sábado, 18 de noviembre de 2017

Patricia Ratto - "Faunas"

Patricia Ratto - "Faunas"

La bestia humana

El nuevo libro de cuentos de Patricia Ratto, Faunas, juega con la idea de múltiples e intercambiables relaciones entre animales y hombres. Al filo del absurdo, el realismo y el fantástico, Ratto investiga la irrupción de lo siniestro en lo cotidiano, con situaciones incómodas, perversas y, a veces, llenas de humor.


Las trece historias que componen Faunas, primer libro de cuentos de Patricia Ratto, están pobladas de todo tipo de animales: domésticos, salvajes, fantásticos, absurdos, monstruosos y figurados. Sin embargo, no son ellos sus protagonistas sino una fauna de hombres y mujeres tan diversa como la misma variedad que se da en la zoología. A pesar de esta multiplicidad de personas o modos de vida, se puede reconocer un factor en común: lo espantoso, y a veces lo espeluznante, perturba lo familiar. Esta intrusión de lo aterrador en lo conocido es precisamente una definición que Freud retoma de Ernst Jentsch cuando quiere dar cuenta de lo siniestro. 
En el caso del primer cuento, las pesadillas de la protagonista y el inimaginable desenlace nos confirman que lo siniestro es lo hogareño, incluso lo íntimo, que ha sido reprimido y vuelve. Otro aspecto de lo siniestro se da cuando se instala la duda de que un ser inanimado sea viviente y, a la inversa, de que un objeto sin vida esté en alguna forma animado. Muestra de esto es una tejedora de figuras de animales. Las imágenes de los tejidos parecen cobrar vida y tienen consecuencias en la realidad de sus propietarios. El desconcertante final de este notable cuento nos lleva a un mundo donde el prodigio es posible. 
A la incertidumbre entre lo que es inanimado y lo que es viviente se suma la que se da entre lo animal, lo humano e incluso lo divino cuando un joven empieza a considerar seriamente que Dios es un cerdo que cualquiera puede comerse a mordiscones. Incluso escapa a la mera nominación: “Si dios se llama Dios, ¿por qué nuestro perro no puede llamarse Perro?”, pregunta el dueño de una decadente estación de servicio, a lo que su mujer le responde: “Como si vos prefirieras llamarte Hombre”. 
En la peluquería Amapola, donde se atienden personas y mascotas, un día se da un encadenamiento de hechos grotescos que desemboca en la procreación de un perro espeluznante que al fin de cuentas no es más temible que Karen y Yésica, las mujeres que llevan el negocio y que se parecen mucho. “Las dos están operadas, tienen unas tetas impresionantes, también se hicieron las narices y las bocas, que parece que siempre están inflamadas y como listas para dar besos.” La descripción nos remite, por un lado, a la temática del doble o del otro yo que tantos relatos ha dado a la literatura fantástica, especialmente a la de terror, por otro, a la idea de muñecas que nos hace pensar, por ejemplo, en la Olimpia de E.T.A Hoffmann. Claro que en el cuento de Patricia Ratto estas criaturas no son terroríficas ya que están caricaturizadas y mediante el humor terminan por reformular la  tradición literaria de los autómatas. 
A los fenómenos insólitos, como la caída del cielo de un pichón de casoar australiano a los pies de un estudiante a quien le cambiará la vida, hay que sumarle una serie de extrañamientos que se dan en la vida cotidiana y que muchas veces tienen que ver con el punto de vista. Una pareja de enamorados –que en su primera cita no deja de mirar obsesivamente sus celulares– es vista por un simpático pajarraco que de algún modo se convierte en espectador de la estupidez humana. En Tandil, durante una tarde de domingo, una mujer que toma mate se dedica a observar y a repetir los movimientos mandibulares de la vaca de unos vecinos bajo la lluvia artificial de unos regadores que se han abierto fuera de horario y que hacen “que el animal, la vereda, el pasto y las plantas se vean tan brillantes, tan irreales, como si fueran parte de una postal plastificada”. En Tokio, un muchacho queda embelesado frente a la vidriera de un Neko café o bar de gatos donde la gente, por el precio de un café, puede acariciar y pasar un lindo momento junto a un hermoso felino de raza. Son seres solitarios que no dudan en hacer pasear un repollo con una correa aunque más no sea para seducir a una joven llena de prejuicios. Incluso la soledad tampoco escapa a lo ominoso cuando asistimos a la conciencia de un joven vegano que, obsesionado con la limpieza y con un subrepticio pensamiento eugenésico, acaba por revelar sus escatológicas perversiones sexuales con una mujer de piel oscura. Por último, y casi como una alegoría de todo el libro, la belleza y lo inmundo coexisten sin conflicto, como sucedió aquel día en que una mujer “se encontró una cagada fresca, grande y chata como un plato, toda llena de mariposas blancas, una al lado de otra, que batían las alas como en un hervor mientras libaban en la mierda.” 
Al filo del realismo, el absurdo y el fantástico, los cuentos de Patricia Ratto se resisten a ser catalogados, es como si entraran en “una zona crepuscular”, según las palabras de Luis Sagasti en la contratapa, donde “las reglas son otras porque nada se presenta puro y neto”. Con un estilo fluido y un eficaz manejo de los tiempos narrativos, con una prosa limpia y depurada de barroquismos, Patricia Ratto, autora de tres reconocidas novelas, nos ofrece un libro de cuentos tan intrigante como incómodo e hilarante.

BUENOS AIRES>Lobos

Fortín, pulpería y una cuna ilustre

Bonaerensidad explícita

El nacimiento de un expresidente y líder político, y el fallecimiento de un mito popular. Las historias de Juan Moreira y Juan Domingo Perón se cruzan en Lobos –a 100 kilómetros de Buenos Aires y famosa entre los pescadores por su laguna– a la sombra de una higuera y una tuna.

 La historia de Lobos se parece a la de muchas otras ciudades de la provincia de Buenos Aires. Primero fue pampa, después fortín y pulperías. Más tarde llegó un tren, un par de fábricas, un hospital zonal que la subrayó en una zona del mapa de puras salitas médicas. Hoy tiene 40 mil habitantes y carga con los vestigios del poblado rural que supo ser. La mayoría de sus turistas vienen a ver eso: las estancias con horizonte verde y lejano en el campo y la larga hora muerta entre el mediodía y las cuatro de la tarde del sábado en el centro de la ciudad. Hasta ahí tiene todo lo que un turista porteño encuentra a poco de cruzar la General Paz: mucho pasto y un poco de silencio. Pero en la sombra de una higuera y una tuna, Lobos guarda el recuerdo del nacimiento de un expresidente y la muerte de un gaucho bravo, rebelde y popular. Los primeros días de Juan Domingo Perón y los últimos de Juan Moreira ocurrieron en esta ciudad, cuando Buenos Aires parecía estar mucho más lejos, y lo bonaerense estaba en plena gestación.

