte de Hipatia, a la que presenta como una bruja peligrosa. El propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. En 422 otra turba asesinó al sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto.

Cirilo fue una figura de relieve por el desarrollo teológico de sus escritos, en especial por su defensa de la unión entre la divinidad y la humanidad de Jesús, frente a las tesis de Nestorio, que en el año 428 ascendió a la sede de Constantinopla. Cirilo aprovechó el error dogmático de Nestorio para deponerlo de su sede. Participó activamente en el Concilio de Éfeso (431), convocado por el emperador Teodosio II, y logró que se proclamara a María la Theotokos: Madre de Dios. Cirilo presidió el Concilio bajo la autoridad el Papa Celestino I.

Cirilo abrió las sesiones con 154 obispos de su partido sin esperar a que llegaran los obispos antioquenos, sirviéndose de cuantiosísimos sobornos durante todo el proceso. Sus regalos fueron tan abrumadores que, de hecho, logró que el emperador Teodosio II, en principio contrario al patriarca alejandrino, cambiara de parecer, y acabara por deponer y desterrar a su rival dogmático.
 Sus numerosas obras están recopiladas en 10 tomos de la Patrologia Graeca de Migne. Aun cuando no se opuso a las decisiones del Concilio de Nicea, tampoco era proclive al uso de la terminología admitida en ese sínodo debido, según afirmaba, a que se trataba de expresiones que no están contenidas en la Biblia y pertenecen más bien a la filosofía griega.

Exégesis escriturística:

    Comentario al Evangelio de San Juan;
    Glaphyra;
    Sobre la adoración y el culto en espíritu y en verdad.

Polémicas:

    Contra las blasfemias de Nestorio;
    Tesoro de la santa y consustancial Trinidad: frente a los arrianos.
 San Cirilo nació en el año 370, y desde el 412 al 444, año de su muerte, tuvo firmemente en mano las riendas de la Iglesia de Egipto, dedicándose al mismo tiempo en una de las épocas más difíciles en la historia de la Iglesia de Oriente a la lucha por la ortodoxia, en nombre del Papa san Celestino. En esta firmeza al servicio de la doctrina y en la valentía demostrada en defensa de la verdad católica está la santidad del luchador obispo de Alejandría, aunque reconocida tardíamente, por lo menos en Occidente.

En efecto, solamente bajo el pontificado de León XIII su culto se extendió a toda la Iglesia latina, y tuvo el título de “doctor”.

Por la defensa de la ortodoxia, contra el error de Nestorio, obispo de Constantinopla, corrió el riesgo de ser desterrado y durante algunos meses vivió la humillación de la cárcel: “Nosotros—escribió—por la fe de Cristo estamos listos a padecerlo todo: Las cadenas, la cárcel, todas las incomodidades de la vida y la misma muerte”.

En el concilio de Éfeso, del que Cirilo fue protagonista, quedó derrotado su adversario Nestorio, que había suscitado una verdadera tempestad en el seno de la Iglesia, pues negaba la maternidad divina de María.

Título de gloria para el obispo de Alejandría fue el haber elaborado en esta ocasión una auténtica y límpida teología de la Encarnación. “El Emanuel tiene con seguridad dos naturalezas: la divina y la humana. Pero el Señor Jesús es uno, único verdadero hijo natural de Dios, al mismo tiempo Dios y hombre; no un hombre deificado, semejante a los que por gracia se hacen partícipes de la divina naturaleza, sino Dios verdadero que por nuestra salvación apareció en la forma humana”. De particular interés es la cuarta de las siete homilías que pronunció durante el concilio de Efeso, el célebre Sermo in laudem Deiparæ. En este importante ejemplo de predicación mariana, que da comienzo a un rico florecimiento de literatura en honor de la Virgen, Cirilo celebra las grandezas divinas de la misión de María, que es verdaderamente Madre de Dios, por la parte que tuvo en la concepción y en el parto de la humanidad del Verbo hecho carne.

Controversista maravilloso, Cirilo volcaba los ríos de su fecunda oratoria. Teólogo de mirada aguda, fue al mismo tiempo celoso pastor de almas. En efecto, además de sus tratados exclusivamente doctrinales, tenemos de él 156 Homilías sobre san Lucas de carácter pastoral y práctico, y las más conocidas Cartas pastorales, que se encuentran en 29 homilías pascuales.
Hipatia y Cirilo de Alejandría, errores en una leyenda negra
El uso, y abuso, de leyendas negras con el único fin de querer desprestigiar a la Iglesia. no es una novedad, es algo que históricamente se repite cíclicamente pese a que ya una y otra vez la verdad siempre brilla.