BUQUI Y LA TUNA Daniel Telesco tiene unos ochenta años y no pasa un solo día sin que alguien le pregunte por el cactus que tiene en el fondo de su casa, en la calle Manuel Caminos al 200. ¿Qué tiene de especial esa tuna? Según se cuenta, creció en el lugar exacto donde cayó la daga de Juan Moreira el día de su muerte. La planta, hoy de 143 años y cuatro metros de altura, quedó empotrada en el patio del vecino que con frecuencia recibe turistas en su casa. Mientras Daniel camina por el fondo de su vivienda, su perro Buqui lo sigue, corre hasta el cactus y vuelve por todo el verde del jardín. Como a Moreira lo escudriñaba Cacique, el perro con el que pasó todos sus días como fugitivo, a la tuna la custodia el perro de Daniel.
Detrás del cactus enorme, hay una pared de ladrillos –cuyas cinco primeras filas son del paredón original– que separa el terreno de Telesco de lo que supo ser la pulpería La Estrella, en donde hoy funciona un sanatorio privado. A esa pulpería Moreira llega en 1874, tras una larga persecución policial. De acuerdo con el libro que lo reconstruye, los motivos de esa fuga tenían que ver con una serie de asesinatos salvajes e injustificados, o con la sencilla razón de que el gaucho era dueño de un carácter que le impedía doblegarse ante una justicia caprichosa que se había ensañado con él.
“La gran causa de la inmensa criminalidad en la campaña está en nuestras autoridades excepcionales”, sostiene Eduardo Gutiérrez en sus folletines sobre Juan Moreira. Y sigue: “El gaucho, en el estado criminal de abandono en que vive, está privado de todos los derechos del ciudadano y del hombre; sobre su cabeza está eternamente levantado el sable del comandante militar y de la partida de plaza a quien no puede resistirse, porque entonces, para castigarlo, habrá siempre un cuerpo de línea”.
Y a Moreira esa justicia excepcional lo encontró en la pulpería de la esquina que cruza a las calles Cardoner y Chacabuco un 30 de abril. Solo, se enfrentó con 25 hombres hasta que decidió escapar. Mientras intentaba cruzar el paredón para irse de la pulpería, fue sorprendido por la bayoneta del Sargento Chirino, que finalmente le quitó la vida. Aunque Moreira no llegó a saltar esa pared, su daga cayó del otro lado. Y el cactus, se dice, creció un mes después de este episodio exactamente en ese lugar. Hoy, además del cactus –dentro de la propiedad de Telesco– pueden verse un cartel, en la puerta del Sanatorio, y un mural con el rostro de Moreira a unos pocos metros del lugar.
“La condición de los dueños de esa época siempre fue que este cactus se preserve”, cuenta el vecino, que compró el terreno en 1983. Encontró la tuna junto a una cruz de madera que la dueña original del predio había hecho para proteger la planta. Si bien Telesco sabía que el paredón que hoy linda con el centro médico era el lugar en que la Policía había dado, por fin, con Juan Moreira, fue completando las piezas de la historia gracias a los vecinos más añosos del barrio.
Después de un siglo y medio esa plantita se volvió alta y poderosa. Pareciera no haber mejor metáfora del mito de Moreira que, en cualquiera de las dos versiones que reconstruyeron su historia, tenía un carácter filoso como las armas blancas que siempre llevaba encima.

LA HIGUERA DE PERÓN Uno podría pararse en Juan Domingo Perón al 500 y pensar que está en la calle más tranquila de toda la provincia. Una tarde de sábado el semáforo de esa esquina puede cambiar de colores sin que pase un solo auto. Los dos supermercados de la calle quedan cerrados y sus veredas invadidas de perros que se echan a tomar sol de puro aburrimiento hasta los días nublados. “Acá no pasa nada”,  pensaría uno. Y no podría estar más equivocado. En esta parte de la ciudad la historia de Lobos se agita en una controversia de larga data que la pone en disputa con el vecino municipio de Roque Pérez, que asegura que el expresidente en realidad nació en esa ciudad.
Lobos es, oficialmente, el lugar donde nació Juan Domingo Perón el 8 de octubre de 1895. Su casa natal es hoy un museo ubicado en una calle que también lleva su nombre. El sitio fue cerrado dos veces: primero, en 1955, durante la llamada Revolución Libertadora. Después, durante la dictadura de 1976, período en el que los objetos del museo fueron exhibidos en la Municipalidad. La reapertura definitiva se produjo en 1989, el 1° de julio, mientras se conmemoraba el decimoquinto aniversario del fallecimiento de Perón.
De fachada sencilla, a metros de esos semáforos que los fines de semana apenas frenan autos, este es el lugar donde se supone que el tres veces presidente argentino dio sus primeros pasos, pronunció sus primeras palabras y ensució sus primeros pañales. Acá, dicen los lobenses, nació el mito. Los vecinos de Roque Pérez, sin embargo, opinan distinto. Ellos tienen su propia casa natal de Perón, un rancho de ladrillos y adobe donde, aseguran, Perón dio sus primeros pasos, pronunció sus primeras palabras y ensució sus primeros pañales.
Adentro hay cuatro salas dedicadas a la vida del expresidente. En “17 de Octubre” se exhiben los muebles del hall y de la quinta del mismo nombre, con documentación y fotografías inéditas. En la sala “8 de Octubre” está el material que recupera su infancia, su historia familiar y su carrera como militar, mientras que en la Sala Centenario se encuentra una réplica del escritorio que ocupó el exmandatario durante su paso por Trabajo y Previsión en 1943.
En tanto, en la sala “25 de Octubre” hay una muestra enteramente dedicada a la visita que Perón hizo a la ciudad en 1953, durante la cual inauguró este mismo museo. “Hoy después de tantos años yo quiero volver a esta tierra para sentirme en ella como en los primeros días –dijo desde el balcón del edificio municipal-. Quiero hacer un examen de conciencia para decirles a todos los hermanos de esta vieja ciudad, de este viejo fortín de la pampa que desde que salí de ella no he hecho todos los días sino algo para honrarla en su nombre”. Así, Perón decía que fue acá: primeras palabras, primeros pasos y primeros pañales sucios.
Afuera, en el patio del museo, se conserva una higuera declarada Árbol Histórico Provincial, acompañada de un cartel que reza: “Retoño bajo el cual jugaba Juan Domingo Perón durante su niñez”. ¿Con qué jugaba Perón? Se cuenta que con un obsequio que el exintendente de la ciudad, Eulogio del Mármol, había hecho a su abuelo y que finalmente había heredado su papá: era el cráneo de Juan Moreira –que después de un paso por el museo de Luján regresó a la Casa Natal de Perón, en Lobos–. Perón niño, jugando a la sombra de una higuera con el cráneo de Juan Moreira mientras sus padres duermen la siesta, como mito o como realidad, es una escena que parece resumir la historia de la ciudad. Y que la hace, al mismo tiempo, tan parecida y tan distinta a los demás municipios bonaerenses.

Alejandro Terán

Alejandro Terán

La orquesta en el hombre

Sus primeros trabajos pagos en la música fueron acompañando una banda popular en el barrio de La Boca y algunas temporadas en boliches del sur del país. Aunque podría decirse, en realidad, que su camino empezó antes, con su madre amante de la música clásica y su padre cantor. Autodefinido como un punk neo-romántico de los ochenta, se vuelve loco con Mozart y es uno de los arregladores más importantes del país: fue, por ejemplo, el encargado de dirigir la Filarmónica de Londres, en Abbey Road, para Gustavo Cerati. Productor, multi instrumentista, exquisito arreglador, autodidacta, Alejandro Terán da cuenta en esta entrevista de su voracidad y avidez musical, de cómo lo inspiran las películas argentinas antiguas y de la experiencia de tocar con Charly García.


Unos casetes de la Deutsche Gramophon que sus abuelas enviaban, para cada cumpleaños suyo, desde Alemania. La música clásica que escuchaba junto a su madre, Waltraut Wolfram, llegada desde ese país en 1951. Los instrumentos que su padre –Eduardo Terán, ascendencia persa– traía a casa: algunos vientos, un piano, unas pocas cosas más. De alguna manera, rastrear esas marcas de origen en Alejandro Terán es entender parte de lo que es hoy: un revoltijo estético, un patchwork de mil linajes donde lo culto, lo bizarro, lo docto, lo popular y más tienen un peso justo. Y por si fuera poco, este departamento –donde vive junto a su mujer María– en este edificio en pleno corazón de barrio Once: un gigante de cemento construido en otro siglo que esconde una belleza algo fantasmal –darkie le gustaría a él–, que alguna vez fue la Casa de Holanda. “Acá –dice y señala una pared en pleno descanso de la escalera– algún día voy a proyectar una película. Hay una cosa bizarra y de mixtura étnica en este barrio. Justo para mí, ¿no?”.
“La música era todo para ellos”, cuenta. Y sigue: “Mi mamá cuando llegó se compró una pre fabricada, un Wincofon y una 22. Lo necesario para vivir en el barrio Alto de Olivos, que se fue volviendo medio cuchillero. Para ella no había diferencia entre la música popular y la clásica. Y mi padre, con una vida tan dura, se había criado en reformatorios, era muy angélico. Resiliente, luminoso. Tenían la música totalmente incorporada, no era algo eventual. Mi papá trabajó siempre de músico”. Y fue él quien le consiguió las primeras changas en el rubro: “En La Boca nos llevaban en un barquito por el río, tiraban flores para el santo y empezábamos a tocar canciones napolitanas, acompañando el estruendo de las bombas. Volvíamos a la iglesia con ese santo, las señoras ya habían cocinado y tocábamos una especie de jazz”.
Pero no tarda, Terán, en apurar alguna definición: muchacho punk interesado en el contrapunto. Dice: “Muy de Cemento, del Parakultural. De alguna manera lo sigo siendo. Yo tengo más formación desde el punk que desde el rock. En mi ética lo descubro: sigue siendo punk. Bjork decía: sin confianza mutua, no hay nada. Ese solidarismo, esa ética inclaudicable: no amos, no esclavos, horizontalidad. Estoy hecho de eso, quizás más que del espíritu del rock. Yo soy un adolescente de la mitad de los ochenta, de la vuelta a la democracia”.
Y a partir de allí, de alguna manera, no paró.

MAESTROS

“A los 21 ya no estudié más”.
Había tomado algunas clases. Pocas pero suficientes: Enry Balestro, Mariano Frogioni, Klaus Cabjolsky fueron algunos de sus maestros. “Los autodidactas tenemos el cielorraso muy cerca: te parás de golpe y te lo pegás”. Tampoco tarda, Terán, en reconocer las postas primeras. Uno: la Tascam Porta One. “Ese aparatito era una especie de maestro para arregladores. Un arreglador muchas veces tiene que organizar cuatro voces en su contrapunto, horizontales, que se encuentran felizmente en lo vertical. La Tascam fue prácticamente nuestro maestro de armonía”. Dos: lo que se dice, no un colega o un compañero, sino algo más, ese eterno parcero suyo, Axel Krygier. “De nuestra generación, es el más chamán, el que te conecta con una percepción cósmica Un talento brillante y natural. Con Axel nos cruzamos muy jóvenes y trajo toda una sensibilidad nueva a mi vida. Uno se va cruzando con maestros todo el tiempo y sigue siendo un eterno principiante”.
Dice Terán que la vida es un viaje impredecible. Y así parece haber sido gran parte de su recorrido como músico, como maestro, como arreglador, como miembro que se reconoce en eso de pertenecer a cosas más grandes. Algunas de ellas, de las más sonantes e importantes de la música argentina de los últimos años. Por ejemplo, formó parte de La Portuaria hasta 1995, aunque luego siguió participando en algunos discos y shows: “marineros con los cuales estuvimos muchos años en gira, recorrimos el mundo”. Por ejemplo, Charly García: “Es como una omnipresencia. La experiencia con el espíritu creativo de García te lleva a una zona que es única: el pone en riesgo su cuerpo y su vida para ofrecer esa generosidad de maestro. Uno sabe lo que eso hace en la espiritualidad de uno. Se sube al escenario y percibe todo.
¿Te emociona hablar de él?
–Y sí. Es un Maestro. Yo lo comparo mucho con los koanes, los maestros japoneses. ¿Cómo se aplaude con una sola mano? No es para contestar, es para tener eso como tendrías un carbón ardiendo en la boca: hay que hacerlo girar porque si no te mata y te quema. Él te pone en una realidad paralela. Percibe otras líneas éticas. Después de eso nunca vas a pensar la música como antes.

RESINA, TENSIÓN, AFINACIÓN, MICROFONEO

Aquellos casetes llegados de Alemania. “Recuerdo el Quinteto para clarinete y cuerdas de Mozart, el 581. Yo digo que eso es un error en la matrix, eso sí que no es música del pasado, es algo que vino de otro lado ¡Se coló! Invito a oír el larghetto ese. Yo me hice clarinetista por ese quinteto y violinista por ese registro intermedio”. Y luego dice: “La orquesta no pide sólo un uso académico. Y menos en el siglo XXI. No hay ninguna necesidad de sentarse a componer para una orquesta completamente avisado de las prácticas comunes del barroco, del clásico. Se puede tener una mirada fresca. En general está relacionado con una especie de erudición académica, pero no es así per se”. De alguna manera, Terán acaba de definir sus búsquedas como arreglador. Quizás por eso diga: “nunca me atrevería a dirigir algo que no fuera de mi lápiz. Nunca haría ´un repertorio´. Sería un papelón. Dirijo sólo lo que escribo”.
Cuando está de este lado de la batuta es un hombre cauto, brindado a su instrumento, a ese devenir. Pero cuando dirige, cuando la batuta está en sus manos es, lo que se dice, todo un personaje: histriónico, risueño, inquieto, expresionista, pasional y corpóreo más que racional y teórico. “Soy el peor director de Orquesta que dio la humanidad. Marco al revés, no tengo un solo estándar. Me veo obligado a pedir disculpas. Me guía la expresión corporal de los impulsos. Y eso, al lado de una técnica de dirección, es un mamarracho. Los músicos me tienen que tener mucha paciencia”. De uno u otro lado: tan apolíneo como dionisíaco. Para ilustrar un poco de cada cosa se pueden buscar, por ejemplo, las presentaciones que hizo junto a Gustavo Cerati –dirigió a la Filarmónica de Londres en Abbey Road para la canción “Verbo Carne”, fue el encargado de pensar, arreglar y dirigir los 11 episodios sinfónicos (2001) y en 2015, en el CCK, junto a un exquisito combinado de músicos, dirigió el Homenaje Sinfónico. “A partir de Sueño Stereo hicimos un montón de cosas. Era el ‘hombre sí’. Nos fuimos a Londres, grabamos con la Filarmónica de allá, hicimos los episodios. Una locura. Sólo él tenía ese ‘sí’. Te ponía todos los semáforos en verde. Una reunión con él te dejaba pensando que el mundo era un lugar muy posible”.
Pero Alejandro –como omnívoro musical que es– ha llevado esa misma incontinencia y lujuria musical y arreglística, también a formatos más pequeños. Además de tocar la viola, fue el encargado de algunos arreglos y de la dirección de cuerdas en los discos Unas horas (2013) y Confín (2015) de Lucio Mantel: dos perlas de la cancionística de la región de los últimos años. “Mi esposa viene de toda una estirpe de letristas, se crió en un ambiente muy vinculado a la canción. Ella me mostró a Lucio Mantel y él fue mi entrada a mi universo. Los temas de Lucio son completamente auténticos. Es una música necesaria. No hay momento de una canción de suya que no sea completamente entregado”.