La relación entre Hipatia y San Cirilo, actualizada en nuestros días por una película que no vamos a nombrar, no fue tan truculenta como nos quieren hacer creer. Veamos algunos de los tantos errores históricos en que caen los enemigos de la Iglesia, ahora disfrazados de productores cinematográficos:

1) Hipatia, protagonista de la misma, no fue asesinada siendo joven y hermosa, sino que murió en el año 415, a los 61 años de edad (una anciana en aquella época) Claro, que sabiendo que el espectador se suele identificar con el protagonista -y por tanto también con la ideología que pretende transmitir-, no se ha dudado en recurrir a la guapa actriz Rachel Weisz, de 38 años. Es más fácil que el espectador se identifique con alguien atractivo, joven y bello (el caso de esta actriz), que con un personaje histórico feo o viejo (la verdadera Hipatia a la edad en que murió)

2) Hipatia no destacó por ser astrónoma, ni se adelantó a Kepler en más de mil años, sino que simplemente fue una filósofa de la escuela platónica. Esta es la única referencia histórica que existe sobre ella, y se debe al obispo cristiano Sinesio de Cirene, quien, al contrario de como le pinta la película, hablaba bien de ella.

3) Dicho obispo, a quien la película muestra como traidor y cómplice en el asesinato de la filósofa, murió dos años antes que ella, por lo que es imposible que tuviera nada que ver con su muerte.

4) Hipatia también tenía buenas relaciones con otros cristianos, como es el caso del curial Amonio o del Patriarca Teófilo, así como de muchos cristianos fervientes que, contemporáneos con los sucesos, no dudaron en defender su personalidad. Como por ejemplo, Timoteo, en su Historia Eclesiástica. También fue un cristiano, Sócrates Escolástico, quien en su Historia Eclesiástica (VII,15), escrita con posterioridad a la muerte de la alejandrina, la encomió como "modelo de virtud".

5) Hipatia no fue virgen "para ser igual que un hombre y poder ejercer una profesión con plena dedicación", como ha declarado la protagonista de la película, quien se considera "feminista radical", sino porque, coherente con su filosofía platónica, ejercía la "Sofrosine" (el dominio de uno mismo a través de las virtudes, entendidas como el control de los instintos y las pasiones).

6) La mujer no fue libre en Grecia y Roma hasta que llegó el cristianismo y la sometió la sujeción del hombre, como quiere transmitir la película, sino que en Grecia la mujer era considerada como un objeto más de la casa, y en Roma no era una «sui iuris», es decir, titular de derechos, sino que era considerada "capiti diminutio", como un niño o un incapacitado y, por tanto, estaba sometida a la tutela o la "manus" del padre o del marido. Por el contrario, fue el cristianismo el que consideró al hombre y a la mujer iguales en naturaleza, pues ambos son hijos de Dios y hermanos en Cristo; y prueba de ello es que las primeras manifestaciones de mujeres libres autodeterminándose, pese a la voluntad de sus padres o del estado, fueron las primeras mártires cristianas víctimas de las persecuciones romanas, tales como Santa Inés, Santa Ágata o Santa Cecilia.

Presentar a la mujer en el ámbito de lo que fue la sociedad pagana, en unas condiciones de emancipación como las que caracterizan a Hipatia, resultaría absolutamente incomprensible si no se advierte al mismo tiempo que es el creciente desarrollo del cristianismo y su concepción de igual dignidad de hombre y mujer que lo hacen posible. El paganismo, los clásicos griegos y romanos, confieren a la mujer un papel subalterno y esencialmente doméstico y para nada vinculado a las instituciones públicas, excepto en determinados y específicos cultos religiosos. Es decir, Hipatia es el resultado de la evolución de una sociedad influenciada de manera creciente por el cristianismo. Esto Amenábar lo oculta.

De la misma manera que Amenábar presenta a Hipatia, es necesario recordar otras figuras de mujeres filósofas o escritoras, como Eudocia, nacida en una familia pagana como Atenais y convertida luego al cristianismo. La presencia pública de mujeres en una sociedad que se estaba cristianizando sólo se explica por este último hecho, lo cual contradice frontalmente lo que Amenábar nos relata.