COSIENDO PARA AFUERA

Alejandro enciende uno de los monitores que tiene sobre un amplio y atiborrado escritorio: minimiza la partitura de “La Cumparsita” –está preparando y arreglando una versión para un pronto aniversario– y muestra: una carpeta lleva el elocuente nombre de Cosiendo para afuera 2017. Allí se amontonan los proyectos y/o trabajos durante este año. Y es todo lo ecléctico que pueda imaginarse: Gustavo Cordera, Pericos, Axel, Santaolalla, Miguel Ríos, Las Pastillas del Abuelo, Ricardo Mollo, Todo este campo es mío sobre Simón Díaz.
¿Por fuera de la música qué hay?
–Eso va cambiando mucho. La música es un aglutinante constante de todo. Es un lugar seguro, neurótico también. Con los años la vida social se me ha hecho barranca arriba, me gustan mucho los días libres, que antes no me pasaba tanto.
¿Vale pensar, entonces, que quizás tu manera de componer sea a través de los arreglos y la dirección?
–Un arreglador es un compositor de híper música: dada una música él construye algo que se basa en eso, un objeto nuevo a partir de lo dado. Y occidente parece estar atravesando ese período. La música en el sentido del siglo XVIII, casi que no existe. Uno anda por millones de territorios musicales durante la vida y se va llevando algo de cada territorio.
El pasaje es breve, pequeño, sutil. Y por ello, contundente. Dieciséis palabras un tanto perdidas en medio del exquisito documental Charco: Canciones del Río de la Plata (2017). Allí es Terán quien, bajo un sombrero ladeado, dice: “uno no hace la música que le gusta, hace la música de la que está hecho”.
Y es desde allí que debe pensarse el que quizás sea el proyecto más “solista” de Terán: la Orquesta Hypnofón –compuesta por dieciséis integrantes– que tiene bajo su creación y dirección y que en 2007 editó su, hasta ahora, único disco: El futuro. “Es muy difícil justificar la idea nación en pleno 2017 pero sin embargo estamos hechos de barro argentino hasta el límite. En esa contradicción vivimos. Y con Hypnofón, de alguna manera, navegamos ese lugar. Solo tocamos música argentina pero aquella que parece no haber salido tan bien. O que no funcionó. Cuando en una película argentina antigua veo una parte medio olvidada, eso incidental para la caminata de esa mujer en la oscuridad, la extraigo y la reescribo para la Orquesta y así se va armando. Un corpus de música argentina sin poner el acento en los estilos patriarcales: o tango o rock o folclore”. Por ello en El futuro pueden encontrarse, además de algunas composiciones propias, canciones como “Anahí” (Osvaldo Sosa Cordero), “Aurora” (Héctor Panizza), “Rubias de New York” (Gardel/Le pera), “Tribunas del futuro pobre” (Charly García). Y mucho tiene ese tinte tan incidental, tan de película.
Unos días después, por mail, Terán cuenta que el arreglo de “La Cumparsita” finalmente gustó. Entonces, quizás ha de estar planeando los días libres venideros, pensando en ese pedacito de tierra cordobesa, en ese monte poco menos que virgen al que van de cuando en cuando. Pero ahora, mientras encara las últimas pitadas de su cigarrillo armado dice: “Allá todos saben hacer todo: arreglar un caño, soldar, hacer esto, lo otro. Me genera admiración, locura. A mi amigo Carleta, uno de los que está haciendo la casa, le digo que es el Javier Malosetti de la amoladora. ¿Viste Malosetti cómo toca el bajo? O lo que sea. ¡Bueno, este es igual pero con la amoladora! Y así con todo. ‘Gauchificarse’ un poco está bien. Los cincuenta y la segunda parte de la vida quizás tengan que ver más con eso, con cierta contemplación. Pisar el planeta tierra, acá pisamos el parqué toda la vida”.

Trío Cañón

El Trío Cañón y la búsqueda que aparece en Brujos, su primer disco

El tango tocado con potencia de rock

“Nosotros somos fierreros, nos gusta sonar bien y fuerte”, dicen Julio Coviello, Nicolás Di Lorenzo y Mariano Bustos, que en su debut prescinden de todo acartonamiento para meterse en un sonido que cruza preferencias que entrelazan el tango con The Police y Manal.

 El tango se sigue abriendo, y está bien. En tal senda, ahora apareció un power trío del género que al típico tridente guitarra–bajo–batería del rock and roll le antepone el de bandoneón–piano–contrabajo. Una novedad estético/instrumental que corporizan, por orden de aparición, Julio Coviello, Nicolás Di Lorenzo y Mariano Bustos. “Nos gusta el tango, pero vivimos toda esa historia del rock, y la tenemos encima. Nos gustan mucho The Police, Manal y Divididos, no lo podemos negar”, sentencia Di Lorenzo. El trío tiene un nombre acorde a la propuesta (Cañón) y acaba de publicar un disco debut llamado Brujos. “Nosotros somos fierreros, nos gusta sonar bien y fuerte, y todo eso le llega a la gente que ya nos conoce”, describe Bustos. “Si bien somos unos hinchapelotas con el sonido, lo que hacemos está lejos de la pomposidad o el acartonamiento”, agrega el contrabajista.
El power trío de tango deviene del Cuarteto Coviello, agrupación creada por el bandoneonista y compositor en 2009, que publicó dos discos (14 y Llegaron) y en 2014 se transformó en Cañón. “Una de las diferencias entre el trío y el cuarteto es que no hay guitarra, y la otra, que empezamos todos a escribir temas y a darle una vuelta de tuerca a la cuestión rítmica”, detalla Coviello, ex miembro de la Orquesta Típica Fernández Fierro que, además de darle duro y parejo al fueye y arreglar temas, ahora canta. En concreto, se le agregó un bombo al piano de Di Lorenzo. “Fue una idea que se nos ocurrió porque ensayamos en mi sala, en la que hay una batería porque muchas veces toqué rock, y Mariano dijo ‘che, podríamos implementar algo que complete la situación rítmica’. En realidad, estábamos buscando un sonido más moderno, algo que te dé en el pecho. Nos pareció importante agregar ese timbre distintivo, así como Fresedo puso un redoblante y Pugliese quiso poner un bombo legüero. Buscamos acentuar una característica rítmica que siempre tuvo nuestra música”, cuenta el pianista mientras clava la ñata contra el vidrio, en un bar esquinero de Constitución. “Me pasó de ir al Colón a escuchar la Quinta Sinfonía de Beethoven dirigida por Barenboim, y la verdad es que sonaba bajito. No sé, los oídos han cambiado y queríamos grabar un disco que nos enorgullezca por el audio... que sonara poderoso como un disco de rock”
–Entonces Cañón es por eso. ¿o están hablando del faaaasso?
Mariano Bustos: –(risas) No... lo de Cañón es porque el trío es potencia, es pura sangre. Ya dijimos que en algún momento el tango cañón va a ser un género musical en sí mismo.
–Hay un antecedente histórico (de mediados de los setenta) con la misma formación: Berlingieri en piano, Federico en bandoneón y Cabarcos en contrabajo. ¿Se espejan en ellos? ¿Lo toman como referencia o solamente coincide que son tres tocando los mismos instrumentos?
Julio Coviello: –Es un antecedente, como puede ser también el trío de Néstor Marconi, pero no los tenemos como ideario sónico.
M. B.: –Además nosotros, pese a que somos un trío, somos más orquestales. Nuestra sonoridad es muy rítmica, muy potente; sale todo el equipo a morder arriba, después se mete todo atrás, y de vuelta al ataque. Vamos como una patota para un lado o para el otro.
Nicolás Di Lorenzo: –Y si alguien viene con mucha semicorcheada, se la tiramos por la cabeza (risas). Creo que más que el trío Federico–Berlingieri–Cabarcos, nos entusiasma el primer disco de The Police, que es tremendo.
De los diez temas que pueblan Brujos, Di Lorenzo se queda con “Telarañas”, el único que compuso Bustos. “No le debo plata, eh?”, se ríe el pianista–baterista. “Lo destaco porque ahí se nota todo el espíritu de un contrabajista, sobre todo en la cosa rítmica”. Bustos, en cambio, opta por “Caída libre”, pieza compuesta por Julio Coviello y el cantor de 34 Puñaladas Alejandro Guyot. “La elijo porque representa el sentir de un tipo cuando lo deja una mina. Es muy fuerte eso, y refleja la historia de muchos. Es más, cada vez que lo canta estamos ahí y hemos pasado por muchas de esas situaciones. ‘Fuiste, entre otras cosas, caída libre de un puente negro’... se me pone la piel de gallina cada vez que escucho esto. Es tremendo, demoledor”, revela el contrabajista. En tanto, Coviello, el capitán, se queda con el primero: “Fiera”, escrito por Di Lorenzo.
–¡Pero se están tirando centros!
J. C.: –¿No dijimos que nos queremos, que jugamos a los pases? (risas). Posta, este tema me gusta porque tiene el nervio y el frenesí juvenil que conservamos. Empezar el disco con un tema así es como entrar rompiendo la puerta.

Gaspar Benegas y la experiencia de arrancar con La Mono

“Nuestra única estética es la autenticidad”

Al momento de la nota, Gaspar Benegas está, literalmente, en la cola del mundo: Tierra del Fuego. Avisa que está produciendo bandas de allí, y el que avisa no traiciona, claro: hará lo que pueda para que todo salga más o menos dentro de lo previsto. Por caso, explicar de qué va ese trío de nombre tan raro (La Mono) que formó con Lucas Argomedo, bajista y cellista de Lisandro Aristimuño, y el baterista del Bahiano, Ramiro Naguil. “Los tres nos conocemos desde la infancia”, es la primera data que tira Benegas, también guitarrista del Indio Solari. “Siempre mantuvimos nuestra amistad y cada uno desarrolló su carrera artística. Es cierto que, en medio de ese desarrollo, compartimos muchos proyectos, pero nos debíamos esta experiencia de componer juntos y encarar un proyecto de cero. Lo hicimos a manera de hobby y sin grandes pretensiones más que la de disfrutar de hacerlo”, cuenta el guitarrista y cantante, a punto de presentarse con sus amigos los días viernes 24 y sábado 25 de noviembre en Lucille (Gorriti 5520), junto a Valentina Cooke & Lobos.
La Mono, entonces, es un power trío que viene de participar en el BArock con resultado meritorio. También de meter mucha gente en Niceto y publicar un disco, cuyo nombre va de suyo: Experimento. “Todos los temas del disco significan mucho para nosotros y estamos seguros de que hay varias canciones buenas, pero hay dos que resonaron más en la gente: ‘De tu mano’ y ‘Autodestrucción’. No sé. No son las mejores letras, pero tal vez sean las más sinceras”, es lo que delinea el guitarrista como una de las aproximaciones a la estética del grupo en general, y a la del disco en particular. Otra será la de resaltar el carácter “único” de la banda. “Así como cada persona es única, también las bandas son únicas. La verdad es que no queremos hacer música de estilo ni repetir fórmulas. Si bien tratamos de pertenecer a algún circuito, nuestro no–estilo solo nos permite hacer nuestro propio camino, y reinventarnos cada día. Por eso, la única estética que avalamos es la autenticidad, a tal punto que preferimos sonar mal y original, más que sonar bien, pero parecido a otro grupo”, se juega Benegas, que espera la doble jornada en Lucille con el cuchillo entre los dientes, sobre todo porque el viernes van a poder entrar menores. “Sabemos que hay un público de la banda con el cual todavía nunca nos encontramos porque son chicos... y esta es ‘la’ oportunidad”, enfatiza el guitarrista, desde ese confín geográfico distante tres mil kilómetros del cero.
–¿Por qué La Mono?
–Porque al ser músicos nos cuesta traducir una idea en palabras. Este nombre era una joda y quedó. Le decíamos así a modo de chiste y a la hora de buscar un nombre serio, bueno, ninguno gustaba tanto como el que veníamos usando en la intimidad.
–¿Cómo fue la experiencia en general y en particular en el último Buenos Aires Rock?
–Fue una gran experiencia, porque le perdimos el miedo a los festivales. Tuvimos que enfrentar a un gran público que no tenía mucha idea de quienes éramos, pero nos recibió muy bien... pudimos sonar y estar a la altura de grandes bandas.

Diez días para dar la vuelta al mundo en 300 películas

Nueva edición del Festival de Mar del Plata

Diez días para dar la vuelta al mundo en 300 películas

Con nuevo director, el estadounidense Peter Scarlet, la muestra marplatense se mantiene a priori en la línea de alta calidad que venía ostentando en ediciones anteriores, aunque el recorte también llegó a la playa: hay cien películas menos en el catálogo.

 A partir de hoy y hasta el domingo 26, los ojos de la comunidad cinéfila se posarán sobre las 16 salas donde se proyectarán las más de 300 películas que componen la programación de la 32° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Lo mismo viene sucediendo desde hace más de una década para estas fechas, pero un 2017 bien cargado en materia de novedades políticas e institucionales dentro del mundo audiovisual preludia una atención aún mayor a la habitual. Vale recordar que el festival es organizado por el Instituto de Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, que ha estado en el centro del debate desde la renuncia de su ex presidente Alejandro Cacetta a raíz de supuestos casos de corrupción puertas adentro del edificio de Lima 319. La que iniciará oficialmente esta noche con la proyección de Madame Hyde –y presencias del director Serge Bozon y el actor Pierre Léon– es la primera con el estadounidense Peter Scarlet en la dirección artística. El ex director de los festivales de Tribeca, San Francisco y Abu Dhabi –y primer extranjero en ocupar un cargo tan alto en el organigrama marplatense– ya había avisado que al catálogo le sobraban unas cuentas páginas cuando lo presentaron oficialmente a principios de julio: su primera huella visible es, entonces, unas cien películas menos que en las ediciones anteriores. Primera y por ahora única, puesto que para el resto habrá que dedicarse diez días a ver qué tienen para decir las verdaderas protagonistas de la faena costera: las películas. Tan pocos días y tanto para ver…

Más allá de la llegada de Scarlet, quien reemplazó al historiador y periodista Fernando Martín Peña, el Ficmdp ‘17 mantiene una estructura muy similar a la de los últimos años. Empezando por el inoxidable José Martínez Suárez como Presidente, cargo que desempeñará por décima vez a los 92 años. Y siguiendo por los criterios de su programación: una numerosa presencia argentina atravesando el catálogo de punta a punta, secciones instaladas (Hora Cero, Generación VHS, Las Venas Abiertas), un apuesta por alumbrar el sector más indie y radical de las cinematografías importantes, una Competencia Latinoamericana que –a juzgar por las reseñas previas– agrupa lo mejor y más importante de la última cosecha de la región, una buena cantidad de países periféricos en la Selección Oficial, una lista de nombres de amplísima reputación entre los espectadores más habituados a desandar la rambla en noviembre y las charlas y eventos con invitados internacionales. Se mantienen también las principales salas (Auditorium, Ambassador, Paseo Aldrey, Del Paseo, Shopping Los Gallegos) y tickets a precio bastante más amigable que el promedio de las funciones comerciales (40 pesos las generales, 20 para estudiantes y jubilados) y que ya pueden sacarse en boleterías o a través de la página web miboleteria.com.ar.