7) Fue precisamente San Cirilo de Alejandría -personaje que en el fondo persigue la leyenda de Hipatia- el que más ha exaltado en la historia de la humanidad la condición femenina, pues a él se debe la expresión "Theotokos", palabra griega que significa "Madre de Dios". Él fue quien derrotó a la herejía nestoriana en el Concilio de Éfeso del año 431. En esencia, la disputa consistía en si María era madre de Cristo o madre de Dios. San Cirilo consiguió que se convocase un concilio en Éfeso, lugar donde vivió sus últimos años la Virgen María, y logró que la Iglesia declarase el primer dogma mariano de la historia: María, Madre de Dios. Hasta aquel momento nadie en la historia había conseguido colocar a un ser humano mujer por encima de cualquier hombre.

8) Hipatia nunca fue directora de la Biblioteca de Alejandría, ni ésta fue destruida por los cristianos, sino que fue incendiada por Julio César, saqueada como el resto de la ciudad por Aureliano en el año 273, y rematada por Diocleciano en 297. En el año 391 fue destruido lo que quedaba del templo del Serapeo después de la destrucción por los judíos en tiempos de Trajano, y también el repaso que le pegó Diocleciano, quien, para conmemorar la hazaña, puso allí su gran columna, razón por la cual los cristianos lo destruyeron, ya que él era el símbolo de las persecuciones que sufrieron durante trescientos años. Pero lo que allí quedaba de la biblioteca era tanto como lo que restaba en otros sitios.

9) El paganismo siguió existiendo en Alejandría hasta que llegaron los árabes. Concretamente, el neoplatonismo siguió floreciendo allí hasta varios siglos después de la muerte de Hipatia: la escuela platónica de Alejandría continuó funcionando con normalidad durante más de 200 años, hasta que lo recuperó el Renacimiento cristiano. Además, su más brillante exponente fue San Agustín, coetáneo de Hipatia.

La historia de Hipatia ha sido objeto de una recurrente manipulación, fundamentalmente con el fin de atacar a la Iglesia: desde la Ilustración hasta el feminismo radical actual. Amenábar, pues, no es original ni siquiera en eso. Según el "iluminado" Voltaire, "desde la muerte de Hipatia hasta la Ilustración, Europa está sumida en la oscuridad; la Ilustración, al rebelarse contra la autoridad de la Iglesia, la revelación y los dogmas, vuelve a abrir la iluminación de la razón". En cuanto al segundo ejemplo de manipulación -el del feminismo radical-, podemos observar el que hace Úrsula Molinaro, según el cual Hipatia fue la campeona del amor libre, pese a que en realidad era virgen.

La verdadera historia de Hipatia se ha transformado artificialmente en la leyenda del "Crimen de Alejandría", cuyo protagonista principal es el obispo San Cirilo. La atribución directa a este último del asesinato de Hipatia se debe al escritor pagano Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas y autor de la "Vida de Isidoro" (una apología del paganismo de finales del s.V y principios del s.VI), quien exiliado en Persia tras su cierre por orden de Justiniano, y dispuesto a azuzar las maledicencias contra San Cirilo, a quien tuvo por rival -en un tiempo de rivalidades religiosas fortísimas y extremas-, le atribuyó el homicidio sin más fundamento que sus propias conjeturas. Porque esto y no otra cosa es lo que, desde entonces y hasta hoy, siguen haciendo cuantos rivalizan endemoniadamente contra la Fe católica. Han pasado siglos desde el lamentable episodio y nadie ha podido aportar otro cargo contra el gran santo de Alejandría que no fuera la sospecha, el rumor, la hipótesis trasnochada o la presunción prejuiciosa.

Pero la leyenda en sí misma surge en 1720, con la obra de John Toland (irlandés, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que se hizo protestante y posteriormente activo militante del ateísmo en la Gran Logia de Londres) Después vino Voltaire; después, el historiador Edward Gibbon, quien, para argumentar su tesis acerca de que el cristianismo es la causa interna de la decadencia del Imperio Romano, utiliza la leyenda de Hipatia y declara a Cirilo responsable de todos los conflictos que estallaron en Alejandría en el siglo V. Más tarde llegarán las versiones románticas de Leconte de Lisle y otros, y finalmente el feminismo radical, para el que Hipatia fue la primera mártir de la misoginia propia del cristianismo. Todos los autores citados, y alguno más, tienen una cosa en común: son masones reconocidos. De nuevo, la Masonería aparece de fondo, entre bambalinas, cada vez que surgen ataques mediáticos contra la religión, y concretamente contra el cristianismo (enemigo secular de su ideología y por tanto de su imposición a todo el mundo) como ha hecho siempre, empleando para ello diferentes medios adaptados a cada momento histórico)