Ritos nacionales

Habrá, como siempre, un centro de atención mayoritario en las producciones nacionales dentro de las tres competencias de largos. Entre los catorce títulos de la Selección Oficial se entreveran películas de amplio recorrido internacional con otras más pequeñas y algunos descubrimientos. Casi tres tienen banderita celeste y blanca, y dos de ellas llegan precedidas de premieres mundiales en festivales Clase A de Europa. De entre las góndolas de Venecia lo hace Invisible, segundo trabajo como director de Pablo Giorgelli después la multipremiada Las acacias, que narra las vivencias de una chica de 17 años (Mora Arenillas) al descubrirse embarazada; mientras que en Al desierto, que proviene de San Sebastián, Ulises Rosell (Sofacama, El etnógrafo) construye un tenso thriller alrededor del peregrinar patagónico de la empleada de un casino de Comodoro Rivadavia (Valentina Bassi) y un operario petrolero que le promete un puesto administrativo (Jorge Sesán). El “casi” se debe a que la tercera en discordia, Primas, no es estrictamente argentina, pero sí su directora Laura Bari, actualmente radicada en Montreal, y parte del equipo técnico.
Otras dos producciones representan al país en la disputa latinoamericana. Una es Chaco, en la que Daniele Incalcaterra y Fausta Quattrini regresan al universo de El impenetrable (2012) para concretar la devolución a los nativos guaraníes de cinco mil hectáreas de bosque paraguayo que el director heredó de su padre, quien a su vez las había recibido como cesión directa de Alfredo Stroessner durante la dictadura paraguaya. La otra se llama El teatro de la desaparición y se presenta como una extensión de la instalación que el ahora también realizador Adrián Villar Rojas llevó adelante en Nueva York unos años atrás. Según vaticina el catálogo, se trata de “una trilogía de segmentos independientes entre sí en los que, a partir de diferentes elementos narrativos, se disparan estímulos que reflexionan sobre la naturaleza destructiva del ser humano y su relación con el planeta”. Por fuera de la competencia se verá Ata tu arado a una estrella, regreso de Carmen Guarini a los grandes temas de su obra (el paso del tiempo, la construcción de la memoria) a través del registro del viaje de Fernando Birri por América latina en 1997, a 20 años de la muerte del Che Guevara.
La Competencia Argentina supo ser terreno fértil para títulos con olor a “relleno” o, peor aún, que ocupaban un lugar central de la programación por mandatos provenientes de un escritorio y no por méritos artísticos. Pero hace ya unas cuantas ediciones que esa tendencia quedó atrás y, aún con elecciones siempre discutibles, la sección mantiene un buen nivel de solidez. Difícil aventurar si ocurrirá lo mismo en 2017. Por lo pronto, las doce películas mezclan nombres de trayectoria y otros ilustres desconocidos. Entre los primeros está el cada minuto más prolífico José Celestino Campusano, que ha hecho de estas playas su lugar en el mundo presentado una porción importante de su filmografía y repite con El azote, cuya acción se sitúa en Bariloche y retrata las vivencias personales de un asistente social y su vínculo con un par de adolescentes judicializados. Otros que vuelven son Tamae Garateguy con una nueva incursión en el thriller erótico, Hasta que me desates, y Demián Rugna, a cargo del más novel exponente del cine de terror argento, Aterrados.
Del género de los sustos a la experimentación del realizador Ernesto Baca con su Réquiem para un film olvidado y del realismo social de Campusano a los coming of age –toda una tradición marplatense– propuestos por Los vagos y Un viaje a la Luna, sendos debuts en la dirección de largometrajes del veterano DF Gustavo Biazzi y Joaquín Cambre. Entre medio, Marcel Duchamp. La estrella dadaísta vivió un par de meses en Buenos Aires durante 1918 mientras huía de la Primera Guerra Mundial. ¿Qué hizo aquí? ¿Cómo fue su vida en una ciudad que prometía ser Europa y, claro, terminó siendo otra cosa? ¿Se adaptó a la idiosincrasia del mate? Los realizadores Mariano Galperín y Román Podolsky imaginan algunas respuestas en Todo lo que veo es mío. Respuestas es justamente los que busca Luis Bernárdez en Los corroboradores, en este caso sobre una sociedad secreta que, a fines del siglo XIX, se propuso copiar la arquitectura parisina en Buenos Aires y a mediados de los 30 despareció sin dejar rastros. La Capital Federal tiene un protagonismo notorio en Estoy acá (Mangi Fi), donde la cámara de Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik acompaña a dos inmigrantes senegalés en plena batalla diaria por la supervivencia y la tristeza del destierro. Algo de esa tristeza transluce la historia del matrimonio de ancianos tucumanos que protagoniza La nostalgia del centauro, de Nicolás Torchinsky.
El hasta ahora documentalista Jorge Leandro Colás –que hace dos años presentó aquí la muy buena Los pibes– incursiona en la ficción con Barrefondo, adaptación de la novela homónima de Félix Bruzzone sobre el piletero de un country del conurbano bonaerense que, hastiado de la marginación y el ninguneo, empieza a intercambiar información con una banda de delincuentes. Soldado, por su parte, se presenta un documental de observación sobre un joven aspirante a soldado que viene cosechando elogios desde su paso por el Festival de Berlín. Su director, Manuel Abramovich, hará doblete con Años luz, un detrás de escena del rodaje de Zama, de Lucrecia Martel. El film está programado en la sección Panorama de cine argentino junto a una decena de producciones provenientes de todo el territorio nacional, entre los que se destacan Proyecto 55, de Miguel Colombo (Rastrojero, utopías de la Argentina potencia; Huellas); Pabellón 4, de Diego Gachassin (codirector de Habitación disponible y Los cuerpos dóciles), y Cuentos de chacales, de Martín Farina (Fullboy, El hombre de Paso Piedra).

Pesos pesados


El crecimiento del cine del sur de Río Bravo se vislumbra en una Competencia Latinoamericana con los últimos trabajos de directores de amplia reputación internacional, desde el chileno Sebastián Lelio (Una mujer fantástica) hasta el uruguayo Adrián Biniez (Las olas), pasando por….Raúl Ruiz. El responsable de El tiempo recobrado y Misterios de Lisboa falleció hace seis años después de filmar más de 120 trabajos, la mayoría durante su etapa en Francia, algunos de ellos aún inéditos o directamente desaparecidos. Esto último se creía de La telenovela errante, cuyo derrotero es una película aparte. Rodada durante ocho días de 1990 en el marco de un taller para actores, fue sacada del cajón del olvido en 2015 por un admirador que contaba con un making off en formato hogareño, a lo que se sumaron la aparición de más de 300 imágenes del backstage de la fotógrafa Leonora Calderó Hoffmann y del guión y varias notas de puño y letra del mismísimo Ruiz. Los negativos en 16mm en el archivo de la Universidad de Duke fueron el empujón final para que su viuda, Valeria Sarmiento, concretara un proyecto cuya exhibición en festivales se ha convertido en el evento cinéfilo de la temporada.
Ruiz no el único nombre importante, desde ya, dado que en la subsección Autores de la gigantesca Panorama se agrupan los últimos trabajos de realizadores fundamentales del mundillo festivalero, desde la nueva aventura de Frederick Wiseman en las entrañas de una institución (Ex Libris - New York Public Library) y un documental autobiográfico de Claude Lanzmann (Napalm), hasta Jean-Luc Godard (Grandeur et décadence d’un petit commerce de cinema), Takeshi Kitano (Outrage: Coda, cierre de la saga yakuza) y Agnès Varda (Visages Villages, en codirección con el artista callejero JR). Habrá también un puñado de títulos provenientes de Hollywood con pronóstico de Oscar, como La batalla de los sexos, de Jonathan Dayton & Valerie Faris (Pequeña Miss Sunshine); La forma del agua, de Guillermo del Toro; Wonderstruck, de Todd Haynes y Last Flag Flying, de Richard Linklater, que oficiará de función de clausura dentro de ocho días. Incluso Pixar dirá presente con Coco, de Lee Unkrich & Adrián Molina.

All inclusive

Hong Sang-soo sigue filmando a catorce manos y esta temporada estrenó ¡tres películas!, dos de las cuales, Claire’s Camera y The Day After, se verán en La Feliz. El prolífico realizador es el mascarón de proa de una oleada de títulos surcoreanos agrupados en una sección rotulada “Corea del Sur: País invitado”. Habrá una invasión de ojos rasgados por la rambla, ya que un buen número de esas proyecciones se realizarán en presencia de los respectivos directores. Otros que por estas horas andan en aeropuertos son Claude Lelouch, que presentará una retrospectiva de su obra y dará una masterclass abierta, y la productora Sylvie Pialat, que acompañará a Les Gardiennes y una retro dedicada a Maurice Pialat, que se replicará casi simultáneamente en la porteña Sala Lugones. A Vanessa Redgrave le faltan unos días para embarcar, porque sus actividades se anuncian para la segunda mitad del Festival. La actriz británica presentará su primera película como directora, Sea Sorrow, y participará en el ciclo Charlas con Maestros. Focos y homenajes a Ado Arrieta, Zelimir Zilnik y Alberto Sordi, exhibiciones al aire de títulos restaurados gracias a la flamante Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional (Cinain) y decenas de actividades paralelas (presentaciones de libros, charlas temáticas, proyecciones especiales) completan un panorama amplio y ecléctico.

 Competencia internacional

Serán 14 títulos provenientes de todo el mundo, incluido un film argentino.

     5 Therapy, de Alisa Pavlovskaya     (Ucrania)
    A fábrica de nada, de Pedro Pinho     (Portugal)
    Al desierto, de Ulises Rosell     (Argentina)
    Columbus, de Kogonada     (EE.UU.)
    El silencio del viento, de Álvaro Aponte Centeno     (Puerto Rico)
    Good Luck, de Ben Russell     (Francia-Alemania-EE.UU.)
    Invisible, de Pablo Giorgelli     (Argentina)
    Les Gardiennes, de Xavier Beauvois     (Francia)
    Primas, de Laura Bari     (Canadá)
    Ramiro, de Manuel Mozo     (Portugal)
    The First Lap, de Kim Dae-hwan     (Corea del Sur)
    Thelma, de Joachim Trier     (Noruega) Wajib, de Annemarie Jacir     (Palestina)
    Western, de Valeska Grisebach     (Alemania)

Competencia argentina

    Aterrados, de Demián Rugna
    Barrefondo, de Jorge Leandro Colás
    El azote, de José Celestino Campusano
    Estoy acá (Mangi Fi), de Juan Manuel Bramuglia y steban Tabacznik
    Hasta que me desates, de Tamae Garateguy
    La nostalgia del centauro, de Nicolás Torchinsky
    Los corroboradores, de Luis Bernardez
    Los vagos, de Gustavo Biazzi
    Réquiem para un film olvidado, de Ernesto Baca
    Soldado, de Manuel Abramovich
    Todo lo que veo es mío, de Mariano Galperín y Roman Podolsky
    Un viaje a la luna, de Joaquín Cambre

Competencia latinoamericana

    Baronesa, de Juliana Antunes     (Brasil)
    Chaco, de Daniele Incalcaterra y Fausta Quattrini     (Argentina
    Cocote, de Nelson Carlo de los Santos Arias     (Rep. Dominicana)
    El teatro de la desaparición, de Adrián Villar Rojas     (Argentina)
    Era uma vez Brasilia, de Adirley Queiros     (Brasil)
    Eugenia, de Martín Boulocq     (Bolivia)
    La familia, de Gustavo Rondón Córdoba     (Venezuela)
    Las olas, de Adrián Biniez     (Uruguay)
    Mariana, de Christopher Gude     (Colombia)
    Rey, de Niles Atallah     (Chile)
    La telenovela errante, de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento     (Chile)
    Tormentero, de Rubén Imaz Castro     (Colombia)
    Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio     (Chile)
    Ata tu arado a una estrella, de Carmen Guarini     (Argentina)

“Hay un avance sobre la libertad de expresión”

Víctor Hugo Morales habla de su despido de C5N y de la situación del periodismo en el gobierno de Mauricio Macri

“Hay un avance sobre la libertad de expresión”

“La democracia ha entrado en una opacidad y eso es muy dramático. Mi caso puede ser resonante, pero hay otros 3500 periodistas que antes podían trabajar, y ahora no”, dijo a PáginaI12 el conductor de La Mañana en AM 750.

 “Previsible. Me comunicaron que me han DESPEDIDO de C5N. Emocionadamente GRACIAS a todos dentro y fuera del canal, que me regalaron un año y medio de felicidad profesional. ¡Viva la libertad de expresión!”. Así contó ayer por la tarde Víctor Hugo Morales que había sido echado del canal en el que lideró el rating con su programa El diario, superando casi diariamente a su competidor directo, TN, en la franja horaria de 18 a 21. Tuvo que hacer el anuncio por Twitter, ya que el canal no le permitió hacer un último programa de despedida. El holding mediático al que pertenece C5N era propiedad de Cristóbal López y Fabián de Souza y fue adquirido el mes pasado por OP Investments, un fondo de inversiones radicado en Estados Unidos. A cargo del nuevo managment está Ignacio Jorge Rosner, un financista que compartió estudios con Mauricio Macri en el Colegio Cardenal Newman, que entre 1985 y 1995 fue Manager de Sideco Americana –empresa propiedad de la familia Macri–, y que luego trabajó por más de dos décadas en el Grupo Clarín: fue director de la empresa de telefonía móvil CTI, director del grupo y director del diario cordobés La Voz del Interior, sucesivamente. Ahora, su nombre fue el único que le mencionaron a Morales al anunciarle su despido, por considerar su presencia “irreconciliable con la nueva línea del canal”. Además de Morales, echaron su productor Julián Capasso, quien durante la entrega de los Martín Fierro había protagonizado un cruce con Alfredo y Diego Leuco. Su caso fue diferente: su despido fue anunciado por un comunicado a los medios, obviando el anuncio al propio despedido.
“Me llamó un administrativo, a quien yo conocía del grupo anterior, porque fue el que un año y medio atrás vino a mi casa para contratarme, con una relación de dependencia”, contó el periodista a PáginaI12. “Me citó en Radio 10, y la reunión no duró más de diez minutos. Me dijo que la nueva empresa entendía que mi presencia era irreconciliable con lo que ellos quieren hacer con el canal, y que por lo tanto habían decidido despedirme. Pedí hacer el último programa, prometiéndoles que, salvo la inevitable mención a lo que ya venía diciendo con respecto a la falta de libertad de expresión, me iba a manejar en términos correctos. Me dijeron que en todo caso podía grabar una despedida, lo cual me resultó inaceptable. Me fui sabiendo que mi paso por C5N fue muy fuerte profesionalmente, tan agradecido a la gente y a mis compañeros de trabajo. Con el paso de las horas he quedado conmovido por una catarata de saludos y solidaridades que me mantiene en pie y que, la verdad, me desbordan”, expresó.
  El jueves pasado el periodista tampoco había estado al aire, por el paro que cumplieron los trabajadores de gremio de televisión, en reclamo de aumento salarial. En el caso de C5N, a esto se suma un estado de asamblea permanente ante la fala de pago de salarios y pago en cuotas que venían sufriendo sus trabajadores. Situación que hace a Morales analizar de manera un tanto particular su situación, a horas de su despido: “Creo que en el vientre de esta pésima noticia para mí, está la posibilidad de dar un poco de alivio a la situación de enorme preocupación que viene teniendo toda la gente del canal. Con esta decisión, han puesto en blanco sobre negro que hay una nueva empresa. Me resulta aliviador pensar que de este modo el resto de los trabajadores podrá recibir sus sueldos en tiempo y forma, ahora que los nuevos propietarios se están haciendo cargo, y de este modo: asumiendo una decisión de este peso político, porque esto excede lo periodístico”, analiza el periodista, que seguirá al frente de las mañanas en AM 750, radio parte del Grupo Octubre, al igual que PáginaI12.
Morales ubica su despido en un marco general alarmante que atraviesa el gremio de prensa todo en la Argentina, y por eso prefiere presentarse como “el 3501”, dado que se calcula que unos 3500 trabajadores de prensa han perdido sus fuentes de trabajo en los últimos años. “Hay una especie de eclipse de la república muy doloroso, un avance sobre la libertad de expresión que solo pueden negar los necios o los serviles. La democracia ha entrado en una opacidad y eso es muy dramático. Mi caso puede ser resonante, como lo fue el de Roberto Navarro (despedido de C5N y Radio 10 poco antes de la salida del Grupo Indalo). Pero hay otros 3500 periodistas que antes podían trabajar, y ahora no. Hay 3500 voces menos en la Argentina. Y hay un intento de disciplinamiento, una persecución atroz. Lo peor es que no va a parar acá”, asegura.
–¿A qué se refiere? 
–A la concentración brutal de voces en los medios hegemónicos, a las pautas escandalosas que estos mismos medios obtienen, al tiempo que los que no se alinean con el poder son atosigados con la falta de pauta, incluso incumpliendo la ley. Mi conclusión es que esta empresa me echó buscando una especie de salvataje, la posibilidad de una continuidad para esos cuatrocientos trabajadores que quedan.
–Lo que está describiendo tiene sentido lógico, pero es el fin del periodismo…
–Es el fin de muchas cosas. Porque esto no puede salir del contexto que se da en el mismo día en que (Héctor) Magnetto finalmente consiguió echar al camarista que había dicho que lo de Papel Prensa fue un delito de lesa humanidad. En el contexto de Milagro Sala presa, con su tremenda y dolorosa carta de hace unos días. En medio del desapego total a los códigos procesales, después de lo que ha ocurrido con Amado Boudou, con Julio De Vido, de la cacería desatada contra Cristina Kirchner y su familia… es muy brutal todo, y sí, es el final de muchas cosas.
–Clarín y La Nación resaltaron casi celebratoriamente el despido de Julián Capasso, “el productor que insultó a Leuco”…
–Esa fue la parte canalla que sumaron a mi despido. Como fue canalla que le endilgaran una expresión racista, algo que por suerte pronto se comprobó que no existió en absoluto. Es canalla porque en el caso mío podemos distinguir lo que molestaba en el terreno político, en el caso de Julián, no. Mandaron un comunicado a los medios, y así se enteró él, hasta el momento nadie le informó nada oficialmente. Esto lo coloca en una situación hasta peligrosa en lo personal, porque no todo el mundo sabe que fue un invento lo de su insulto racista y no faltará quien pueda pensar que lo están echando por eso. Han perdido todo decoro. Y los que se alegran por eso son personas humanamente detestables.
–¿Qué piensa hacer ahora?
–Por el momento parar la pelota, darme tiempo para procesar todo esto. Como dije, el asunto es fuertemente político, en la medida en que se conecta con las necesidades de un poder real y un poder político concentrado como nunca en la Argentina, que necesita liquidar las voces que le son incómodas. Ellos ahora tienen que pasar este mal trago, y se animaron a dar este paso, pero saben que después, teniendo todos los medios hegemónicos trabajando en equipo, el tiempo los va ayudar, porque pasan los días y los temas pasan. Como van pasando los días con Milagro Sala presa, y pasa, y pasa… Es un poco angustiante pensarlo así, pero hay algo de verdad en eso, y ellos juegan sus cartas contando que tienen el tiempo a su favor.  Digo esto y al mismo tiempo pienso que el alerta ciudadano con estos temas puede despertarse, mientras ellos cometan el sostenido error de su comportamiento impune. Porque a veces parece que nos adormeciéramos, en un manto de olvido, en esa calma chicha, esa sensación de cosa juzgada. A veces cuesta avizorar el camino, sentimos que estamos dentro de una nebulosa tremenda. Pero también es cierto que mientras exista la capacidad de lucha, mientras haya ciudadanía y agallas, mientras estemos vivos, queda viva una llama de esperanza.