El maltrato y la muerte de Hipatia no es imputable a los cristianos, como tampoco lo es a San Cirilo de Alejandría. El origen de tal acusación se debe, como se ha señalado antes, al pagano Damascio, enemigo acérrimo de San Cirilo, y simplemente ha sido repetida desde entonces por todos los enemigos de la Iglesia para atacarla. No hay mentira mayor que la que sostiene que "los historiadores coinciden en responsabilizar a Cirilo de Alejandría por el asesinato de Hipatia". Coinciden los enemigos frenéticos de la Iglesia Católica, no los historiadores o los genuinos estudiosos del caso:

No coinciden (y discrepan con la leyenda negra oficial impuesta finalmente por el Iluminismo) el arriano Filostorgio, el sirio Juan de Éfeso, los jansenistas Le Nain de Tillemont y Claude Pierre Goujet, o el erudito Christopher Haas en su "Alexandria in Late Antiquity: Topography and Social Conflict", publicado en 2006. No coincide tampoco Thomas Lewis, quien redactara ya en 1721 la célebre impugnación de la mentira a la que tituló sugestivamente "La Historia de Hypatia, la imprudentísima maestra de Alejandría: asesinada y despedazada por el populacho, en defensa de San Cirilo y el clero alejandrino. De las calumnias del señor Toland". No coincide Miguel Ángel García Olmo, quien advierte en la maniobra acusadora un "afán de mancillar la ejecutoría de un pastor teólogo de vida esforzada y ejemplar como fue Cirilo de Alejandría, venerado en Oriente y en Occidente"; y ni siquiera se atreve a coincidir Gonzalo Fernández, quien en su obra "La muerte de Hypatia", del año 1985, a pesar de la ninguna simpatía que manifiesta hacia el santo, llamando tiránico a su ministerio, concluye en que "ninguna de las fuentes sobre el linchamiento de Hipatia alude a la presencia de parabolani entre sus asesinos". Los parabolani eran los miembros de una hermandad de monjes alistados voluntariamente para el servicio, principalmente entre los enfermos, y que en su momento respondieron incondicionalmente a San Cirilo, recibiendo la acusación de consumar el linchamiento de Hipatia. Recuérdese que también Aguinis menciona a "un grupo de monjes", como causa instrumental del delito. No coinciden los hechos. Porque el mismo San Cirilo, que lamentó y reprobó el crimen de Hipatia, amonestó enérgicamente en su Homilía Pascual del 419 a la plebe alejandrina, dada a participar en turbamultas feroces y sanguinarias como la que puso desdichado fin a la vida de la filósofa. Si no se le cree al santo, las novelas de Lawrence Durrel -concretamente las de su Cuarteto de Alejandría- resultan una buena fuente para conocer el carácter sangriento y cruel de esas tropelías feroces del populacho alejandrino. Sin olvidarnos de que fueron esas mismas hordas las que dieron muerte a dos obispos cristianos, Jorge y Proterio, en el 361 y 457 respectivamente.

El anticristianismo de la película es, pues, más que obvio, y nada disimulado; el mensaje de fondo se puede resumir en tres puntos:

1) Los cristianos son violentos, machistas y contrarios al progreso, la cultura y la razón.

2) Jesús podría haber sido magnífico, pero no sus seguidores.

3) Según el propio Amenábar, la civilización antigua era un prodigio de ilustración "de no haberse dado ese traspiés que fue la Edad media y la caída del Imperio Romano, y de no haberse paralizado el mundo durante 500 años".

Con estos prejuicios ideológicos, totalmente ajenos a la verdad histórica, es lógico que Amenábar denuncie el inventado fanatismo de la intolerancia religiosa. Lo curioso es que para ello tenga que mirar al pasado, manipulándolo además -¿más desmemoria histórica?- y no refleje uno de los mayores integrismos actuales, que justamente va en la dirección opuesta: la actual intolerancia antirreligiosa, de la que él es, de nuevo hay que
decirlo, simple punta de lanza. La Hipatia
que retrata el director no es la real, pero a los espectadores no se les va a advertir esa ausencia de base histórica, sino que se les pretende hacer creer justo lo contrario.

Parece que Amenábar ha ´olvidado´ un pequeño detalle en su película: los que persiguieron masivamente, reprimieron, torturaron y mataron fueron los paganos a los cristianos en nombre del paganismo y de razones que hoy nos parecen brutalmente irracionales, como lo constatan las propias actas de los juicios romanos. Amenábar engaña y miente con las imágenes y el argumento, que hace de la película más cara rodada en España un simple panfleto político anticristiano. Al final va a tener razón: la situación de entonces se parece a la actual (los paganos persiguiendo a los cristianos, y no como él nos lo quiere vender).