 Voces de solidaridad

 Dirigentes políticos y gremiales se solidarizaron con Víctor Hugo Morales y alertaron sobre el silenciamiento de voces opositoras al gobierno de Cambiemos. “Se consolida el apagón informativo en Argentina. Mi solidaridad con @VHMok y sus televidentes, que tendrán una voz menos para escuchar”, escribió la senadora electa Cristina Kirchner. “Por pensar diferente, por contar lo que los medios hegemónicos no te cuentan”, se solidarizó Jorge Capitanich. “A la crítica situación de los trabajadores de prensa, que desde la asunción del gobierno de Macri han perdido más de 2000 puestos de trabajo, se le suma el acallamiento de una de las voces más lúcidas. La pluralidad de voces, la libertad de expresión y el derecho a la información están en grave peligro”, señalaron diputados del Frente para la Victoria. “Un sistema que no resiste críticas”, escribió Myriam Bregman, legisladora del FIT. Hugo Yasky, de la CTA, advirtió que se “silencia al periodismo como herramienta para ocultar los estragos de este gobierno”. Sergio Palazzo, de La Bancaria, calificó el despido como “una vergüenza, quieren acallar a los que con razón critican”. “Solidaridad incondicional con @VHMok. Basta de despidos! Basta de censura! Sin Trabajo No Hay Libertad de Expresión”, señaló el Sindicato de Trabajadores de Prensa.

 Un despido, la censura

 El despido de Víctor Hugo Morales de C5N apaga una de las pocas voces críticas que quedaban en la televisión de cable o de aire. No se trata de un desarrollo producto del mercado porque Víctor Hugo, al igual que Roberto Navarro, tenían mayores audiencias en sus programas que sus competidores en otros canales. Detrás de esta decisión empresaria está la voluntad política de un gobierno que dice reivindicar el pluralismo pero en los hechos crea las condiciones, como ningún otro en esta transición democrática, que ahogan las voces críticas para que sólo se escuchen las voces permitidas por el oficialismo. El despido de Víctor Hugo sólo puede interpretarse como una decisión política que atrasa el reloj cuarenta años, hacia las épocas de las democracias tuteladas, antes por militares golpistas, ahora por las grandes corporaciones.

viernes, 17 de noviembre de 2017

“El titular de ’La Nación’ es falso”

Cristina Kirchner criticó la intención de involucrarla en el escándalo

“El titular de ’La Nación’ es falso”

La expresidenta y senadora electa por Buenos Aires respondió por las redes sociales el señalamiento del matutino centenario y advirtió que en la Argentina “no se respetan las garantías y los derechos constitucionales”.


La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner negó ayer estar cualquier vínculo con el escándalo de corrupción conocido como FIFAgate y desmintió a través de las redes sociales el titular del diario La Nación, que en su portada de ayer, a partir de la declaración que ante la Justicia de Estados Unidos del empresario argentino Alejandro Burzaco, ex CEO de la empresa Torneos y Competencias, había titulado: “Cristina Kirchner aparece en el registro del pago de coimas de Fútbol para Todos”.
“Lo admitió ayer (por el martes) Burzaco en EE.UU., luego de acusar a dos ex funcionarios”, añadió el diario La Nación en su señalamiento. La respuesta de la ex presidenta y senadora electa por la provincia de Buenos Aires, fue contundente. “El titular del diario La Nación de la República Argentina es FALSO”, respondió a través de la red social Twitter. 
Burzaco declaró ante la jueza Pamela Chen de los tribunales de Brooklyn que los pagos a los ex funcionarios del programa Fútbol para Todos, Pablo Paladino y Jorge Delhon (quien se suicidó el martes por la noche arrojándose a las vías del tren Roca) “se anotaban con el nombre de ‘Cristina’”. 
La ex presidenta respondió así a la publicación: “si se hubiera tratado de la portada de un diario extranjero, le iniciaría un juicio por real malicia y falso titular en ese país, y seguramente lo ganaría”. Sin embargo, CFK remarcó: “Pero estamos en #ArgentinaSinEstadodeDerecho, con jueces cuyas sentencias las escriben los medios hegemónicos” y por eso –explicó–, se limitó a escribir un tuit indicando la falsedad de la información publicada, además de remarcar que en el país no se respetan las “garantías y los derechos constitucionales”. 
Lo curioso del tema es que en la declaración del propio Burzaco, cuando el funcionario judicial de Estados Unidos le pregunta concretamente: –“Usted pagó sobornos a Cristina Fernández de Kirchner?”, este contesta: –“No, señor”.
El CEO de la empresa Torneos y Competencias, que declara como arrepentido en la causa contra tres dirigentes del fútbol sudamericano, informó a la justicia estadounidense que entre 2011 y 2014 pagó sobornos a dos hombres vinculados al kirchnerismo, los citados Paladino y Delhon, el primero coordinador del programa Fútbol para Todos, y el segundo abogado contratado por la Jefatura de Gabinete.